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EL TRIUNFO DE LA ESPERANZA (Alejandro Pardo)

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EL TRIUNFO DE LA ESPERANZA

“Los espectadores que han visto la primera y segunda parte se han convertido en fieles seguidores nuestros. Todo el mundo está deseando ver la tercera pelicula”, afirmaba Peter Jackson poco antes del estreno. Así ha sido. La versión cinematográfica de El Señor de los Anillos concluye con un apoteósico colofón, fiel al espíritu del libro, y supera en espectacularidad y emoción a las anteriores entregas. Resulta difícil encontrar mayor carga emotiva en la película, reconocida con cuatro Globos de Oro, y candidata a once Oscars. Al mes de su estreno, El Retorno del Rey había recaudado ya 830 millones de dólares en el mundo entero (un récord sólo superado por Titanic ). En España, en ese mismo período, había superado los 30 millones de euros, el arranque más espectacular de una película en nuestro país.

Por Alejandro Pardo

EL VIAJE de La Comunidad del Anillo llega a su fin. Mientras Frodo, Sam y Gollum se aproximan al Monte del Destino, sorteando mil y un peligros, las fuerzas de Sauron sitian Minas Tirith, capital de Gondor, reino limítrofe con Mordor. Allí el Señor Oscuro espera dar su golpe definitivo. Los últimos brillos de esperanza se desvancen, y los corazones se encogen ante un horizonte cada vez más sombrío. Rohan y Gondor vuelven a unirse como antaño y se enfrentan a las legiones de Mordor en una batalla apocalíptica con suerte desigual. El arrojo de Gandalf, Théoden y Éowyn logra resistir la primera embestida, pero sólo la llegada de Aragorn, Legolas y Gimli al frente de un ejército espectral decide la batalla.

Y mientras, al límite de sus fuerzas, Frodo llega al Orodruin. Allí, sobre el fuego sagrado, sufre la más violenta de las pruebas y sucumbe. Pero el destino ha sido escrito y el Anillo Único acaba en el fuego gracias a la avaricia de Gollum. Destruido el Anillo, el poder de Sauron se desvanece y con él todo su imperio de terror.

Gondor recupera a su Rey, Aragorn-Elessar, y la paz vuelve a la Tierra Media. Los hobbits reciben la aclamación de todas las razas del viejo mundo. De vuelta a la añorada Comarca, Frodo advierte que nada será igual. Y parte con Bilbo, Gandalf y los Elfos rumbo al Oeste, más allá del mar.

Adaptando la conclusión de la epopeya

Desde un inicio, Peter Jackson consideraba El Retorno del Rey su libro favorito dentro del relato épico de Tolkien, y el más susceptible de ser llevado al cine. “Es la culminación de todo lo que hemos ido preparando —comenta—. Las diferentes historias nos conducen a esta película. En cierto sentido, toda ella constituye un clímax de principio a fin”. Todas las líneas argumentales que hemos seguido, los viajes que han emprendido estos personajes —aquello por lo que se preocupan, por lo que han estado luchando, e incluso por lo que algunos de sus amigos han muerto— nos conducen hacia esta película. Ninguno de los personajes emergerá de esta historia sin haber experimentado cambios. Nunca volverán a ser los mismos. El Retorno del Rey es la más emotiva de las tres películas”.

Hace cinco años, el director neozelandés y sus coguionistas, Frances Walsh y Philippa Boyens, pusieron manos a la obra por primera vez en su intento de adaptar una desbordante obra de ficción mitológica. Para los guionistas, el espectáculo visual de la tercera película no debía eclipsar la necesidad de centrarse en la búsqueda personal de cada uno de los personajes. “Hemos tratado de mantenernos fieles al espíritu y a las conclusiones de la historia -comenta Boyens- El pasaje final de esta increíble historia, en mi opinión, es un regalo para todos los amantes de la literatura”.

Para Jackson, el principal reto de esta tercera parte era mantener el enfoque sobre los protagonistas, a pesar de que la escala de acontecimientos se magnificaba necesariamente. “Además de las batallas espectaculares, también están esas historias íntimas, emocionales, y es precisamente ahí dónde radica buena parte de la fuerza de El Retorno del Rey”, admite el director. Y añade: “A nivel externo de la historia se libra una guerra sobrecogedora; a nivel interno vemos cómo dos pequeños hobbits, Frodo y Sam, se arrastran literalmente montaña arriba. La relación entre estos dos ámbitos constituye el trasfondo de la película”.

