|
ESPERAR LA FELICIDAD
EN CRISTO
Por Jutta Burggraf
Índice
·1. ¿Qué nos dice la
teoría de la
reencarnación?
·2. ¿Qué hace que esta
teoría sea tan
atractiva?
·3. ¿Cuáles son las
diferencias con la
doctrina cristiana?
·4. ¿Qué nos dice la fe
cristiana?
·4.1 Resurrección de
todo el hombre
·4.2 La bienaventuranza
como don
·4.3 Confianza en Dios
¿Resurrección en Cristo
o reencarnaciones
perennes?
Desde hace unas tres
décadas, la doctrina de
la reencarnación se ha
difundido en todo el
mundo occidental. Entre
sus seguidores se cuenta
un gran número de
personas bautizadas en
la fe cristiana.
[90] Es llamativo
que éstas no se adhieran
a la tradición
asiática de la
reencarnación, sino que
la transformen y la
mezclen con la cultura
occidental.
[91] ¿Cuáles son las
características de esta
síntesis? ¿Por qué
resulta tan atractiva
para nuestros
contemporáneos? ¿Qué
responde la fe cristiana
frente a esta nueva
creencia? A
continuación, me
gustaría hacer algunas
consideraciones sobre
este tópico.
1. ¿Qué nos dice la
teoría de la
reencarnación?
Se distinguen
fundamentalmente las
doctrinas orientales
y occidentales sobre
la reencarnación.
[92] En primer
término, las diferencias
se refieren al sujeto.
Según las grandes
tradiciones
orientales, aquéllo
que se reencarna es una
cierta "energía
espiritual", la "fuerza
vital" de un ser humano,
que toma forma, una y
otra vez, en un nuevo
cuerpo; el budismo no
conoce una reencarnación
de tipo personal.
[93] Las teorías
occidentales, por el
contrario, ponen de
relieve la identidad del
sujeto en sus sucesivos
nacimientos, y hablan de
un "alma" individual que
continúa viviendo, de
una forma nueva, después
de la muerte.
Asimismo, ambas
concepciones difieren en
lo tocante a cuál es la
razón de un nuevo
nacimiento. En las
tradiciones
orientales, la
doctrina de la
reencarnación es
inseparable de la idea
del Karma. Éste
supone una relación
directa y prácticamente
mecánica entre las
acciones de un hombre y
sus consecuencias para
una vida posterior. De
manera que todo lo que
hace una persona lleva
consigo unos efectos
buenos y malos que son
absolutamente
necesarios; y que
afectan tanto al sujeto
como al conjunto de la
comunidad humana. El
Karma se puede
manifestar incluso en
muchas generaciones
futuras. Es, por así
decirlo, la "herencia"
que los vivos reciben de
los muertos. De esta
forma, cada generación
está obligada a cargar
con las consecuencias de
las decisiones de sus
antepasados. No
obstante, los mismos
muertos sufren en las
vidas futuras todavía
más por lo que han hecho
durante su vida
anterior. Mientras sus
acciones pasadas no sean
completamente
liberadoras y de
provecho para toda la
humanidad, su "fuerza
vital" está destinada a
un inquieto vagabundear.
Los sucesivos
nacimientos se
encuentran en directa
relación con las
existencias pasadas. Su
sentido consiste
precisamente en liberar
la "energía espiritual"
de la materia y de sus
ataduras al mundo. En
otras palabras, el
hombre tiene la tarea de
separarse por completo
de su búsqueda del amor
y la amistad, de su afán
de cultivar la tierra,
de sus anhelos de
felicidad y de plenitud.
Sólo una vez conseguida
esta meta y cuando todo
Karma esté
purgado de modo total e
íntegro, su "fuerza
espiritual" encontrará
el descanso definitivo,
después de dejar el
último de los cuerpos
que ha tomado en la
tierra.
La doctrina
occidental sobre la
reencarnación afirma, en
cierta manera, todo lo
contrario. Según ella,
un hombre no carga sobre
sí las consecuencias de
los actos de sus
antepasados. Él mismo es
el único responsable de
su destino, por ejemplo
de sus talentos y
límites personales, la
situación de su familia,
la posición que ocupa en
la sociedad, sus éxitos
o fracasos profesionales
y económicos. Es el
"único creador de todas
las situaciones de su
vida."
[94] Todo lo que le
ocurre, son efectos
directos de sus propias
decisiones durante sus
existencias anteriores.
