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«DISFRUTAR» DE LA VIDA PLENA (Antonio Orozco)

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Disfruta de la vida, por Antonio Orozco.

 

«DIS-FRUTAR»
DE LA VIDA PLENA

Disfrutar" viene de "fruta". Y el prefijo "dis" tiene significación intensiva. De modo que "disfrutar" es "gozar de una cosa agotando sus frutos y esquilmándola sin cuidarse de su conservación". "Fruición" es el sustantivo correspondiente al verbo "disfrutar".


Antonio Orozco Delclós

ESCRITOS ARVO
Arvo.net, 11/06/2006-27.01.1009

         No hay quien no desee disfrutar de la vida. Lo desea incluso quien piensa que es un asco (la vida). Le sucede que no sabe disfrutarla o no está dispuesto a pagar el precio justo y asequible. O no sabe en qué consiste disfrutar.

 

         ¿Qué quiere decir "disfrutar"? "Disfrutar" viene de "fruta". Y el prefijo "dis" tiene significación intensiva. De modo que "disfrutar" es "gozar de una cosa agotando sus frutos y esquilmándola sin cuidarse de su conservación". "Fruición" es el sustantivo correspondiente al verbo "disfrutar". El símbolo de la fruición podría ser la estampa de un niño con una gran tajada de sandía fresca, sangrante de riquísimo jugo. El niño hinca los dientes y mete toda la cara en la gran pulpa colorada: disfruta en el más literal sentido de la palabra. Esto es la fruición: disfrutar de la fruta sin temores ni reservas.

 

         Ahora bien, para ser perfecta, la fruición no debe tener término. Si acaba y vivo sabiendo que va a acabarse, no puedo disfrutar en un sentido pleno. La fruición ha de ser interminable. Ha de ser fruición de un bien real, sin límite de sustancia ni tiempo. Con otras palabras, ha de ser eterna.

 

 

DIVERSOS NIVELES DE FRUICIÓN

 

         Hay quienes se conforman con una vida vegetativa, fisiológica, de animal sano: comen, beben, duermen, trabajan quizá (porque no hay más remedio), y en seguida que pueden, a vegetar. Son como aquellos de los que habla San Pablo que decían: comamos y bebamos, que mañana moriremos (1 Cor 15, 32). ¡Toda una filosofía, toda una cosmovisión!. Disfrutan del comer, del beber, del dormir... ¡Toda una vida vegetativa!. Aunque -- preciso es reconocerlo-- también sensitiva. Algo disfrutan de la vida, pero es evidente que sólo pueden disfrutar de "momentos", siempre huidizos. Quisieran aferrarse al instante presente: carpe diem!, como en el Club de los poetas muertos. Pero el tiempo es inexorable y acabará por arrebatarles cualquier satisfacción. Terminarán como una pasa sin jugos ni azúcares, con una tristeza abismal. En este sentido, el carpe diem! equivale al suicidio del espíritu. Además, al intentar la acumulación de momentos de intenso placer, pronto se acaba con el gusto estragado. La comida, la bebida, el placer sexual, la droga o lo que sea, acaba por arruinar la capacidad de placer. La historia, la medicina, la psicología, la antropología, la sociología, el sentido común lo comprueban.

 

         Hay quienes no se conforman con tan poca cosa, sino con algo más. Se procuran una vida racional, de cierta moderación en los placeres sensibles. Les complace discurrir, se gozan en el ingenio de su mente. Ya es algo, incluso es mucho, porque hay más vida en un sólo pensamiento del hombre que en todo el universo vegetal y animal. Es vida de orden superior, espiritual, del entendimiento. Y pueden gozar de la apasionante tarea de conocer sectores maravillosos del universo, de los demás y de sí mismos. Corren, sin embargo, el riesgo de reducir su vida a una afirmación de su yo --su inteligencia incomparable, su voluntad de hierro, su simpatía fascinante...--, por encima de todas las cosas; y alimentarse de autosatisfacción, de egoísmo y ambiciones de poder, de tener, de escalar puestos en la vida social...

 

         Otras veces, su capacidad científica les permite afirmar la superioridad de su inteligencia sobre las demás. Y también hay quienes la utilizan para servir al bien común. Esto es muy bueno. Pueden disfrutar de una vida superior a la vegetativa y a la de los brutos. Pero también esto se acaba. Y como el yo es tremendamente absorbente, es muy posible que se estreche cada vez más el horizonte de su goce y, a la postre, descubran que todo eso no era para tanto, que su yo egocéntrico les ha traicionado. Un vacío inmenso se abre en el corazón de su alma.

 

         Aún lo más noble de la vida, el amor limpio y generoso, sin más, arrastra siempre una carga centrípeta, que puede acabar venciendo sobre la generosidad, con el deseo de "ser amado" con tal intensidad que nadie en la tierra sea capaz de llenar esa ansia insaciable siempre insatisfecha.

