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EL DON MÁS BELLO
Monseñor Bruno Forte,
profesor de la Facultad de Teología
de Italia Meridional en Nápoles,
miembro de la Comisión Teológica
Internacional arzobispo de Chieti-Vasto
(Italia), en su última carta
pastoral ha dicho, como dirigiéndose
a cada uno de sus lectores: «si
tuviera que desearte el don más
bello, si quisiera pedirlo para ti a
Dios, no dudaría en pedirle el don
de la oración»
Una
práctica de valor existencial, no
meramente devocional, porque «Orando
se vive. Orando se ama. Orando se
alaba. Como la planta que no hace
brotar su fruto si no es alcanzada
por los rayos del sol, así el
corazón humano no se entreabre a la
vida verdadera y plena si no es
tocado por el amor». En cambio,
«Quien ora vive, en el tiempo y en
la eternidad»
«Me
preguntas: ¿por qué orar? Te
respondo: para vivir»: de aquí nace
la exigencia de indicar el camino
para una oración hecha de
cotidianeidad («fija tú mismo un
tiempo para dar cada día al Señor»),
de intimidad («recógete en silencio,
lleva a Dios tu corazón») y de
confidencia («no tengas miedo de
decirle todo»).
«Así
cuando vayas a orar con el corazón
en alboroto, si perseveras, te darás
cuenta de que después de haber orado
largamente tus interrogantes se
habrán disuelto como nieve al sol».
«Que
sepas que no faltarán las
dificultades. Llegará la hora de la
“noche oscura”, en la que todo te
parecerá árido y hasta absurdo en
las cosas de Dios: no temas. Es esa
hora en la que para luchar está Dios
mismo contigo».
«Un
don particular que la fidelidad en
la oración te dará es el amor a los
demás» «La oración es la escuela del
amor».
Meses
antes de su ordenación episcopal,
monseñor Bruno Forte fue el
encargado de predicar en la Cuaresma
de 2004 los ejercicios espirituales
al Papa Juan Pablo II y a la
Curia Romana.
La experiencia
-reconoció a Zenit- le había
permitido constatar que en el centro
del gobierno de la Iglesia universal
se encuentra la oración (Cf.
Zenit, 18 marzo 2004).
«He visto que en el corazón de la
Iglesia está la oración»
Bruno
Forte predicó los ejercicios
espirituales al Papa Juan Pablo
II en 2004 (del 29 de febrero al
6 de marzo). En torno a aquél evento
comentó que el prelado que el Papa
había estado presente en las 22
meditaciones. «Le he visto en
escucha atenta, en oración profunda,
de rodillas durante mucho tiempo. Al
final, tuve la oportunidad de
encontrarme con el Papa y de bromear
con él, que tiene un agudo sentido
del humor. Le comenté lo que algunos
de mis amigos me habían dicho antes
de irme para dirigir los ejercicios:
"Si el Papa sobrevive a tus 22
meditaciones, esto quiere decir no
sólo que es un santo, sino también
que tiene una salud de acero". Y el
Santo Padre, que ha superado
estupendamente la prueba, se rió de
todo corazón...
«Me impresionó también el testimonio
de oración de los presentes:
cardenales, arzobispos, obispos,
sacerdotes de la Curia romana.
Vivieron estos ejercicios en
escucha, en meditación y oración. Lo
pude verificar también en los
diálogos espirituales que pude
mantener con ellos.
«Por
tanto, puedo decir que en estos días
he vivido una experiencia de
auténtica esperanza, pues he visto
que en el centro de la Iglesia hay
hombres que durante una semana dejan
a un lado todas sus actividades para
dedicarse a la primacía exclusiva de
la oración y de la escucha de la
Palabra de Dios. Me parece que ésta
es la auténtica fuerza de la
Iglesia. Es una auténtica gracia que
se irradia desde el corazón de la
Iglesia, desde el gobierno universal
de la Iglesia, a todos nosotros,
bautizados en esta Iglesia del amor.
Respondiendo a una pregunta sobre el
entusiasmo que el Papa había notado
en su predicador, Monseñor Forte
dijo: «Al inicio de los ejercicios,
al referirme al hecho de que el
Santo Padre había hablado unos días
antes en romanesco [el dialecto
hablado en las calles de Roma, n.d.r.],
cité un refrán napolitano muy bello,
que --lo reconozco-- fue acogido con
entusiasmo: «Se puede vivir sin
saber por qué, pero no se puede
vivir sin saber por quién» («Se
pò campà senza sapè perchè, ma non
se pò campà senza sapè per chi»).
Este es el sentido de la vida:
alguien, Cristo. Por tanto,
cuando seguimos a Cristo, sin
reservas, encontramos el sentido y
la belleza de la vida... »
Fuente de los datos: Zenit.org
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Cabe recordar aquí unos puntos del
conocido libro de san Josemaría
Escrivá, Camino:
¿Que no sabes orar? --Ponte en la
presencia de Dios, y en cuanto
comiences a decir: "Señor, ¡que no
sé hacer oración!...", está seguro
de que has empezado a hacerla.
(Camino 90)
Me has escrito: "orar es hablar con
Dios. Pero, ¿de qué?" --¿De qué? De
El, de ti: alegrías, tristezas,
éxitos y fracasos, ambiciones
nobles, preocupaciones diarias...,
¡flaquezas!: y hacimientos de
gracias y peticiones: y Amor y
desagravio. * En dos palabras:
conocerle y conocerte: "¡tratarse!"
(Camino 91)
Arvo, 9 agosto de 2005 |