ANA
MARÍA
FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
La Nueva España
16/05/05
Recientemente
el Congreso de los Diputados ha aprobado un proyecto de ley que permitirá
contraer matrimonio y la posterior adopción de menores a personas del mismo
sexo, dando lugar a un conflicto jurídico de difícil solución práctica.
Parece que la
homosexualidad ha existido siempre, pero nunca con la intensidad, organización y
las connotaciones de este momento, por lo que habría que preguntarse que algo
diferente está ocurriendo. El tema de la homosexualidad es un tema complejo, no
hay acuerdo sobre su etiología, pero cada vez se tiende más a interpretarlo
desde el psiquismo. Las alteraciones que afectan a los cromosomas sexuales son
reconocibles desde los primeros momentos de la vida con la aparición de
síndromes identificables, aunque son bastantes escasas, es decir, que parece que
una pequeña parte nace pero la gran mayoría por alguna razón se hace. El
conflicto estará por tanto en el plano psicológico que es donde se desarrollan
los fenómenos intelectuales y morales, los fenómenos que afectan al
conocimiento, la autopercepción, la consciencia de sí mismo, del yo, de la
identidad, los procesos de aprendizaje, de la reorganización de la percepción y
sus significados y también de las emociones.
Es complicado
también, si son ciertos los datos que circulan y que dicen que el 10% de la
población es homosexual, comprender para el 90% de la población restante, el
desajuste personal que supone sentirse atrapado en un cuerpo que no le
corresponde o la falta de coherencia entre el sexo biológico y la conciencia de
pertenecer a un sexo, y es que a pesar de la superficialidad, la frivolidad e
incluso el carácter lúdico y provocador que le dan a la homosexualidad hasta
algunos homosexuales, estos temas nos llevan a problemas muy profundos de la
existencia humana como son la relación entre cuerpo y mente y la relación entre
la esencia y la existencia.
Según Lou
Marinoff, la filosofía puede tener beneficiosos efectos terapéuticos, pero
también manifiesta que todo el mundo tiene una filosofía y ésta puede ser
también el origen de sus problemas y es que en el fondo de muchos conflictos
entre la razón y la emoción y la búsqueda de identidad personal, están conceptos
filosófica y antropológicamente equivocados. Todavía en algunos ambientes se
funciona con el dualismo mente-cuerpo siguiendo esquemas disociadores de la
filosofía idealista y cartesiana, sin embargo este dualismo ya no es tomado en
serio ni en filosofía ni en neurociencia.
La moderna
antropología basada en recientes descubrimientos científicos sostiene que el
cuerpo y la mente son uno en su interacción con el mundo, es falsa, pues, la
percepción de un yo al que se le ha añadido un cuerpo. Como dice F. Mora, el ser
humano es uno y si Dios hace algo tiene que ser a través de la interacción con
el cuerpo y el cerebro. Curiosamente, esta antropología coincide con la
antropología bíblica, no influida por el platonismo, en la que la acción de Dios
en el ser humano se compara con un soplo, un aliento, una brisa, en el Ruah, que
atraviesa toda la persona que a su vez se considera indisociable, como un
continuo.
También el
existencialismo francés ha contribuido a la distorsión de la persona creando un
conflicto entre esencia y existencia. Para el existencialismo, el ser humano no
nace, se hace, su propio ser, su esencia la determina la existencia. En este
sentido, Simone de Beauvoir, en «El segundo sexo», obra más cercana a la novela
que al ensayo y desde una perspectiva pesimista, obsesiva y resentida de la
mujer desde la que pretende elaborar la configuración conceptual de la mujer en
las sociedades occidentales, afirma que la mujer no nace, se hace, y el ser
humano no es más cultura que naturaleza. Siguiendo estos planteamientos, la
feminidad o la masculinidad se construyen, son solamente productos de la
socialización, se trataría simplemente de elegir un rol, de representar un papel
en el escenario de la vida siguiendo estereotipos de masculinidad o feminidad.
Pero la
diferenciación sexual no es un concepto ni una abstracción, sino que presenta
unos caracteres anatómicos y fisiológicos incuestionables y parece que estas
diferencias se manifiestan también en ciertas actitudes cognoscitivas. Por otra
parte, los roles no definen el sexo, sin embargo es también cierto que el rol
sexual en parte se aprende y ahí puede estar una parte importante del conflicto,
en el aprendizaje. Se sabe que el desarrollo final del cerebro humano se alcanza
entre los 25 y 30 años de edad, por eso la adolescencia y la juventud son aún
unas etapas especialmente vulnerables y muy sensibles a influencias externas y
desde hace unos años estamos asistiendo a una tremenda presión, a auténticas
sesiones de aprendizaje, mantenimiento, reforzamiento y propaganda a favor de la
homosexualidad a través de los distintos medios de comunicación, sobre todo de
la televisión, donde el aprendizaje por observación e imitación es más
favorable.
Por otra
parte, existe también un fuerte componente ideológico. El marxismo, como muchos
socialismos, sostiene que la revolución o el cambio político y social tiene que
pasar por la revolución sexual y a través de ella hacer una reorganización
global, trastocando los vínculos tradicionales, fundamentalmente la familia y el
matrimonio, uno de los pilares básicos de nuestra estructura social, para
instaurar otros inéditos y conflictivos.
Por otro
lado, la intolerancia que manifiesta el actual gobierno para oponerse a la
objeción de conciencia en la aplicación de esta ley, recuerda la tensión
histórica que siempre ha existido de manera latente entre democracia y
socialismo, a quien su propia lógica interna conduce en muchas ocasiones, como
en este caso, a actuaciones totalitarias.
Por todo esto
es necesario un poco más de respeto por parte de los que promueven y alientan
estos tipos de comportamiento. La consciencia es una de las partes más
misteriosas de la mente con la que no se debe jugar. Todos tenemos derecho a la
salud psíquica y a una identidad personal y sexual bien estructurada, sin
manipulaciones ni presiones interesadas que sólo buscan crear vínculos
electorales. Y también se necesita por parte de quienes nos gobiernan un poco
más de sensatez, profesionalidad, realismo político y racionalidad, para
resolver los auténticos problemas de los ciudadanos y menos experimentos
sociales, porque como decía Goya es una de sus obras, el sueño de la razón
produce monstruos.