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EL TERCER HOMBRE (Joaquín Monrós Guitart)

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EL TERCER HOMBRE

"En cada generación es necesario explicar a las personas lo que está bien y lo que está mal: El cine como séptimo arte lo hace muchas veces, si..."

Título.- El tercer hombre.
T.O: The third men.
GB 1949. Intriga. B/N. 100 min.
Director: Carol Reed.
Intérpretes: Orson Wells, Joseph Cotten, Alida Valli, Trevor Howard, Bernand Lee.

Sinopsis.- Nos cuenta las andanzas en la que se ve envuelto en la Viena de posguerra un ingenuo escritor de novelas baratas del Oeste, empeñado en descubrir toda la verdad sobre la muerte de su amigo Harry Lime, y en especial, la identidad de ese tercer hombre, un personaje crucial para conseguir su propósito.

Una inolvidable película que nos transporta a la Viena de posguerra, a sus edificios barrocos, a sus viejas y decadentes pensiones, que son un melancólico recuerdo de la antigua Viena, la ciudad de los valses de Strauss, del refinamiento y la elegancia; una ciudad sumergida, como consecuencia de la guerra, en un mundo de pesadilla, lleno de intrigas políticas, actividades delictivas y asesinatos, y en la que sus estrechas calles en sombras y los edificios destruidos por las bombas, constituyen el refugio de los estraperlistas y de los miembros asustados y desconcertados de una sociedad en ruinas.

Una película en la que, además de la unión de los diversos talentos que se dieron cita en ella, hay que destacar la intensidad de una trama urdida con ingenio, que reclama la constante atención del espectador, así como su tema musical, que no tardó en convertirse en uno de los más famosos e imperecederos de la Historia del Cine.

«El tercer hombre» fue uno de los títulos más populares de la época y el más taquillero de aquel año, 1949.

Espectadores (España).- 306.516
Recaudación (España).- 150.558,47 Euros.

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Nuestra fotografía: Orson Welles
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Talco por penicilina
Artículo de Joaquín Monrós Guitart

Tal vez muchos recuerden la música de Anton Karas: una cítara suena mientras se desarrolla magistralmente el argumento de la película "El tercer hombre", filmada por Carol Reed, sobre un guión escrito por Graham Greene.

La trama comienza con la llegada a Viena del escritor Holly Martins, representado por Josep Cotten, con una propuesta de trabajo de su amigo de la infancia Harry Line. La ciudad está todavía bajo control de las cuatro potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, descubre que su amigo Harri ha muerto, y sólo puede acudir a su entierro. Allí conoce al Major Calloway, policía británico que realiza acusaciones graves sobre los negocios de Harry. El escritor no las acepta y decide investigar para demostrar la inocencia de su amigo.

Encuentra a Harry Lime -que no ha muerto-, sino que trafica vendiendo polvos de talco en lugar de la recién descubierta penicilina... y se ha ocultado, en la zona rusa.

Es antológica la aparición de la cara entre pícara y aliviada al ser iluminada por sorpresa en plena noche, de Orson Wells en el papel de Lime. Se citan para poder hablar a solas en la noria del Pratter, que tiene una altura similar a la torre Eiffel de París, desde donde los hombres que pasan por la calle parecen hormigas.

Cuando al personaje que interpreta Orson Wells, su amigo el escritor le afea su conducta por el fraude tan asesino de vender penicilina adulterada, le responde: ¿Víctimas?...Mira ahí abajo. ¿Sentirías realmente pena si alguno de esos puntitos dejara de moverse para siempre. Si te diera veinte mil dólares por cada punto que parases, me rechazarías la oferta sin dudarlo.? O ¿ calcularías cuantos puntos estarías dispuesto a parar?. Libres de impuestos. Es la única manera de ahorrar en estos días...

-Tú creías en Dios....le recuerda el amigo.

- Si, creo en un Dios misericordioso... pero... para ellos, que están mejor que nosotros.

Continua con una cínica explicación que no justifica nada y una cita pseudo historia, antes de alejarse dando por terminada la entrevista.

La falsa idea que tenía de Dios y de las personas le lleva a no tener escrúpulos en traficar sabiendo las consecuencias: muertes, salas llenas de niños enfermos por haberles aplicado la penicilina adulterada... traiciona a su novia, a su país, a su amigo de la infancia y en su ataúd está el cuerpo del enfermero que le proporcionaba la penicilina, robada del hospital y adulterada. El guionista, Graam Grin, va sacando las consecuencias del fraude.

Fraudes así ocurren también hoy en campos como la bioética y cuando no se tiene en cuenta el valor la persona humana se pierde la noción del mal o del bien que se hace al sujeto. En realidad no se ignora, pero se impone como axioma de hacer todo lo que es posible realizar en el laboratorio, sin importar la persona.
Adulterar la penicilina, o cualquier otro medicamento, diseñar drogas, hacer leyes inadecuadas a la persona humana, como el divorcio, el aborto, la eutanasia, las parejas de hecho; traficar con armas, con pornografía en la prensa y en el arte, va haciendo desaprensivos a los traficantes de la vida real, como a Harri Martins.
Mientras se recuerda la música tocada por la cítara en el "El tercer hombre" tal vez ya habíamos olvidado que, en el argumento de la película, se trafica con la verdad de Dios y de la persona humana.

Al leer que se ha autorizado en el parlamento inglés a dos entidades que clonen a un humano, me acordé de los hombres vistos como hormigas por el personaje representado por Orson Wells.

Al mismo tiempo he leído con agrado la entrevista a John Hass:

"El límite de la ciencia: hacer a una persona algo que no le beneficia".

El profesor Hass es un experto que ha dado su parecer al Comité de la Salud y Seguridad Públicas del Senado estadounidense y a la Comisión asesora del Presidente en materia de Bioética.
Se le pregunta: - ¿Dónde se sitúa el límite de lo que la ciencia puede realizar?. "El límite está en que cualquier cosa que se haga a una persona no redunde en beneficio de ella misma. Ahí está el límite. Por ejemplo, si se genera un embrión humano para experimentar con él, esa acción no se realiza en beneficio del embrión. O si se aborta un bebé "defectuoso", no va en beneficio del bebé. En ambos casos se hace algo a un ser humano que no es en su favor, sino para beneficiar a otro, o por el mero interés de otro.

Afirma también :"En cada generación es necesario explicar a las personas lo que está bien y lo que está mal".

El cine como séptimo arte lo hace muchas veces, y cualquier honrado escritor, novelista científico, profesor, guionista etc... si no olvida la dignidad de la persona está colaborando en la construcción de la civilización, en caso contrario no le importa conculcar ni la ley de Dios ni todos los códigos deontológicos por la idolatría del poder, del dinero o del placer.

Al "Tercer hombre", finalmente, le persiguen decenas de policías por las alcantarillas de la ciudad.
En la vida corriente no se puede adulterar ni en el trabajo, ni en la familia ni en las relaciones sociales, entre otras cosas por que el límite acaba donde comienzan los derechos del otro, y tarde o temprano se encuentra con la justicia, humana y divina, como Harry Line.

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14/07/2005 ir arriba
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