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«Hoy,
el ilustrado es el que
no cree en nada»
En una sociedad
laica, como la de la
Europa de hoy, Dios está
cada vez menos presente.
¿Qué puede pasar?
El cristianismo ocupará
el lugar que tuvo al
principio: una minoría.
El problema específico
del laicismo es que, en
Europa, se toma la
tolerancia como el valor
supremo. Toleramos las
convicciones que
consideramos falsas
porque son las
convicciones con las que
otras personas se
identifican; es decir,
las toleramos por
respeto a otras
personas. Pero en la
actualidad, una persona
que tenga convicciones
profundas y piense que
las demás son
equivocadas, aunque las
respete, se convierte,
eo ipso, en intolerante.
De modo que la
tolerancia ya no es un
valor específico. El que
tiene una convicción es
tachado de
fundamentalista. El
nuevo mandato ya no es
Debes respetar las otras
convicciones, sino No
debes tener
convicciones, el
relativismo: no hay nada
verdadero o falso, bueno
o malo, sólo hay
opiniones condicionadas
cultural o localmente.
Se tiene por hombre
«ilustrado» el que no
cree en nada. Este
relativismo es un
indicio de la decadencia
de Occidente. Y genera
un peligro de que
lleguen nuevos bárbaros,
que tengan convicciones
arraigadas, y que no
respeten las ajenas, que
simplemente vayan a por
el poder. Bush, por
ejemplo, está equivocado
porque su convicción es
errónea, no porque no
tenga convicciones.
¿Se sigue buscando a
Dios?
La pregunta decisiva es:
¿buscamos algo para
satisfacer nuestras
propias necesidades,
incluso las religiosas?;
o ¿buscamos que sea más
grande que uno mismo,
algo para lo que podamos
vivir, a cuyo servicio
compense poner la propia
vida? En una sociedad
hedonista, con
necesidades subjetivas,
Dios no tiene cabida.
Pero, a la larga, los
hombres no aguantan
vivir así. Al final, se
impondrán los que tengan
una convicción de algo
que trascienda al
hombre. Ahora bien, será
trágico si esa idea es
equivocada.
Parece que el valor
de la vida ha cambiado;
por ejemplo, en España,
el nuevo Gobierno
pretende permitir el
aborto libre. ¿De dónde
sale esta voluntad del
hombre de acabar con la
vida?
En la sociedad actual
hay una clara tendencia
al subjetivismo, a
valorar la dignidad de
las personas de acuerdo
con su estado de
conciencia, de modo que
los no nacidos, o los
mayores seniles, no
serían personas. El
máximo representante de
esta corriente es el
filósofo australiano
Peter Singer, que ha
llegado a afirmar, y
cito textualmente, que
«la vida de un cerdo
adulto es más valiosa
que la de un recién
nacido». Esta afirmación
tiene unas consecuencias
enormes que nadie desea.
Por ejemplo, una persona
que duerme, al no tener
conciencia, dejaría de
ser una persona a la que
respetar. Por tanto, el
argumento de aquellos
que defienden el aborto
no es conveniente desde
el punto de vista
teórico. Se mueve por un
deseo de poder, propio
de una sociedad
hedonista.
De nuevo con el tema
de los niños: se habla
ahora de la posibilidad
de permitir que las
parejas de homosexuales
los adopten. ¿Cree que
es lícito experimentar
con seres indefensos?
En toda adopción hay que
mirar, sobre todo, que
el ambiente al que va el
niño sea sano, que las
condiciones sean lo más
normales posibles. Hay
que tener en cuenta que
ese niño ya procede de
una situación
problemática. Pero en el
caso de la adopción por
parejas homosexuales no
se habla del interés del
niño. El niño está sólo
para que los adultos
consigan su satisfacción
personal. En la
actualidad, se quiere
convertir las relaciones
homosexuales en algo
normal, en matrimonios
homosexuales. Pero es
sólo un juego de
palabras. La palabra
Matrimonio significa una
comunidad formada entre
un hombre y una mujer
abiertos a la
continuidad de la
especie. Se argumenta
que las uniones
homosexuales, aunque no
están abiertas a la
vida, sí forman una
comunidad solidaria. Si
este argumento fuera
sólido, no sería
razonable limitar a dos
personas la comunidad
solidaria, sino que se
debería ampliar a grupos
de 3 ó 4 personas. De
hecho, se podría
considerar como
comunidad, capaz de
adoptar a un niño, desde
la formada por un abuelo
y su nieto hasta una
comunidad religiosa.
M. S. A. Alfa y Omega
junio 2004
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