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LA FILOSOFÍA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX (Rafael Gómez Pérez)

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LA FILOSOFÍA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
 

Por Rafael Gómez Pérez(*)

Al pasar revista al trabajo filosófico en los últimos decenios, es preciso hacer referencia a autores que produjeron sus obras más importantes con anterioridad a esa época: a finales del XIX y en el primer tercio del XX. Por contraste, han quedado "relegados" a la primera mitad del siglo- autores fallecidos después de 1950. La razón de todo esto es la siguiente: el fenómeno de la moda influye también en los planteamientos filosóficos. Así, aunque se trate de algo presente en la tarea filosófica de los últimos decenios, corrientes como el historicismo, el idealismo, el racio-vitalismo quedan lejos de los intereses actuales. Es difícil saber hoy si eso se debe a que esas posiciones filosóficas han revelado su ineficacia histórica o si, se trata de una crisis coyuntural. En-cualquier caso, parece claro que desde 1950 a hoy, las direcciones filosóficas más transitadas son las siguiente; sin que la enumeración que sigue contenga algún orden de prioridad: a) el: existencialismo; b) el marxismo que, con frecuencia, es fundido con elementos tomados de Freud: c) el neopositivismo, positivismo lógico o filosofía analítica; d) el realismo, es decir, una actitud metafísica inspirada, con variantes, en Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino.

A diferencia de la situación de mediados del siglo XIX, el panorama de la segunda mitad del XX es más despejado. Puede decirse que gran parte de la filosofía académica de los países anglosajones y germánicos camina por las vías del neopositivismo. En este sentido, casi se reparte el mundo filosófico con el marxismo, este último apoyado por el aparato de los países con régimen comunista. El existencialismo, que era la moda en la postguerra y hasta los años sesenta, se hace luego minoritario. Por su parte, el estructuralismo, que conoció el esplendor hacia los primeros sesenta, para decaer después, puede entenderse como una variante del neopositivismo. Si se agrupara la producción filosófica de acuerdo con las corrientes enumeradas, no sería de extrañar que la suma de las obras inspiradas en el marxismo, neopositivismo y realismo metafísico resultase el 75 o el 80 % del total.


El marxismo


La reelaboración teórica del marxismo se da ya a finales del siglo XIX, con los primeros revisionistas. En la primera mitad del siglo XX, el marxismo se hace práctica con el comunismo soviético. Hacia los años treinta de este siglo escriben obras importantes otros autores marxistas. Y se puede registrar un nuevo planteamiento a partir de la segunda postguerra. En conjunto, el materialismo histórico permanece desde Marx hasta hoy, sostenido, sobre todo, por los filósofos que trabajan al servicio de los diversos partidos comunistas. Sin embargo, se trata de un movimiento muy complejo. De ahí que, en una presentación didáctica, sea preferible un tratamiento por países. Al final, unas conclusiones que sitúan al marxismo en el pensamiento actual.


Alemania


El partido socialista alemán no siguió, en líneas generales, el planteamiento de Marx-Engels. Sobre todo, por influencia de
Eduard Bernstein (1850-1932), en quien influyó, a su vez, la trayectoria filosófica alemana clásica (Kant, principalmente). Bernstein negó, por ejemplo, que la acumulación capitalista fuera inexorable; que el proletariado consiguiese, por el simple mecanismo de la dialéctica histórica, el poder político. Anunció también lo que parecía evidente: la fuerza adquirida por las clases medias; el poder político teniendo que funcionar en régimen democrático. Bernstein se sitúa así como el fundador de las corrientes "social-demócratas", que recogen elementos del marxismo, pero no la filosofía general. Es notable su planteamiento de la libertad, de raíz también kantiana Hace falta hablar de la libertad de la persona -dice- para fundar una moral social. Bernstein condenó, en nombre del marxismo, la revolución soviética.

Contra Bernstein se situó
Karl Kautsky (1864-1938). Había conocido a Marx, fue un fiel discípulo de Engels y, antes de la Revolución soviética, fue muy estimado por Lenin. Pero su obra La dictadura del proletariado es un violento ataque al modo en que el marxismo se había realizado en Rusia. Kautsky tendía más bien hacia una revolución realizada en la paz, en la lucha parlamentaria. Fue, después de Berstein, otro de los realizadores del programa socialdemócrata alemán. Lenin llamó a Kautsky, en una obra famosa, renegado. Así ha quedado este autor en la filosofía oficial soviética. La influencia del comunismo soviético en la pervivencia del marxismo ha hecho que su figura -por lo demás, no de primera categoría- esté prácticamente olvidada.

En 1923 con el Instituto de Investigaciones Sociales aparece lo que luego se llamará Escuela de Frankfurt. Se suele incluir en esa escuela a Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse, entre otros. El grupo se disolvió con la llegada de Hitler al poder. Los integrantes se dispersaron y casi todos terminaron en los Estados Unidos. Adorno y otros volverían a Alemania. Marcuse permaneció en América. Existen pocos elementos comunes en estos pensadores, pero todos rechazan el marxismo tal como se ha dado en la Unión Soviética. Por otra parte, elaboran una interesante critica a la burguesía, no ya en sus aspectos económicos, sino en los estrictamente filosóficos. La critica de la "razón tecnológica" -que daría origen, según los frankfurtianos, a un nuevo tipo de alienación- puede así, ser dirigida, tanto al capitalismo como al comunismo. La Escuela de Frankfurt pretende ser más fiel al verdadero marxismo, pero, en el fondo, es un revisionismo, como se advierte en la mezcla de Marx con elementos tomados de Freud.


Theodor Adorno
(1903-1969) escribió en colaboración con Max Horkheimer (1895-1973) Dialéctica del Iluminismo, 1947. Aquí aparece la crítica a esa razón instrumental, que hace posible un dominio del hombre sobre el hombre, con modos de vida mecánicos y alienados. El núcleo de esta realidad es la inmediatez de considerar, sin más, el progreso como afirmación, como adelanto. Hace falta, en cambio, una "dialéctica negativa", que se oponga a cualquier tipo de conciliación. En el fondo, es una vuelta a Hegel, una vez que se quita del filósofo de Berlín su "conciliación" con la realidad política de su tiempo (el Estado prusiano). Esta dialéctica de la negatividad -más clara aún en la obra de Adorno Minima moralia- es un no querer comprometerse, una repugnancia a apelar a cualquier todo, porque "el todo es falso".

Al morir Adorno, Horkheimer evolucionó hacia una filosofía que significaba, en la práctica, el abandono del marxismo. Se acercó, incluso, a posiciones netamente trascendentes, con la recuperación de afirmaciones de la fe judía. Esta posterior evolución de Horkheimer hizo que sus obras fuesen menos comentadas en los círculos universitarios donde seguía dominando el marxismo. Y, sin embargo, las posiciones finales de Horkheimer revisten un interés especial, y merecerían un comentario detenido.


Suele unirse a la Escuela de Frankfurt, aunque nacido en 1929, a
Jürgen Habermas, autor de Conocimiento e interés (1968), Historia y crítica de la opinión pública (1962), Teoría y praxis de la sociedad tecnológica, La reconstrucción del materialismo histórico y la voluminosa Teoría de la acción comunicacional, de 1982. Más sociólogo que filósofo, el pensamiento de Habermas está aún en gestación; de un marxismo más o menos crítico ha pasado, en sus últimas obras, a una especie de neo-ilustración que aprovecha -desde un ángulo no exclusivamente crítico- la complejidad técnica de la sociedad contemporánea. Poco a poco, Habermas se ha ido acercando a un cierto eclecticismo, que tiene en cuenta, sobre todo, el fracaso tanto del marxismo "ortodoxo" como de las posturas neo-izquierdistas. Rodeado de una gran publicidad, Habermas ha de pasar aún por el tamiz de la crítica y de la historia.

Herbert Marcuse
(1898-1979), autor de Eros y civilización, El hombre unidimensional y otras obras que alcanzaron popularidad en los años sesenta, defendió una mezcla de Freud y Marx. Inspirándose sobre todo en el joven Marx propone una nueva revolución que, después de socializar los medios de producción, avanzase hacia la completa liberación (sexual) del hombre. " En términos freudianos, significaría reemplazar el principio de rendimiento por un principio de la realidad diferente, que permitiera una liberación auténtica de la existencia." Los tópicos freudianos son así "socializados", hacia una utopía en la que desaparece la represión y nace la mayor creatividad. Una liberación estética y sexual, ligada a una " transformación del cuerpo". "Este debe convertirse en instrumento de placer, en lugar de ser un instrumento de trabajo alienado." La importancia filosófica de Marcuse, autor de segunda fila, se vio artificialmente exaltada por proporcionar slogans casi publicitarios. A la hora de hacer un balance, Marcuse repite fórmulas circulares, que dicen muy poco: "no hay liberación individual sin liberación social, pero, a la vez, la liberación social implica la liberación individual".