Así se explican las
diferencias existentes
entre ambas teorías con
respecto al fin
de las reencarnaciones
continuas. En Oriente,
se acentúa -de modo
negativo- el carácter de
castigo y purificación
de cada nuevo
nacimiento. Para el
budismo, por ejemplo, la
reencarnación es una
maldición y no el fin de
nuestra vida. El budista
anhela la salvación, que
él identifica con la
liberación de la prisión
de este mundo. El
contacto con el mundo es
para él la causa de todo
mal. La meditación y la
ascética le van
liberando paulatinamente
de sus cadenas, la
muerte no es más que la
culminación de esta
liberación. Pero cuando
no se ha logrado el
desasimiento completo de
este mundo -cuando no se
ha alcanzado a dar el
salto hacia el nirvana-,
se debe volver a la
tierra y empezar otra
vida.
En Occidente, los
sucesivos nacimientos
son frecuentemente
considerados -de modo
positivo- como una forma
de autorrealización que
conduce hacia un estado
de desarrollo más alto y
una plenitud más cabal.
El hombre debe
perfeccionarse sin
cesar, hasta que llegue
a ser, algún día,
completamente puro y
digno de unirse con
Dios. Se interpreta la
reencarnación, en cierta
manera, como una especie
de evolución espiritual,
en otras palabras: a la
teoría de la evolución
material se le agrega
una dimensión
espiritual. "El espíritu
se viste siempre con
nuevos vestidos,
atraviesa siempre nuevas
experiencias, busca
siempre nuevas
posibilidades de
expresarse, hasta que
finalmente ha crecido
tanto que ningún vestido
le queda bien y está en
condiciones de reconocer
su propia infinitud."
[95] Cuando el
hombre, después de
muchas vidas, ha
alcanzado su identidad
completa, puede
descansar en Dios.
2. ¿Qué hace que esta
teoría sea tan
atractiva?
Una de las razones
principales de la
acelerada difusión de la
doctrina de la
reencarnación en
Occidente es, sin duda,
el hecho de que, durante
mucho tiempo, la
teología cristiana no
respondió con la
claridad debida a las
interrogantes del hombre
relacionadas con los
"novísimos". Asimismo,
la esperanza en un nuevo
nacimiento resulta en sí
bastante atractiva.
Parece ser un mensaje de
salvación muy asequible
para una mentalidad
moderna que se
caracteriza, entre otras
cosas, por una destacada
negación a considerar
algo como definitivo. En
efecto, ni el lugar
donde se vive, ni la
profesión que uno tiene,
ni el matrimonio u otras
promesas se consideran
"para siempre"; pueden
cambiarse, y se cambian
de hecho, cada vez con
más facilidad. ¿Por qué
no considerar también la
propia vida como
provisional?
Por otra parte, muchas
personas sufren al
considerar el rápido
paso del tiempo y la
certeza de que todo
terminará algún día. La
vida presente se
experimenta, con
frecuencia, sólo como
parcialmente realizada.
La muerte no significa
necesariamente un
perfeccionamiento. Uno
puede ansiar tener más
oportunidades para
realizar todas las
posibilidades que le
ofrece la vida. A estos
deseos responde la
teoría de la
reencarnación muy
directamente,
prometiendo muchas vidas
futuras. Pensar que la
existencia sobre la
tierra no tiene un fin a
corto plazo puede
experimentarse como un
alivio. Así no hay que
tomar la vida demasiado
en serio, se puede
aplazar la decisión a
favor o en contra de
Dios. Siempre queda una
puerta abierta, siempre
existe la ocasión de
intentarlo de nuevo.
Algún día lejano el
hombre realizará el
sentido último de su
vida de todos modos,
después de tantas nuevas
formas de existencia
como él mismo desee.
La doctrina
occidental de la
reencarnación nos
ofrece, además, una
explicación racional y
aparentemente lógica de
todo lo que ocurre en el
mundo, también de las
catástrofes naturales,
enfermedades y fracasos
personales.
Efectivamente, tales
acontecimientos serían
simplemente necesaria
consecuencia de los
actos que hemos
realizado en nuestras
vidas pasadas. "El mundo
es un cosmos
ininterrumpido de
venganza ética... Es el
individuo mismo quien se
forja radicalmente su
propio destino."
[96] De esta manera,
no necesitamos rompernos
la cabeza con el
problema de la teodicea,
que intenta
compatibilizar el
sufrimiento humano con
la existencia de un Dios
omnipotente y bueno.
