ALGO MÁS QUE PALABRAS
LA IMPORTANCIA DE EDUCAR EN CASA
Víctor Corcoba Herrero
Arvo.net, 4.02.2009
¿Por qué esta nueva asignatura ha
causado espanto en tantas familias?
De entrada, hemos de reconocer que
la enseñanza en los últimos tiempos
viene caminando a la deriva del
político de turno, cuando en
educación lo que se precisan son
pactos de Estado.
A raíz de que el Tribunal Supremo
español niega el derecho de objetar
sobre la disciplina: Educación para la
Ciudadanía, mucho se ha dicho y
reflexionado en este país sobre la
cuestión de fondo, que no es otra que
dilucidar si un Estado tiene derecho a
educar en valores morales a nuestros
hijos. Dicho así, rotundamente digo que
no. Pero como vivimos en un estado de
confusión y mezcolanza permanente,
conviene analizar la situación con la
objetividad debida. Los contenidos de la
asignatura en educación primaria constan
de tres bloques, donde se propone un
modelo de relaciones basado en el
reconocimiento de la dignidad de todas
las personas, del respeto al otro aunque
mantenga opiniones y creencias distintas
a las propias, de la diversidad y los
derechos de las personas; donde a partir
de situaciones cotidianas, se aborda la
igualdad de hombres y mujeres en la
familia y en el mundo laboral;
subrayando un aspecto prioritario,
relacionado con la autonomía personal,
que es siempre la asunción de las
propias responsabilidades, algo que
exige la vida en comunidad y vivir en
sociedad. En Educación Secundaria se
desarrollan y amplían, atendiendo a la
mayor edad de los alumnos, todos los
contenidos de la asignatura en Educación
Primaria, añadiendo algunos otros, como
la aproximación respetuosa a la
diversidad, las relaciones
interpersonales, los deberes y derechos
ciudadanos, las sociedades democráticas
del siglo XXI, y ciudadanía en un mundo
global. Vistos los temas bajo su
titularidad, rotundamente digo que sí,
que deben impartirse.
Dicho lo anterior, entonces me pregunto:
¿Por qué esta nueva asignatura ha
causado espanto en tantas familias? De
entrada, hemos de reconocer que la
enseñanza en los últimos tiempos viene
caminando a la deriva del político de
turno, cuando en educación lo que se
precisan son pactos de Estado. Esto,
desde luego, genera una desconfianza
total por principio. Parece como si las
guerras ideológicas tuviesen que
librarse en las aulas. Todo se politiza
y de ahí a caer en el adoctrinamiento
cuando se es poder sólo hay un paso. En
este sentido, la sentencia del Tribunal
Supremo pienso que ha venido a poner
orden y seguridad. La necesidad de una
disciplina de este calado es primordial
para comprender y comprendernos unos a
otros, en suma para poder convivir.
Ahora bien, no permite a los docentes
imponer a los alumnos criterios morales
o éticos que son objeto de discusión en
la sociedad. Su contenido debe centrarse
en la educación de principios y valores
constitucionales. Esto creo que da
protección a las familias, que van a
poder alzar su voz y recurrir a las
instancias judiciales, si fuese preciso
e incluso con mayor fundamento jurídico
si cabe, ante una transmisión de
contenidos sectarios y adoctrinadores,
tanto en los libros de texto como por
parte de los educadores.
En todo caso, educar en familia siempre
será, ha de serlo, de obligado
cumplimiento, como también es un derecho
fundamental de los progenitores el poder
educar según las propias convicciones.
El reconocimiento de la familia como
agente educador por excelencia no es
tema de controversia. Un profesor
granadino, Antonio Rus Arboledas, en su
obra investigadora y concluyente “la
magia de educar en casa, razones de
amor”, dirige sus esfuerzos
precisamente, en la dirección de dotar a
las familias de elementos para
comprender la realidad y conductas de
sus hijos y para actuar ante situaciones
más o menos problemáticas y que
normalmente aparecen como consecuencia
del propio proceso de desarrollo vital.
La investigación, que recoge el citado
libro, pone de manifiesto que la
intervención en el marco familiar ha de
ser tanto de educación como de apoyo
afectivo, remarcando que los esfuerzos
educativos de mayor productividad son
aquellos realizados en los primeros años
y en las etapas de cambio-transición en
el desarrollo, insistiendo y acentuando
que la influencia familiar es el
principal factor del aprendizaje de los
alumnos. En consecuencia, si la
educación en casa fortalece sobre todos
los demás agentes educadores, como por
otra parte suele quedar patente en todos
los estudios socio-psicopedagógicos,
nada hay que temer, esto dará pie para
que los chavales puedan discernir. Los
que poseen el espíritu de discernimiento
saben cuanta diferencia puede mediar
entre dos palabras parecidas, según los
lugares y las circunstancias que las
acompañen.
Tal vez lo más esperanzador de este
revuelo social sea el despertar de esas
familias preocupadas por la formación
moral que puede injertar en los hijos la
disciplina: Educación para la Ciudadanía
y los Derechos Humanos. Esto siempre es
positivo, propiciar el debate
educacional, ¡qué mayor futuro que la
educación!; eso sí, lejos de cualquier
partidismo político. El objeto de la
educación no es hacer juegos políticos
para en el futuro cosechar adictos, es
formar personas aptas para gobernarse a
sí mismos y no para se gobernados por
los demás, para sentirse libre y no
esclavo, para conquistar la virtud y el
deseo de convertirse en un ciudadano de
valores y de hacerse valer. Es de
esperar que esa misma inquietud por esta
asignatura, que estoy de acuerdo puede
ser demoledora en la conciencia del
discente si el enseñante no sigue las
pautas que marca la norma y rubrica la
sentencia del Tribunal Supremo, y aún
más letal si la familia olvida el deber
de educar en casa, se extienda a otros
ámbitos como es la calle, la televisión,
Internet, e inclusive otras disciplinas
susceptibles de transmitir doctrina. Por
el hecho de haber dado la vida, los
padres tienen el derecho originario,
primario e inalienable de educar a los
hijos; por esta razón ellos deben ser
reconocidos como los primeros y
principales educadores. Es bueno para
toda la sociedad que los padres
reivindiquen sus derechos y deberes,
impidan la intromisión en algo que les
pertenece, máxime cuando tenemos un
sistema educativo nefasto, partidista y
aparcelado por autonomías, que hoy por
hoy lo único que genera es abandono y
fracaso. La importancia de educar en
casa es vital. Es más fuerte que nada y
que nadie. Lo que en el hogar se enseña,
jamás se olvida; dice la sabiduría
popular. Cuando menos es un consuelo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
(1 de febrero de 2009)