La violencia en la
escuela contra los compañeros y los profesores
indica que la todavía vigente ley de educación (LOGSE)
no ha logrado educar a los jóvenes como ciudadanos
capaces de desarrollar su libertad y de
profundizar en la democracia. Estamos recogiendo
los frutos amargos de una mala educación concebida
en sentido lúdico que ha renunciado a la
excelencia y al esfuerzo responsable, intentando
ganarse el aplauso y quizá el voto de los jóvenes.
Lo resumía con acierto el psicólogo infantil
García Valiño: «Los niños se sienten libres para
hacer lo que les da la gana, sin límites y éste es
el resultado de una sociedad tan permisiva y
materialista. Alimentamos al perro de
Baskerville»,
o dicho con mayor brevedad, lo de
profe colegui
de la LOGSE ha sido desastroso.
Aparentemente la
nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía
intenta erradicar esos fallos aunque no invita al
optimismo en la comunidad educativa porque
participa de la misma ideología que impregna esa
ley. Sin embargo no estamos contra la educación
cívica porque vamos más allá de una asignatura y
estamos a favor de un sistema educativo basado en
los valores humanos, cívicos y democráticos, y por
ello rechazamos el laicismo antirreligioso, el
relativismo ético, y el reduccionismo de la
ideología de género. Y con más razón si todo eso
viene impuesto en una asignatura obligatoria
mientras se restan horas y ponen trabas a una
asignatura de religión que educa en los valores
trascendentes de la persona, el mejor estímulo
para el trabajo solidario y la mejor vacuna frente
a la violencia. Porque los jóvenes necesitan ser
educados en el esfuerzo, en el valor del trabajo
bien hecho y en el respeto a la autoridad, para
que no vayan por ahí destrozando el mobiliario
urbano, llenando las ciudades de graffiti
vanidosos, y las plazas con restos de un
macrobotellón. Los padres y profesores intentamos
educar personas en vez de vándalos consentidos, y
pedimos que se fomente la religión y se enseñe el
contenido de la Constitución, también los
artículos que hablan de la igualdad ante la ley y
el derecho a la vida (Art. 14 y 15), de la
libertad religiosa (Art. 16), o de la libertad de
enseñanza (Art. 27).
Pedimos que los
alumnos aprendan desde niños, en teoría y
práctica, que todo derecho comporta un deber, que
han de ser solidarios con el prójimo, y que nada
bueno van a conseguir con la violencia. Pero me
parece que para eso haría falta enfocar de otra
manera la Ley Orgánica de la Educación (LOE), que
ha abortado una Ley de Calidad de Enseñanza que
buscaba elevar el nivel educativo y acabar con la
tasa alta de fracaso escolar para estimular el
liderazgo, buscando respetar la libertad de los
padres y de los centros educativos para promover
sin trabas su ideario educativo. Por eso el
Ministerio de Educación no puede imponer ahora su
ideología estatal con la engañosa Educación para
la Ciudadanía, que poco tiene que ver con la
educación de unos ciudadanos libres y
responsables.
Hace tiempo que los
padres de familia saben que la Educación para la
Ciudadanía es sencillamente una imposición del
laicismo beligerante, la marca registrada del
Gobierno de Rodríguez Zapatero. Ciertamente el
Ministerio de Educación ha maquillado el proyecto
de esa asignatura impuesta y nos dice que no va a
tratar de la educación moral y afectiva o de los
modelos de familia. Y dice bien, porque lo
establece en otras asignaturas para hablar de
sexualidad, de anticonceptivos, y de nuevos
matrimonios como temas trasversales, es decir,
omnipresentes. Aunque en realidad el problema está
en la orientación general de esa nueva asignatura
y de la nueva Ley de educación (LOE) que se
inspira en el laicismo puro y duro, quizá para
manipular a las nuevas generaciones apartándolas
de la religión. De ahí que rebaje las horas de
religión sin establecer una alternativa
consistente y evaluable, disminuyendo así la carga
lectiva de la asignatura de religión. Sin embargo
los gobiernos laicistas pasan y la religión sigue
interesando a las nuevas generaciones, como prueba
el hecho de que en la prestigiosa universidad de
Harward han redescubierto la religión como
asignatura necesaria para interpretar el mundo y
formar líderes.