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Cristina L. S., agudamente, como suele-
en un editorial de www.cope.es- dice:
"Sólo acaban de aceptarse los proyectos
de los partidos sobre parejas de hecho y
matrimonios gays y el Ministro Juan
Fernando López Aguilar ya se permite
anunciar que, en enero, las parejas
homosexuales podrán casarse. Me
sorprende tanta ligereza. Me admira que
ni siquiera se considere la necesidad de
un profundo debate parlamentario. La
equiparación de las parejas homo y
heterosexuales es mucho más que un
detalle legal. Significa eliminar la
diferencia sexual como dato crucial del
matrimonio. Implica educar en las
escuelas en la elección de tendencia
sexual como quien educa en la elección
de un idioma o una especialidad.
Significa empujar a tantos y tantos
adolescentes naturalmente indecisos,
como es propio de un adolescente, a
experimentar sexualmente con ese amigo a
esa amiga que les atrae. Sólo que ese
experimento es muchas veces un camino
sin retorno y el comienzo de un drama
humano. Implica, en último extremo, que
muchos niños crezcan sin decir “papa” o
“mamá”. Todo esto, ¿no merece siquiera
un debate? Señor Ministro, permítame
denunciar su avidez de votos a costa del
ser humano."
El propósito gubernamental (no sólo es
cosa del PSOE, pero también, y de modo
absolutamente radical) de convertir las
uniones homosexuales en «matrimonio»
–como la misma palabra indica- es algo
más disparatado que intentar la
cuadratura del círculo, es pretender
establecer por decreto o por algún tipo
estrambótico de ley civil que los
circulos «son» cuadrados o que las
piedras, en virtud de una nueva ley de
la gravedad establecida por el gobierno
en lugar de caer hacia abajo caerán
hacia arriba. Toda una revolución, que
en buena lógica legalizará, entre otras
cosas, la pederastia y subvertirá
cualquier valor moral en el que se
asienta la civilización occidental. Es
la locura en el gobierno de la nación.
Los griegos y los romanos practicaban la
homosexualidad con cierto desparpajo,
pero nunca se les ocurrió pensar que
esas relaciones sexuales podían
equipararse, ni siquiera llamarse
"matrimonio". Estos que ahora nos
gobiernan, y quienes los sostienen, no
saben lo que se hacen, ni lo que se
dicen. "Matrimonio" es palabra que viene
de "mater", madre, que implica
maternidad y filiación biológica.
"Matrimonio homosexual" es una expresión
que distorsiona gratuita y gravemente el
lenguaje al servicio de una ideología
minoritaria, contraria al servicio
común, al sentir de la mayoría de los
ciudadanos. También la Real Academia
debiera hacer oir su voz. |