Erich Fromm
(1900-1980) escribió obras fáciles de leer (El miedo a la libertad, El arte de amar, etc.), al lado de otras como Concepto marxista del hombre que eran una ensayística representación de los escritos del joven Marx. Sincretista y ecléctico, llegó a sostener que " la filosofía de Marx constituye un existencialismo moral y se opone a la práctica materialista de nuestro tiempo". Ni siquiera un marxista de mediana entidad estaba dispuesto a seguir a Fromm en esta tergiversación del fundador del materialismo histórico. Cuando una lectura estructuralista de Marx había intentado destacar los rasgos objetivos y "científicos" del marxismo, Fromm hace un pot-pourri con Marx y con todo lo "valioso" que ha existido en la cultura occidental. Una muestra del eclecticismo de Fromm es la siguiente frase: "Buda, los profetas hebreos, Jesucristo, Sócrates, los filósofos del Renacimiento y los del siglo de las luces, Goethe y Marx figuran entre los grandes humanistas del pasado. Existe desde hace 2.500 años una tradición humanista ininterrumpida, que se extiende hoy en los terrenos más diversos y, sobre todo, entre los cristianos y los marxistas". Fromm no se preocupa en ningún momento de demostrar críticamente estas afirmaciones.

Ernst Bloch
(1885-1977) es autor de una serie de obras que giran todas alrededor de un solo tema: la posibilidad de la utopía. De 1918 es El espíritu de la utopía; de 1921 su Thomas Münzer, teólogo de la revolución. Esta idea de la utilización utópica y "liberadora" del cristianismo (pero de un cristianismo ateo) es la clave de la obra principal, El principio Esperanza, de 1954.

Para Bloch (que realiza una significativa vuelta a Hegel), lo nuevo está siempre por venir y ése es el sentido de la vida del hombre. Urgido a que resumiese en una sola frase su filosofía dijo: " El Sujeto todavía no es Predicado". Estuvo siempre orgulloso de este descubrimiento: "Hoy día la utopía se ha convertido en una gran categoría filosófica y marxista. Todos hablan de ella olvidando que yo fui el primero que le volvió a dar sentido".


Marxista integral, Bloch añade la nota de que ese proyecto marxista no es algo consolidado de una vez por todas (Bloch tuvo que abandonar la Alemania comunista y refugiarse en la occidental), sino que está siempre "llegando". El cristianismo se ha dado cuenta de esto -según Bloch- y de ahí la insistencia de la esperanza, en la liberación, en la salvación... Pero después de Kant y de Hegel, una religión "trascendente" carece de sentido. Hay, por tanto, que aprovechar toda la carga "revolucioriaria" de los textos cristianos y volverla a presentar en categorías marxistas; es decir, materialistas, ateas. Hay que interpretar el " Yo soy el que soy" de la Biblia en el sentido de "Yo seré el que seré", dando a ese Sujeto (que todavía no es predicado) el sentido de la humanidad, no de Dios. Se explica así cómo Bloch ha influido en algunos teólogos, dándoles deseos de hacer compatibles marxismo y cristianismo, al precio de la reducción del segundo al primero.


Unión Soviética


Las aportaciones rusas al marxismo o fueron escasas o resultaron frustradas por la dictadura que se instala ya desde Lenin, consolidándose con Stalin. Desde los años treinta, en la Unión Soviética existe una " ortodoxia" marxista-leninista que ni supone una doctrina nueva ni da relieve á los aspectos más originales del marxismos.


La figura principal sigue siendo
Vladimir Ilitch Ulianov, Lenin
(1870-1924), aunque más en el campo de la filosofía política. En filosofía general, Lenin se limitó a comentar a Marx, Engels, Feuerbach, Hegel, etc., en sus Cuadernos filosóficos. La obra filosófica más importante es de 1909, Materialismo y empiriocriticismo, una diatriba contra el idealismo positivista de Mach y de Avenarius y una defensa del realismo cognoscitivo. Del positivismo preocupa a Lenin el relativismo que trae consigo y" que amenaza con socavar lo absoluto de la materia (de ese materialismo dialéctico que era creación de Engels). Es importante señalar además, en el leninismo, un aspecto voluntarista. La revolución, aunque esté en las leyes de la historia, tiene que ser hecha; y como, por otra parte, la revolución ha de hacerse también en la teoría ("Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria"), Lenin no considera la teoría de Marx como un todo acabado; el marxismo tiene que ser renovado con nuevos datos científicos e históricos.
En un sentido similar, la obra de Leon Trotsky (1879-1940), puede verse también en el ámbito de la filosofía política. Trotsky significa la, voluntad de una revolución que no decaiga nunca al nivel de una .burocracia. De ahí su idea de mantener una constante voluntad revolucionaria y una revolución permanente. Aunque los estudios filosóficos de Trotsky son limitados, obedecen a otra posible interpretación del marxismo. De ahí su pervivencia como "heterodoxia" hasta el día de hoy.

