| Ahora ha sido Darío Valcárcel , uno de mis articulistas y editorialistas preferidos en las páginas del diario ABC durante muchos años.
En su edición del día 7 de abril, ante mi sorpresa, se saca del bolsillo un artículo infamante contra Mel Gibson y su película ‘La Pasión', lleno de ataques personales. Le llama pesetero, primitivo, persona sin escrúpulos y obsceno manipulador ; y califica la crucifixión en su filme de “ versión brutalizada y banal ”. No entiendo cómo un diario de la dilatada trayectoria del ABC publica semejante panfleto infumable; aunque sea de un periodista tan de “la casa”. Un profesional de la pluma que ha sido director adjunto y editorialista del rotativo madrileño por muchos años, durante la presidencia de los Luca de Tena , sus fundadores.
Darío Valcárcel ha ganado numerosos premios (Mariano de Cavia, etc.), porque es un gran periodista y escritor. Pero de la Sagrada Escritura demuestra no saber casi nada (sería bueno que releyera los cuatro Evangelios); ni de cómo crucificaban los romanos a los que se oponían a ellos (debería leer a Julio César ); ni de qué es la pornografía (DRAE: “ Tratado acerca de la prostitución ”); ni del mensaje de Jesucristo, que es Jesús de Nazareth pero, a la vez, se hizo hombre –siendo Dios-- para padecer y morir en la Cruz. Y así redimir por los pecados de todos los hombres de todos los tiempos (un buen repaso del Catecismo de la Iglesia católica le aclararía muchas cosas). También por los disparates de Darío Valcárcel . Y por los míos propios.
Es un hecho comprobado que nadie quiso financiar la película de Mel Gibson , porque no la creían rentable; por eso la pagó de su propio bolsillo. En Hollywood, las grandes productoras lo primero que miran exclusivamente es su propio bolsillo. Y no lo veían nada claro; por eso no se arriesgaron. Pero Gibson se sobrepuso a todas las críticas y dificultades: tenía otra intención mucho más profunda y menos utilitarista, que Valcárcel no capta. O no quiere captar. Tuvo la valentía de contar esta historia y, a los cuatro días de exhibición, sólo en EE.UU. había recaudado ya más de 200 millones de dólares y había recuperado con creces la inversión realizada. ¿Cree, de verdad, Valcárcel , que tanta gente se deja manipular así, por las buenas, como él asegura? ¿Piensa que hay tantos millones de “marujas” por ahí, como las llama, que van al cine a llorar? Pero Gibson no la hizo para hacer un negocio material, sino para que la gente conociera de verdad quién era Jesucristo.
La entrega de un asesino, de un ladrón, de un ex nazi y las muchas conversiones, nada más ver la película, hablan por sí solas de cómo “golpea” ( Messori ) la Verdad. No la de Valcárcel ; sino la de Dios, dado que los textos de la película sólo han seguido al pie de la letra los Evangelios, inspirados por Dios. Por cierto, soy, como él, periodista y escritor. Yo también he llorado ayer al verla, a mis 46 años; y no me avergüenzo de ello para nada. Ni me han pagado para contribuir a lo que Valcárcel llama ofensivamente “ operación comercial ” de la Iglesia católica que, por cierto, tiene unos fines totalmente diferentes a los que él adjudica y que no está dividida ante este film.
Luis Olivera
Arvo Net, 9.4.2004
|