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[1] Pablo no «inventó» a Jesús (Francesco Ognibene,) |
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Pablo no inventó a Jesús
El Código da Vinci
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Pablo no «inventó» a Jesús
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Según algún polemista, Jesús fue un
simple profeta, de cuya dramática
vida se habría apropiado un hombre
de ingenio excepcional que,
divinizando hábilmente a aquel
personaje carismático, habría
acabado fundando una religión.
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Por Francesco Ognibene,
en Avvenire
Según algún polemista, Jesús fue
un simple profeta, de cuya
dramática vida se habría
apropiado un hombre de ingenio
excepcional que, divinizando
hábilmente a aquel personaje
carismático, habría acabado
fundando una religión. El
cristianismo —según el parecer
de estos expertos— habría sido
de su propia cosecha. Sobre san
Pablo se ha dicho mucho, pero
esta acusación es, con mucho, la
más dura. La desmonta Julián
Carrón, experto en el Nuevo
Testamento, profesor de la
Facultad de Teología San Dámaso
de Madrid Periódicamente vuelve
a colación esta idea de Pablo
como segundo fundador del
cristianismo. ¿Qué opina? Es una
hipótesis que cae cuando se
contrasta con la realidad
histórica. La religión
cristiana, cuando Pablo la
descubrió, tenía ya toda su
estructura conceptual que él
expresó después en sus cartas.
Pero hay quien quiere
contraponer Pablo a Jesús,
sosteniendo que el primero
habría divinizado al segundo,
construyendo alrededor de él su
propia teología. El cristianismo
sería el fruto de la
convergencia de la cultura
helenística y las religiones
orientales. Pero cuanto más se
estudia, más se comprende que
esta teoría es insostenible.
¿Cuál es su objeción?
La cronología, que lo desmonta
todo. Las epístolas pueden
datarse entre los años 50 y
56-57 como máximo: hoy los
estudiosos paulinos son
unánimes. En los textos no hay
un verdadero desarrollo
teológico progresivo, signo de
que su pensamiento ya estaba
definido desde la primera carta.
Pablo, al contrario, utiliza
para Jesucristo expresiones y
títulos que luego no explica.
Está claro que nadie escribe
cartas para que nadie le
entienda, lo que significa que
la comunidad que leía aquellas
palabras sabía perfectamente a
lo que Pablo aludía. Un hecho
que puede suceder sólo si se
trata de ideas ya expuestas
gracias a su predicación: por
tanto, toda la cristología
paulina estaba ya madura antes
de comenzar los viajes
misioneros. Esto nos lleva a
prácticamente la mitad de los
años 40, o sea, no más de 12-15
años tras la muerte de Jesús: y
es el lapso de tiempo que nos
queda para explicar la fe
cristiana tal y como viene
expuesta en las epístolas. Un
tiempo insuficiente para
justificar la fundación del
cristianismo por parte de Pablo,
como muchos estudiosos
mantienen.
¿Qué sucedió entonces en
aquellos años?
Bultmann y otros miran a
Antioquía, la primera ciudad
donde se forma una comunidad de
origen tanto judío como pagano,
como el lugar de la primera
teología cristiana. Pero este
argumento no se sostiene, porque
todos los jefes de la comunidad,
según el libro de los Hechos de
los Apóstoles, tenían nombres
hebreos y tenían relación con la
comunidad de Jerusalén.
Antioquía, por tanto, no tuvo un
desarrollo autónomo sino siempre
ligado a Jerusalén. San Pablo,
en cambio, se convirtió dos o
tres años depués de la muerte de
Jesús, y falta tiempo para
justificar el nacimiento de un
cristianismo paulino.
¿Cómo se justifica que san
Pablo, tan pocos años después de
su conversión, tuviera las ideas
tan claras?
Cuando Pablo se encuentra con el
Resucitado de modo imprevisible
en el camino de Damasco, creía
conocer bastante bien a Jesús,
tanto como para querer
exterminar a los discípulos. Ésa
es la imagen del cristianismo
que da al Sanedrín: desprecia
las dos realidades centrales del
hebraísmo, el Templo y la Ley.
Pero cuando se encuentra con Él
se da cuenta de que tiene que
reconstruir todas sus categorías
teológicas. ¿Cómo es posible
entonces que, en tan poco tiempo
—desde la conversión hasta la
escritura de las cartas—, se
haya podido verificar una serie
de fenómenos tan imponentes,
como la convergencia de
sugestiones diversas en una
nueva sistematización teológica?
No: Pablo recoge un testimonio,
no funda nada de nada.
HIPÓTESIS CON HECHOS
Por géneros y contenidos las
cartas son totalmente diversas
de los evangelios, aun habiendo
sido escritas en los mismos
años, si se sigue su datación.
¿Cómo pueden coexistir dos
tipologías tan diferentes?
Porque los textos nacen de
demandas diversas. Las cartas
responden a las cuestiones
bastante complejas de las
primeras comunidades, cuestiones
que dan por descontados los
conocimientos de los hechos.
Incluso Pablo en las cartas a
los Corintios se refiere a los
textos que los fieles ya leían
en sus reuniones comunitarias:
casi con seguridad los
evangelios, o la fuente común de
la que fueron tomados. Pablo no
consigna parábolas, frases o
milagros. Pero el conocimiento
de los hechos decisivos de la
vida de Jesús es determinante
para descifrar su teología.
¿Entre Pablo y Pedro existe
un dualismo, como sostienen
algunos?
Hay quien ve una tensión entre
el cristianismo judaico y el del
área helenística, pero aun
cuando hubiese habido rivalidad
entre ambos personajes tan
diferentes habría que documentar
la existencia de dos teologías
diversas. Lo que nosotros vemos,
en cambio, es la extraordinaria
unicidad de pensamiento y de
impostación sobre Jesús en todo
el Nuevo Testamento. No se trata
de homogeneidad: cada autor
conserva su estilo personal,
pero todos testimonian las
mismas cosas. Y esto sigue
siendo cierto, aunque se nota
que entre Pedro y Pablo hubo
diferencias de criterio. Pablo,
escribiendo a los Gálatas, habla
de Pedro como de la columna de
Jerusalén y lo hace de pasada,
sin énfasis, como aludiendo a
una noción ya establecida. No ha
establecido aún la reflexión
sobre el primado de Pedro tal y
como la conocemos hoy, pero
habría que negar las cartas para
desmentir el reconocimiento de
Pablo de la centralidad de
Pedro.
¿Cómo es posible estar
seguros de la datación de las
epístolas?
La datación es bastante cierta
gracias al contraste con la
cronología romana, obtenida
también de los datos históricos
incluidos en las cartas, y la
paulina. Se obtiene así una
acotación que permite un error
de dos años como máximo. El
elenco, por orden cronológico,
empieza sin duda por la primera
carta a los Tesalonicenses,
mientras que la última es la de
los Romanos: todo ello antes de
terminar los años 50.
¿A Pablo no se le pasó nunca
por la cabeza escribir su propio
evangelio?
No tenemos ninguna prueba
cierta, pero sabemos que él
habla siempre de su obra como de
una predicación del Evangelio: y
precisamente no hace otra cosa
que avalar la idea de que no fue
un fundador, sino un difusor de
un anuncio basado en hechos ya
conocidos y que no era necesario
contar desde el principio. Su
única preocupación era la
creación de comunidades y la
expansión del cristianismo. El
suyo, por tanto, no es otro
cristianismo, sino el mismo que
el de Jesús y el de los
apóstoles. Cualquier otra
hipótesis va contra los hechos
históricos.
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Enviado por AVVENIRE - 02/05/2006 |
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