Por Juan Luis Lorda
En la entraña de toda la tradición
ilustrada europea está grabado el
tópico de que las religiones pueden
generar violencia. Esto tiene un
claro fundamento histórico. Cuando
se empezó a pensar esto, había
motivos suficientes y próximos para
pensarlo.
En efecto, estaban muy cercanas las
guerras de religión que asolaron el
centro de Europa. Las comunidades
católicas y protestantes; y a veces,
los gobernantes católicos o
protestantes se enzarzaron en
violencias. Lo hicieron a la escala
en que entonces se podía ser
violento, con bastantes miles de
víctimas. Era una paradoja, se
peleaban por el aprecio que tenían a
la religión (también por muchas
manías locales). Y se obcecaron
tanto, y se mezclaron tantas cosas,
que fueron capaces incluso de
contradecir lo más claro de la
religión cristiana que es que hay
que amar al prójimo, incluyendo a
los enemigos.
Pero las cosas son como son. Sobre
todo, fueron como fueron. Han pasado
trescientos años. Hoy aquella
problemática ha quedado superada,
porque se le puso remedio. Y aquella
triste experiencia condujo a un
desarrollo legislativo: al
reconocimiento de la libertad
religiosa de cada uno, a la
separación entre la Iglesia (o las
Iglesias) y el Estado, y al
reconocimiento de la tolerancia,
como virtud importante para la paz
civil. A pesar de su accidentada
historia, la mayoría de los
ciudadanos europeos reconocemos ese
desarrollo como un desarrollo justo
y como parte de nuestra cultura
humanista y cívica.
Desde que se han extendido estos
principios, en el ámbito de la Unión
europea, conviven pacíficamente
todas las confesiones cristianas y
el judaísmo. Y han llegado otras
religiones nuevas. Doscientos años
de convivencia pacífica han
demostrado que es posible convivir
pacíficamente.
Sin embargo, en todo este proceso ha
habido un sector ateo o laicista
que, porque tiene manía a la
religión, ha querido eliminarla de
la vida pública. Y maneja la vieja
experiencia como si fuese un peligro
próximo: la religión es violenta.
Especialmente la izquierda radical,
se ha apuntado a este argumento y lo
repite sin cesar. Pero esto son
argumentos con peluca empolvada. Es
decir, tenían razón los que lo
sostenían en el siglo XVIII, pero no
tienen razón los que lo sostienen en
el siglo XX.
La experiencia del siglo XX es
totalmente distinta. Lo que ha
habido, a mares, es violencia
socialista con horribles
persecuciones antirreligiosas y
laicistas. El socialismo
nacionalista nazi, el socialismo
comunista de la URSS y el socialismo
comunista chino han desatado una
violencia general y antirreligiosa
en proporciones desconocidas con
muchos millones de muertos. Todavía
hoy los regímenes socialistas que
quedan persiguen la religión o
limitan su ejercicio y tienen a
representantes religiosos en la
cárcel (China, Vietnam, Cuba, Corea
del Norte, etc.). Es decir hoy el
tópico que habría que repetir es que
la combinación de socialismo y
laicismo es sumamente peligrosa y
fundamentalista.
Los socialistas españoles en lugar
de manejar, a estas alturas, el
argumento de que el monoteísmo puede
ser fundamentalista, deberían
explicar por qué el socialismo
laicista ha sido tan fundamentalista
en el siglo XX y por qué ha generado
tanta violencia. De ahí tendrían que
sacar alguna experiencia histórica.
Y hacer algo para solucionar las
persecuciones y falta de libertad
religiosa de los países socialistas
que quedan. Y, quizá, de paso, pedir
perdón. Porque algo de esta
violencia les salpica, aunque no sea
más que porque han apoyado estos
regímenes hasta hace muy pocos años.