Esta necesidad de mantener el relato centrado en los personajes nunca fue tan acuciante como en las secuencias de combates a gran escala. “Las batallas tienen que narrar una historia —comenta Jackson—. Y, afortunadamente, muchos de los personajes principales participan en la batalla de los Campos del Pelennor -Gandalf, Pippin, Merry Éowyn, Théodcn, Éomer, Aragorn, Legolas y Gimli—. Lo que deseábamos era centramos en estos personajes y en sus historias, con el trasfondo del espectáculo de la batalla. No queríamos que fuese una batalla sin rostros. Tenía que ser personal”.

Tres son los personajes que adquieren mayor protagonismo en esta tercera película: Aragorn, Frodo y... Sam. Héroes de distinto perfil pero igualmente ejemplares.

El rey, el portador y el amigo fiel

El titulo de El Retorno del Rey hace referencia a Aragorn, heredero del Reino de Gondor. Se ha mantenido oculto haciéndose pasar por uno de los misteriosos Montaraces que llevan a cabo incursiones militares contra Sauron. Pero ahora que el Señor Oscuro amenaza con destruir a todas las razas de la Tierra Media, Aragorn debe asumir su destino regio. “¿Cómo se asume el manto de un rey? —se pregunta Jackson—. ¿Cómo cargarías con ese peso? ¿Cómo dirías yo soy aquel al que habéis de seguir? Creo que esto es contra lo que Aragorn está luchando, porque se ha dado cuenta de las consecuencias que puede tener la ostentación de poder”.

En la película más que en el libro, Aragorn se muestra ambivalente sobre su linaje y lucha contra la duda sobre si él es verdaderamente el elegido. “Es el heredero del trono, la única persona capaz de asumir este cargo en Minas Tirith, pero no está seguro de su valía para liderar a los Hombres —comenta Jackson—. Aragorn necesita creer en la nobleza de su propio pueblo”.

Viggo Mortensen, que interpreta al personaje, identifica a Aragorn con la imagen del líder pródigo cuya verdadera naturaleza está oculta, “de los propios individuos y, a veces, del mundo en general”. “Estos personajes —explica— como Moisés y el Rey Arturo, son criados por gente que no pertenece a su familia, como en el caso de Aragorn, que fue criado por los Elfos en Rivendel. Por tanto, tienen que cumplir un destino que les exige entender el pasado y comprometerse con el futuro”.

Por su parte, Frodo, el portador del Anillo, hace gala de un extremo heroísmo llevando la misión hasta el final, ayudado del fiel Sam, a cambio de un alto precio. “Frodo siente la influencia del Anillo más de lo que habíamos visto hasta ahora -explica Elijah Word-. Su dependencia es cada vez más fuerte, hasta el punto de despojarle casi de su propia alma”.

Sam jamás abandona a Frodo, incluso cuando el Anillo abre una brecha entre ambos. Al anteponer su amistad mutua y el bienestar de Frodo incluso a su propia vida, la lealtad y la determinación de Sam alteran el equilibrio de poderes de una forma sutil, pero poderosa, al igual que sucede con la piedad de Frodo hacia Gollum. “Uno de los momentos más conmovedores es el momento en que Frodo no puede caminar por sí mismo y Sam debe llevarle a hombros —señala Wood—. En gran medida, Sam es un verdadero héroe porque es el único capaz de mantenerse incólume y de cargar con su amigo que no está en condiciones de discernir lo bueno de lo malo. En la medida en que Frodo es el héroe, Sam es el que mantiene su propia fuerza y clarividencia para permitir que Frodo lleve a cabo su tarea”. “Tolkien escribió una frase maravillosa sobre Sam —concluye Phillipa Boyens, co-guonista-: Estaba decidido, y sólo la muerte podría detenerlo Creo que hemos llevado a la mayoría de nuestros personajes hasta ese punto”.

Destellos de buen cine

El Retorno del Rey sorprende por su impresionante factura y sus abundantes momentos memorables. La majestuosa llegada de Gandalf a Minas Tirith al galope y su ascenso por la ciudad hasta llegar a la Ciudadela; la bella secuencia del capitán Faramir y sus hombres partiendo hacia una muerte segura mientras son despedidos por el pueblo; el montaje paralelo de la carga desesperada para recuperar Osgiliath, mientras el abatido senescal de Gondor, Denethor, engulle rudamente su comida, acompañado del lamento de Pippin; la impresionante puesta en escena de la batalla en las llanuras del Pelennor; nuevos registros interpretativos de Gollum; la coronación del Rey; las sucesivas despedidas sostenidas en miradas cargadas de profundo significado... Parece como si Jackson y su equipo hubieran madurado con el tiempo.

