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INTERIOR DE UN COLEGIO INGLÉS (Martin O¨Brien)

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Interior de un colegio inglés

INTERIOR DE UN COLEGIO INGLÉS
Eton y Harrow pueden tener el mayor prestigio entre los colegios de Gran Bretaña. Una fama merecida por sus tradiciones, excéntricas costumbres y esnobismo, pero el Winchester College, el más antiguo y selecto de todos ellos, posee todos los triunfos académicos. Verónica O'Shea ha realizado la versión en castellano de este artículo.

Por Martin O"Brien

En una de las esquinas del claustro del Winchester College está grabada una inscripción dedicada a la memoria de un alumno de Winchester que murió en el Collage y que «fue, al cielo en vez de a Oxford».

Incluso si no se sabe nada sobre el Winchester College, el más antiguo y probablemente el más selecto de los principales colegios de Inglaterra, este sencillo y jocosamente irónico epitafio —con la mención a que entrar en el cielo es una pobre alternativa ante la perspectiva de una plaza en Oxford—, puede dar una idea sobre la tradición de este colegio.

De los cien o más graduados de cada año, el 80 por ciento entra en la Universidad —la mitad de estos, en Oxford o Cambridge—, una promoción bastante superior a la del resto de los colegios.

El recuerdo de Field Marshal Lord Carver (Winchester'33) es típico del linaje del colegio, sobre todo en un país donde los más renombrados colegios son más conocidos por su tradicionalismo y excentricidad que por su educación. Sobre el valor que se da en el Winchester College a las aptitudes personales comenta Lord Carver: «Yo le debo mucho al Winchester College; sin tener otra forma de capital, tuve que confiar en mis facultades mentales. La educación que recibí en Winchester desarrolló y agudizó esas facultades.

«Todo estaba rodeado de un entorno de gran belleza: el mismo colegio, la catedral próxima, el paisaje circundante en el que uno es libre para pasear en bicicleta si puede escapar de los deportes obligatorios. Las cosas que me disgustaban durante mis estancias allí eran las comunes a todos los alumnos, sobre todo a los internos; la vida reglamentada, las pequeñas tiranías y la mala comida».

«LA EDUCACION HACE AL HOMBRE»

Desde su fundación, Winchester mantuvo estrechos vínculos con la Universidad de Oxford. De hecho, ese alumno del XVII que murió fue, probablemente, el único que no ha obtenido una plaza en Oxford —conocido también al principio como New College. El Winchester y el New College no sólo compartían el mismo célebre lema: Manners Makyth Man («La Educación hace al Hombre»), sino que también compartieron el mismo fundador: William de Wykeham, óbispo de Winchester y Canciller de Inglaterra durante los reinados de Eduardo III y Ricardo II.

Willíam de Wykeham era un hombre ambicioso que llegó rápidamente a lo más alto en el Poder Ejecutivo medieval y que alcanzó un puesto equivalente al del actual Primer Ministro. En su carrera amasó una fortuna considerable con la que fundó primero el New College y unos años más tarde el Winchester College, cuya finalidad era seleccionar y suministrar el talento estudiantil adecuado para el College principal, Oxford.

Tuvo tanto éxito este sistema que la idea de William de Wykeham fue imitada después por Enrique VI con la fundación de Eton y el King's College, en Cambridge. Enrique VI no se limító a copiar los estatutos del Winchester College, sino que también se llevó a su director a Eton, así como algunos de sus alumnos. Un origen que la mayoría de los «etonianos» prefieren ignorar: «Nosotros podemos ser mejor considerados y les ganamos al criket más a menudo de lo que ellos nos derrotan», afirma un antiguo alumno de Eton, aunque reconoce que, en las aulas, el Winchester posee los «triunfos» académicos.

Hoy en día, la relación entre el Winchester College y la universidad ya no es exclusiva; la obtención de una beca en el Winchester ya no es garantía de la subsiguiente en el New College. Pero los Wykehamists (a los alumnos les gusta adoptar como denominación el nombre del fundador del colegio) no tienen necesidad de privilegios dentro del mundo universitario.

En la primera carta constitucional concedida a William de Wykeham, se dispuso que el colegio estaría compuesto por un director y los encargados de dirigir la educación de setenta becarios (schollars), dieciséis coristas (quiristers) y diez plebeyos, así llamados los alumnos que no disfrutan de beca (commoners). Esa educación se realizaba mediante un informador y un hostiarius, el equivalente medieval a un director y un subdirector.

En la época de revueltas campesinas y los tumultos de ciudad y toga en Oxford —que aún se recuerdan—, el colegio en el que vivían directores y alumnos era como una segura fortaleza situada en medio de las frescas praderas del Itchen Valley, en las afueras de la ciudad que fue la capital anglosajona del rey Alfredo el Grande. Construido de piedra pedernal y adoquín, con un patio cuadrangular al estilo Oxford, conocido como el Chamber Court (Sala de Justicia), el colegio comprende una capilla, un corredor, dormitorios, un aula y un claustro contiguo, así como diversas comodidades necesarias para sostener a la comunidad: una cervecería (el cervecero del colegio tiene su propia cerveza desde 1907), una panadería, un matadero y un granero, incluyendo un patio más pequeño conocido como el Outer Court (Sala Exterior). Los commoners debían proveerse de sus propios alojamientos fuera del colegio.

