Actualidad de Santa Maravillas
Maravillas de Jesús no tendrá una placa por ahora en el Congreso y esto significa no reconocer su labor religiosa y social, es decir humana, en beneficio de los demás. Significa también ignorar que su casa familiar estaba en los edificios ocupados ahora por el Congreso de los diputados. Todo esto es un asunto menor sólo en apariencia porque manifiesta la lucha continua contra la fe católica y la profunda desunión que padecemos: los que gobiernan hacen “memoria histórica” de unos pero ignoran contumazmente a otros. Aunque lo más grave ocurrió antes durante la persecución religiosa del llamado “Frente popular” que estuvo a punto de acabar con la vida y misión de la Madre Maravillas.
Persiguiendo a la religión
Somos muy sensibles con las fotografías de Guantánamo pero nos olvidamos de otras en nuestra tierra hace pocos años todavía, concretamente en vida de Maravillas de Jesús. Las torturas en la prisión militar de Guantánamo han conmovido al mundo civilizado porque ese pisotear los derechos humanos significa un regreso a las cavernas, es decir a la ley del más fuerte que somete al débil. Pero hay y hubo muchos Guantánamos en este mundo nuestro. Concretamente, y por poner sólo un ejemplo, en las prisiones comunistas de Rumanía hace tan sólo unos años. Lo cuenta una víctima que logró sobrevivir: el abogado Tertuliano Langa fue arrestado, torturado y condenado por tener fe y relacionarse con la jerarquía de la Iglesia greco-católica. Lo cuenta en un documental de “Ayuda a la Iglesia necesitada” que reproduce el semanario “Alfa y Omega”.
«Tenía estrechas relaciones con el Episcopado y tenía contactos regulares con los obispos. Fui requerido por la Securitate para obtener información sobre la Iglesia y su actitud hacia el régimen comunista. Me golpearon sin que me hicieran una sola pregunta. Como no conseguían nada, cogieron un saco de arena del tamaño de una botella de un litro y comenzaron a golpearme en la cabeza: “¡Habla!” 50, 80, 1.000 veces, sin que me hicieran ni una sola pregunta. Sólo ¡Habla! ¡Habla! Era la noche de Jueves Santo. Oí sonar las campanas en una iglesia cercana, y de repente recordé que Jesús también había sido golpeado, y empecé a repetir: ¡Jesús, Jesús! Gritaba a Jesús para sufrir juntos. Me miré las heridas e, inconsciente por los golpes, seguía diciéndome: Jesús está conmigo.
»Tras dos años de interrogatorios, me condenaron a 20 años de trabajos forzados. Me llevaron a una prisión, con celdas individuales, en completo aislamiento. Era una celda sin nada, sin cama, silla o mesa alguna, sólo barrotes y una ventana con rejas. Estábamos desnudos, el tiempo empeoraba, hacía viento y nevaba. De repente oí que alguien tocaba en la pared: “Nos han traído aquí para morir de frío. Recuerde esto: el que no camina, muere”. Seguí su consejo y caminaba durante 23 horas al día. A las doce en punto, cuando el sol entraba en las celdas, nos parábamos y nos arrodillábamos, luego el sol se iba y nos helábamos de frío, y volvíamos a caminar. Así, durante cuatro meses. Quien se paraba, moría».
Y termina dando gracias a Dios porque fue precisamente en ese infierno donde descubrió su vocación sacerdotal: « Cuando estaba al borde de mi resistencia, a fin de tomar fuerzas, me decía: ¡Contigo, Cristo! No fue un lugar infernal, fue el lugar de mi consagración, fue el lugar donde muchas personas encontraron la fe, donde expiaron sus pecados. Por tanto, el diablo, si había querido hacernos sufrir, en realidad sirvió al designio santificante de Dios. El diablo estaba allí, pero estaba sentado a un lado, mordiéndose las uñas, viendo cómo había servido para aumentar nuestro amor a Jesús».
Estos días el Congreso de los diputados pone de actualidad a la religiosa carmelita pues la Mesa dijo sí a la propuesta de poner una placa a la Madre Maravillas en la casa donde nació, que hoy ocupan los despachos y salas de Sus Señorías. Pero el laicismo oficial ha reaccionado como una serpiente para decir luego que no. Sus Señorías deshojan la margarita, ahora sí y ahora no, mientras dormitan en los despachos, pasillos y el concurrido bar del Congreso. No tienen tiempo para trabajar en el hemiciclo, proponiendo soluciones a la crisis económica, al paro galopante, a la inmigración mortal, a los gastos suntuarios en viajes y coches, etc. Pero sí lo tienen para despertar súbitamente cuando se trata de negar una placa a Santa Maravillas quizá porque en su dogma laicista creen que está en peligro el futuro de nuestra “sólida democracia”. Desde el balcón del Cielo Santa Maravillas se asombrará de la estulticia humana de aquellos políticos laicistas, que corren a dedicar monumentos a sus correligionarios como Pablo Iglesias, Indalecio Prieto, o Largo Caballero, pero son incapaces de reconocer el bien aportado a la sociedad por los santos.
Razones para una placa
La memoria histórica recuerda que María de las Maravillas fundó once conventos, levantó un colegio, dos guarderías, una clínica y una barriada de más de doscientas casas en la localidad madrileña de Perales del Río donde hoy viven centenares de familias trabajadoras. Esta mujer pudo desarrollar su vocación religiosa y su labor social porque escapó de las garras de las checas distribuidas por Madrid para acabar por la fuerza bruta con todo vestigio de fe, de inteligencia y de honradez. Ella sufrió persecución desde la retaguardia del Frente Popular, tuvo que abandonar su convento del Cerro de los Ángeles, ése donde unos valientes milicianos fueron capaces de fusilar y mutilar el monumento al Sagrada Corazón de Jesús, y padeció constantes interrogatorios a punta de pistola.
Hay pues muchas Rumanías y muchos Guantánamos en el mundo actual y en el pasado, como deberían saber bien los señores diputados, los laicistas profesos y los intelectuales orgánicos. Por eso no me extraña que hayan contribuido a su pesar para que afloren iniciativas proponiendo al Ayuntamiento de Madrid dedicar una calle a Santa Maravillas, canonizada por Juan Pablo II en su último viaje a España en 2003, concretamente en la Plaza de Colón. De ella dijo que: «superadas las tristes circunstancias de la Guerra Civil española, realizó nuevas fundaciones de la Orden del Carmelo presididas por el espíritu característico de la reforma teresiana. Su vida contemplativa y la clausura del monasterio no le impidieron atender a las necesidades de las personas que trataba y a promover obras sociales y caritativas a su alrededor».
Millón y medio de personas, muchísimos madrileños, nos congregamos ese día para recoger el eco de las vidas ejemplares de los cinco nuevos santos, entre ellos la Madre Maravillas y el mártir Pedro Poveda. Viven en el recuerdo agradecido de millones de personas, que nos beneficiamos de las obras que han dejado a la posteridad: escuelas especialmente para hijos de familias pobres, hospitales y dispensarios abiertos a todos sin pedir carnet, residencias para ancianos olvidados por sus parientes próximos, casas de religiosas que oran y se sacrifican por todos, incluso por los descreídos, agnósticos y laicistas, pidiendo a Dios que les perdone y no les deje de su mano, para que no hagan demasiadas tonterías.
Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico