Paco Sánchez
He leído muchas veces los relatos evangélicos de la Pasión y también varias decenas de libros que los glosan desde los más variados enfoques técnicos, históricos o teológicos. Rara vez una película mejora un buen libro y además, detesto el hiperrealismo. Total, que como tenía que ir, fui. Escogí la sesión matinal tranquila, casi sin gente, del Jueves Santo. La mala predisposición impidió que entrara pronto en la película, porque me fijaba demasiado en los detalles. Luego ya sí: Gibson no sólo estaba contando bien la historia, sino que lo hacía con una delicadeza sorprendente. La contraposición continua entre crueldad humana y misericordia divina es manifiesta desde el principio. La violencia convencional, gratuita, diseñada para el disfrute de los entendimientos básicos, ni aparece. Hay sí una dulce historia de amor no correspondido que lleva al dolor y a la compunción. Sé de uno, nada llorón, que lloró lagrimas gordas y mansas. Salí con ganas de silencio, de estarme quieto y solo. Como si tuviera que recomponer una cosa muy frágil que se llama corazón.
La «Voz de Galicia» y «Arvo Net», domingo 11.4.2004
Ver: Sección LA PASIÓN DE CRISTO , DE MEL GIBSON
|