Un libro del Dr. Manuel Álvarez Romero
¿SABES PENSAR?
Editorial Almuzara, 2005
Por Pedro Antonio Urbina
En teoría, nuestra mente y nuestra razón orientan nuestros actos. Pero..., ¿no tiene en ocasiones la sensación de que no sabe hacia dónde va, ni sabe el porqué del vértigo en el que se desenvuelve su vida?
En este ámbito se mueve este libro, a medio camino entre la literatura médica y la literatura psicológica, ya que el autor se desmarca del concepto tan en boga de “autoayuda”. La sencillez de su redacción -que no simplicidad- permite a un lector no especializado descubrir un panorama muy actual de lo que significa el acto de pensar, su fundamentación biológica y su engarce con las dimensiones emocionales, afectivas, sociales y espirituales de la persona.
El autor tiene una larga experiencia -muchos años- en el diagnóstico y tratamiento de trastornos psicosomáticos, lo cual significa que se ocupa en el intento de reconducir a sus pacientes a una vida feliz, y un camino feliz. Este camino, según piensa el autor, no puede recorrerse si no es desde el ahondamiento en la propia personalidad. De esta manera no sorprende que se nos planteen abundantes reflexiones sobre asuntos de índole existencial, tales como son la libertad, la capacidad de creación y de creatividad, y la vida moral en definitiva.
El autor ofrece algunas respuestas personales a estas reflexiones -en línea con las raíces cristianas del pensamiento occidental- y confiere al hombre la capacidad de trascenderse a sí mismo. Son especialmente interesantes, a este respecto, las ideas en las que debate acerca de la cuestión del determinismo biológico y la libertad.
Una larga cita en la introducción del profesor Rof Carballo, quien afirma que la esencia del hombre “consiste en ser probado”, nos sitúa en el ámbito de la medicina enraizada en el humanismo. Para su adecuado ajuste a la realidad y, por tanto, para su desarrollo armónico, el hombre deberá entenderse a sí mismo como ser en relación ineludible con los demás: como ser abierto.
De una forma eficaz y con un desarrollo muy ameno, el Dr. Álvarez Romero acerca al lector a realidades científicas complejas, explicando, por ejemplo, la estructura anatómica del cerebro o conceptos diversos como emoción, memoria, genoma, coherencia cardiaca o ansiedad, aportando datos y enfoques de muy reciente investigación. Conjuga todo esto con fenómenos de la vida común y con sugerencias de tipo médico y psicológico. Son particularmente interesantes también las nociones científicas que se refieren a la relación entre el pensamiento y los procesos de la ansiedad y la depresión, con referencias concretas a lo que de particular puede haber en el caso de la mujer. Muy útil es el capítulo “Pensamiento y personalidad”, en el que se demora en la explicación de los modos poco sanos de pensar, como es el caso de los anancásticos.
El metafórico y corto trayecto que es la vida tiene un objetivo: la felicidad. El buen pensamiento es el guía que orienta y advierte de los riesgos. Y el mayor peligro no es otro que llegar a lugares, a situaciones, en los que no exista la posibilidad del amor. No hay felicidad sin amor. Así, en el último capítulo -que se titula “Conocer para amar”- afirma: “El pensamiento posibilita el amor, y nada más fructífero que el pensamiento amoroso, el que está inspirado y guiado por el amor”.
En conclusión, el libro ¿Sabes pensar? es un acertado texto que conjuga el rigor de los conceptos científicos y los datos con un eficaz tono divulgativo.
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NECESIDAD DE PARARSE A PENSAR
En la página 110 de ¿Sabes pensar?, Manuel Álvarez plantea con acertadas citas ese gran problema de nuestro tiempo que es la necesidad de pensar -pensar bien, se entiende-, que requiere aprendizaje, constancia, circunspección, pararse: «pararse a pensar»
En una reciente publicación se recogen las luminosas palabras del maestro filósofo Julián Marías: "Creo efectivamente que hay una crisis de pensamiento. Creo que el pensamiento se usa poco. Y una cosa que me viene preocupando hace ya mucho tiempo, y lo he dicho muchas veces, es que si usted lee un libro de pensamiento, un libro científico, un libro de tenor intelectual, y lo mira despacio, descubre que el autor ha trabajado cinco, seis o diez años, ha leído muchas cosas, ha hecho experimentos, ha hecho estadísticas, sobre todo estadísticas. Pero si usted repara cuánto ha pensado sobre su asunto, se da cuenta que unas pocas horas."
Y esto es lo que precisamente pretendemos desde estas páginas, concienciar de la importancia del pensar y del pensar bien para, desde esa atalaya, corregir lo que proceda en nuestro pensamiento y en nuestra vida. Y continúa Julián Marías: "Yo creo que la única manera de entender, la única manera de ser persona es pensar. Y el que se haga muy poco, el que esté muy abandonado el pensamiento, porque eso es cierto, es la causa de una etapa de crisis.
Tengo la impresión de que estamos entrando en un periodo de decadencia, si es que no estamos ya dentro. Y claro, las decadencias son peligrosas porque se entra en ellas y... ¿cuándo se sale? Al cabo de unos años o al cabo de unos siglos. A mí esto me parece aterrador, y creo que si uno se da cuenta de las
cosas, se pueden evitar. Yo tengo una creencia muy arraigada: cada forma de vida histórica que va bien, que es valiosa, tiene detrás un acierto intelectual; cada calamidad, cada desastre tiene detrás un error intelectual, que es fácil de ver a posteriori. Claro, ¡es muy fácil! Pero si uno analiza las cosas, se pueden ver en el presente y, por tanto, anticipar el futuro." Por algo, la Historia es llamada maestra de la vida. Eso si, hay que conocerla y aprovecharla.
En otra ocasión nuestro filósofo afirmaba: "Mire usted, yo creo que al mundo le pasó una cosa más o menos lamentable hace poco más de un siglo: fue un afán de originalidad. Hacia 1860, 70, 80, según las regiones, según los países, hay pequeñas diferencias, hubo un afán de originalidad que no había existido antes. Anteriormente la gente, cuando creaba algo, quería hacer un objeto bello o algo verdadero y lo hacía dentro del estilo vigente. Es evidente que un pintor del Renacimiento, del siglo XVII, todavía del siglo XIX, pintaba en gran parte dentro del estilo que estaba vigente. (...) El que hace algo, el que crea algo desde sí mismo es original a la fuerza, aunque no se lo proponga, sobre todo si no se lo propone. Ahora, el afán de originalidad como tal es devastador, y ha llevado a una crisis de todas las formas de arte: pintura, arquitectura, música, literatura, pensamiento."
Sorprende la abundantísima bibliografía de Juan Rof Carballo ‑el primero y principal exponente de la medicina psicosomática españolasobre la creatividad. Libros, artículos, conferencias, ponencias congresuales, etc. Así lo constaté meses atrás al revisar la bibliografía de Rof acerca de la actividad creadora.
Al ser la creatividad un término tan ampliamente definido y tratado, sólo enunciaré algunos párrafos tomados del prólogo de la obra de Rof Carballo Medicina y actividad creadora. "Al persuadirse los investigadores de que la actividad creadora del científico no difiere sustancialmente de la del artista, se ha podido ver la conexión estrecha que vincula creatividad y pensamiento."
"El desarrollo abrumador de lo que hemos dado en llamar conformismo pone cada vez más en peligro la capacidad de creación. La disminución progresiva de la vida privada, de la intimidad, la proliferación asfixiante de la información no permiten el lento germinar de las ideas propias, autónomas, originales (Crutchfield)."
"Muchos de los estudiosos de la creatividad piensan que ésta consiste en una simple reorganización de las ideas. Creo que, por el contrario, en realidad significa un enriquecimiento que permite al hombre avanzar por el camino de su evolución hacia una meta cada vez más elevada.
Todo nuevo descubrimiento, tanto en ciencia como en arte, supone una ampliación del horizonte que facilita nuevas empresas de creación."
"Parece que en todo creador, aún en el científico, predominan la sensibilidad y un cierto sentido de la belleza. Para Barron lo característico del hombre creador es su disposición a responder con un esfuerzo de síntesis al reto que plantean a la mente humana el desorden y el desequilibrio."
"En cambio todos los desórdenes que nos rodean, minúsculos e ingentes, actúan sobre el individuo creador como un espolazo."
". . . Lo más característico del hombre creador es su aptitud para respetar aquello que siente dentro de sí mismo como irracional. En cambio, el hombre no creador se distingue por su empeño ‑quizás envidioso‑ por suprimir o negar este irracional. Irracionalidad de la que, en cambio, el hombre creador se enamora, a la que el hombre embriagado de impulso creador corteja como a una novia. De lo que venimos a concluir, en suma, que el hombre capaz de creación es aquél que en lugar de negar una importante parte de su personalidad, aspira a poseerse él mismo por entero, con luces y con sombras, en la integridad armónica o disarmónica de su persona total."
"Un robot es lo contrario de un ser creador. El más importante obstáculo a la labor de creación, a la aventura creadora, es la inercia de la mayoría de las mentes."
"La actitud de que toda idea "nueva" es siempre más o menos peligrosa cuando está muy generalizada y se profesa con gran tensión emocional, es uno de los mayores enemigos de la actividad creadora."
"La actividad creadora reside no sólo en esta desconfiguración o desestructuración de la realidad, que a fuerza de habérsenos vuelto habitual, consuetudinaria, nos ciega e impermeabiliza para otras formas de considerar al mundo en derredor, sino en el proceso complementario de su reconstrucción o reorganización."
Y es así porque la creatividad se despliega en y desde la persona, y lógicamente, bajo el imperio de los "factores bio‑psicosociales" de cada individuo. El sujeto de la creación artística lo es por su genética (biología), por la educación axiológica y relacional incorporada (psicología) y por el entorno que actualiza, despliega o bloquea sus actuales posibilidades (lo ecológico o social). Junto a todo esto, no podemos olvidar que somos protagonistas de un curso vital, de una biografía, y que el momento creativo es un punto, un eslabón del proceso biográfico del hombre. Y, a la par, hemos de tener en cuenta que como ser humano, aun estando condicionado y a veces mucho, no está determinado, y por consiguiente ha de ejercitar su capacidad opcional de modo imprevisible y libre.
La creatividad es obra de la persona sana o enferma, contando con todo el arco de posibilidades desde la normalidad hasta la patología, y trascurriendo por la anormalidad que es ancho espacio, a la vez que elemento propiciador del acto creador.
Por otra parte, la creatividad afecta a la persona en cuanto que en ella se da. De ordinario la modifica y la enriquece pero a la vez suele dejar el impacto del desconcierto que con frecuencia origina. Toda creación implica una adaptación personal a lo creado, generando una nueva etapa de la propia vida que reclama ser asumida con naturalidad y beneficio. No siempre sucede así. Pero nuestra reflexión de hoy debe quedar aquí aunque, por supuesto, pendiente de nuevos pasos. En ello estamos.
Muy cercano a Rof está Javier del Amo, psicólogo, escritor y poeta, con su libro Mente y emotividad en la creación poética, dedicado a Rof, en el que desarrolla su teoría metapsicológica de la creación literaria. Describe la mente creadora como totalidad integrada por cuatro zonas virtuales o puntos cardinales anímicos: lo emotivo, lo perceptivo, lo sensual y lo pensante. La mente es una y sus manifestaciones cuatro, envueltas en un dinamismo creador.
Pasemos ahora a preguntarnos ¿Cómo es la personalidad del creativo? ¿Es normal? ¿Psicótica? ¿Tiende a la depresión? Con profundidad ha sido abordado el tema por jesús de la Gandara y su grupo en numerosos trabajos. Su conclusión
es que la genialidad creadora suele asociarse con frecuencia a trastornos depresivos, sobre todo bipolares o ciclotímicos, a rasgos de personalidad desproporcionados y a elaboración de pérdidas afectivas y procesos que utilizan la sublimación. Recientemente Brenot se preguntaba en Genio y locura (1998) si hay que curar a los genios; la respuesta es determinante: A unos sí y a otros no, depende de la patología. Es más, en ocasiones, la actividad creadora sirve de tratamiento en cuanto a la salud mental.
A veces nos preguntamos si es diferente la creatividad según el género. Recientemente encontré unas declaraciones bien clarificadoras de la gran escritora Mercedes Salisachs. Afirmaba: "Creo que no. Hay novelas buenas y malas, pero nunca femeninas ni masculinas. En realidad el buen escritor no tiene sexo, se mete dentro de los personajes tanto si son hombres, mujeres, perros... o lo que fueran, y trata de extraer de ellos lo que en realidad son, pero de ninguna manera creo en la literatura femenina o masculina."