INGRESAR EN EL «WINCHESTER»

Actualmente, la autoabastecida y autosuficiente comunidad medieval ha sufrido un cambio sustancial. El guardián y los encargados ya no viven en el colegio; los guiristers se han trasladado a una escuela preparatoria cercana y los diez commoners, ahora más de quinientos, se han acomodado en diez casas de huéspedes dirigidas por directores residentes en ellas. No obstante, una facción permanece igual: son esos setenta becarios que todavía viven y estudian en los antiguos edificios y que siguen llevando la toga escolar.

La admisión en el Winchester College es furiosamente disputada y rigurosamente revisada, aunque el número actual de solicitantes para cada plaza es relativamente bajo, porque los colegios preparatorios conocen perfectamente la reputación del Winchester por sus estrictos criterios de selección, y por ello presentan sólo a sus candidatos más aptos; los que tienen menos probabilidades son dirigidos a otra parte.

Pero al contrario que en la mayoría de los colegios privados, la posición social o económica no se tiene tan en cuenta como las aptitudes académicas. La cuota que deban pagar los commoners es de unas 5.300 libras anuales; los becarios una cantidad que viene determinada por su actuación académica, y en algunos casos, también se recurre a la fortuna familiar. Pero nadie puede confiar únicamente en el bolsillo de sus padres; los chicos deben demostrar su propia valía. El ingreso de un componer es responsabilidad de los diez directores de las residencias destinadas a estos alumnos, realizando entrevistas y pruebas cuando el aspirante tiene once años. Si tiene suerte se le concederá una plaza para dos años después, a condición de que pase el examen de Winchester.

Entre los candidatos a alumnos del College, la selección depende de sobresalir en un exigente, duro y competitivo examen que se celebra en el colegio cada mes de mayo, cuando los chicos tienen trece años. Según los resultados de este examen, además de entrevistas y otras pruebas, se seleccionan no más de catorce o quince aspirantes por año.

Para aquellos que superan la prueba, «la principal disciplina en Winchester es el trabajo», afirma James Sabben-Clare, actual subdirector que se convertirá en director el próximo septiembre, y añade: «Los chicos que vienen aquí tienen una gran tarea que realizar: exámenes que superar, normas que cumplir... Todos ellos saben perfectamente bien que eso es lo que cuenta en este lugar».

LIBERTAD Y PEDAGOGIA

Sobre este aspecto comenta Jimney Van Allen, un americano que está estudiando en el Wincheser College procedente de la Pomfret School de Connecticut, durante su último curso en el colegio: «En un principio yo quería ir a Eton, ya que mi bisabuelo estudió allí. Pero ahora que estoy aquí, realmente estoy disfrutando. El sistema educativo y el tipo de vida son totalmente diferentes a los Estados Unidos. El trabajo es más duro y las reglas más estrictas, pero pronto descubres lo que esperan de ti y lo haces. También hay inconvenientes, no tenemos mucho tiempo libre y las relaciones profesor-alumno son muy formales».

Desde el momento que llegan y durante cinco años, los alumnos son conducidos a través de uno de los más intensos cursos académicos. El curriculum está dividido en tres partes: junior, medio y senior. Se da una importancia especial a las matemáticas —un 90 por ciento de los alumnos consigue un nivel muy elevado. Otra característica única en el sistema educativo del Winchester College es que el grado medio se obtiene tras sólo siete trimestres en lugar de los nueve habituales. Esto permite a los chicos la ventaja de un año extra para preparar su examen superior y las pruebas de acceso a la Universidad.

Como muchos otros colegios, el Wincheste está equipado con los últimos avances en computadores y laboratorios. Puede servir como ejemplo para valorar la .capacidad de los alumnos en este campo un reciente descubrimiento: un grupo de ellos había obtenido el modo de reproducir en serie el término «informe semanal a casa» con la ayuda de un ordenador.

La vida en Winchester está gobernada más por un humanismo liberal que por la coacción mediante rigurosas normas. John Torm, el actual director, opina que el buen comportamiento no es resultado del número de normas que se tengan sino que deriva directamente de la propia responsabilidad del alumno y sus sentimientos sobre lo que es más beneficioso para sí mismo. «Creo, comenta Thorm, que es por nuestra gran concentración en la selección de los alumnos por lo que podemos permitirnos ser más liberales que en otros colegios».

Dominic Purvis, perteneciente al último curso y encargado de alumnos menores —más conocido por aulae praefectus—, explica cómo funciona este sistema: «En Winchester hay dos prefectos entre nosotros, uno al mando de los commoners y otro de los becarios. Ambos tenemos una serie de ayudantes con responsabilidades y obligaciones concretas. Así como la disciplina es importante, los castigos normalmente se limitan a una restricción de privilegios o a trabajos para los domingos. Uno de los castigos más comunes y aburridos es tener que copiar los sonetos de Shakespeare. Eso les suele mantener alejados de las travesuras. Hoy en día, nuestro trabajo es más bien de niñeras; realmente somos elegidos para cuidar a los chicos más pequeños, no para hacer de su vida aquí un suplicio».

Si la imagen del prefecto del colegio era autocrática, detestable y a menudo cruel, ya no se puede aplicar ésta al Winchester College. La base de este cambio es «el gran alboroto» que se produjo en 1872 cuando un tal D .J. Whyte, el prefecto de los commoners decidió hacer un examen de notions en una de las recientemente creadas casas de plebeyos. Notions es el nombre que se da al lenguaje del Winchester College, el cual, con ligeros cambios, todavía se utiliza. Era y es costumbre examinar a los alumnos nuevos sobre sus conocimientos de este lenguaje y pasar el examen era el modo de ser aceptado como miembro de la comunidad. En 1872 un alumno se negó a someterse al interrogatorio de Whyte y fue castigado por su insubordinación con treinta azotes en la espalda con la tradicional vara de castigo. La severidad de este castigo originó un gran alboroto en el colegio; una vez llegó a la calle, la protesta pública. Como resultado de este suceso se introdujo una serie de medidas para frenar el poder de los prefectos y sus abusos.

«Es importante saber qué tradiciones son sensatas y razonablemente enraizadas y cuáles son puramente afectadas» afirma Sabben-Clare, el actual subdirector. Para Dominic Purvis el sistema tiene algunos inconvenientes ya que esta actitud igualitaria es más beneficiosa para los chicos más pequeños, y comenta: «Todo el sistema está diseñado para la gente de los cursos más bajos, pero no es tan buena cuando has llegado al superior. Para ser sincero, el hecho de que los pequeños ya no estén tan estrictamente distanciados de los mayores, algunas veces, puede ser algo molesto; sobre todo en este colegio donde los estudiantes de todas las edades comparten los toys (cubículos de trabajo), dormitorios y salas. Tenemos una relación tan estrecha que es imposible evitar cierta familiaridad. Mientras eso no origine desacatos, se puede mantener el orden».

LAS TRADICIONES DE UN «COLLEGE»

Cuando los chicos no están haciendo bromas o copiando sonetos, atendiendo a las clases o trabajando en sus salas pueden disfrutar de muchas diversiones en el Winchester College. La más extendida es el deporte. Los principales partidos que se organizan son: de fútbol en otoño —el deporte tradicional del Winchester College—, el rugby, que se practica en primavera, y el cricket en verano. El rugby que se juega en el Winchester College, o Win Co Fo como se denomina en abreviatura, es singular. Se ha dicho que siempre habría un antiguo Wykehamist en la dirección sólo para explicar las reglas y el juego. Explica Tommy Cookson, un viejo Wykehamist: «Es el deporte más practicado por los muchachos, hay un equipo por cada casa y en el colegio. Asimismo, es el que atrae la mayor expectación».

«Puede parecer extraño», añade Ralph Braund, uno de los entrenadores, «pero el éxito que tenemos en los deportes se debe a las aptitudes académicas de los chicos. Asimilan y recuerdan cada explicación sin necesidad de repetirla, simplemente porque son buenos estudiantes. Escuchan, entienden y en el siguiente partido lo realizan como les he indicado».

No obstante, el esfuerzo intelectual puede no ser tan evidente en otra actividad típica del Winchester College, y a menudo termina en lo que llaman el cuerpo, que proporciona otra serie de peculiaridades características de un Wykehamist, la seguridad en sí mismo y la autodisciplina.

Cada miércoles, llueva o brille el sol, los alumnos del Winchester College se agrupan en los patios para realizar maniobras militares, como si formasen parte del cuerpo de cadetes. Todos los chicos deben hacer un año de entrenamiento inicial, que sólo es militar en parte, pero que incluye actividades como lectura de mapas, primeros auxilios, orientación y ejercicios de supervivencia. Tras este año pueden continuar en el cuerpo, si lo desean, o elegir otra de las actividades del colegio.

El Winchester College se ha conservado durante siglos exclusivamente masculino, pero la introducción de la educación mixta está en el aire en la idea de Sabben-Clare como uno de sus primeros grandes decretos cuando sea nombrado director. «Los tiempos cambian y las actitudes también —afirma el futuro director. Ciertamente, muchos de nosotros pensamos que, en un mundo ideal, Winchester podría ser mixto.»

Thom, el actual director no está tan seguro de ello: «Verdaderamente algunos de los directivos y sus mujeres estarían más contentos si Winchester fuera un colegio mixto, aunque yo me siento muy complacido de no tener que comprometerme con ninguna decisión que se tome al respecto. Una cosa que no desearía hacer antes de ir a la sepultura —termina diciendo con una mezcla de resignación y placer— es tener que cuidar alumnas».



Publicado en el nº 381 de Nuestro Tiempo
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