ENTREVISTA A
JUTTA
BURGGRAF
Por
Francisca R.
Quiroga
Jutta
Burggraf es
alemana,
Doctora en
Teología y
Pedagogía,
autora de
numerosas
publicaciones,
entre las
últimas la
titulada
VIVIR Y
CONVIVIR EN
UNA SOCIEDAD
MULTICULTURAL.
Experta en
la temática
de la
familia,
contesta a
nuestras
preguntas
sobre los
desafíos que
presenta la
vida en
común en la
sociedad
actual.
NUEVAS
PROBLEMÁTICAS
Con
frecuencia
leemos
resultados
de
encuestas,
entrevistas
y sondeos,
que parecen
indicar que
la familia
está en
crisis,
¿piensas que
se trata de
una figura
social en
extinción?
«A pesar de
todos los
pronósticos
desfavorables,
hoy en día
la familia
sigue siendo
apreciada,
porque
satisface
necesidades
tan
elementales
en el hombre
como el
anhelo de
sentirse
protegido y
de tener
confianza.
Pienso que
su
existencia
no puede ser
puesta en
duda porque
está
íntimamente
ligada a la
felicidad
del hombre».
¿Por qué
hoy nos
parece más
difícil
sacar
adelante una
familia que
en otras
épocas?
«Es verdad
que
actualmente
se dan
circunstancias
que generan
problemas
que no se
presentaban
antes. Pero
esto no
quiere decir
que antes no
hubo
dificultades:
había otra
situación
con otros
problemas,
quizá menos
manifiestos.
En siglos
pasados,
muchas veces
eran los
padres
quienes
elegían a
quienes
habían de
casarse con
sus hijos, y
lo hacían
según
aspectos
objetivos:
la clase
social, la
situación
económica,
la religión,
etc. La
comunidad
matrimonial
era
considerada
como una
gran
empresa.
Todos,
varones y
mujeres,
solían
trabajar
juntos en la
granja, en
el taller,
en la
tienda. Y
educaban
juntos a los
niños, que
crecían bajo
los cuidados
de muchos
parientes».
«A partir de
la
industrialización,
se produjo
un profundo
cambio en la
vida
familiar. El
hombre se
fue
retirando de
las
obligaciones
familiares a
favor de
actividades
lucrativas
fuera de
casa, donde
la mujer
quedó sola
con los
hijos. Poco
a poco
también ella
se fue
integrando a
la vida
profesional,
ganando
dinero y
haciéndose
cada vez más
autónoma. De
ahí resultan
nuevas
cargas para
el
matrimonio».
¿Piensas
que la
autonomía de
que gozamos
hoy las
mujeres es
una causa de
los actuales
problemas de
la familia?
«No creo que
la
independencia
de la mujer
sea el
problema de
hoy. Al
contrario,
es una
suerte que
exista,
porque sólo
quien es
interiormente
libre e
independiente
puede amar y
entregarse
verdaderamente
a los
demás».
¿Por qué
entonces la
situación
actual es
realmente
difícil?
«Dos
personas se
casan hoy,
en general,
por simpatía
y amor; es
decir, más
por motivos
subjetivos
que por
motivos
objetivos.
Esto me
parece muy
bien. Pero
hay que
llegar a un
acuerdo
acerca de
las grandes
cuestiones
de la
existencia
Creo que el
amor es la
única razón
aceptable
para
contraer
matrimonio,
pero si
faltan casi
todos los
motivos
objetivos,
la fidelidad
matrimonial
se hace
sumamente
difícil».
PARA LA
BUENA MARCHA
DE LA VIDA
EN COMÚN
Se habla a
veces de una
crisis de
comunicación
entre los
esposos de
hoy, ¿a qué
se puede
atribuir?
«Hoy es
frecuente
que los
esposos
tengan
distintos
campos de
acción, ya
sea en la
familia, ya
sea en una
profesión
fuera del
hogar. No se
ven durante
muchas horas
al día. Pero
sí tienen
contacto con
muchas otras
personas,
hombres y
mujeres; y
con ellos
comparten
sus
intereses e
ilusiones
profesionales.
