En busca de la excelencia
Autor: Jaime Nubiola
Fuente:
La Gaceta de los Negocios
Fecha:
6 de junio de 2007
Arvo Net, 31.07.2007
Para algunas personas de mi
generación hay pocos libros que
hayan afectado tan profundamente
a sus vidas como el que Robert
Pirsig publicó en 1974 con el
extraño título Zen y el arte
del mantenimiento de la
motocicleta. Se trata de un
libro -quizá poco conocido en
nuestro país-emblemático para
los herederos de la generación
hippy norteamericana.
Su protagonista emprende un
viaje con una enorme moto y con
su hijo Chris como paquete
cruzando los Estados Unidos por
carreteras secundarias en busca
de su propia identidad tras la
muerte de su esposa. A pesar de
su sorprendente título, esta
singular novela da mucho que
pensar. Las largas jornadas
sobre la moto estimulan el
pensamiento creativo de quien no
se contenta con respuestas
fáciles. A partir de la
reflexión sobre la mecánica de
la motocicleta, el protagonista
pasa a la ciencia y de ahí a la
historia de la filosofía
mientras recupera vericuetos
perdidos de su memoria. Al final
la pregunta decisiva es la de
qué es la calidad y ésa es
muchas veces también la pregunta
clave para cada uno de nosotros.
En los últimos años se ha creado
en el ámbito académico una
agencia nacional de evaluación
de la calidad que pretende
ayudar al crecimiento de la
calidad de las instituciones
universitarias españolas
mediante la exigencia de unos
requisitos formales relativos a
las enseñanzas, al profesorado y
a todos aquellos procesos que
pueden medirse con relativa
facilidad. No dudo de que todo
ese ingente esfuerzo pueda dar
algún fruto, pero soy del todo
escéptico de que en su conjunto
logre un incremento de la
calidad de las universidades
españolas que las sitúe
realmente en un horizonte
internacional competitivo. La
calidad no es nunca el resultado
de la aplicación mecánica de
unos procedimientos
administrativos, sino que tiene
más bien que ver con la
creatividad inteligente
proseguida con tenacidad y
flexibilidad.
Como me decía el avezado
bodeguero y enólogo navarro
Ricardo Guelbenzu a propósito
del vino, "la más alta calidad
jamás es fruto del azar". Un
vino de verdadera calidad
requiere muchísimo trabajo desde
la uva en la vid hasta su
consumo con el acompañamiento y
la copa adecuados. Los avatares
meteorológicos, las lluvias, el
sol y los pedriscos, tendrán su
importancia; también los
procesos de prensado y de
fermentación, y las cubas para
su almacenamiento. A la postre
todo es importante y nada puede
ser dejado al azar. Los pequeños
detalles al final son muy
importantes, pues el azar tiende
más bien a tirar para abajo, a
rebajar la calidad. De ahí que
muchas veces se avance en la
calidad mediante el
establecimiento de controles que
posibilitan el desechar los
productos defectuosos, pero de
suyo el control solo no crea
calidad.
¿Cómo lograr calidad en un
proceso cualquiera? No es fácil
determinar cómo puede
acrecentarse la calidad de una
cosecha, de una marca de vino
determinada, de una promoción de
estudiantes o de toda una
institución académica. Me parece
que lo primero es estar empeñado
efectivamente en mejorar la
calidad del producto que en cada
caso se trate; y lo segundo más
importante es intentar aprender
de aquellos otros que han
conseguido mejores resultados
que nosotros. Querer mejorar y
aprender de los mejores son los
dos principios básicos.
Quizá la pregunta realmente
decisiva es la de qué podemos
hacer para incrementar la
calidad de nuestra vida. No me
refiero sólo a la mejora de las
condiciones materiales de
nuestra existencia, sino sobre
todo a que nuestra vida cobre
verdaderamente más calidad,
adquiera mayor sentido, esté más
llena de luz, de color, de
sonrisas, cariños y
satisfacciones. Me parece
luminoso recordar con Saint-Exupéry
que la calidad de una vida está
en función de la calidad de los
vínculos afectivos libremente
elegidos. Son el amor y la
amistad los que nos salvan a
todos literalmente la vida,
porque nos ayudan a mejorar
aprendiendo de aquellos a
quienes queremos.