China


El marxismo en China está dominado por la figura de
Mao Tsetung (1893-1976). La adaptación del marxismo a la realidad nacional china es uno de los factores que explican su concepción más fluida del materialismo histórico, tal como se revela en la obra De la contradicción (1937). Para Mao existen diversos tipos de contradicciones en el proceso dialéctico, adelantando así una idea que muchos marxistas posteriores utilizarán para paliar el larvado "mecanicismo" de la estructura sobre las superestructuras. "Sin dejar de reconocer que, en el curso general del proceso histórico, lo material determina a lo espiritual y que el ser social determina la conciencia social, reconocemos y debemos reconocer la acción en retorno de lo espritual sobre lo material, de la conciencia social sobre el ser social y de la superestructura sobre la base económica."

Esta voluntad de integración explica también la ética maoísta, que recoge elementos de la antigua tradición china. En el famoso Libro rojo hay ecos del confucionismo, aunque en el ámbito de la teoría marxista. A los jóvenes y a todo el pueblo se propone servir a "cinco amores" (patria, pueblo, ciencia, trabajo manual, propiedad social), en nombre de las "cuatro concepciones de clase" (proletariado, trabajo manual, amor del pueblo, materialismo ateo).


En Mao, el materialismo histórico es modificado para que sirva de eje en la construcción de un universo diverso (el chino), con un "hombre nuevo", a través de una revolución que no es solamente económica o política, sino también "cultural".


Hungría


La figura de
György Lukács (1885-1971) denomina el marxismo húngaro y es, en estética, lo más importante que se ha producido en el seno del materialismo histórico. Fiel hegeliano, construye en 1923 su famosa Historia y conciencia de clase, que a la vez resulta idealista y materialista. La obra se basa en la idea de que la pertenencia a una clase depende, antes que nada, de la conciencia de clase. Este elemento "idealista" le suscitó problemas con el marxismo ortodoxo y Lukács hubo de retractarse. No fue rehabilitado hasta 1967. En 1956 había participado junto a Imre Nagy en los levantamientos húngaros -en el intento de un comunismo distinto- que fueron reprimidos por la Unión Soviética.

Excelente crítico literario, autor de una Teoría de la novela que marcó una pauta en la crítica de sentido marxista, Lukács intenta conectar el marxismo con toda la gran tradición alemana: Goethe, Hoederlin, Mann y otros. Por otro lado, esta atención a la creación literaria contribuye a que su pensamiento filosófico sufra constantes flexiones, rectificaciones, idas y vueltas. Capaz de sentirse influido por corrientes de signos diferentes y opuestos, Lukács buscaba revitalizar con la dialéctica hegeliana el marxismo consolidado y petrificado que se practicaba en la Unión Soviética. De hecho, casi todas las variantes de neo-marxismo -olas posturas de marxistas o ex marxistas como Schaff, Kolakowski, Kosik, etc.- tienen su origen en Lukács. El filósofo húngaro sigue siendo materialista, pero hace un lugar al "espíritu". Ese espíritu no es más que el creador de obras estéticas. Esta idea de "espíritu" permite a Lukács criticar la "cosificación", la "despersonalización", pero no en nombre de una visión trascendente del hombre, sino en nombre de una atención más atenta a la diversidad de lo material-espritual.


Lukács es, en el fondo un hegeliano que se sirve de Marx para poder seguir. siéndolo. Esto explica cómo, y no sólo por presiones políticas, renegó de su Historia y conciencia de clase. Lukács nunca renegaría de sus análisis literarios, campo en el que se sentía .mucho más a gusto.


Italia


Ha sido Italia, después de Alemania y la Unión Soviética, el país en el que más se ha desarrollado la tradición, marxista. Existen pensadores importantes, al principio del siglo XX (como Antonio Labriola) o a partir de los años cincuenta (las obras marxistas de Della Volpe o Colletti), pero el comunismo en Italia ha estado sobre todo marcado por la obra de
Antonio Gramsci (1891-1937).

Gramsci es una mezcla de populismo meridional (nació en. Cerdeña), de historicismo idealista sin idealismo (producto de la lectura de Croce) y de marxismo. Con todos estos elementos y con la experiencia de la Revolución soviética, presentó, sobre todo en los escritos póstumos (los siete libros de Cuadernos de la cárcel publicados entre 1948 y 1951), una revisión del marxismo que ofrece dos puntos principales. En primer lugar, la crítica del materialismo vulgar en el que había caído la ortodoxia soviética; esto le lleva a rechazar el mecanicismo y a hablar de una mutua influencia de la estructura y de la infraestructura (como casi contemporáneamente harían Mao y Lukács); en segundo lugar, una acentuación del momento superestructural a la hora de analizar, con el marxismo, la revolución posible en Occidente. De Gramsci es la idea -luego utilizada, en parte,.por el movimiento llamado eurocomunista- de que la revolución debe actuarse también -y quizá principalmente- en los ámbitos de la cultura,. entendiendo por cultura el universo formado por las ideas, creencias, pautas de conducta, etc.


Gramsci, a través de Croce, recoge de nuevo la línea hegelaina, pero la vierte en lo que él llama "historicismo absoluto". Como la historia no se reduce al juego de las categorías económicas, para Gramsci, el marxista ha de tener en cuenta la creatividad que trae consigo la historia. Se trata, para él, de "rechazar todo monismo materialista que afirme el primado de la materia y anule la subjetividad creativa del hombre" y, a la vez, rechazar "todo monismo éspritualista que afirme el primado .del espíritu". Este intento es el núcleo de la filosofía de Gramsci: "la filosofía de la praxis es el materialismo perfeccionado por el trabajo de la misma filosofía especulativa y fundido con el humanismo". El tono hegeliano, a pesar de todo, de Gramsci se advierte en esta síntesis: "¿Qué significa el término monismo? No, ciertamente, el materialista, ni el idealista, sino la identidad de los contrarios en el acto histórico concreto, es decir, actividad humana (historia-espíritu) en concreto, indisolublemente conectada a una cierta materia organizada (historicizada), a la naturaleza transformada por el hombre".


Contrasta con esta atención a lo plural de la historia, el designio gramsciano de trabajar a favor de una nueva "hegemonía", con un sentido totalitario, unificado, con la elaboración de un "nuevo sentido común" materialista, orientado hacia la conquista de la cultura y, por ella, a la de la economía y el Estado.


Francia


Existen muchos nombres en la línea marxista de la filosofía en Francia, pero ninguno ha alcanzado una altura notable si se exceptúa quizá a
Louis Althusser, nacido en 1918. Althusser dejó de producir en 1980 cuando, como consecuencia de un estado mental patológico, estranguló a su mujer.

Althusser se hizo famoso, en 1965, con dos libros, Pour Marx y Lire Le Capital. En ellos, siguiendo en cierto modo el método que había puesto de moda el estructuralismo, defiende la existencia en la obra de Marx de una "coupure" -un corte, una escisión- entre el Marx de los Manuscritos de 1844 y la obra posterior. Antes de la " coupure" Marx no es "marxista", sino un revolucionario idealista, humanista. Después, ya marxista, Marx descubre un nuevo continente -el de la historia- y sobre él hace ciencia estrictamente dicha. Sobre esa ciencia ha de basarse la verdadera revolución, contraria tanto a los intentos de conjugar liberalismo y marxismo (algunos "eurocomunismos") como a los intentos "humanistas" de otros filósofos franceses más o menos conocidos (Garaudy es quizá el principal).


Sin embargo, en 1974, publicando Elementos de autocrítica, Althusser se acusaba de haber teorizado en exceso: " Me encontré abocado a una interpretación racionalista de la "coupure" oponiendo la verdad al error bajo las especies de la oposición especulativa de "la" ciencia y "la" ideología, dentro de la cual el antagonismo del marxismo y de la ideología burguesa no sería sino un caso particular". Estas autocríticas -o críticas, dirigidas al partido comunista en el que militaba- continuaron en los años sucesivos.


Polonia


La tradición marxista en Polonia cuenta con nombres antiguos (como Rosa Luxemburgo, más importante en el terreno de la teoría económica) o actuales, como Leszek Kolakowski que, en fases sucesivas, ha abandonado el materialismo histórico. Entre los filósofos actuales el más destacado es
Adam Schaff, nacido en 1913. En los años sesenta escribe dos obras en las que intenta una crítica marxista de las posiciones existencialistas y cristianas: Marxismo y existencialismo (La filosofía del hombre) y

El marxismo y el individuo.


Estas obras causaron a Schaff algunas molestias con el aparato del partido y, desde entonces, los escritos del filósofo polaco se han orientado más hacia otra vertiente de su actividad: la filosofía del lenguaje. Sin embargo, el tema constante de la fllosofía de Schaff es hacer; en el marxismo, un sitio para la persona, tal como ha sido presentada -en situaciones antitéticas, pero coincidentes en algo- por filósofos existencialistas y Filósofos cristianos.


En El marxismo y el individuo Schaff hace afirmaciones importantes: la alienación no depende sólo de la estructura económica; y no desaparece sin más en las sociedades socialistas; es preciso encontrar un lugar ontológico para el individuo, que tenga en cuenta una concepción humanista profunda (que, para Schaff, aunque esto no sea cierto) se encuentra ya en Marx. Para esto, Schaff apela con frecuencia a "un sistema dé valores dado", a "normas de probidad generalmente admitidas en todas las sociedades", a realidades que "superan los sistemas". Casi sin darse cuenta, Schaff se sale así del historicismo y apunta a una realidad permanente de la naturaleza humana, que escaparía a la férrea definición marxista de "ser social", de "conjunto de las relaciones sociales". En 1984, Schaff fue expulsado del partida comunista polaco por "propagar ideas burguesas".


Visión de conjunto de la filosofía marxista


A lo largo de más de un siglo puede hablarse del marxismo como de un género con distintas especies.


Existe un marxismo pragmático que integra el programa de los partidos comunistas en Occidente; es un marxismo cambiante, oportunista a veces (supresión de la referencia a la "dictadura del proletariado" , por ejemplo) y que no ha dado origen a ninguna obra teórica importante, después de Gramsci. Por otra parte, el marxismo oficial de los países con regímenes comunistas, bajo la guía intelectual de la Unión Soviética. Esta filosofía es un "academicismo" en el que están mezclados temas de Engels-y de Lenin con los de Marx. El mismo Marx no es utilizado del todo, especialmente en los textos anteriores al Manifiesto Comunista.


Un tercer marxismo es el fabricado partiendo de la ortodoxia, pero intentado, a la vez, destacar la perennidad de Marx y su adaptación a los nuevos datos científicos y a las nuevas situaciones históricas. Ese fue el intento de Althusser, en cierto modo, y el de autores en otros campos de las ciencias. Un cuarto marxismo es el de los que han intentado defender el "humanismo" marxista, apelando sobre todo a los escritos del joven Marx. En esta línea se sitúan Fromm, Garaudy y todos los autores que, en el ámbito de la teología han intentado la conexión entre marxismo y cristianismo. Un quinto marxismo es el de los que intentan "aislar" el llamado "método marxista" para aplicarlo, como filosofía oculta, a diversas ciencias: la psicología, la sociología, la antropología; la historia, la filología. Se trata de entender. como "método" lo que Marx vio siempre como un todo que conseguía dar respuesta a los principales interrogantes filosóficos: qué es el hombre, la materia, la historia, la libertad...


Finalmente, como sexto marxismo, los marginales que se inspiran en Trotsky, en Mao, etc. No han dado resultados teóricos importantes.


Una afirmación común a todos estos marxismos: "las relaciones materiales de los hombres son la base de todas sus relaciones sociales", siendo el hombre "el conjunto de sus relaciones sociales". O con las palabras famosas: " El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino a la inversa: es su ser social el que determina su conciencia".


El psicoanálisis como filosofía


La obra de Sigmund Freud (1856-1939) ha ejercido un notable influjo en el ámbito filosófico. Aunque inició su carrera como neurofisiólogo, Freud se dirigió luego al campo de la psiquiatría y, con ocasión del tratamiento de determinadas enfermedades mentales, descubre -o redescubre- el mundo del subconsciente tal como se revela, de forma privilegiada, en los sueños.


Partiendo de una concepción naturalista y materialista del hombre, Freud proyecta su estudio del subconsciente sobre ese fondo. El hombre no será más que un animal complejo, "cargado" de energía, deseoso de sobrevivir y de obtener satisfacción. Ese ímpetu originario (la libido) es de un contenido fundamentalmente sexual.


El sistema de Freud es un cientifismo: todo en la vida psíquica es susceptible de ser explicado experimentalmente. No hay misterio alguno. Lo más sublime no es más que "sublimación". Lo místico no es más que un velo. Manda, en realidad, la realidad orgánica; y al final, con la muerte, el hombre se reintegra, sin residuo alguno, al fondo inorgánico de donde procede.


Sobre esto Freud construye una antropología que ha tenido -por su capacidad de ser divulgada- gran difusión. En el hombre existirían estratos, dimensiones o como quiera llamarse: el fondo pasional (Ello), el elemento racionalizador (Yo) y el elemento colectivo, general, moralista (Super-Yo). Como prueba de esta hipótesis Freud afirma que la presencia del subconsciente determina fenómenos patológicos cuando la memoria de ciertas experiencias entran en conflicto con las fuerzas que exigen su remoción. Se origina entonces un bloque de recuerdos que es preciso explicar para disiparlos. Siempre se tratará de una experiencia anterior (de la infancia en casi todos los casos y también de tipo sexual: complejo de Edipo, etc.) que, una vez explicada y asumida, hará que desaparezca el síntoma patológico.


Las dicotomías -muy frecuentes en las obras de Freud: el principio de placer y el principio de realidad, tótem y tabú, el principio de vida y el principio de muerte- son utilizadas para "explicar" el origen de la religión (El porvenir de la religión, Tótem y tabú) o incluso para fabricar una especie de filosofía política (El malestar de la civilización).


Por encima de las vicisitudes "clínicas" del psicoanálisis -dividido enseguida en escuelas antagónicas, pródigas todas en exclusiones y en..mutuas condenas-, queda hoy una determinada visión del hombre.


He aquí algunas notas:


-no es posible hablar de libertad; el fondo es determinista; el psicoanálisis es una especie de física de lo psíquico; por otra parte, como el inconsciente demuestra gran versatilidad, la aplicación de esa física es también un arte;


-el hombre no es más que materia sofisticada; las creaciones. culturales (arte, religión, etc.) son explicables en definitiva por las variaciones de esa materia compleja;


-el mal del hombre le viene del desconocimiento de ese fondo pasional, sexual, en lo que en gran parte consiste; y la liberación del hombre vendrá de la comprensión de esos fenómenos de "censura", de "represión"; una vez comprendidos, podrán ser asumidos; ,


-no se puede hablar,,de bien y de mal; la única moral posible para Freud es la que se resume en "amar y trabajar"; "amar" con todas las posibles variaciones,, porque las desviaciones sexuales pueden también. tener un sentido;


-una visión pesimista del mundo y de la cultura; nunca será posible que el Ello "mande"; probablemente sería además terrible. Hay que Aceptar simultáneamente los tres niveles (Ello-Yo-Super Yo) y los dos principios (el de la realidad y el de placer) y tratar de vivirlos en una simbiosis equilibrada.


Las explicaciones freudianas sobre las formas de sexualidad (con un acento marcado en la infancia, especialmente hasta los siete años), sirvieron también para difundir una concepción a-moral de la existencia humana. De un modo que sirvió de esquema en otras materias, el psicoanálisis funcionó en dos registros: el de la justificación de comportamientos humanos amorales y el de la compleja presentación de la "necesidad" de esos mismos comportamientos. .


Avanzado el siglo XX el psicoanálisis sirvió también de material teórico para apoyar demandas sociales de "inmoralismo" exigidas tanto por el mecanismo capitalista de la producción como por una izquierda neo-marxista (crf. Marcuse). Desterrado el sentido personal de la culpa, una serie de comportamientos humanos son explicados simultáneamente por la pulsión de los instintos de Ello y por las características del sistema, de naturaleza represiva. Así, de un mismo golpe, la abolición de los tabúes sexuales y de la represión política traerían consigo la liberación completa del hombre.


El existencialismo


Martin Heidegger
(1889-1976), el principal filósofo existencialista, presenta una biografía llena de accidentes "existenciales". Nacido de padres católicos, siendo joven ingresó en la Compañía de Jesús, donde aprendió la filosofía escolástica de signo suarezista, es decir, esencialista. Dura como novicio sólo unos meses. Ingresa más tarde en el seminario, del que también sale. Allí se familiariza algo con la filosofía de Santo Tomás. Hacia 1911, es decir cuando contaba 21 años, ha acabado esta época. Su formación posterior será neokantiana. En 1915 ingresa en la carrera docente, y la tesis de doctorado y habilitación es, significativamente, sobre Duns Scoto. En 1916 conoce a Husserl y se adhiere a la fenomenología. En los principios del régimen nazi, Heidegger no oculta sus simpatías por éste. Rector de Universidad, en 1933 pronuncia un famoso discurso ("Autoafirmación de la Universidad alemana"). Poco a poco abandona" también el nazismo, lo que no impide que en 1944 fuera destituido de su cátedra por las autoridades aliadas de ocupación. Vuelve a la Universidad en 1952 y permanece hasta 1966. Ya desde después de la guerra, Heidegger se encierra en un mutismo y se aleja de cualquier actividad pública. Muere a los ochenta y siete años; su sobrino, sacerdote católico, se encarga del funeral; es enterrado en cementerio católico por expresa voluntad del filósofo.

La principal obra de Heidegger es Ser y tiempo (Sein und Zeit), aparecida en 1927. La segunda parte, prometida, no llegó nunca a escribirla. Son famosos ensayos como De la esencia del fundamento (1929), Kant y el problema de la metafísica y ¿Qué es la metafísica?, del mismo año. De 1937 es Hölderlin y la esencia de la poesía; de 1950 Caminos del bosque; de 1954 ¿Qué es pensar? De 1961 en dos volúmenes, Nietzsche. Todos son textos fragmentarios, que no componían esa segunda parte de Ser y tiempo. La filosofía de Heidegger tiene esta marca de la no definición, del ímprobo trabajo por revelar "el ser".


El tema del ser


El ser es, para Heidegger, un descubrimiento griego. Ahí está Parménides; pero en seguida la "visión" (idea, teoría) del ser ocultó -con Platón- al ser mismo. Y ese "olvido del ser" habría continuado durante siglos... hasta Heidegger. Para él, la pregunta fundamental es: " ¿Por qué hay absolutamente algo en lugar de haber nada?". O, con otras palabras: ¿por qué el por qué? " El preguntar de esta pregunta es el filosofar." En esta búsqueda del ser, no podemos responder con la fe cristiana, porque antes de plantearse la pregunta el creyente posee ya la respuesta: todo ser, distinto de Dios, ha sido creado por Dios. Eso es así para la fe, pero habría que concluir -con San Pablo- que, para la fe, la filosofía es locura. Para Heidegger una filosofía "cristiana" es un círculo cuadrado.


Tenemos aquí un reflejo del fideísmo de matiz protestante, del que estaba lleno la cultura alemana. Es, en ese sentido, lo más opuesto a la tensión significada por el patrístico "creer para entender" y "entender para creer". Aristóteles consideraba la metafísica una "ciencia divina". Hegel -de forma panteísta- llega a una conclusión análoga. Heidegger no quiere negar a Dios, pero concibe la filosofía como una actividad en la que no entra para nada otra cosa: es simple experiencia humana.


¿Cuál es el sentido del ser? Heidegger recuerda el famoso análisis de Hegel según el cual el ser, en su abstracta indeterminación, es equivalente. a la nada. Está de acuerdo con Hegel pero piensa que hay que explicar el ser del ente, qué es eso de que "el ente es".


El ser humano


¿Por dónde empezar? Por el hombre. El análisis del ser humano es el único camino de acceso; se tratará de ver en el modo del ser humano el sentido del ser en general o, mejor, de esperar que en el ser humano se "revele" el ser.


Con una terminología de raigambre hegeliana, el ser humano es el Da-Sein: "Da-Sein es la palabra clave de mi pensamiento y da lugar a graves errores de interpretación. No significa, para mí, heme aquí, sino -y valga la expresión- el ser del ahí, y el ahí es precisamente patencia, aletheia, apertura". Forzando la etimología, Heidegger sostiene que el término griego para "verdad", aletheia vale tanto como "sin velos", "patente"...


El hombre es una manifestación de la apertura, de la patencia, del "dejarse ser del ser". Ser el ahí (el hombre) quiere decir que en el hombre aparece el ser (aunque no únicamente: esto tendrá que esperar quizá otra " revelación"). El hombre es el lugar de la patencia del ser porque es el único que puede preguntarse por el ser. Y la esencia del ser-ahí consiste en su. existencia; es, por eso, también su posibilidad, el conjunto de su posibilidades. Si se puede hablar así, la sustancia del hombre es la existencia: (Aquí Heidegger multiplica los tecnicismos, muchos de los cuales son imposibles de verter a cualquier otro idioma.)


¿Qué es el hombre? Insistamos: la esencia del hombre es la ec-sistencia; .el hombre es ese estar, en posición extática, estar en el campo de iluminación del ser. En ese sentido, ni las cosas ni los demás vivientes existen; son, pero no existen. El hombre es el único que está, en la esfera del ser; interrogando al ser, abierto a la patencia, dejando que el ser sea Eso es la existencia.


Condiciones de la existencia


El hombre es libertad, preocupación, trascendencia, temporalidad. En realidad, todo se reduce a esto: el hombre está "tejido en tiempo" y, en ese tiempo, es proyecto, adelantarse a... De ahí la trascendencia y la preocupación. La existencia auténtica es. preocupación. Como el hombre está tejido en tiempo, el pro-yecto definitivo es la muerte. El hombre es ser-para-la-muerte. La muerte A la aceptación lúcida del destino humano. Ante la muerte cabe también el no-pensar, el disimulo, a través de una serie de distracciones que dibujan los contornos de una vida in-auténtica, en la que se vive de lo que se dice, se opina...


Estos temas, popularizados .especialmente después de la segunda guerra mundial (canciones, teatro, etc.) en formas menores (el hablar de la angustia, de la necesaria "autenticidad"), son tratados por Heidegger con una gran riqueza de análisis técnico-filosóficos.


La trascendencia es, para él, superación: "El hombre está siempre trascendiendo. A todo ente y a sí mismo". Va siempre más allá, pero el más allá del hombre no está fuera del mundo. Por eso el hombre es ser-en-elmundo. El mundo es el único horizonte del hombre. Y es el hombre, con su experiencia ontológica, el que da sentido al mundo. Sólo él hombre tiene mundo. El animal tiene entorno (idea que ya había desarrollado Max Scheler).


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04/08/2005 ir arriba
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