Cuando
vuelven
cansados a
casa, ya no
tienen
fuerzas para
dialogar o
hacer
planes. Así
puede pasar
que crezca
una
distancia
cada vez más
grande entre
los
esposos».
«Además,
actualmente
el
matrimonio
es mucho más
largo que en
otros
tiempos.
Muchas
personas
llegan a los
ochenta,
noventa,
incluso a
los cien
años.
Antiguamente
las mujeres
morían con
frecuencia
después de
haber dado a
luz muchos
hijos. Hoy
los ven
crecer, y
cuando ellos
se van de
casa, suelen
vivir
todavía
treinta,
cuarenta o
cincuenta
años».
«El hecho de
que alguien
me ha
prometido
quedarse a
mi lado
hasta el fin
de la vida,
significa
para mí el
grave deber
de abrirme a
las nuevas
situaciones,
y no negarme
a mejorar y
madurar. El
matrimonio,
en cierto
sentido, es
un proceso
que se
origina en
la promesa
de andar
juntos por
el camino de
la vida. En
cuanto tal
no sólo
exige el
“permanecer
juntos”,
sino también
el
“caminar”.
Los cónyuges
se invitan
mutuamente a
buscar,
encontrar,
aprender y
desarrollarse
juntos. Y,
en el mejor
de los
casos,
llegan
juntos a la
madurez
espiritual».
¿Cómo
evitar la
alienación
conyugal?
«Es bastante
normal que
haya
momentos
duros en la
vida común
y, en
principio,
no es
aconsejable
que se
intente a
toda costa
eludir
cualquier
conflicto.
Si los
cónyuges se
acostumbran
a callarlo
todo, previa
conformidad
tácita, tal
vez puedan
presumir
durante un
tiempo de
una aparente
paz; pero
pagarán
finalmente
un precio
muy alto por
ella, pues
pronto se
aburrirán
mutuamente
con sus
conversaciones
superficiales.
Tal vez
huyan de sí
mismos y de
su pareja
hacia los
hijos, el
trabajo o
alguna
aventura».
¿CÓMO
SUPERAR LAS
CRISIS?
¿Son estas
dificultades
las que
llevan a
algunas
parejas a
rechazar de
lleno el
matrimonio?
«Creo que en
bastantes
ocasiones no
condenan el
matrimonio
, sino un
tipo de
matrimonio
lleno de
mentira y
traición,
escondido
detrás de
una imagen
respetable.
Lo que se
desaprueba
es una
exageración
de la
importancia
de la
dimensión
jurídica,
unas
exigencias
morales
diferentes
para el
hombre y
para la
mujer, la
comodidad y
la falta de
apertura a
los demás».
¿Qué
respondes a
los que
sostienen
que el
matrimonio
es un modelo
de
convivencia
ya superado?
«El
matrimonio
no es
anacrónico,
pero esto no
quiere decir
que haya de
vivirse de
un modo que
podemos
llamar
“burgués”,
con
estrechez de
miras, con
mentira y
falsedad,
mirando más
bien al
aspecto
externo que
al amor
verdadero
entre las
personas que
lo componen.
Hoy en día
existen
muchas
parejas que
viven su
matrimonio
de una
manera
atractiva;
que ponen de
manifiesto
que la
fidelidad es
posible, y
que es
garantía de
felicidad
para ellos
mismos y
para toda la
familia, en
la juventud,
en la
madurez y en
la
ancianidad».
¿Basta el
amor entre
marido y
mujer para
el éxito del
matrimonio?
«Hay que ver
lo que se
entiende por
amor. Un
matrimonio
en el que el
marido y la
mujer vivan
pendientes
sólo el uno
del otro, y
en sus vidas
no haya
lugar para
nadie más,
acabará por
amargarse.
Un
matrimonio
verdaderamente
feliz
descubre
continuamente
nuevos
horizontes;
está abierto
a otras
personas,
también a
una futura
descendencia.
