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Arvo.Net,
29.12.2007
Fiesta de la Sagrada Familia
De
las alocuciones del papa Pablo sexto
(Alocución en Nazaret, 5 de enero de 1964)
El
ejemplo de Nazaret
Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse
la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia
el conocimiento de su Evangelio.
Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a
meditar, a penetrar en el sentido profundo y
misterioso de esta sencilla, humilde y
encantadora manifestación del Hijo de Dios entre
los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de
una manera casi insensible, a imitar esta vida.
Aquí se nos revela el método que nos hará
descubrir quien es Cristo. Aquí comprendemos la
importancia que tiene el ambiente que rodeó su
vida durante su estancia entre nosotros, y lo
necesario que es el conocimiento de los lugares,
los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las
prácticas religiosas, en una palabra, de todo
aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse
al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un
sentido.
Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad
de una disciplina espiritual si queremos se
seguir las enseñanzas del Evangelio y ser
discípulos de Cristo.
¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a
esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!
¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a
María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia
de la vida y a la más alta sabiduría de la
verdad divina!
Pero estamos aquí como peregrinos y debemos
renunciar al deseo de continuar en esta casa el
estudio, nunca terminado, del conocimiento del
Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger
rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de
la lección de Nazaret.
Su
primera lección es el silencio. Cómo desearíamos
que se renovara y fortaleciera en nosotros el
amor al silencio, este admirable e indispensable
hábito del espíritu, tan necesario para
nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido,
tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y
en extremo agitada vida moderna. Silencio de
Nazaret enséñanos el recogimiento y la
interioridad, enséñanos a estar siempre
dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y
la doctrina de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad y el valor de una
conveniente formación del estudio, de la
meditación, de una vida interior intensa de la
oración personal que sólo Dios ve.
Se
nos ofrece además una lección de vida familiar.
Que Nazaret nos enseñe el significado de la
familia, su comunión de amor, su sencilla y
austera belleza, su carácter sagrado e
inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su
pedagogía y lo fundamental e incomparable que es
su función en el plano social.
Finalmente, aquí aprendemos también la lección
del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del
artesano: cómo deseamos comprender más en este
lugar la austera pero redentora ley del trabajo
humano y exaltarla debidamente restablecer la
conciencia de su dignidad, de manera que fuera a
todos patente; recordar aquí, bajo este techo
que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo,
y que su dignidad y la libertad para ejercerlo
no provienen tan sólo de sus motivos económicos,
sino también de aquellos otros valores que lo
encauzan hacia un fin más noble.
Queremos finalmente saludar desde aquí a todos
los trabajadores del mundo y señalarles al gran
modelo, al hermano divino, al defensor de todas
sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro
Señor.
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