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ECUMENISMO (Jutta Burggraf)

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ECUMENISMO

«Conocerse y comprenderse», nuevo libro de Jutta Burggraf, sobre la unidad de los cristianos. "No es un capricho de los teólogos modernos, responde a la oración de Cristo al Padre: "que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti"

«Conocerse y comprenderse»
nuevo libro de Jutta Burggraf
(*)

La preocupación por la unidad de los cristianos pertenece al corazón mismo de la Iglesia. No es un capricho de unos teólogos modernos, responde a la oración de Cristo al Padre: "que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti" (Jn 17, 21). Este afán ha existido siempre en la Iglesia, aunque desde el Concilio Vaticano II se ha hecho sentir más su urgente necesidad. Nuestra colaboradora, la profesora Jutta Burggraf ha publicado el libro Conocerse y comprenderse (Rialp, Madrid 2003) que «quiere ser una modesta contribución que ayude a conocer y comprender mejor a nuestros hermanos en la fe». En realidad, es una contribución importante, porque está escrito con todo el rigor teológico que merece el asunto y la claridad que caracteriza los escritos de esta doctora que lo es no sólo en teología sino también en pedagogía.

ALGUNAS IDEAS PRÁCTICAS DE ECUMENISMO

En el tercer capítulo del libro Jutta Burggraf advierte que «podemos, inconscientemente y por falta de formación, contristar e incluso herir a nuestros hermanos separados. Por ejemplo, la piedad de los luteranos nos puede parecer “fría”, porque no vemos ninguna imagen de la Virgen, de los ángeles o de los santos en sus templos ni en sus casas; pero, en realidad, este juicio nuestro se debe al desconocimiento de su espiritualidad cristocéntrica, que puede ser, en un caso concreto, mucho más profunda que la de muchos católicos. Los luteranos, además, poseen otros símbolos cristianos, como las cruces, los epígrafes ornamentales y las inscripciones grabadas en madera, que abundan en los hogares e incluso en las calles de algunas ciudades del Norte de Alemania. Esta relativa falta de imágenes es compensada abundantemente por una rica tradición musical, como si lo que no han expresado plásticamente, lo expresan a través de la música religiosa, coral e instrumental.

¿Cómo conocer mejor a los cristianos de otras confesiones?

Conviene tener en cuenta la disposición de ánimo de los demás, saber lo que quieren y lo que rechazan. Por eso es preciso estudiar su historia y cultura, su teología y vida espiritual, y hasta su psicología religiosa.
Pero para conocer a otra persona, necesitamos más que un conocimiento merame`+nte libresco. Hace falta un conocimiento por simpatía y amor, que llega más lejos que cualquier teoría, por muy acertada que sea: una madre, ordinariamente, conoce mejor a su hijo que un grupo de pedagogos. Y un santo sabe más de Dios que un teólogo orgulloso.
El conocimiento por simpatía se logra en la convivencia, en el trato directo, en la mutua colaboración. En Alemania, durante varios siglos, los católicos y los evangélicos solían vivir en regiones distintas, frecuentar colegios diversos, eran muy pocos los matrimonios entre personas de distinta confesión y, en general, evitaban cualquier contacto personal. Así, unos construían de otros una imagen cada vez más falsa y menos acorde con las exigencias mínimas de la justicia. Pero cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los “hermanos separados” se encontraban de repente juntos en los campos de concentración del “Tercer Reich”, luchando por la misma causa y dispuestos a morir –conjuntamente- por su fe en Jesucristo, entonces “comenzó el ecumenismo en Alemania”. Los católicos y los evangélicos descubrieron que tenían mucho en común, empezaron a apreciarse mutuamente y, favorecidos por los grandes desplazamientos de población después de esta horrible guerra –las expatriaciones y traslados forzados-, se pusieron a trabajar juntos. El encuentro existencial entre ellos les había revelado la falsedad de muchos de sus esquemas mentales.

¿Qué cualidades se requieren para llevar a cabo la labor ecuménica que la Iglesia pide en estos momentos?

La labor ecuménica requiere numerosas cualidades: una información completa, el rechazo de esquemas rígidos y de expresiones abstractas, mucha sensibilidad a las resonancias afectivas y religiosas de las fórmulas que se usan, y una disociación neta de lo esencial y lo accidental. “Una discusión seria entre cristianos separados que quieren ser fieles al Señor, implica, en primer lugar, que se sepa exactamente lo que el Señor pide y hasta donde se extiende su testimonio divino,” advierte un experto.
De lo contrario, se correría el riesgo de exigir a una persona adherirse a una escuela teológica para ser salvada, pensando que sólo allí se encontraría la voluntad de Dios. Pero el tener una sola postura, en cosas accidentales, es propio de ideologías y está lejos de la fe cristiana. John Henry Newman comenta al respecto: “Siempre ha habido posturas diferentes en la Iglesia, y siempre las habrá. Si se terminaran para siempre, sería porque habría cesado toda vida espiritual e intelectual.”
También en la vida religiosa hay ciertos aspectos opinables y relativos. Un teólogo advierte con buen humor: “Esto lo entendí viajando por el mundo: al llegar a cada país ponía mi reloj en hora, en el nuevo horario del país visitado. Esto no implicaba pensar que en mi país estuviéramos atrasados o adelantados o desconfiar de mi reloj. Suponía, simplemente, que yo aceptaba lo cambiante de la realidad horaria.”

¿Cómo hablar de la propia fe a los que no la comparten enteramente?

Conviene hablar de la propia fe serena y humildemente. Hemos visto que la Iglesia católica posee objetivamente la plenitud de la verdad, pero esto no quiere decir, de ninguna manera, que yo, subjetivamente, la haya realizado en mi vida. Como los católicos no tenemos conciencia plena de todas las riquezas de la propia fe, podemos (y debemos) avanzar, con la ayuda de los demás. La verdad nunca se posee entera. En última instancia, no es algo, sino alguien, es Cristo. No es un doctrina que poseemos, sino una Persona por la que nos dejamos poseer. Es un proceso sin fin, una “conquista” sucesiva.
Viene a la memoria lo que se cuenta del Papa Juan Pablo II. Ocurrió durante el Concilio Vaticano II. En una de las sesiones plenarias del Concilio, el entonces joven obispo Wojtyla pidió la palabra en el aula conciliar e, inesperadamente, hizo una aguda crítica al proyecto de uno de los documentos más importantes, que se había propuesto. Midiendo las palabras, dio a entender que el proyecto no servía nada más que para ser echado a la papelera. Las razones eran las siguientes: “En el texto presentado, la Iglesia enseña al mundo. Se coloca, por así decirlo, por encima del mundo, convencida de su posesión de la verdad, y exige del mundo que le obedezca.” Pero esta actitud hoy en día ya no es eficaz. “La Iglesia no ha de instruir al mundo desde la posición de la autoridad, sino que ha de buscar la verdad y las soluciones auténticas de los problemas difíciles de la vida humana junto al mundo.” Sólo así el mundo puede encontrar la (plena) verdad y hacerla suya. El modo de expresar la fe católica no debe convertirse nunca en un obstáculo para el diálogo con los demás.
En este sentido advierte San Agustín: “Que ninguno de nosotros diga que ya ha encontrado la verdad. Vamos a buscarla de tal manera, como si fuera desconocida para los dos. Entonces podemos buscarla con suma diligencia y caridad. Para ello es necesario que nadie piense arrogantemente que ya ha encontrado la verdad.” Es enriquecedor conocer los pensamientos de los otros. Así se pueden corregir algunas posturas propias que tal vez se han vuelto exageradamente rígidas. Y se puede comprender, además, las propias convicciones con más profundidad.
En su Carta a los artistas, Juan Pablo II señala tres actitudes, que deben caracterizar a un cristiano frente a los hombres que le rodean, y a la cultura en la que está inserto: “apertura, diálogo y amistad”. Estas tres actitudes describen, a su vez, una espiritualidad auténticamente ecuménica.


(*) Jutta Burggraf, “Conocerse y comprenderse. Una introducción al ecumenismo”. Madrid. Ed. RIALP. 2003. Cód.: 145109 ISBN: 84321-3456.2 . 13,0X20,0 cms. 384 págs. Rústica . € 19,00 con IVA 18,27 sin IVA

Más sobre Ecumenismo, en este Sitio:
Iglesia, Ecumenismo

 

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12/07/2005 ir arriba
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