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José
Ignacio Moreno Iturralde
Arvo Net, 24 de julio 2005
Querer descubrir una nueva fórmula matemática; aspirar a
conseguir la ecuación unificadora de las cuatro fuerzas
o plantearse seriamente llegar a un nuevo sistema
filosófico son algunos de los motores serios de la
enseñanza. Al plantear la clase como una estrategia para
lograr una cima de conocimiento hemos de pensar, en mi
opinión, más en una guerra que en un juego. Por la
retaguardia dos alumnos llegan tarde, al fondo de la
clase un inquieto tiene la necesidad de comunicar su
inquietud. Otro, absorto en sí mismo, bucea en su
profundo mundo personal. La batalla tiene sus reglas
teóricas, simples desde tiempos del Neolítico: "Mira
chaval: tú te callas y yo te enseño. Si quieres que yo
te reconozca como alumno tú me tienes que reconocer como
profesor. Las preguntas luego". Esta suerte de
intolerancia se revela de gran eficacia operativa.
Prosigamos: Se han pensado las cosas, se han toreado las
situaciones y se ha ascendido hasta el mirador de un
punto del conocimiento. Una pregunta imprevista de un
alumno imprevisto puede ser tan aguda como un sable y
tan sabia como una hermana que hace un reproche. La
cabeza del profesor entra en ebullición, otea y busca
hasta encontrar en el pequeño firmamento de su mente la
estrella de la respuesta precisa a una pregunta joven y,
por tanto, exigente. ¡Eureka!...La meta final es más
lúcida que el conocimiento previsto para transmitir. Se
ha producido una unión, un colegio.
Un colegio tiene ciertas similitudes con un campo de
concentración. La humanidad caída y grupal manifiesta
monótonamente aspectos cuarteleros, indigestas salidas
de tono, precariedad y limitación a todo pasto. Con
todo, el colegio es una unión de corazones o no es nada.
Una unión imperfecta, impura, correosa, pero unión que
no es simple agregación. Para que esto haya podido
ocurrir se necesita manifestar la propia personalidad;
fraguada, alimentada y corregida en la familia. Si no
hay identidad familiar la personalidad adolescente está
quebrada y su capacidad de unión es frágil, recelosa y
exclusivista.
Un centro educativo es tonificante porque se parece a
una selva y en una selva hay que espabilar y esforzarse;
como en la vida misma. Un centro educativo es un lugar
de esfuerzo común. Si se pretende transformar en un
circo de talleres ocupacionales la cuerda se rompe y la
fiera que llevamos dentro deja de ser un atento cachorro
de león para transformarse en una hiena que ríe
histérica y se revuelca entre los restos de la carroña
educativa. ¿Por qué hay en España tantos docentes con
depresión? ¿Por qué somos los peores de Europa en
enseñanza?
La enseñanza es un reflejo terrenal de la escatología:
puede ser un infierno o un cielo; aunque con frecuencia
tiene bastante de purgatorio. Si ello es así se debe a
que hay verdad y mentira, bien y mal, sinceridad y
falsía, nobleza y derrota. Una escuela tiene que tratar
los puntos neurálgicos de la existencia: la vida, la
muerte, el hombre y Dios. Si estos contenidos, expuestos
con el respeto debido a las diversas convicciones
familiares, se marginan o ningunean, la enseñanza no
tiene alma ni espíritu. La puerta del instituto es la
búsqueda de la verdad. La puerta de los servicios, de
notable interés, es la búsqueda de la tolerancia. Si se
confunden ambas puertas los alumnos aprenderán lo que
sólo debían tolerar –la porquería- y toleraran a duras
penas lo que tenían obligación de aprender como un bien
–las ciencias y las letras-.
Doy gracias de corazón a todos los que han hecho posible
que existiera hasta hace no mucho una enseñanza con
sentido común, digna del hombre. Durante tantos años la
escuela ha sido un lugar peleón pero donde, entre
zozobras y risas, el compañerismo y la camaradería han
sido una nota habitual. Todas estas estupendas personas
han hecho posible la pasión por enseñar, por sintetizar
el conocimiento con la persona individual del alumno. En
la enseñanza todos nos hemos enseñado a todos y hemos
podido avanzar en nuestra vida, quizás con no pocos
tropezones. Aprender y enseñar: he aquí dos de las
actividades más dignas del hombre.
Hoy, en España, la educación de enseñanzas medias es
cada vez más difícil. Ideologías necias y perversas han
decidido reventar la familia y la educación con bastante
éxito. También consiguen malograr la sociedad. Su error
funesto se debe, como no, a un profundo error de lo que
es la enseñanza y de lo que es el hombre. No somos
manadas de bambis que juegan, corretean y mantienen
relaciones sexuales cornudas y promiscuas. Somos
personas con espíritu que anhelan libremente buscar la
verdad de su vida y la de los demás.
Repasando en la memoria tantos maestros y alumnos
queridos, se divisa con claridad que la enseñanza es la
geografía que rodea al hogar. Hoy más parece un paisaje
absurdo e inhóspito. No soy pesimista: Estos tiempos de
banalización educativa pasarán, más tarde o más
temprano. En cualquier caso toda enseñanza verdadera,
como enseñaron Sócrates y Platón, está grabada en la
eternidad y es la eternidad verdad siempre novedosa que
espolea al aprendizaje, a la paciencia y a la alegría.
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