Por Jorge Peña Vial
Atenerse a los hechos tiene la ventaja de la inmediatez y simplicidad. Sí, no negamos que se representa un cuerpo cruelmente torturado, pero ese sufrimiento tiene un sentido -su valor redentor- y manifiesta una verdad, muestra hasta donde llega el amor de Dios por los hombres y por cada uno. Se comprende que quien no tiene fe ni está dispuesto a apreciar ese crucial hecho histórico, sólo vea sangre, crueldad y horror. Pero al menos se le puede pedir que tenga la mínima apertura a la significación que otros ven y aprecian. Calificar esta cinta, como lo hace Ascanio Cavallo, de “talibanismo católico, un paradigma de intolerancia que siempre se oculta bajo la manipulación emotiva y que es más insidiosa cuando busca refugio en la compasión”, junto con ser una explicación psicológica bastante pobre, manifiesta una cerrazón ante el sentido y verdad de esos acontecimientos. Es una visión reductora y mutiladora, una cerrazón intolerante a que otros puedan ver algo más que un cuerpo desgarrado y una carne flagelada, tildándolos además de ser víctimas de una mórbida compasión. Por ello no apreciará diferencia alguna con la violencia gratuita, cínica y estética de Tarantino.
Esta visión reduccionista carece de un horizonte de comprensión adecuado y se queda en la mera descripción fisiológica Dogmáticamente se sostiene que eso es lo único que cabe ver: hechos desprovistos de significado y verdad. También el relato de Pentecostés y los apóstoles hablando en lenguas pueden ser descritos como borrachos y las evidencias externas les dan razón. Tanto la violación como el amor verdadero, de hecho, terminan a la postre en un acto físico idéntico. Quien sólo se atiene a la materialidad de los hechos no captará la diferencia entre al auténtica justicia y la venganza, porque, de hecho, el destino final del criminal puede ser el mismo en un caso y en otro. El análisis de un hombre embrutecido no encontrará nunca en el amor otra cosa que placer. La fisiología no hallará jamás en el pensamiento otra cosa que convulsiones de la materia gris. Si los hechos se observan desde abajo siempre encontraremos evidencias que lo confirman. La fuerza de una crítica semejante reside en los términos “meramente” o “nada más que”. Se ven los hechos pero no el significado. Se afirma que se han visto los acontecimientos, y fuera de eso no hay nada...excepto su sentido y verdad.
La contemplación de un cuerpo sangrante, lo único objetivo que se constata, es ciego ante la intención redentora que lo anima y al amor que se expresa. No contesta a las preguntas elementales de quién es el que sufre, por qué lo hace y cuál es su finalidad. No pretendo decir que frente a esa visión reductora y unidimensional de estos críticos está la nuestra, clarividente y abierta a una verdadera comprensión. También para quienes saben quién es el que sufre se trata de un acontecimiento que contiene demasiada realidad y nos desborda por todas partes. Nunca agotaremos su significado. En ese Cristo crucificado -”escándalo para los judíos y locura para los gentiles”- se nos abre la posibilidad de dar sentido a todos los sufrimientos humanos. No los justificaremos, pero ya sabemos cómo aprovecharnos de ellos.
Jorge Peña Vial
Artes y Letras de El Mercurio, 4-IV-2004
Universidad de los Andes, Santiago-Chile
Arvo Net 12-IV-2004
|