En la teoría de la
reencarnación se pueden
encontrar, finalmente,
algunas coincidencias
con la fe cristiana, que
parecen adecuadas para
satisfacer una cierta
inquietud religiosa.
[97] Ambas creencias
ponen de relieve la
responsabilidad personal
de cada hombre, señalan
que hay una relación
entre la actuación
humana en la vida
presente y lo que ocurra
en la vida futura, y
destacan la necesidad de
una purificación después
de la muerte. Ambas
hablan, en definitiva,
de una esperanza que va
más allá de este mundo y
se dirige hacia el
sentido final de nuestra
historia, en
contraposición a las
concepciones nihilistas
o agnósticas de la vida.
Sin embargo, las
diferencias entre la
doctrina de la
reencarnación y el
mensaje cristiano me
parecen grandes e
importantes.
3. ¿Cuáles son las
diferencias con la
doctrina cristiana?
Según la teoría de la
reencarnación, el hombre
no es entendido como una
persona única e
inconfundible, que
transciende
esencialmente la
creación material. Por
el contrario, queda
sumergido completamente
en los cambios
naturales, ya que se
encuentra entre un
permanente nacer, morir
y volver a nacer bajo
una forma distinta, en
analogía a los productos
de la tierra. La muerte
no es más que algo que
ocurre en torno a los
"ritmos vitales de
oscilación".
[98] Pero esta
interpretación
naturalista no sólo
resta importancia a la
muerte, sino también a
la personalidad, a la
libertad y a la historia
propia de cada hombre.
¿Cómo puedo encontrar mi
identidad si no estoy en
absoluto consciente de
mis formas de existencia
anteriores? No sé quién
fui en mi vida anterior.
Estoy obligado a cargar
con las consecuencias de
una vida pasada que no
conozco.
La idea de la
reencarnación está
teñida de un claro
desprecio de la
corporeidad. El ser
humano es dividido en
dos "substancias" sin
relación ninguna entre
sí. Mejor dicho, el
hombre es el "alma" que
busca siempre un nuevo
cuerpo, un nuevo tiempo,
una nueva historia, una
nueva familia, nuevos
amigos y compañeros de
viaje, sin que la nueva
"corporeización" sepa
algo de las anteriores.
Pero según la fe
cristiana, mi vida
concreta se desarrolla
en una historia única, y
no puedo dejarla como
una especie de vehículo
viejo del que salgo y me
olvido.
[99] Mi biografía
personal con todas las
relaciones familiares,
sociales y de amistad,
que he creado durante la
existencia terrena,
tiene una gran
importancia para mi
identidad, también
después de la muerte.
Desde un punto de vista
cristiano, somos
responsables no sólo de
nosotros,
[100] sino también,
en cierta medida, de
todas las personas a
nuestro alrededor y de
aquellos que vendrán
después de nosotros.
[101] Si una persona
está llena de la luz y
del espíritu de Dios, su
luz brillará no
solamente durante su
vida, sino también
después de su muerte.
Del mismo modo, si
vivimos de espaldas a la
verdad, si morimos sin
hacer frente a nuestros
problemas y fallos
reprimidos, serán
nuestros sucesores
quienes sufran las
consecuencias de lo que
hemos dejado malformado,
corrompido y pendiente
de arreglo.
El cristianismo confirma
-y en esto está de
acuerdo con la doctrina
oriental de la
reencarnación- que los
efectos de los errores y
pecados de una persona
pueden repercutir
negativamente en toda la
comunidad humana. Sin
embargo, no estamos
frente a una necesidad
absoluta, puesto que la
gracia divina puede
romper, en todo momento,
esta relación de
causalidad. Contamos
siempre con el perdón y
con la oportunidad de
comenzar de nuevo.
Cristo nos ha liberado
de las cadenas del
pecado y de la culpa. Su
poder es más fuerte que
cualquier influencia del
pasado que manifieste
sus enredos en el
presente.
La concepción
occidental de la
reencarnación exige
demasiado del hombre. Le
sobrecarga con una
responsabilidad
excesiva. Ciertamente,
desde una perspectiva
cristiana, el hombre es
libre y, en un sentido
profundo, es el
protagonista de su
propia vida. Desde el
comienzo de su
existencia, sin embargo,
se halla envuelto en un
conjunto de vínculos y
relaciones que influyen
en todos los ámbitos de
su vida y sobre el cual
carece de un dominio
absoluto. No es
responsable de todo lo
que le ocurre. Está en
cierto modo condicionado
por el país, la
sociedad, la familia en
la que ha nacido, por la
educación y cultura que
ha recibido, por el
propio cuerpo, por su
código genético y su
sistema nervioso, sus
talentos y límites, y
por las libres
decisiones de los demás.
El pensamiento, los
sentimientos y las obras
de sus antepasados
determinan el ambiente
en que una persona crece
y se desarrolla. El
destino de los vivientes
está, por así decirlo,
lleno de tareas que sus
antepasados dejaron sin
concluir. La teoría
occidental de la
reencarnación resuelve
esta cuestión de un modo
excesivamente fácil, en
cuanto imputa todos los
acontecimientos del
presente a las acciones
anteriores de una
persona, como si fueran
la causa única de los
sucesos actuales. Con
esto exagera
ilegítimamente la
responsabilidad
anterior por el
propio destino, mientras
niega, paralelamente,
gran parte de la
responsabilidad
actual que
verdaderamente tiene
cada hombre.
[102]
Con ello, resuelve
efectivamente, al menos
en parte, el problema
planteado por la
teodicea. Pero la visión
del mundo no puede ser
más fría y cínica. ¿Es
un niño minusválido, por
ejemplo, la
reencarnación de un
hombre que ha obrado mal
en una vida pasada? La
fe cristiana responde a
la cuestión del dolor en
una forma más humana.
Enseña a ver en el que
sufre, no a una persona
castigada,
[103] sino a un
amigo preferido de Dios,
que ha sido elegido para
encontrar a Cristo en la
cruz, y para que los
otros encuentren a
Cristo en él. El
cristianismo enseña un
sentido hondo y
escondido del
sufrimiento humano, y
nos muestra a un Dios
que se solidariza con el
hombre. La cruz de
Cristo es ciertamente un
misterio; no se la puede
explicar racionalmente.
Pero es un misterio de
amor. Es el misterio de
un Dios cuyo amor es tan
grande que da su vida
por nosotros.
Para la doctrina de la
reencarnación, cada
hombre debe llegar por
sus propias fuerzas a la
perfección. Pareciera
que las presiones y
tensiones por lograr un
mayor rendimiento que
dominan en las
sociedades occidentales,
se prolongaran más allá
de la muerte. Pero no se
llega a la perfección
cristiana, en primer
lugar, por acciones y
conquistas, sino por la
gracia de Dios y el
perdón. La felicidad
eterna es más don que
mérito.
4. ¿Qué nos dice la
fe cristiana?
El dolor y la muerte no
tienen la última palabra
en el mundo. Después de
la cruz viene la alegría
de la resurrección. Al
fin de los tiempos,
resucitará todo el
hombre, con cuerpo y
alma.
4.1. Resurrección de
todo el hombre
Según la visión
cristiana del mundo, el
hombre es verdaderamente
su cuerpo. No se reduce
a poseerlo o habitarlo.
Existe en el mundo no
solamente "a través de
su cuerpo" (Merleau-Ponty),
sino "siendo su cuerpo"
(Congar). Por su
constitución intrínseca,
es su cuerpo y a la vez,
misteriosamente, lo
sobrepasa.
Para la teología
bíblica, el cuerpo no es
sólo la substancia
químico-biológica de
nuestra carne, es mucho
más que la figura
externa y visible de
nosotros. Entendemos por
"cuerpo" nuestra
relación íntima con el
mundo. El cuerpo es para
el hombre un medio de
expresión.
[104] Da a conocer
su mundo interior,
"traduce" las emociones
y aspiraciones, la
alegría y la decepción,
la generosidad y la
angustia, el odio y el
amor. El cuerpo es
también un medio de
acción en el mundo. "El
significado del propio
cuerpo emerge
precisamente del hecho
de que el hombre será
para "cultivar la
tierra" y "someterla"."
[105] El hombre
forma el mundo mediante
sus manos. Es, según
decían los antiguos,
inteligencia y manos
("ratio et manus").
[106]
Algunos autores afirman
que, mientras el alma es
el "órgano interlocutor"
al que se dirige el
mismo Dios, el cuerpo es
el "órgano" mediante el
cual nos relacionamos
con el mundo,
[107] con otras
personas, con la
naturaleza y la cultura.
"A través de nuestro
cuerpo, nos expresamos
en el mundo y
recíprocamente, en
nuestro cuerpo se
expresa el mundo en
nosotros."
[108] En este cuerpo
y en las relaciones que
él hace posible,
vivimos, amamos y
sufrimos. El cuerpo
pertenece a nuestra
identidad, le da una
impronta honda, un sello
determinado. Por ello,
no podemos simplemente
"desechar" el cuerpo
después de la muerte y
tomar otro completamente
nuevo, en un contexto
absolutamente distinto y
una red de relaciones
interhumanas que no
tienen relación alguna
con las anteriores. Si
es verdad que nos está
prometida la salvación
total y completa, la
alcanzaremos sólo para
el alma y el cuerpo a la
vez: en concreto, para
este cuerpo nuestro que
es parte de nuestro ser
personal.
[109]
4.2. La
bienaventuranza como don
De acuerdo a la fe
cristiana, esperamos
que, después de la
muerte, Dios nos acoja
tal como somos, a pesar
de las "vidas no
vividas" y a pesar de
toda una historia de
culpa personal, si nos
arrepentimos de nuestros
pecados. "Dios aprieta a
cada hombre contra su
pecho, tal como hace el
padre en la parábola del
hijo pródigo. Es ésta la
más hermosa de las
parábolas bíblicas para
entender la esperanza
cristiana de alcanzar la
perfección. Este último
encuentro con la
misericordia infinita...
regala al hombre la
salvación."
[110]
Una persona que ha
sufrido mucho durante su
vida, no requiere de una
"nueva oportunidad"
después de la muerte
para llegar a la
felicidad. Dios puede
hacerle feliz en un
único instante. No
obstante el hombre será
purificado después de la
muerte, y esta
purificación significará
dolor. "Si el hombre ha
sido durante su vida
terrena un recipiente
demasiado pequeño para
la riqueza, para la
plenitud de la gracia
divina, Dios mismo
agrandará este vaso
después de la muerte, y
quemará todo lo que
estorba con el fuego de
su amor.
[111] Este proceso
será salvador y
liberador, y hará al
hombre digno de una
nueva vida con Dios, y
con las otras criaturas
que están unidas a Él.
4.3. Confianza en
Dios
La teoría de la
reencarnación reduce
extremadamente la acción
divina, puesto que, en
el fondo, niega la ayuda
de Dios. El hombre tiene
que lograrlo todo por
sus propios medios.
Gracias a sus esfuerzos
y su laboriosidad puede
alcanzar un desarrollo
cada vez mayor. Pero
éste no es el espíritu
del Evangelio. Es, en el
fondo, un pensamiento
legalista e inhumano que
defiende, bajo el
disfraz de lo religioso,
una mentalidad del
rendimiento y una fe
ciega en un progreso
humano sin límite.
Un cristiano, en cambio,
tiene más confianza en
Dios que en sí mismo.
Está convencido de que
lo decisivo no es lo que
él hace, sino lo que
Dios hace para él. No
pretende construir con
sus fuerzas su propia
bondad. Sabe que no
necesita salvarse a sí
mismo, pues Cristo ya le
ha salvado en la cruz. Y
confía en un encuentro
definitivo con Dios
después de su muerte.
Esto le otorga una gran
paz interior.
Pero la esperanza
cristiana en la
resurrección no
significa comodidad. La
vida se vive una sola
vez.
[112] Por ello, el
hombre está llamado a
aprovecharla y a no
esperar futuras
oportunidades. La fe
cristiana lleva a vivir
conscientemente, pues el
tiempo es corto. No
obstante, pese a todos
nuestros esfuerzos, nos
presentaremos ante Dios
con las manos vacías y
podemos consolarnos
sabiendo que la
misericordia divina es
infinita.
Jesús dijo al ladrón
arrepentido "Hoy estarás
conmigo en el paraíso."
[113] Hoy mismo, no
después de una larga
cadena de
reencarnaciones.
Precisamente en la
bondad definitiva de un
Dios que perdona y
reconcilia, reside la
liberación de la novedad
cristiana.
NOTAS
[90] De acuerdo a M.
KEHL, alrededor de un 20
de la población alemana
cree en la
reencarnación. Cf.
Und was kommt nach dem
Ende? Von Weltuntergang
und Vollendung,
Wiedergeburt und
Auferstehung,
Freiburg-Basel-Wien, 3a.
ed. 2000, p.47. Para más
información cf. también
N. BISCHOFBERGER:
Werden wir wiederkommen?
Der
Reinkarnationsgedanke im
Westen und die Sicht der
christlichen
Eschatologie, Mainz
1996, pp.18-21.
[91] El concepto de
reencarnación expresa
algo muy distinto según
las culturas y épocas
concretas en las que se
usa. Cf. R. SACHAU:
Westliche
Reinkarnationsvorstellungen,
Gütersloh 1996, p.57-70.
[92] P. M. ZULEHNER
distingue una tercera
"doctrina" de la
reencarnación, que sería
"la doctina poco lógica
y razonada del
esoterismo vulgar".
Wandlungen im
Auferstehungsglauben und
ihre Folgen, en
Hermann KOCHANEK (ed.):
Reinkarnation oder
Auferstehung? cit.,
pp.192s.
[93] Cf. A.T.MANN:
Das Wissen über
Reinkarnation, 2ª ed.
Frankfurt/M. 1998,
pp.45-54.
[94] Reinhart HUMMEL:
Reinkarnation,
Stuttgart 1988, p.104.
[95] Cf. H.
TORWESTEN: Sind wir
nur einmal auf Erden?
Freiburg 1983, p.21.
[96] M. WEBER:
Wirtschaft und
Gesellschaft,
Tübingen 1980, pp.318s.;
en M. KEHL: Und was
kommt nach dem Ende?,
cit., p. 53.
[97] Para un diálogo
entre el cristianismo y
la doctrina de la
reencarnación cf. F.-J.
NOCKE: Ist die Idee
der Reinkarnation
vereinbar mit der
christlichen Hoffnung
auf Auferstehung?,
en H. KOCHANEK (ed.):
Reinkarnation oder
Auferstehung,
Freiburg-Basel-Wien
1992, pp.263-284.
[98] Cf. R. SACHAU:
Westliche
Reinkarnationsvorstellungen,
cit., p. 170.
[99] Aquí se
demuestra que la
doctrina de la
reencarnación, en su
variante occidental,
tiene su origen en la
gnosis de la Antigüedad
tardía y en su desprecio
de todo lo material y
temporal.
[100] Cf. Gal
6,7: "Lo que el hombre
sembrare, eso
cosechará."
[101] Cf. Ier
31,29: "Los padres
comieron agraces, y los
hijos sufrieron la
dentera."
[102] Sobre esta
materia, podemos señalar
brevemente que la
doctrina del pecado
original explica mejor
el difícil problema de
la responsabilidad
humana por el mal en el
mundo. El hombre se
encuentra siempre en
tensión entre la
situación dada, que está
marcada, en parte, por
las consecuencias de la
culpa de otros (también
de generaciones pasadas)
y las propias decisiones
libres, que pueden
fomentar estas
condiciones
preexistentes o, por el
contrario, no hacerlo.
[103] Cf. Io,
2-3.
[104] Cf. K. WOJTYLA:
Persona y acción,
Madrid 1982, p.2.
[105] JUAN PABLO II:
Alocución,
31-X-1979.
[106] CF. J. MOUROUX:
Sentido cristiano del
hombre, Madrid 2001,
p.75.
[107] Cf. J. PIEPER:
Tod und
Unsterblichkeit,
München 1968, pp.38;
167. J. RATZINGER:
Escatología (=Curso de
Teología Dogmática
IX), Barcelona 1984, pp.
148-153.
[108] M. KEHL
(siguiendo a G. GRESHAKE):
Und was kommt nach
dem Ende?, cit.,
p.69.
[109] TOMÁS DE
AQUINO comenta que no se
puede hablar de
"resurrección" si no se
trata del mismo
cuerpo. Summa
Theologiae suppl.,
q.79, a.1. Se puede
tener en cuenta que es
el alma ("forma corporis")
que hace de la materia
el propio, el
mismo cuerpo.
[110] M. KEHL:
Und was kommt nach dem
Ende?, cit., p. 67s.
[111] E. MODER-FREI
(siguiendo a G. GRESHAKE):
Reinkarnation und
Christentum, St.
Ottilien 1993, p.254.
[112] Cf. Hebr
9,27s.: "Y por
cuanto a los hombres les
está establecido morir
una vez, y después de
esto el juicio, así
también Cristo, que se
ofreció una vez para
soportar los pecados de
todos, por segunda vez
aparecerá, sin pecado, a
los que le esperan para
recibir la salud."
[113] Cf. Lc
23,43.
Texto
de la segunda parte del
libro de nuestra
colaboradora Jutta
Burggraf, La
razón de nuestra alegría,
Ed. Promesa, San José de
Costa Rica 2001. |