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EL «NEGOCIO CONTEMPLATIVO»
Una propuesta filosófica para la santificación del trabajo: el "negocio contemplativo"
Bajo este título, Maria Pia Chirinos, de la Pontificia Università della Santa Croce, escribe un interesante estudio en ROMANA N° 45 • Julio - Diciembre 2007 • Pág. 342. Comienza así:
Cada vez es una verdad más difundida, más aceptada y también más experimentada la llamada universal a la santidad a través del trabajo profesional y de las circunstancias personales del cristiano en medio del mundo. A diferencia del s. XX, el s. XXI inicia su andadura con una percepción del todo diversa acerca de la responsabilidad del fiel laico en su papel específico de redimir las realidades humanas. El Magisterio de Juan Pablo II ha corroborado este mensaje, explícitamente presente en el Concilio Vaticano II y anunciado de modo particular por San Josemaría Escrivá de Balaguer.
En uno de sus escritos fundacionales, un texto temprano de 1934, San Josemaría se muestra consciente de la novedad: «Unir el trabajo profesional con la lucha ascética y con la contemplación —cosa que puede parecer imposible, pero que es necesaria, para contribuir a reconciliar el mundo con Dios— y convertir ese trabajo ordinario en instrumento de santificación personal y de apostolado. ¿No es éste un ideal noble y grande, por el que vale la pena dar la vida?»1. Una primera mirada al texto deja entrever la dificultad que San Josemaría vaticina para explicar este camino de santidad que Dios le pide promover, pero su “táctica” no va a consistir en intentar convencer mediante un cuerpo teórico de verdades. La vida —el fenómeno ascético, pastoral— irá por delante; y a este “ideal noble”, a impulsarlo y a extenderlo entre personas de todos los ámbitos sociales y culturales, dedicará su existencia, con el fin de que ese aparente imposible vaya despojándose de sus también aparentes contradicciones y, avalado por los hechos, se abra paso en la vida de la Iglesia y del mundo.
Aunque la novedad del mensaje haya sido objeto de estudios de especial hondura, no resulta reiterativo volver a preguntar qué parámetros culturales impedían en esas décadas del s. XX la comprensión de la unidad entre trabajo, virtud y contemplación. Una primera respuesta debe provenir de la historia de la teología espiritual católica, porque es ahí donde la separación (y en algunos casos, la contraposición) entre vida contemplativa y vida activa representó un fuerte impedimento para captar la innovación del mensaje. A la vez, es innegable que el tema del trabajo ya había encontrado eco en el Magisterio de la Iglesia, preocupado por la cuestión social. Sin embargo, aunque su actualidad era obvia, los parámetros culturales también se encontraban influidos por esquemas filosóficos, económicos y sociales, que impedían una aproximación positiva y antropológicamente más adecuada al tema del trabajo2.
El estudio que presento ahora tiene como fin precisamente sacar a la luz esos prejuicios filosóficos, muchos de ellos todavía presentes en nuestra cultura, y ofrecer una solución antropológica que los supere. Concretamente, si de acuerdo con el mensaje del Fundador del Opus Dei, la persona está llamada a una felicidad eterna que se puede alcanzar a través del trabajo profesional, en sus más variadas versiones seculares; si la novedad ardua de defender consiste en unir esta vida activa, este trabajo intelectual o manual, a la lucha ascética y a la contemplación, ¿no habría que desarrollar alguna teoría antropológica capaz de sustentar estas tesis? ¿Existe esta reflexión? ¿Qué soluciones ofrece el pensamiento filosófico desde los griegos hasta la actualidad?
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El texto en : Una propuesta filosófica para la santificación del trabajo: el "negocio contemplativo"
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