Tiene el
valor de
transmitir
la vida, de
conservarla,
de amarla y
de velar por
su
desarrollo».
¿Ves el
matrimonio
exclusivamente
en función
de los
hijos?
«El
matrimonio
se vive como
una comunión
corporal,
psíquica y
espiritual
del ser
humano y, en
todos lo
planos
significa,
para los
cónyuges,
una unión
entrañable.
El otro es
aceptado en
la totalidad
de su
persona,
esto es,
también en
su
fertilidad y
en su
posible
paternidad o
maternidad.
Sin embargo,
si la unión
sexual se
entendiera
únicamente
como la
procreación
de
descendientes,
se
utilizaría y
denigraría
al cónyuge
como un
simple
medio; se
abusaría de
él. Como
también se
degrada al
otro cuando
se lo
considera
simplemente
como objeto
de placer.
En el amor
matrimonial
auténtico se
encuentran
integrados
tanto el
deseo de
tener hijos
como la
búsqueda de
la unión
sexual».
LOGRAR
UNA VIDA
FAMILIAR
SATISFACTORIA
¿Cómo
podrías
describir
una buena
relación
entre los
esposos?
«En un
matrimonio
sano existe
una relación
activa,
interés del
uno por el
otro,
participación
en la vida
del otro.
Una relación
entre dos
personas no
consiste en
tiranizar,
exigir y
mandar,
sino, ante
todo, en
pedir, en
dar, en
ayudar y en
responder el
uno al otro.
Consiste en
alegrarse de
todo corazón
con el otro
y también en
poder
sobrellevar
juntos los
momentos
difíciles;
aceptar al
otro tal
como es, así
como uno se
acepta a sí
mismo con
sus defectos
y
debilidades.
De tal
manera, los
esposos
tampoco
llegan a
exigirse
demasiado
mutuamente,
con
pretensiones
egoístas o
con unas
expectativas
infantiles
de ser
mimados como
en los
tiempos de
la niñez».
«Una buena
relación
implica
comprender
que cada uno
necesita más
amor que
“merece”; es
más
vulnerable
de lo que
parece; y
todos somos
débiles y
podemos
cansarnos».
¿Ves
posible que
se enfrenten
con realismo
y serenidad
las crisis
que se
presentan en
todos los
matrimonios?
«Nadie puede
hacernos
tanto daño
como los que
debieran
amarnos. “El
único dolor
que destruye
más que el
hierro es la
injusticia
que procede
de nuestros
familiares”-
suelen decir
los árabes.
Hay,
realmente,
situaciones,
en las que
el
matrimonio y
la familia
pueden
llegar a ser
un tormento.
Donde se
ama, se da y
la persona
se abre al
otro, es
fácil ser
herido.
Pero, a
pesar de
eso, una
crisis no es
una
catástrofe».
«Todo
matrimonio
pasa por
situaciones
difíciles,
igual que
toda persona
humana,
cuando
crece,
experimenta
sus crisis
de
desarrollo.
Es muy
normal que
haya
momentos
duros en la
vida.
Conflictos y
divergencias
de opiniones
existirán
siempre allí
donde varias
personas
vivan en
estrecho
contacto.
Uno nota
monotonía,
desazón,
quizá la
falta de una
plena
realización
profesional;
ve que los
planes se
derrumban y
que los
hijos son
muy
distintos de
lo que se
deseaba. A
veces, con
los años,
crece el
remordimiento
de no haber
dado al otro
todo lo que
se le podía
haber
dado... Lo
decisivo es
la actitud
que se
adopta ante
estas
situaciones:
aprovechar
la
oportunidad
para
estrechar
los lazos de
unión y,
superando
juntos las
dificultades,
buscar el
camino de
reconciliación.
A menudo,
esta
disposición
de perdonar
es la única
esperanza de
marchar
hacia un
nuevo
comienzo.
Toda crisis
trae consigo
un cambio, y
puede ser un
cambio hacia
una madurez
mayor, hacia
una
confianza
más plena».
HACIA UNA
MEJOR
CALIDAD DE
VIDA
¿Qué función
ocupa el
hogar en la
sociedad
actual?
«Hoy en día,
en que la
mayoría de
las personas
realizan su
trabajo en
fábricas,
empresas,
administraciones,
oficinas y
tiendas,
necesitan un
hogar que
les espere a
la vuelta.
La labor más
importante,
y a la vez
la más
difícil, de
un ama de
casa
consiste en
crear ese
ambiente de
hogar. Para
la serenidad
de una
familia es
importante
que alguien
tenga
tiempo, que
no esté
siempre
agobiado y
con cosas
más
importantes
en la cabeza
que el
simple saber
escuchar,
tranquilizar,
consolar o
animar; hay
que deshacer
tensiones,
amortiguar
las
desilusiones,
compartir
uno con otro
los éxitos y
discutir los
problemas
¡Qué bien,
cuando
existe para
todo esto un
punto de
apoyo!».
Pero el
trabajo de
la casa, ¿no
es muy
monótono?
«La
profesión de
ama de casa
–porque así
puede ser
considerada
cuando se
desarrolla
con
competencia-
no es
necesariamente
una
ocupación
monótona y
aburrida.
Tiene sus
ventajas.
Una muy
agradable es
que ella se
puede
organizar el
horario y el
trabajo a su
manera. Toda
mujer puede
decidir en
su casa lo
que va a
hacer en
cada momento
–aunque no
siempre, sí
al menos en
proporción
mucho mayor
que en las
demás
profesiones.
Esto
confiere
libertad y
autonomía».
«Si el
trabajo del
hogar se
identifica
con
limpiezas
pesadas, con
fregotear
suelos o ir
de cabeza
por cada
motita de
polvo que se
descubre, es
lógico que
se le
atribuya una
connotación
negativa.
Ciertamente
el
aburrimiento,
la rutina y
las manías
acechan el
trabajo del
ama de casa,
pero en
cualquier
profesión
existen
trabajos
repetitivos.
El
presidente
de una
compañía,
por ejemplo,
tiene que
estampar su
firma
cientos de
veces al
día;
seguramente
no lo
envidiamos
por esa
tarea, pero
no dejamos
de pensar
que su
ocupación es
valiosa y
apetecible».
¿Piensas
que las
mujeres
deberían
volver al
“dulce
hogar”?
«Pienso que
la tarea de
compaginar
el trabajo
fuera de
casa con las
exigencias
de la
familia
compete
tanto a los
hombres como
a las
mujeres. A
todas las
personas se
les debe dar
la
posibilidad
de hacer
libremente
lo que creen
que es
bueno, sin
tener que
estar
siempre
suscitando
nuevas
polémicas».
«Cada
familia es
original y
única. En la
situación
concreta, el
amor de los
esposos
puede
originar
situaciones
muy
distintas, y
hasta
contrarias.
Ni hay
soluciones
hechas para
la
organización
individual
de la vida
familiar
cotidiana,
ni es
apropiado
juzgar desde
fuera sobre
una
situación
concreta».
¿Familia
o profesión?
¿Qué
aconsejas a
las mujeres?
«En primer
lugar, no es
importante
lo que la
persona hace
sino cómo lo
hace. Ni el
trabajo ni
la familia
son
soluciones
en sí mismas
para los
problemas
individuales
o
interpersonales,
y ambos
conllevan
ventajas y
riesgos».
«El trabajo
de una mujer
fuera de
casa podrá,
efectivamente,
redundar de
muy diversas
maneras en
beneficio de
la familia,
en primer
lugar porque
esto
facilita el
diálogo
abierto y la
comprensión
con el
marido y los
hijos. Hoy
en día, no
sólo se
requieren
madres que
sepan llevar
perfectamente
la casa,
sino ante
todo madres
que sean
capaces de
ser amigas».
El nuevo
libro de
Jutta
Burggraf
toca una
variedad de
temáticas,
actuales y
eternas,
pero siempre
desde una
perspectiva
original,
que conduce
a encontrar
nuevas
respuestas.
Publicado en
Arvo, marzo
2001