Juan Chapa, Francisco Varo, Gonzalo
Aranda,
Vicente
Balaguer,
Santiago Ausín y Juan
Luis Caballero, todos ellos
del Departamento de
Sagrada Escritura de la
Facultad de Teología de la
Universidad de Navarra. Es
una muestra de la claridad,
sencillez y utilidad que la
obra ofrece
para el conocimiento básico
de Jesús de Nazaret
¿Estaba Jesús
soltero, casado o viudo?
En JUAN CHAPA (ed.)
50 preguntas sobre Jesús,
Rialp, Madrid 2006.
n. 13.
Los datos que nos ofrecen los evangelios nos
dicen que Jesús desempeñó su oficio de artesano en
Nazaret (Mc 6,3) y que cuando tenía unos treinta años
inició su ministerio público (Lc 3,23). Durante el
tiempo que lo ejerce hay algunas mujeres que le siguen
(Lc 8,2-3) y otras con las que mantiene amistad (Lc
10,38-42). Aunque en ningún momento se nos dice que
fuera un hombre célibe, casado o viudo, los evangelios
se refieren a su familia, a su madre, a sus «hermanos y
hermanas», pero nunca a su «mujer». Este silencio es
elocuente. Jesús era conocido como el «hijo de José» (Lc
3,23; 4,22; Jn 1,45; 6,42) y, cuando los habitantes de
Nazaret se sorprenden por su enseñanza, exclaman: «¿No
es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de
Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus
hermanas no viven aquí entre nosotros?» (Mc 6,3). En
ningún lugar se hace referencia a que Jesús tuviera o
hubiera tenido una mujer. La tradición jamás ha hablado
de un posible matrimonio de Jesús. Y no lo ha hecho, no
porque considerara la realidad del matrimonio denigrante
para la figura de Jesús (quien restituyó el matrimonio a
la dignidad original, Mt 19,1-12) o incompatible con la
fe en la divinidad de Cristo, sino simplemente porque se
atuvo a la realidad histórica. Si hubiera querido
silenciar aspectos que podían resultar comprometedores
para la fe de la Iglesia, ¿por qué trasmitió el bautismo
de Jesús a manos de Juan el Bautista, que administraba
un bautismo para la remisión de los pecados? Si la
primitiva Iglesia hubiera querido silenciar el
matrimonio de Jesús, ¿por qué no silenció la presencia
de mujeres concretas entre las personas que se
relacionaban con él?
A pesar de esto, se han venido difundiendo
algunos argumentos que sostienen que Jesús estuvo
casado. Fundamentalmente se aduce a favor de un
matrimonio de Jesús la práctica y doctrina común de los
rabinos del siglo 1 de nuestra era. Puesto que Jesús fue
un rabino y el celibato era inconcebible entre los
rabinos de la época -aunque había excepciones, como Rabí
Simeón ben Azzai, quien, al ser acusado de permanecer
soltero, decía: «Mi alma está enamorada de la Torá.
Otros pueden sacar adelante el mundo», Talmud de
Babilonia, Yebamot, 63b-, tuvo que estar casado. Así
pues, afirman algunos, Jesús, como cualquier judío
piadoso, se habría casado a los veinte años y luego
habría abandonado mujer e hijos para desempeñar su
misión.
La respuesta a esta objeción es doble:
1) Existen datos de que en el judaísmo del siglo
I se vivía el celibato. Flavio Josefo (La guerra de los
judíos, 2,120; Antigüedades judías, 18,21), Filón (en un
pasaje conservado por Eusebio, Preparación evangélica,
8,11,14) y Plinio el Viejo (Historia natural, 5,73,1-3)
nos informan que había esenios que vivían el celibato, y
sabemos que algunos de Qumrán eran célibes. También
Filón (Sobre la vida contemplativa, 68) señala que los
«terapeutas», un grupo de ascetas judíos de Egipto,
vivían el celibato. Además, en la tradición de Israel,
algunos personajes famosos como Jeremías, habían sido
célibes. Moisés mismo, según la tradición rabínica,
vivió la abstinencia sexual para mantener su estrecha
relación con Dios. Juan Bautista tampoco se casó. Por
tanto, siendo el celibato poco común, no era algo
inaudito.
2) Aun cuando nadie hubiera vivido el celibato
en Israel, no tendríamos que asumir por ello que Jesús
estuviera casado. Los datos, como se ha dicho, muestran
que quiso permanecer célibe y son muchas las razones que
hacen plausible y conveniente esa opción, precisamente
porque el ser célibe subraya la singularidad de Jesús en
relación al judaísmo de su tiempo y está más de acuerdo
con su misión. Manifiesta que, sin minusvalorar el
matrimonio ni exigir el celibato a sus seguidores, la
causa del Reino de Dios (cf, Mt 19,12), el amor de y a
Dios que él encarna, está por encima de todo. Jesús
quiso ser célibe para significar mejor ese amor. En
cualquier caso, en ningún escrito canónico ni apócrifo
se hace mención alguna de que Jesús estuviese casado.