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LAICIDAD Y LAICISMO (Luis Fernández Cuervo)

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DEMOCRACIA,  LAICISMO,  RELIGIÓN
(primera parte)


M. Varga LLosa, exponente del laicismo actual, ciego a las raíces de la democracia moderna.- El estado democrático, debe mantenerse neutral y respetuoso de todas las religiones de sus súbditos. Eso es laicidad.


  Por Luis Fernández Cuervo
  Arvo Net, 10.02.2006          

 

Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Esto es lo que otras religiones no han entendido, que la confusión o mezcla de las dos autoridades, la civil y la religiosa, es siempre funesta. Pero también es funesto cuando un estado, un gobierno, bajo el disfraz de neutralidad en lo religioso, pretende imponer un obstáculo al desarrollo de las actividades publicas de la religión, llegando en ocasiones incluso a la persecución y los asesinatos.
 

         El célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa escribe muy bien pero piensa muy mal. Es sorprendente su visión de la democracia y la relación que el catolicismo tiene con ella. El “laicismo” no es un tema que se trate mucho entre los salvadoreños, precisamente porque gozamos hasta ahora de una buena “laicidad”. Pero los errores u olvidos de Vargas Llosa sobre la democracia pueden ser una buena ocasión para aclarar ideas sobre asunto tan importante.

 

         Al comentar en su reciente artículo “Bostezos chilenos” como Chile ya no es un país tercermundista, su creciente desarrollo y sus pacíficas elecciones, Vargas Llosa se larga con el siguiente párrafo: “Pero no sólo la promoción de la mujer en la sociedad chilena recibirá, con la nueva presidenta de Chile, un apoyo importante. También, el laicismo, ese indispensable requisito del progreso democrático. La Iglesia Católica ha tenido en Chile una influencia mucho mayor que en todo el resto de América Latina.” El laicismo no sólo no es indispensable sino que es el falseamiento y la corrosión de una verdadera democracia. Como muy veía Robert Schuman, “el padre de Europa”, la democracia actual es de origen cristiano.

 

 Se admite hoy por todos los verdaderos demócratas que un estado democrático, no debe ser confesional. Debe mantenerse neutral y respetuoso de todas las religiones de sus súbditos. Eso es laicidad. Y tiene un origen no sólo cristiano en general, sino precisamente evangélico, cuando Jesucristo, ante la trampa que los fariseos le presentaban mostrándole una moneda romana, dijo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Esto es lo que otras religiones no han entendido, que la confusión o mezcla de las dos autoridades, la civil y la religiosa, es siempre funesta. Pero también es funesto cuando un estado, un gobierno, bajo el disfraz de neutralidad en lo religioso, pretende imponer un obstáculo al desarrollo de las actividades publicas de la religión, llegando en ocasiones incluso a la persecución y los asesinatos. Eso es laicismo y sus males, incluyendo crímenes, recorren toda la historia de la democracia. De sus crímenes, basten los ejemplos del Terror, la guillotina y el genocidio de la Revolución Francesa; los robos, persecución y asesinatos de católicos de la Revolución Mexicana y los de la República española que culminó en su guerra civil. Ejemplos de la obstrucción solapada del influjo cristiano en la sociedad, abundan hasta el día de hoy. Así ocurre con el laicismo que se apodera de la república francesa a lo largo del siglo XIX y en el comienzo del siglo XX. Durante ese periodo, ser católico bastaba para que se le negaran a insignes científicos la entrada a la Academia o a las cátedras universitarias. Salvará a la democracia francesa de los desmanes y decadencia de la laicista Tercera República, precisamente un católico: el general Charles De Gaulle, con el cual Francia recupera algo de su pasada grandeza. Todavía a la mitad del siglo XX, Jerôme Lejeune, insigne genetista francés, descubridor del origen cromosómico de la enfermedad de Down, buen católico, perderá el Premio Nobel de Medicina por la defensa de una verdad científica que molesta turbios intereses antinatalistas: que el ser humano lo es desde el momento en que la unión del óvulo y el espermatozoide conforman el cigoto. Así juega siempre la mentalidad laicista a nivel mundial, con mentiras  y con turbias maniobras para imponer globalmente una mentalidad atea y amoral y tratar de reducir el cristianismo al interior de  los templos y de las conciencias, sin ninguna o mínima influencia en la sociedad.

 

         Un ejemplo revelador es el de la Unión Europea. Son tres buenos católicos, el francés Robert Schuman, el alemán Konrad Adenauer y el italiano Alcides de Gasperi los que llevarán a cabo algo que parecía imposible: la unificación en una Europa unida, comenzando precisamente a través del acuerdo entre los dos países, Francia y Alemania, que se habían enfrentado en tres cruelísimas guerras: la Franco-prusiana, la Guerra Europea y la Guerra Mundial. Ahora, cuando la UE es una realidad espléndida, de nuevo el espíritu laicista de Giscard y de otros compadres belgas y holandeses, han conseguido negar en la Constitución de EU, contra toda evidencia histórica, el origen y fundamento cristiano de la civilización europea, y ensalzar, en cambio, el espíritu laicista de la Ilustración.

 

         Si Chile resulta que hoy ha salido del subdesarrollo económico y social y al mismo tiempo, según Vargas Llosa, la influencia de la Iglesia Católica ha sido mayor allí que en los otros países hispanoamericanos, no parece que el catolicismo chileno haya sido nefasto para la democracia, incluso a lo mejor ha sido uno de los factores por los que ha salido del subdesarrollo.

 

Luis Fernández Cuervo          

lfcuervo@telemovil.net

 

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Arvo Net, 10/02/2006

 

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Enviado por Arvo Net - 10/02/2006 ir arriba
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