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Por Juan Moya
Arvo Net, 27 de julio de 2005
Algunas razones
La Familia sí importa. Y la
Religión también, aunque 3 millones de firmas reclamando
el legítimo derecho al estudio eficaz de la asignatura
de la religión no hayan merecido ser atendidas. Para la
aprobación del divorcio expres y la legalización del
pseudomatrimonio de homosexuales no ha hecho falta
ninguna. Son datos para el sonrojo que la historia
conservará. Este es el talante de nuestra época.
Se dirá que la ley de
educación que el gobierno pretende aprobar no prohíbe
dicha asignatura. Pero hacerla no evaluable ni
computable y sin alternativa seria para los alumnos que
no la escojan es convertirla en una carrera de
obstáculos para los alumnos y para los profesores. Es
decir, en la práctica, que el estudio de la religión
–del hecho religioso, con toda la influencia que ha
tenido y tiene en la cultura y en la historia de los
pueblos, y de España y Europa en particular- no se
considera interesante, y que por tanto no vale la pena
dar ninguna facilidad para su inclusión en el plan de
estudios; aunque se haga a costa de negar el derecho de
los padres –el derecho real, no teórico- a la educación
religiosa de sus hijos.
Aún así, no hay mal que
por bien no venga. Las dificultades encontradas hasta el
momento han servido para que 3 millones de personas
estén dispuestas a defender sus derechos; y se sumarán
más. Y no se van a limitar a firmar unos papeles:
estarán presentes en los colegios de sus hijos,
escribirán en los periódicos, saldrán a la calle,
recurrirán la ley por considerar que en la práctica
vulnera derechos irrenunciables de los padres. Y,
naturalmente, tomarán buena nota a la hora de elegir a
sus representantes en otras elecciones.
Mientras tanto, quizá no
está de más considerar si nuestros gobernantes aciertan
o se equivocan al juzgar tan negativamente el estudio de
la religión. Algunos ejemplos.
Decir que el estudio y
conocimiento de la religión –y de la religión cristiana
en particular- no es interesante, equivale a decir,
entre otras cosas:
- que no tiene importancia
que dos mil millones de personas en el mundo crean en un
Dios Creador.
- que qué más da que en
España el 80 % se declare católico y más del 70 % de los
padres deseen que sus hijos estudien religión en la
escuela.
- que no tiene interés
conocer la figura de más influencia en toda la historia
de la humanidad, por el que han estado dispuestos a dar
la vida millones de personas de todas las épocas,
perdonando incluso a sus agresores: Jesucristo. Por
ejemplo, Santo Tomás Moro, Lord Canciller de Inglaterra,
Patrón de los Políticos católicos, habría sido un tonto
por preferir que le decapitaran antes que reconocer la
licitud del divorcio de Enrique VIII. O Santa Edit Stein
habría sido una “fundamentalista” por preferir morir a
manos de los nazis antes que renegar de su fe y de su
condición judía.
- que el conocimiento del
libro más difundido y más leído en todo el mundo no
tiene mayor interés: la Sagrada Escritura.
- que los autores de la
ciencia de la que más se ha escrito hasta nuestros días,
de la que más libros existen en las mejores bibliotecas
del mundo –la Teología- han sido y son unos señores que
no enseñan nada que merezca ser conocido. Incluidas las
obras de algunas de las más grandes inteligencias de
todos los tiempos, como San Jerónimo, San Agustín, San
Alberto Magno, San Buenaventura, Santo Tomás de
Aquino...
- que Juan Pablo II haya
sido el lider moral de más talla mundial de nuestros
días no es un motivo que sirva para valorar la
importancia del cristianismo.
- que la motivación
religiosa de infinidad de artistas (escultores,
pintores, arquitectos, músicos...), pensadores y
escritores, que han plasmado las mejores obras de arte
de toda la historia y libros de la literatura universal,
no es un asunto en el que valga la pena profundizar. Los
que no tengan una cierta formación religiosa, ¿qué
podrán apreciar de las catedrales -románicas,
góticas...-, del Moisés de Miguel Angel, de la Piedad,
del Cristo de Velázquez o del Greco, de la Anunciación
de Fray Angélico, etc, etc; de la escultura religiosa de
nuestros mejores imagineros, de la poesía mística de
Santa Teresa o San Juan de la Cruz...; o del “alma
cristiana” del Quijote, ahora que estamos en su
Centenario; de la Divina Comedia de Dante; de tantas
composiciones musicales de profunda inspiración
religiosa...? Necesariamente, la incultura de esas
personas será considerable, no sólo sobre los aspectos
más estrictamente religiosos, sino sobre su visión del
mundo, de la historia del pensamiento, etc.
- de igual
modo, la correcta interpretación de tantos
acontecimientos de la historia, fuertemente marcados por
las creencias religiosas o por el ataque a esas mismas
creencias, tampoco parece que interese demasiado. ¿Y
cómo entenderlos si no se conoce y no se valora lo que
significa la defensa de la fe para millones de personas,
con todas las deficiencias que por error o debilidad de
los hombres se hayan podido cometer, pero también con
todos los aciertos?. Así, por ejemplo, ¿cómo es posible
entender bien, desde la ignorancia del hecho religioso,
acontecimientos tales como la misma historia del pueblo
judío, las persecuciones de los mártires de la primitiva
Iglesia en Roma; la importancia para la vida de la
Iglesia, y por tanto de la sociedad de su tiempo de la
paz de Constantino en el siglo IV; el cisma de Oriente,
la reforma luterana, las cruzadas, la inquisición, el
descubrimiento de América, la evangelización de Europa y
los otros continentes, las persecuciones de los
cristianos en los regímenes ateos como el comunismo...?
- tampoco se considera
interesante fijarse en que cuando se ha negado el
derecho a la libertad religiosa en algunos momentos de
la historia, la sociedad ha caído en picado y se han
producido los mayores crímenes: en la decadencia del
Imperio Romano, en la invasión de los bárbaros, en los
regímenes totalitarios comunistas y en el nazismo.
Podríamos
seguir viendo motivos por los que, según nuestros
gobernantes, no vale la pena considerar el interés de la
religión en la vida de las personas y su importante
repercusión en la configuración de la sociedad. “Por sus
frutos los conoceréis...”; y las leyes gravemente
injustas que van aprobando son una buena muestra de la
miopía y falta de criterio recto a la que puede llevar
la ignorancia religiosa y el fanatismo laicista, que
suelen estar relacionados.
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