Jueves - 24.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Antropología teológica Antropología cristiana
Dios es Amor Dios Amor
Trinidad de dios Dios Trinidad
Jesucristo Jesucristo
DIOS ESPÍRIRU SANTO Dios Espíritu Santo
El misterio de la salvación (s El misterio de la salvación
Eucaristía 1 La Eucaristía
La Misa La Misa
La Virgen María La Virgen María
Escatología, relidades últimas Escatología
Teología moral Teología moral
Doctrina social de la Iglesia (DSI) Doctrina social de la Iglesia (DSI)
Sacramentos Sacramentos
Teología fundamental Teología fundamental
Iglesia La Iglesia
Historia y vida de la iglesia Historia y vida de la iglesia
Cristianismo Cristianismo
Sagrada escritura Sagrada Escritura
Sagrada liturgia Sagrada liturgia
Ecumenismo Ecumenismo
Magisterio pontificio Magisterio pontificio
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.
Estás en: Teología > Jesucristo

CRISTO NO ES UN HOMBRE COMO LOS DEMÁS (Texto conjunto de Juan Pablo II y Mar Dinkha IV)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Cristo no es un «hombre como los demás» El Código da Vinci

Cristo no es un «hombre como los demás»


Cristo no es un «hombre como los demás», adoptado por Dios para morar en él e inspirarle, como en el caso de los hombres justos y los profetas; sino el mismo Verbo de Dios, engendrado por el Padre antes de todos los siglos, sin principio según su divinidad

 

Declaración cristológica
común entre la Iglesia

católica y la Iglesia asiria de Oriente

 

Texto de Juan Pablo II y Mar Dinkha IV

(11-X-1994).

 

 

Su Santidad Juan Pablo VI, Obispo de Roma y Papa de la lglesia católica, y Su Santidad Mar Dinkha IV, Patriarca catolicós de la Iglesia asiria de Oriente, dan gracias a Dios por haberlos impulsado a este nuevo encuentro fraterno.

 

Ambos lo consideran un paso fundamental en el camino hacia la comunión plena que ha de restablecerse entre sus Iglesias.  En efecto, de ahora en adelante pueden proclamar juntas su fe común en el misterio de la Encarnación.

 

En calidad de herederos y guardianes de la fe recibida de los Apóstoles, como la formularon maestros padres comunes en el concilio de Nicea, confesamos un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, que, al llegar la plenitud de los tiempos, bajó del cielo y se hizo hombre por nuestra salvación.  El Verbo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se encarnó por obra del Espiritu Santo, asumiendo de la Santisima Virgen Maria un cuerpo animado por un alma racional, a la que estuvo unido indisolublemente desde el momento de su concepción.

 

Por eso, nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, consustancial con el Padre y consustancial con nosotros en todo, menos en el pecado.  Su divinidad y su humanidad estan unidas en una sola persona sin confusión ni cambio, sin division ni separación.  En él se ha conservado la diferencia de las naturalezas de la divinidad y la humanidad, con todas sus propiedades, facultades y operaciones.  Pero, lejos de constituir «una y otra», la divinidad y la humanidad están unidas en la persona del mismo y único Hijo de Dios y Señor Jesucristo, que es objeto de una sola adoración.

 

Cristo, por tanto, no es un «hombre como los demás», adoptado por Dios para morar en él e inspirarle, como en el caso de los hombres justos y los profetas; sino el mismo Verbo de Dios, engendrado por el Padre antes de todos los siglos, sin principio según su divinidad, que en los últimos tiempos nació de una madre sin un padre, según su humanidad.  La humanidad que la Santísima Virgen Maria dio a luz fue siempre la del mismo Hijo de Dios.  Por esta razón, la Iglesia asiria de Oriente eleva su oración a la Virgen Maria como «la Madre de Cristo nuestro Dios y Salvador».  A la luz de esta misma fe, la tradición católica se dirige a la Virgen Maria como «Madre de Dios», y también como «Madre de Cristo».  Ambas Iglesias reconocemos la legitimidad y la exactitud de estas expresiones de la misma fe, respetando la preferencia que cada Iglesia les da en su vida litúrgica y en su piedad.

 

Ésta es la única fe que profesamos en el misterio de Cristo.  Las controversias de¡ pasado llevaron a anatemas, que se referían a personas y fórmulas.  El Espíritu de¡ Senor nos permite hoy comprender mejor que las divisiones qtje así se produjeron se debie ron, en gran parte, a malentendidos.

 

Cualesquiera que hayan sido nuestras divergencias cristológicas, hoy confesamos unidos la misma fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para que, mediante su gracia, pudiéramos llegar a ser hijos de Dios.  De ahora en adelante queremos testimoniar juntos esta fe en el único que es el camino, la verdad y la vida, proclamándola del modo más adecuado a los hombres de nues tro tiempo, para que el mundo crea en el evangelio de salvación.

 

El misterio de la Encarnación, que profesamos juntos, no es una verdad abstracta y aislada.  Se refiere al Hijo de Dios, envíado para salvarnos.  La eeconomía de la salvación, que tiene su origen en el misterio de la comunion de la santísima Trinidad -Padre, Hijo y Espiritu Santo- llega a su cumplimiento a través de la participación en esta coi-nunióri, por la gracia, en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu.

 

Los creyentes llegan a ser miembros de este cuerpo a traves del sacramento del bautismo, por el cual, gracias al agua y a la acción del Espíritu Santo, renacen corno nuevas criaturas.  Son confirmados con el sello del Espíritu Santo, que concede el sa cramento de la unción.  Si¡ comunión con Dios y entre si se real¡ za plenamente mediante la celebración de la única ofrenda de Cristo en el sacramento de la Eucaristia.  Los miembros pecado res de la Iglesia restablecen esa comunión cuando se reconcilian con Dios y entre si a través del sacramento del perdón.  El sacra i-nerito de la ordenación para el ministerio sacerdotal en la stice sión apostólica asegura la autenticidad] de la fe, de los sacrarnen tos y de la comunión en cada Iglesia particular.

 

Como consecuencia de la vivencia de esta fe y estos sacra mentes las Iglesias católicas particulares y las Iglesias asirlas particulares pueden reconocerse reciprocaiiiente como Iglesias hermanas.  Para que la comunión sea plena y completa, se requiere que haya unanimidad por lo que atane al contenido de la fe, los sacramentos y la constitución de la Iglesia, Dado que esta unanimidad que anhelamos no se ha alcanzado aún no pode mes por desgracia, celebrar juntos la Eucaristía, que es el signo de la comunión eclesial plenamente restablecida.

 

Sin embargo, la profunda comunión espiritual en la fe y la con fianza mutua que ya existen entre nuestras Iglesias nos autor¡ zan de ahora en adelante, a considerar la posibilidad dé testinio mar juntos el mensaje evangélico y colaborar en situaciones pastorales particulares, incluyendo especialmente las áreas de catequesis y de formación de los futuros sacerdotes.

Dando gracias a Dios porque nos ha ayudado a redescubrir lo en(, ya nos une en la fe y en los sacramentos, nos compromete mes a hacer todo lo posible para superar los obstáculos (¡el pa saco qtie impiden aún la plena comunion entre nuestras lgle sias, para poder responder mejor a la llamada del Señor a la un¡ dad de sus discípulos, unidad que, por supuesto, ha de manifestarse de modo visible.  A fin de superar esos obstáculos, establecemos ahora tina comisión mixta para el diálogo teológi co entre la Iglesia católica y la Iglesia asiria de Oriente.

 

Roma, 11 de noviembre de 1994

 

JOANNES PAULUS N. II

 

(Trad.  L'O,R.)

 

 

Documentos Palabra-139 / 1994

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

RELACIONADOS:

JESUCRISTO



Arvo Net,
18/04/2006

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2006

Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

 

Enviado por Arvo - 18/04/2006 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.43
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós