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DIOS HARÁ JUSTICIA PRONTO (Antonio Orozco Delclós)

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¿CUÁNDO ES «PRONTO»?

 

Dios, a los fieles, "les hará justicia pronto" (cf. Lc 18, 7-8). ¿Cuándo es «pronto»? Este interrogante no se encuentra en el comentario del Papa sobre el salmo 123, del pasado miércoles. ¿Qué significa «pronto»?

El miércoles 22 de junio de 2005, el papa Benedicto XVI comentaba, para nuestro tiempo, el Salmo 123. Lo resumo en el siguiente párrafo:

 

 

El salmo 123 es un canto de acción de gracias entonado por toda la comunidad orante, que eleva a Dios la alabanza por el don de la liberación: un himno compuesto para dar gracias a Dios por los peligros evitados y para implorar de él la liberación de todo mal. En este sentido es un salmo muy actual. La vida del hombre está plagada de asechanzas de los que no sólo atentan contra su existencia, también quieren destruir todos los valores humanos. Vemos [es cosa cotidiana] cómo estos peligros existen también ahora. Pero ―podemos estar seguros también hoy― el Señor se presenta para proteger al justo, y lo salva, El Salmista habla de hombres que son como fieras que quisieran "tragar vivos" a los que cumplen la ley de Dios; o como el cazador que atrapa a los pájaros por sorpresa con una red arteramente dispuesta. Estamos ante una constante histórica: los fieles a la sapientísima ley de Dios siempre, más o menos, de un modo u otro, se ven perseguidos, acosados por mil peligros. Pero el orante proclama su fe en que "nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra" (v. 8). En particular, el Todopoderoso está de parte de las víctimas y de los perseguidos, "que claman a él día y noche", y "les hará justicia pronto" (cf. Lc 18, 7-8).

 

¿Cuándo es «pronto»? Este interrogante no se encuentra en el comentario del Papa sobre este salmo, no es éste el lugar, pero resulta casi inevitable plantearnos la cuestión. ¿Cuándo es "pronto"? Cabe acudir a otro salmo [90 (89) 4] que dice: «Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche». Y San Pedro comenta: «una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día. No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con  vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 8-9).

En una palabra: "pronto" significa "pronto", aunque a nosotros nos parezca "mil años". Con un poco de paciencia, los que tenemos ya una edad, sabemos que el Señor viene siempre en nuestra ayuda. Recuerdo ahora a Gandalf, cuando –al comienzo de la primera parte de la serie El Señor de los Anillos- el pequeño Frodo le reprocha que «ha llegado tarde». «¡Un mago nunca llega tarde!», replica fingiendo enfado Gandalf, «¡llega
cuando quiere llegar!» (o algo así). Dios llega siempre a tiempo, no por el capricho de una voluntad veleidosa, al estilo Guillermo de Okam- sino movido por un amor infinito con visión de alcance eterno. Con un poco de paciencia, los que tenemos ya una edad, tenemos experiencias claras de que «pronto» significa «pronto», aunque alguna vez se haya presentado la tentación de la desesperanza. Sucede a tiempos que los días son largos y los años cortos. La vida en la tierra parece eterna, pero termina; y la otra, no. La otra llega siempre pronto, más pronto de lo que solemos esperar o desear. Todos debiéramos tenerlo en cuenta: el depredador y el depredado, el cazado y el cazador. Pronto, muy pronto el Señor hará justicia. La hará con su amor todopoderoso, antes de lo que imaginamos. 

En el último punto del comentario al salmo 123, el Papa Benedicto acude al comentario articulado de  San Agustín. Dice así:

 

«En un primer momento, observa que cantan adecuadamente este salmo los "miembros de Cristo que han conseguido la felicidad". Así pues, en particular, "lo han cantado los santos mártires, los cuales, habiendo salido de este mundo, están con Cristo en la alegría, dispuestos a retomar incorruptos los mismos cuerpos que antes eran corruptibles. En vida sufrieron tormentos en el cuerpo, pero en la eternidad estos tormentos se transformarán en adornos de justicia". Y San Agustín habla de los mártires de todos los siglos, también del nuestro.


Sin embargo, en un segundo momento, el Obispo de Hipona nos dice que también nosotros, no sólo los bienaventurados en el cielo, podemos cantar este salmo con esperanza. Afirma:  "También a nosotros nos sostiene una segura esperanza, y cantaremos con júbilo. En efecto, para nosotros no son extraños los cantores de este salmo... Por tanto, cantemos todos con un mismo espíritu:  tanto los santos que ya poseen la corona, como nosotros, que con el afecto nos unimos en la esperanza a su corona. Juntos deseamos aquella vida que aquí en la tierra no tenemos, pero que no podremos tener jamás si antes no la hemos deseado".


San Agustín vuelve entonces a la primera perspectiva y explica:  "Reflexionan los santos en los sufrimientos que han pasado, y desde el lugar de bienaventuranza y de tranquilidad donde ahora se hallan miran el camino recorrido para llegar allá; y, como habría sido difícil conseguir la liberación si no hubiera intervenido la mano del Liberador para socorrerlos, llenos de alegría exclaman:  "Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte". Así inicia su canto. Era tan grande su júbilo, que ni siquiera han dicho de qué habían sido librados" (
Esposizione sul Salmo 123, 3:  Nuova Biblioteca Agostiniana, XXVIII, Roma 1977, p. 65)».

 

En rigor, saber que la liberación del mal es cosa cierta, es ya libertad, paz, sosiego. Es obra de Dios, pero Él cuenta con la colaboración de la criatura inteligente: la liberación del mal ha de ser una conquista. La conquista implica lucha, necesaria para alcanzar el autodominio sobre las propias pasiones -¡la comodidad, la pereza!- proclamar sin cansancio la verdad a los vientos, cueste lo que cueste, con la fuerza no de las armas sino de la misma verdad, con una paciencia y constancia a imagen y semejanza de la divina.

 

Si todos cuantos creemos que hay verdad hiciéramos así, muy pronto veríamos cómo la dictadura del relativismo se desmorona, como se desmoronó inopinadamente en 1989 el muro de Berlín.


Antonio Orozco Delclós

 
Enviado por Arvo Net - 27/06/2005 ir arriba
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