 

 

HACIA LO MEJOR

 

         Es ilustrativo ver que en todas estas formas de encarar la vida --vegetativa, sensitiva, racional--, hay una graduación en cuya cima se encuentra la vida racional. Hay más vida en un sólo pensamiento del hombre –decía, con los clásicos- que en todo lo vegetativo y animal. Se disfruta más de la vida racional intensa que de la "chispa de la vida" que puede haber en la cocacola, en un buen vino, en un plato de sabroso manjar o en el placer sexual.

 

         Si alguno no lo entiende, no cabría más que decirle: chico, estás como un ciego ante una puesta de sol, o ante un amanecer. No sientes más que la temperatura. No sabes lo que te pierdes. Lo mismo les pasa a quienes están acostumbrados a los ruidos y no han educado su sensibilidad para gozar en reposo de una Novena Sinfonía de Beethoven, de un fuga de Bach o de cualquier otra pieza de los clásicos. No son capaces de gozarla y creen que no hay más que aquello de lo que ellos disfrutan. Si el buey pudiera pensar, pensaría que no hay cosa más sabrosa que el pienso del establo.

 

         Pues bien, hay más, mucho más que la vida sensitiva y más que la vida racional --la ciencia, el arte, las letras, la conversación sobre cualquiera de estos asuntos...-: existe una vida más rica, más intensa, más gozosa: la vida que la tradición llama vida de la gracia. No debe confundirse con el "estado de gracia" del que hablaban, con abuso flagrante de la lengua, algunos comentaristas deportivos, cuando decían por ejemplo, que "hoy Fulano de Tal se encuentra en estado de gracia". Querían decir que todo le estaba saliendo en el campo tan redondo como el balón. Y no es eso. El "estado de gracia" es una expresión teológica que significa vivir vida de Dios. El pecado rompe los vínculos de amistad que Dios ha tendido sobre el hombre y "mata" la vida propia de los hijos santificados por el Bautismo. Este sacramento borra el pecado original y --si los hubiera-- los pecados personales; e incorpora a Cristo, Redentor, que nos ha alcanzado con su muerte una "nueva vida", la vida de la Gracia.

 

         Yo soy la vida, dijo Jesús. Y en otra ocasión: Yo soy la resurrección y la vida. El es, con Dios Padre y Dios Espíritu Santo, la Vida, en un sentido absoluto: es la Vida por esencia, la infinitud de la vida, la plenitud indecible, principio o fuente de cualquier otra vida que llegue a existir. Es Amor, es Sabiduría, es Belleza, es Alegría, es Felicidad, es toda perfección en grado sumo.

 

         San Pablo nos hace la siguiente revelación: Por la fe Cristo habita en nuestros corazones. Por la fe --don de Dios, que no niega a nadie que la quiera--, la Vida viene a vivir en el que cree. Basta que sea un fe viva, es decir, animada por el amor a quien creemos, Dios. Por eso un sólo acto de fe de la razón, contiene más vida que todos los pensamiento naturales. Por eso se puede disfrutar más de la vida con un acto de fe que con la suma de todas las vivencias naturales habidas y por haber, porque se trata de vida divina en nosotros, don de Dios que nos participa la sabiduría y amor divinos, lo más vital que existe. Quien haya vivido un acto de fe viva y lo compare con cualquier otra vivencia, no lo cambiaría. Si lo cambiase, podría afirmarse sin temor a errar, que no ha sido fe viva lo suyo. Sigue ciego.

 

         Aun lo más intenso de la vida racional, es nada comparado con la vida sobrenatural, de la Gracia divina, santificante, que nos une a la Vida de Dios en Cristo. Un acto de fe, un acto de esperanza, un acto de amor a Dios, tiene más vida que todos los mundos reales o posibles. Quien vive las virtudes teologales, aunque esté agonizando, vive más intensamente que el yuppi más activo sin fe, o que el play-boy más resultón.

 

 

FRUICIÓN DEL CRISTIANO

 

         Sucede a menudo que el cristiano no cae en la cuenta y, entonces, no disfruta de la vida, cuando puede hacerlo como nadie. Es como un billonario que no supiera que cuenta con billones en el Banco. No podría disfrutar de ellos. Y si esto es así, ¿no es lamentable que haya cristianos tristes, empequeñecidos, acomplejados, como "corderos llevados al matadero"? El hombre y la mujer de fe, son quienes más pueden y deben disfrutar de la vida, porque poseen la Vida con mayúscula. Tienen vida no efímera, no mezquina, ni zafia, ni azarosa. Tienen vida eterna.

 

         ¡No disfrutar de la vida que se da en el Bautismo, en la Confesión sacramental, en la Eucaristía (el Pan de vida)!; y, a su manera, en cada comunión espiritual, en cada acto de contrición o de esperanza o de amor a Dios, en la Santa Misa... La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (1 Cor 10, 16). ¿Entonces?

 

         ¡Cuánta vida debe de haber en el Autor de la vida! ¡Cuánta vida hay en una comunión espiritual! ¡Y en una Comunión sacramental!

 

         Sin embargo, en ocasiones somos como aquellos a quienes dijo San Pedro en la mañana luminosa de Pentecostés: «Vosotros matasteis al Autor de la vida» (Act 3,15). Le matamos en nosotros con la increencia, con la desesperanza, con el desamor, con la zafiedad, con la mezquindad espiritual.

 

         Pero --sigue diciendo San Pedro-- Dios le resucitó (a Jesús) de entre los muertos, y nosotros somos testigos  de ello. Pero ¿cómo podía morir el Autor de la vida? Sólo de una manera: llenando de vida su muerte y todas las muertes. Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado  de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rom 6, 4). Cristo es Aquél que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios (Rom 7, 4). Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos (Col 2, 12). Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col 3, 1).

 

        

FRUICIÓN ETERNA

 

         Una manera feliz de formular ese fin sin término que es la eterna felicidad, es de San Agustín: Nuestro gozo pleno, el mayor que puede existir, es éste: gozar de la Trinidad de Dios a cuya imagen hemos sido hechos ([1]). Y en otro lugar: Hay que disfrutar (quibus fruendus est) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ([2]). Es decir, el fin final del hombre está más allá del tiempo y consiste en disfrutar de lo mismo que disfruta Dios Uno y Trino.

 

         ¿No será demasiado pedir? Quizá. Aún más: seguro que es "demasiado" para nuestra naturaleza humana. No puede venir de nada de este mundo. Pero si hemos de hacer caso a lo dicho por Dios mediante sus profetas y doctores, en la Sagrada Escritura y el Magisterio, es indudable que la fruición de que hablamos no sólo es posible sino una realidad que nos aguarda: No estamos destinados a una felicidad cualquiera, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los  Ángeles y a todos los hombres ([3]). La vida que nos ha conquistado Cristo Jesús es abundante (Cfr. Jn 10, 10). El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna (Jn 4, 14). Y no se podrá anhelar otra cosa, pues esa fruición es infinitamente más de lo que podríamos desear ([4]).

 

 

MUSICA CELESTIAL

 

         ¿Música celestial? Sin duda. Pero ¿quién ha demostrado que la música celestial no exista o que no sea veraz? Hay algo absolutamente (metafísicamente) cierto, ha dicho Juan Pablo II (resumiendo una Tradición que arranca del mismo Jesucristo): el hombre ha sido creado para la felicidad. Y Cristo es el camino.

 

Es claro que en cuanto se comparan con éste, los demás goces resultan insatisfactorios. También es obvio que no se puede disfrutar plenamente del Bien infinito en este mundo. Pero cabe una verdadera fruición ya ahora, aunque sea imperfecta: en la medida en que se incoa el fin, en la medida en que somos hombres educados para el trato con Dios.

 

¿Quién es el que disfruta más de la vida? El que tiene más "sensibilidad espiritual". ¿Quien es el que tiene más sensibilidad espiritual? El que ha sido mejor educado para ello. Cuando uno se va educando en el trato con Dios, en la fruición de las Personas divinas, cada vez más --como a San Pablo-- le parecen los bienes creados como basura al lado del Bien divino. No es que sean basura, pero podrían parecerlo si se comparasen con la eminencia del conocimiento de Cristo.

 

El hombre que quiere disfrutar más de la vida ha de encaminarlo todo a la fruición de las tres Personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para alcanzarla ha de someter sus potencias a una formación que implica lucha ascética. Aunque suene a paradoja, sin espíritu de sacrificio no es posible disfrutar de la vida, ni conocer con nitidez, hondura y placer las verdades fundamentales; ni, por tanto, disfrutar de la verdad (el gaudium de veritate), anticipo de la bienaventuranza eterna; ni cabe el amor en su acepción más noble.

 

Urge, pues, aprender a disfrutar en el escándalo de la Cruz (no "de", pero si "en"). Es perentorio aprender a gozar del esfuerzo, del sacrificio, venciendo el egoísmo y adiestrándose en el amor.

 


[1]   San Agustín, De Trinitate, I, 8, 18.

[2]   San Agustín, De doctrina christiana, lib. I, c. 5; cfr. De Trinitate, lib. 10, c. 11.

[3]   san Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, núm. 133.

[4]   Cfr. San Agustín,  De Trinit., I, 20, 20.

 

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Enviado por Arvo Net - 20/05/2005 ir arriba
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