Todos los creativos y técnicos que han intervenido merecerían ver su nombre citado en estas páginas. Pero si a alguno debe destacarse es Howard Shore, que logra una partitura antológica, llena de belleza, épica y conmovedora (como el sublime tema de Gondor o Minas Tirith y la nostálgico melodía de los Puertos Grises), amén de la canción “Into the West” que acompaña los créditos finales al ritmo de las olas suaves del mar. La carrera hacia los Oscars ha comenzado.

Nuevos escenarios de la Tierra Media

Como en las anteriores películas, además de la extraordinaria fuerza de la historia, destaca la recreación de los parajes y pueblos que pueblan el mundo de El Señor de los Anillos. “Tolkien describe los lugares de forma muy vívida en el libro —comenta Peter Jackson—. Te los puedes imaginar perfectamente, por lo que encontrarlos era casi lo mismo que hacer el casting de un actor”. Estas palabras no restan mérito al encomiable trabajo de dirección artística de esta tercera entrega. Una vez más, bajo la inspiración de Alan Lee y Jonn Howe (ilustradores “oficiales” del mundo tolkieniano), el equipo responsable del diseño de producción recreó algunos de los escenarios más sugerentes de la Tierra Media, como la majestuosa Minas Tirith, los vastos Campos de Pelennor, el antro tenebroso de Ella-Laraña, las escaleras de Cirith Ungol o las llanuras cenicientas de Gorgoroth.

El propio aspecto físico del entorno ha ido variando conforme nos aproximamos a la meta, como afirma Richard Taylor, responsable de los efectos especiales de la trilogía a través de la firma Weta: “En nuestro viaje visual, hemos pasado de las hermosas praderas de la Comarca a los colores otoñales de la partida de los Elfos y los dorados colores de la Marca. Si nos inspiramos en lo que creemos que son las analogías de las obras de Tolkien (la llegada de la revolución industrial, el olvido de la naturaleza y la persecución de la riqueza material) nuestro viaje debía llegar a término en Mordor, con los negros y pesados colores carbón de este vertedero industrial”.

La ciudad blanca

Una de las localizaciones más complejas de El Retorno del Rey es Minas Tirith, una ciudad de reyes construida piramidalmente en siete niveles y que constituye uno de los escenarios fundamentales de la película. “Estábamos buscando algo parecido a la Antigua Roma o el Viejo Bizancio —comenta Alan Lee—. Tenía que ser una estructura extraordinaria”.

Este inmenso decorado se construyó en la misma cantera cercana a Wellington que había servido de localización para el Abismo de Helm en Las Dos Torres. “La ciudad de Minas Tirith es una de las cosas que esperaba con más ilusión en El Retorno del Rey -afirma Peter Jackson— Creamos la ciudad de dos formas diferentes. Construimos el enorme decorado en una cantera. Era como un plató de exteriores. En todos estos rincones y grietas, algunas esquinas parecían estar ya construidas. Al cabo de unas cuantas semanas habíamos construido y filmado el castillo del Abismo de Helm, lo desmontamos y en un par de semanas construimos Minas Tirith”.

La ciudad tenía que reflejar la sofisticación de los habitantes de Gondor, muy del estilo del norte de Europa. Eran una raza de guerreros, pero a diferencia de los rudos hombres de Rohan, poseían una cultura más desarrollada. La arquitectura de Minas Tirith surgió de los dibujos de Alan Lee, y tanto Gran Major (diseñador de producción) como Dan Hennah (director artístico) se encargaron de hacerlos realidad. El equipo de construcción, formado por cientos de personas, tardó unos seis meses en construir la Ciudad Blanca. “Peter quería filmar muchas escenas en Minas ‘Tirith —recuerda Hennah—. Por ejemplo, la entrada al galope de Gandalf, con Pippin en la grupa, ascendiendo a través de las calles. Para conseguirlo, necesitábamos jugar con la escala y con las distancias. O también la escena de la marcha de Faramir y sus hombres a caballo hacia una muerte segura. Peter quería transmitir la grandeza de ese momento en las calles, con un centenar de jinetes y una multitud que los despide. Y al final todo ha resultado tremendamente real. Es maravilloso haber tomado parte en la creación de algo así”.

Al igual que en el Abismo de Helm o Isengard, también en este caso se combinaron decorados a escala natural con miniaturas gigantescas (bautizadas por el equipo como “maxituras” o “giganturas”). “La única forma en que podíamos crear la ciudad a escala real era construir una enorme maqueta —afirma -. Y así fue. Tiene un nivel de detalle tan maravilloso que pudimos acercar mucho las cámaras captar detalles casi microscópicos”.

Weta Workshop, la empresa de efectos especiales responsable de la magia de las tres películas, construyó una maqueta de Minas Tirith a escala 1:72 que representaba al completo la ciudad de 7 niveles de 700 pies, con más de mil construcciones que salpicaban las calles. Además, se construyeron secciones de la ciudad a una escala mayor, 1:14, lo que permitía al equipo moverse por las calles. “Los colores, las pequeñas plantas y las cuerdas de tender la ropa añaden ese detalle de realidad que permite que la ciudad de Minas Tirith cobre vida y de la sensación de haber estado poblada durante miles de años -indica Richard Taylor-. Una de las grandes ventajas de construir una maqueta es que permite captar la textura de las superficies con un nivel de realidad que todavía sigue resultando difícil si se hace digitalmente. Pero, en último término, es un esfuerzo combinado porque el departamento digital toma estos elementos y los coloca sin dificultad en el plano de la película”.

La batalla de los Campos del Pelennor

Los Campos del Pelennor son el escenario de una batalla apocalíptica, con ejércitos de centenares de miles de combatientes. Al igual que el resto de los aspectos de la producción de El Señor de los Anillos, el proceso de efectos visuales se desarrolló en sintonía con el rodaje real para conseguir una armonía visual en cada uno de los planos de la película, tanto si se trataba de uno sencillo como de uno compuesto por numerosos efectos. Peter Jackson y cada miembro de su equipo se habían comprometido a elevar el listón de cada aspecto de la producción. “Este espíritu se ha mantenido en todos los niveles de la producción, desde los intérpretes hasta los equipos de efectos visuales y montaje o la música —comenta Jackson—. Queríamos conseguir que fuera realmente la mejor de estas tres películas”.

Para crear el sitio a la ciudad de Minas Tirith, Weta Digital se puso una vez más a trabajar en la creación de un ejército virtual. “No es posible realizar la secuencia plano a plano porque tiene que haber una continuidad a medida que se desarrolla la batalla –admite Jackson—. Teníamos que organizar la formación de los soldados enemigos: dónde se encuentran en cada momento, con qué rapidez se acercan a las murallas, cuándo avanzan las torres de asalto, cuándo disparan las catapultas. Era como trazar una batalla real la noche anterior, diseñando la estrategia de combate”.

Las necesidades de participantes en esta batalla superaron con creces a las de la batalla del Abismo de Helm. Mientras que en el Abismo de Helm había unos diez Uruk-hai, las fuerzas enemigas en las batallas de Minas Tirith cuentan probablemente con 600.000 efectivos o más, frente a seis mil guerreros de Rohan y unos miles de hombres de Gondor. Concebir la batalla exigía una cuidada previsualización a fin de mover tales multitudes por una amplia orografía. “Construimos este paisaje en el ordenador simplemente para obtener la orografía, las dimensiones y la escala, basándonos obviamente en las descripciones del libro de Tolkien” explica Jackson.

Durante el rodaje principal, la descomunal batalla se rodó en Twizel, una isla al sur de Nueva Zelanda, en una granja de ovejas. En mitad de la zona se creó una ciudad de tiendas de campaña para albergar al equipo técnico y a los artistas y utilizarla como zona auxiliar de la acción que iba a rodarse. Se contrataron unos 250 jinetes y caballos tanto en Nueva Zelanda como en otros lugares. Barrie Osborne, uno de los productores, todavía recuerda:
“Consuimos una vía para la cámara, y pudimos rodar muy buenas tomas de la carga de la caballería cuando los Rohirrim llegan a galope tendido”.

Sin embargo, el verdadero protagonista de estas imágenes espectaculares es el revolucionario programa Massive, obra de Stephen Regelous, de Weta Digital, que ya se pudo ver en el prólogo de La Comunidad del Anillo, así como en la batalla del Abismo de Helm en Las Dos 7orres. En su constante deseo de seguir avanzando en la tecnología de la inteligencia artificial, este software funciona creando “agentes” con sus propias características aleatorias y capacidad para tomar sus propias decisiones en medio de una multitud (sean soldados humanos o cualquier tipo de orco). Cada agente reacciona de forma natural frente a su entorno, utilizando los mismos sentidos que los seres humanos, como la vista, el oído, el tacto, etc. Todos los agentes tienen sus propios rasgos de personalidad, como valentía, agresividad, cobardía, etc., así como diferentes características físicas. Esto nos garantiza una imagen única cada vez que se visualiza, con los mismos elementos impredecibles de una batalla rodada con actores de carne y hueso.

La etapa final que sigue a la simulación mediante Massive es la renderización de la imagen, que se lleva a cabo mediante otro dispositivo inventado en Nueva Zelanda y denominado cariñosamente “Grunt” (gruñido), que renderiza las imágenes creadas por ordenador con mayor velocidad que cualquier dispositivo disponible comercialmente.

De arañas gigantes y otras bestias

Weta Digital también asumió el reto de crear las criaturas y los efectos generados por ordenador para El Retorno del Rey. Richard Taylor, responsable de la firma, recibió dos Oscars por su trabajo en la primera película y otro más el último año por la sorprendente creación de Gollum, el primer personaje completamente digital inspirado en el actor Andy Serkis. En esta entrega, la capacidad interpretativa de Gollum alcanza su cénit, con una variedad de registros que roza la perfección.

No menos sorprendente resulta la terrorífica Ella-Laraña, los olifantes o las bestias aladas sobre las que vuelan los Nazgúl. “La base del movimiento de todos estos personajes es natural en lugar de ser irreal —comenta Randall Cook, supervisor de animaciones- y, sin embargo, algunos personajes ponen a prueba nuestra habilidad para hacer que los movimientos parezcan totalmente naturales. Tenemos las bestias aladas que vuelan y tienen una longitud de setenta pies, y los olifantes, una especie de elefantes de ocho pisos de altura. No hay nada pequeño en esta película. Lo difícil llega cuando tienes que hacer que una criatura parecida a un elefante se mueva de forma convincente con cincuenta personas sobre su lomo. No se puede fingir la forma en que se mueve un elefante”.

Por su parte, la monstruosa Ella-Laraña cobra vida mediante muñecos animatrónicos y renderizaciones digitales. “Quería que Ella-Laraña se moviese de la forma reptante y escalofriante en que lo hacen las arañas —afirma Jackson-. Lo que más me aterroriza de las arañas es cuando se mueven con gran rapidez y encuentran algo sobre lo que abalanzarse, se mueven de nuevo y se detienen. Esa es la idea que yo quería captar. Por lo tanto, di instrucciones a los animadores de Weta para que diseñasen a Ella-Laraña de forma que se moviese con mucha rapidez, con una rapidez sorprendente en una criatura tan enorme. Desde luego, lo han conseguido: los planos de Ella-Laraña me ponen los pelos de punta. Consiguen realmente estremecerme, de modo que, si he logrado aterrorizarme a mí mismo, creo que he tenido éxito”.

Una historia conmovedora

Sin embargo, sin restar mérito a los logros artísticos y de producción, El Retorno del Rey marcará a una generación de espectadores por el gran calado de su historia. Más que en ninguna otra entrega de la saga de El Señor de los Anillos, esta última película aborda los temas universales que se encuentran en la novela de J.R.R. Tolkien. En efecto, aunque la escala del escenario es inmensa, el verdadero trasfondo de El Retorno del Rey lo constituyen las luchas dramáticas de cada uno de los personajes que han desfilado en este relato épico.

Así lo han reconocido muchos miembros del equipo artístico y técnico. Sean Astin, que da vida a Sam, afirma: “Tanto el libro como la película versan sobre la naturaleza del bien y del mal. ¿Cúal es el precio de la victoria del bien? ¿Qué padecimientos soportarán los personajes?”. Por su parte, Barrie M. Osborne, productor, añade: “Todos y cada uno de los protagonistas a quienes hemos ido conociendo y queriendo cada vez más a lo largo de la narración de estas historias tienen una determinación por cumplir su objetivo y una implicación emocional en la historia. ¿Conseguirán tener éxito o todo terminará trágicamente? Creo que la gente llorará y disfrutará a la vez. En mi caso, por mucho que conozca la película, por mucho que haya vivido esta experiencia durante cuatro años, cada vez que la veo se me saltan las lágrimas”.

Por su parte, Peter Jackson corrobora: “Todos aquellos a los que conocemos en una u otra forma superan la prueba de una forma diferente. Para ellos supone una experiencia que les afecta inmensamente y espero que al público le suceda lo mismo. La novela no deja a nadie indiferente. Y tampoco nosotros seremos los mismos de nuevo”.

Elijah Word no duda en señalar que éste “cuando hay algún triunfo, también hay una gran pérdida. Yo diría que son elementos básicos la lealtad, la amistad, el coraje, el honor y la esperanza frente a mal. Espero que la gente, al ver la película, recupere un poco la esperanza en el ser humano. Este es el mejor mensaje de Tolkien. Y confiesa: “Creo que esta película va a tocar el corazón de mucha gente. El final del viaje tiene una gran fuerza, sobre todo porque no se trata de una victoria sobrehumana que lleva implícitos muchos sacrificios, como la vida real. Por eso la película, a pesar de toda la fantasía y todos esos mundos imaginarios, tiene un fondo de verdad y de realismo muy fuerte. Personalmente, formar parte de esta historia ha sido una experiencia que me ha cambiado la vida”.

“En mi opinión, los personajes de esta película ejemplifican los aspectos positivos de la vida -reflexiona Andrew Lesnie, director de fotografía—. No se trata necesariamente de fomentar una ideología, religión o filosofía especificas, sino de afirmar que aceptas que existen diferencias en el mundo y que te sientas preparado para asumir esas diferencias. Si hubiese un número suficiente de personas que abordasen el mundo de forma positiva y cariñosa, sería realmente posible cambiar la naturaleza de la raza humana regularmente. Y esta historia es un ejemplo de un grupo de seres que triunfan persiguiendo este objetivo”.

En este mismo sentido habla Viggo Mortensen: “Creo en el poder del individuo. Cada acción diaria afecta al pequeño universo que te rodea: hablar, sonreírle a un desconocido o tratar a la gente con respeto son pequeñas acciones que contribuyen a mejorar el planeta. El hombre individual sí tiene poder, sólo necesita ser íntegro y sentir piedad, como la que Frodo siente por Gollum”. Y Elijah Wood corrobora: “Aun cuando tan sólo son gente pequeña a los que nunca se les confiaría una responsabilidad tan enorme, el hecho de que hayan conseguido alcanzar la cumbre de la montaña, nos recuerda tal vez que cualquiera de nosotros puede hacer cualquier cosa siempre y cuando nos lo propongamos”.

¿Hay puertos grises para Peter Jackson?

“Estoy contento, triste y cansado”. Así definía Jackson su estado anímico tras el estreno de El Retorno del Rey. La descomunal empresa que le había tenido ocupado durante los siete últimos años de su vida tocaba a su fin, y dejaba un poso agridulce, muy semejante al experimentado por Frodo tras su vuelta a la Comarca. Como quien lo tiene bien asumido, el director neozelandés asegura: “Nunca voy a volver a filmar tres películas al mismo tiempo y jamás voy a volver a filmar una película tan exitosa como El Señor de los Anillos, así que tengo plena conciencia de que, haga lo que haga, estos tres filmes van a quedar como el máximo logro de mi filmografía. Y no es algo que me quite el sueño. A partir de ahora voy a dedicarme a hacer películas que me hagan disfrutar. Por eso acepté el remake de King Kong, aunque mi primer objetivo es volver a hacer películas más pequeñas, sencillas y alejadas de lo fantástico”.

¿Será así? A su puerta parece llamar una nueva aventura. “La versión cinematográfica de El Hobbit? Todo el mundo me lo pregunta, pero nadie me ha ofrecido hacerla. New Line tiene los derechos de filmación y United Artists los de distribución. Tendrán que ponerse de acuerdo. Si me la ofrecen, claro que la haría. Me sentiría mal si la dirigiera otra persona. Me gustaría ver la historia completa, como El Señor de los Anillos.

Y entretanto, la edición extendida de E1 Retorno del Rey, que será de algo más de cuatro horas y quince minutos. En fin, aunque E1Retorno del Rey concluya con una puerta redonda que se cierra, el libro cinematográfico de Peter Jackson todavía sigue abierto.

 

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Publicado en el nº 595-596 de la revista Nuestro Tiempo
Edición autorizada de arvo.net

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

15/07/2005 ir arriba
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