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[El
Papa comenta el
Salmo 110, un canto
de alabanza y de
acción de gracias
por los dones que
recibimos
constantemente de
Dios. Es una
invitación a
«descubrir las
muchas cosas buenas
que el Señor nos da
cada día. Nosotros
vemos más fácilmente
los aspectos
negativos de nuestra
vida. El Salmo nos
invita a ver también
las cosas positivas,
los numerosos dones
que recibimos, para
sentir así la
gratitud, porque
sólo un corazón
agradecido puede
celebrar dignamente
la gran liturgia de
la gratitud, la
Eucaristía»
(Arvo Net)].
Grandes son las obras
del Señor
Queridos hermanos y
hermanas:
1. Hoy sentimos un
viento fuerte. El viento
en la sagrada Escritura
es símbolo del Espíritu
Santo. Esperamos que el
Espíritu Santo nos
ilumine ahora en la
meditación del salmo
110, que acabamos de
escuchar. Este salmo
encierra un himno de
alabanza y acción de
gracias por los
numerosos beneficios que
definen a Dios en sus
atributos y en su obra
de salvación: se habla
de "misericordia",
"clemencia", "justicia",
"fuerza", "verdad",
"rectitud", "fidelidad",
"alianza", "obras",
"maravillas", incluso de
"alimento" que él da y,
al final, de su "nombre"
glorioso, es decir, de
su persona. Así pues, la
oración es contemplación
del misterio de Dios y
de las maravillas que
realiza en la historia
de la salvación.
2. El Salmo comienza con
el verbo de acción de
gracias que se eleva del
corazón del orante, pero
también de toda la
asamblea litúrgica (cf.
v. 1). El objeto de esta
oración, que incluye
también el rito de la
acción de gracias, se
expresa con la palabra
"obras" (cf. vv.
2. 3. 6. 7). Esas obras
son las intervenciones
salvíficas del Señor,
manifestación de su
"justicia" (cf. v. 3),
término que en el
lenguaje bíblico indica
ante todo el amor que
genera salvación.
Por tanto, el núcleo del
Salmo se transforma en
un himno a la alianza
(cf. vv. 4-9), al
vínculo íntimo que une a
Dios con su pueblo y que
comprende una serie de
actitudes y gestos. Así,
se habla de
"misericordia y
clemencia" (cf. v. 4), a
la luz de la gran
proclamación del Sinaí:
"El Señor, el Señor,
Dios misericordioso y
clemente, tardo a la
cólera y rico en amor
y fidelidad" (Ex 34, 6).
La "clemencia" es la
gracia divina que
envuelve y transfigura
al fiel, mientras que la
"misericordia" en el
original hebreo se
expresa con un término
característico que
remite a las "vísceras"
maternas del Señor, más
misericordiosas aún que
las de una madre (cf.
Is 49, 15).
3. Este vínculo de amor
incluye el don
fundamental del alimento
y, por tanto, de la vida
(cf. Sal 110, 5),
que, en la relectura
cristiana, se
identificará con la
Eucaristía, como dice
san Jerónimo: "Como
alimento dio el pan
bajado del cielo; si
somos dignos de él,
alimentémonos" (Breviarium
in Psalmos, 110:
PL XXVI, 1238-1239).
Luego viene el don de la
tierra, "la heredad de
los gentiles" (Sal
110, 6), que alude
al grandioso episodio
del Éxodo, cuando el
Señor se reveló como el
Dios de la liberación.
Por tanto, la síntesis
del cuerpo central de
este canto se ha de
buscar en el tema del
pacto especial entre el
Señor y su pueblo, como
declara de modo
lapidario el versículo
9: "Ratificó para
siempre su alianza".
4. El salmo 110 concluye
con la contemplación del
rostro divino, de la
persona del Señor,
expresada a través de su
"nombre" santo y
trascendente. Luego,
citando un dicho
sapiencial (cf. Pr
1, 7; 9, 10; 15, 33), el
salmista invita a todos
los fieles a cultivar el
"temor del Señor" (Sal
110, 10), principio de
la verdadera sabiduría.
Este término no se
refiere al miedo ni al
terror, sino al respeto
serio y sincero, que es
fruto del amor, a la
adhesión genuina y
activa al Dios
liberador. Y, si las
primeras palabras del
canto habían sido una
acción de gracias, las
últimas son una
alabanza: del mismo
modo que la justicia
salvífica del Señor
"dura por siempre" (v.
3), así la gratitud del
orante no tiene pausa:
"La alabanza del Señor
dura por siempre" (v.
10).
Para resumir, el Salmo
nos invita al final a
descubrir las muchas
cosas buenas que el
Señor nos da cada día.
Nosotros vemos más
fácilmente los aspectos
negativos de nuestra
vida. El Salmo nos
invita a ver también las
cosas positivas, los
numerosos dones que
recibimos, para sentir
así la gratitud, porque
sólo un corazón
agradecido puede
celebrar dignamente la
gran liturgia de la
gratitud, la Eucaristía.
5. Para concluir nuestra
reflexión, quisiéramos
meditar con la tradición
eclesial de los
primeros siglos
cristianos el versículo
final con su célebre
declaración, reiterada
en otros lugares de la
Biblia (cf. Pr
1, 7): "El principio de
la sabiduría es el temor
del Señor" (Sal
110, 10).
El escritor cristiano
Barsanufio de Gaza, en
la primera mitad del
siglo VI, lo comenta
así: "¿Qué es principio
de la sabiduría sino
abstenerse de todo lo
que desagrada a Dios? ¿Y
de qué modo uno puede
abstenerse sino evitando
hacer algo sin haber
pedido consejo, o no
diciendo nada que no se
deba decir, y además
considerándose a sí
mismo loco, tonto,
despreciable y
totalmente inútil?" (Epistolario,
234: Collana di
testi patristici,
XCIII, Roma 1991, pp.
265-266).
Con todo, Juan Casiano,
que vivió entre los
siglos IV y V, prefería
precisar que "hay una
gran diferencia entre el
amor, al que nada le
falta y que es el tesoro
de la sabiduría y de la
ciencia, y el amor
imperfecto, denominado
"principio de la
sabiduría"; este, por
contener en sí la idea
del castigo, queda
excluido del corazón de
los perfectos al llegar
la plenitud del amor" (Conferencias
a los monjes, 2, 11,
13: Collana di testi
patristici, CLVI,
Roma 2000, p. 29). Así,
en el camino de nuestra
vida hacia Cristo, el
temor servil que hay al
inicio es sustituido por
un temor perfecto, que
es amor, don del
Espíritu Santo.
Saludos
Saludo a los peregrinos
de lengua española, en
particular a los
miembros de la
Institución Teresiana:
sed siempre "la obra
buena" en la Iglesia y
para el mundo. También a
los demás peregrinos de
Ecuador, España, Panamá,
Puerto Rico, República
Dominicana, El Salvador,
Perú, Venezuela y
México. Invito a todos a
gustar de la ternura
infinita de Dios, para
no sentirse nunca solos
o desamparados. Muchas
gracias por vuestra
atención.
.
(A los peregrinos
lituanos)
Con las palabras del
salmo de hoy, dad
gracias al Señor con
todo el corazón por sus
grandes obras. Que Dios
os bendiga y sea él la
alegría y la paz de
vuestras familias.
(En italiano)
Dirijo un pensamiento
especial a los
jóvenes, a los
enfermos y a los
recién casados.
Queridos jóvenes,
que la riqueza del
Corazón de Cristo y la
ternura del Corazón de
María os sostengan
siempre. A vosotros,
queridos enfermos,
os ayuden a
abandonaros
confiadamente en las
manos de la divina
Providencia; y a
vosotros, queridos
recién casados, os
animen a vivir vuestra
unión familiar con
paciente comprensión y
recíproca dedicación.
Que Dios os bendiga a
todos.
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Libreria Editrice
Vaticana
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