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EL PROBLEMA DEL LAICISMO (Robert Spaemann)

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VERDAD Y LIBERTAD

 

 

El problema del laicismo

 

El filósofo alemán Robert Spaemann, catedrático de la Universidad de Munich, ha sido invitado por el Foro Iberdrola de Pensamiento Actual a participar en unas jornadas sobre Valores en la sociedad civil, repasa las consecuencias del individualismo exacerbado. Para este autor, el relativismo es un indicio de la decadencia de Occidente. En la pérdida del horizonte de la persona, los derechos humanos son los más perjudicados


«Hoy, el ilustrado es el que no cree en nada»

En una sociedad laica, como la de la Europa de hoy, Dios está cada vez menos presente. ¿Qué puede pasar?

El cristianismo ocupará el lugar que tuvo al principio: una minoría. El problema específico del laicismo es que, en Europa, se toma la tolerancia como el valor supremo. Toleramos las convicciones que consideramos falsas porque son las convicciones con las que otras personas se identifican; es decir, las toleramos por respeto a otras personas. Pero en la actualidad, una persona que tenga convicciones profundas y piense que las demás son equivocadas, aunque las respete, se convierte, eo ipso, en intolerante. De modo que la tolerancia ya no es un valor específico. El que tiene una convicción es tachado de fundamentalista. El nuevo mandato ya no es Debes respetar las otras convicciones, sino No debes tener convicciones, el relativismo: no hay nada verdadero o falso, bueno o malo, sólo hay opiniones condicionadas cultural o localmente. Se tiene por hombre «ilustrado» el que no cree en nada. Este relativismo es un indicio de la decadencia de Occidente. Y genera un peligro de que lleguen nuevos bárbaros, que tengan convicciones arraigadas, y que no respeten las ajenas, que simplemente vayan a por el poder. Bush, por ejemplo, está equivocado porque su convicción es errónea, no porque no tenga convicciones.

¿Se sigue buscando a Dios?

La pregunta decisiva es: ¿buscamos algo para satisfacer nuestras propias necesidades, incluso las religiosas?; o ¿buscamos que sea más grande que uno mismo, algo para lo que podamos vivir, a cuyo servicio compense poner la propia vida? En una sociedad hedonista, con necesidades subjetivas, Dios no tiene cabida. Pero, a la larga, los hombres no aguantan vivir así. Al final, se impondrán los que tengan una convicción de algo que trascienda al hombre. Ahora bien, será trágico si esa idea es equivocada.

Parece que el valor de la vida ha cambiado; por ejemplo, en España, el nuevo Gobierno pretende permitir el aborto libre. ¿De dónde sale esta voluntad del hombre de acabar con la vida?

En la sociedad actual hay una clara tendencia al subjetivismo, a valorar la dignidad de las personas de acuerdo con su estado de conciencia, de modo que los no nacidos, o los mayores seniles, no serían personas. El máximo representante de esta corriente es el filósofo australiano Peter Singer, que ha llegado a afirmar, y cito textualmente, que «la vida de un cerdo adulto es más valiosa que la de un recién nacido». Esta afirmación tiene unas consecuencias enormes que nadie desea. Por ejemplo, una persona que duerme, al no tener conciencia, dejaría de ser una persona a la que respetar. Por tanto, el argumento de aquellos que defienden el aborto no es conveniente desde el punto de vista teórico. Se mueve por un deseo de poder, propio de una sociedad hedonista.

De nuevo con el tema de los niños: se habla ahora de la posibilidad de permitir que las parejas de homosexuales los adopten. ¿Cree que es lícito experimentar con seres indefensos?

En toda adopción hay que mirar, sobre todo, que el ambiente al que va el niño sea sano, que las condiciones sean lo más normales posibles. Hay que tener en cuenta que ese niño ya procede de una situación problemática. Pero en el caso de la adopción por parejas homosexuales no se habla del interés del niño. El niño está sólo para que los adultos consigan su satisfacción personal. En la actualidad, se quiere convertir las relaciones homosexuales en algo normal, en matrimonios homosexuales. Pero es sólo un juego de palabras. La palabra Matrimonio significa una comunidad formada entre un hombre y una mujer abiertos a la continuidad de la especie. Se argumenta que las uniones homosexuales, aunque no están abiertas a la vida, sí forman una comunidad solidaria. Si este argumento fuera sólido, no sería razonable limitar a dos personas la comunidad solidaria, sino que se debería ampliar a grupos de 3 ó 4 personas. De hecho, se podría considerar como comunidad, capaz de adoptar a un niño, desde la formada por un abuelo y su nieto hasta una comunidad religiosa.

M. S. A. Alfa y Omega
junio 2004

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

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Enviado por Alfa y Omega - 18/05/2005 ir arriba
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