Viernes - 10.Febrero.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Antropología teológica Antropología cristiana
Dios es Amor Dios Amor
Trinidad de dios Dios Trinidad
Jesucristo Jesucristo
DIOS ESPÍRIRU SANTO Dios Espíritu Santo
El misterio de la salvación (s El misterio de la salvación
Eucaristía 1 La Eucaristía
La Misa La Misa
La Virgen María La Virgen María
Escatología, relidades últimas Escatología
Teología moral Teología moral
Doctrina social de la Iglesia (DSI) Doctrina social de la Iglesia (DSI)
Sacramentos Sacramentos
Teología fundamental Teología fundamental
Iglesia La Iglesia
Historia y vida de la iglesia Historia y vida de la iglesia
Cristianismo Cristianismo
Sagrada escritura Sagrada Escritura
Sagrada liturgia Sagrada liturgia
Ecumenismo Ecumenismo
Magisterio pontificio Magisterio pontificio
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.
Estás en: Teología > La Iglesia

IGLESIA. CUANDO LA OPINIÓN SUSTITUYE A LA FE (Card. Joseph Ratzinger)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo

 

CUANDO LA OPINIÓN
SUSTITUYE A LA FE


Un fragmento del libro "El Pensamiento de Benedicto XVI", recopilación temprana de utilidad para que el lector pueda anticipar muchas de las ideas que influirán en las decisiones del actual pontificado. Editado por Libros Libres, Madrid, 2005. Consiste en una selección extraida de la copiosa obra del Pontífice, que sólo en español llega a 35 títulos.

 

 Por Cardenal Joseph Ratzinger

 

Todo lo que hacen los hombres puede ser anulado por otro. Todo lo que proviene de un gesto humano puede no agradar a otros. Todo lo que una mayoría decide puede ser abrogado por otra mayoría. Una Iglesia que descanse en las decisiones de una mayoría se convierte en una Iglesia puramente humana. Queda reducida al nivel de lo factible y lo plausible, de lo que es fruto de la propia acción y de las instituciones y opiniones propias. La opinión sustituye a la fe.

 

Efectivamente, en las fórmulas de fe acuñadas por uno mismo que yo conozco, el significado de la expresión creo no va nunca más allá del significado pensamos. La Iglesia hecha por sí misma tiene al final el sabor del «sí mismos» que a los otros «sí mismos» no agrada' nunca y pronto revela su pequeñez.

 

El peligro de dividir a la Iglesia en una disputa de partidos

 

Como los corintios, también nosotros corremos peligro de dividir a la Iglesia en una disputa de partidos, donde cada uno hace su idea del cristianismo. Y así, tener razón es más importante para nosotros que las justas razones de Dios respecto a nosotros, más importante que ser justos delante de Él. Nuestra idea propia nos encubre la palabra del Dios vivo, y la Iglesia desaparece detrás de los partidos que nacen de nuestro modo personal de entender. La semejanza entre la situación de los corintios y la nuestra no se puede pasar por alto.

 

Pero Pablo no quiere simplemente describir una situación, sino sacudir nuestra conciencia y volvernos nuevamente a la debida integridad y unidad de la existencia cristiana. Por eso debemos preguntarnos: ¿qué hay de

 

verdaderamente falso en nuestro comportamiento?, ¿qué hemos de hacer para ser no el partido de Pablo, de Apolo o de Cefas o un partido de Cristo, sino Iglesia de jesucristo?

 

«Si no fuera por la Iglesia institucional...»

 

Tengo que reprochar la radical absurdidad que no raramente encuentro en expresiones de sacerdotes buenos y diligentes cuando comentan: «Sí, el cristianismo, cono lo presentamos, sería aceptado por la juventud, pero la Iglesia institucional nos hecha todo a perder». No quiero detenerme en la tonta expresión «Iglesia institucional»; el mayor peligro de esta absurdidad radica en la oposición que la misma expresión encierra. Que a un grupo de jóvenes le sea más simpático su sacerdote que el obispo es normal. Pero que acerca de, esta situación se construya la oposición de dos conceptos de Iglesia, esto ya no es normal. De hecho, si la adhesión al cristianismo no tiene irás en cuenta la totalidad de la Iglesia sino su imagen simpática representada por un sacerdote o un dirigente laico, en este caso la adhesión está construida sobre arena, sobre una distinción realizada por cuenta propia: es más importante la capacidad específica del animador que el poder en el cual está inserto.

 

La Iglesia no es una organización humanitaria

 

El Evangelio no ha perdido su contenido y tampoco Cristo se ha marchado. No existen estrategias para fabricar la esperanza: Cristo es la esperanza. Es necesario retornar a su presencia y desde ella empezar nuevamente. Lo que es central debe seguir siéndolo. La Iglesia ha equivocado el camino cuando se ha esforzado por mos­trarse útil y buena como organización humanitaria, sin el testimonio de Cristo y de Dios. Está claro que el com­promiso social de la Iglesia es de máxima importancia, como tarea que le fue encomendada por el Señor. Pero debe ser evidente que la Iglesia no es una mera organi­zación de acción social, sino que su acción nace de una fuerza de amor más profunda que se comunica con toda sencillez y que la Iglesia existe no porque nosotros que­ramos estar en el candelero, sino porque «el amor de Cristo nos empuja».

 

No era esto lo que quería el Concilio

 

Resulta incontestable que los últimos veinte años [habla en 1986] han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperan­zas de todos, comenzando por las del Papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son de nuevo minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la Antigüedad. Los Papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que ‑en palabras de Pablo VI‑ se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se espe­raba un nuevo entusiasmo y se ha terminado con dema­siada frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia delante y nos hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado en buena medida bajo el signo de un presunto «espíritu del Concilio», provocando de este modo su descrédito.

 


 

Enviado por Libros libre - 19/05/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.34
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós