Por
Sunsi Estil.les Farré
Arvo
Net, 11-04.2006
Muchos lo piensan. Pero no lo
manifiestan en voz alta. Porque el
ambiente es tan asfixiante que el
oxígeno no llega al cerebro, el
riego sanguíneo no es fluido y a los
pulmones les falta aire libre para
poder hablar. Me da pánico que
cualquier día nos suceda como a
Soledad.
A Soledad le mandaron dibujar las
flores de un jardín. Empezó a hacer
flores con lápices de color rosa,
naranja y azul. Una orden de la
maestra interrumpió el trabajo.
“¡Esperad!. Yo os diré cómo debéis
hacerlas. ¡Así!”. Y pintó una flor
roja con el tallo verde. Soledad
miró la flor de la maestra, miró la
suya… le gustó más la suya, pero
guardó su papel e intentó copiar la
flor de la pizarra. Era roja con el
tallo verde. Era correcta; había
seguido fielmente las indicaciones.
Pocos días después, la profesora le
mandó componer una redacción. “¡Qué
bien! – pensó - Podré escribirle a
las estrellas”. De inmediato, se oyó
la voz de la maestra .“¡Esperad!. Yo
os diré sobre qué escribiréis. El
tema será las vacaciones” . Soledad
aún albergaba la esperanza de poder
explicar que en verano las estrellas
se asoman más tarde. Pero sus
pensamientos fueron de nuevo
interrumpidos: “¡Esperad!. Yo os
diré lo que debéis poner. Anotad:
lugar adonde fuisteis a veranear
(playa o campo); con quiénes
fuisteis (padres o amigos); qué
medio de transporte utilizasteis
(aéreo, marítimo o terrestre); qué
hicisteis, cómo lo pasasteis,
cuántos días estuvisteis y cuándo
regresasteis.¿Lo habéis entendido?.
¿Sí?. Podéis empezar.” Soledad
cogió su lápiz con resignación y
comenzó a contestar uno por uno y de
forma ordenada todos los puntos que
la maestra les había marcado. En
esta pauta no cabían sus estrellas.
Soledad ha dejado de ser niña, pero
le siguen marcando pautas
innecesarias que no la dejan crecer.
Los poderes públicos se parecen
demasiado a la maestra de Soledad.
Prohibido mendigar, prohibido tender
la ropa en el balcón, prohibidas
las representaciones musicales en la
calle, prohibida la venta ambulante,
prohibido dormir al raso, prohibido
vender bollería en los bares de los
colegios, prohibido fumar, prohibido
rotular los comercios en según qué
idioma... Puestos a prohibir, no
entiendo cómo no se les ha ocurrido
prohibir vender tocino, que dispara
el colesterol; prohibir tomar el
sol sin protección “pantalla
total”, que produce cáncer de piel;
prohibir tomar café o té verde o té
rojo, que sube la tensión. Puestos a
prohibir, ¿por qué no se nos prohíbe
pensar? Es la prohibición más
sencilla; es la consecuencia lógica
de todas las anteriores y de las que
están por llegar.
Nos han construido un techo de poca
altura y nos pretenden instalar en
un estadio de infantilismo que
recuerda la primera educación: andar
correctamente, saber utilizar los
cubiertos y los útiles de escritura,
decir gracias, buenos días , buenas
noches... Este estadio es parecido a
la enseñanza que recibe un
estudiante de música. Primero
aprende solfeo y el uso adecuado del
instrumento. Pero si, llegado el
momento, el sujeto no es capaz de
interpretar personalmente e incluso
componer una partitura... ¿tiene
algún sentido la clase de música?
Soledad y su familia se mudaron a
otra ciudad y la niña cambió de
escuela. En uno de los primeros días
que ella asistía a clase, la maestra
dijo: “En esta clase haremos un
dibujo.” Soledad se quedó esperando
a que la maestra dijese cómo debería
hacerlo. “¿Por qué no trabajas?. ¿No
te gusta dibujar?”, le preguntó la
maestra. “ Sí – le respondió
Soledad- pero estoy esperando que
usted me diga cómo lo tengo que
hacer. “Como tú quieras- contestó la
maestra-. Se trata de una
manifestación personal”. No lo
entiendo -pensó Soledad-. Y comenzó
a hacer una flor roja con el tallo
verde.
El suma y sigue de sanciones cada
vez más severas, de normativas cada
vez más particulares, de reglamentos
cada vez más minuciosos... pueden
dar seguridad, sobre todo a los que
mandan. Pero esta seguridad es
ficticia. Las consecuencias tienen
un efecto “rebote”: la inhibición
–“ya me lo darán hecho”-, la
ignorancia –“otros lo harán por mí”
- y la rebeldía –“¡que no me da la
gana!”
La seguridad antes-que-nada es un
contravalor, un principio antivital
por excelencia. Mientras existen
normas coercitivas, el barco llega a
buen puerto. Pero ojo el día que
desaparece quien marca el rumbo...
cuando no hay nadie que diga cómo
hay que dominar el timón. El barco
navega a la deriva y naufraga.
Porque ya no somos nosotros los que
nos vivimos; nos viven desde fuera.
Compensa más invertir en educación
para que los niños de hoy sean
mañana ciudadanos libres y
responsables que en el despliegue de
medios que comporta un estado
policial. Es más rentable y
psíquicamente más saludable.
*Sunsi
Estil.les Farré
Diari de Tarragona