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Según el filósofo francés Gustave Thibon existe una clara diferencia entre el equilibrio y la armonía. La primera alternativa resulta de cierta estabilidad entre fuerzas contrapuestas; en la segunda, cada fuerza ocupa su lugar y convergen en un proyecto común. En su libro La armonía vital (Temas de hoy, 1999), la periodista Covandonga O´Shea, tras el éxito de su anterior publicación (El valor de los valores), con 20.000 ejemplares vendidos, trata de exponer las coordenadas que pueden orientar a muchas familias de este fin de siglo. La editora de la revista Telva compara la armonía familiar con la cuatro puntos cardinales: mujer, varón, hijos y trabajo, si bien todo el texto está articulado por la doble jornada laboral, en y fuera de casa, que muchas mujeres llevan a cabo.
Beatriz Comella
Superado el feminismo a ultranza que identificaba el hogar con un confortable campo de concentración, resuelto el mito imposible de la super-mujer (perfecta madre-esposa-trabajadora con un look de revista), parece que la mera imitación del modelo masculino tampoco convence ¿Se ha enterrado el hacha de guerra del igualitarismo varón-mujer? Parece más realista actuar con una casi evidente premisa: varón y mujer son iguales y distintos; la complementariedad no significa lucha, sino aportación original de cada uno/una. La situación ideal-teórica sería que el trabajo extradoméstico fuera una elección posible, en la que las mujeres pudieran aportar su modo peculiar de ser y hacer. Sin embargo, la vida real es mucho más rica y complicada: madres que deben trabajar fuera de casa para llegar a fin de mes, graduadas que no encuentran su primer empleo, empleadas despedidas por quedarse embarazadas, etc.
El libro de Covadonga O´Shea no es fácilmente clasificable: se trata de un ensayo vivo, en sentido literal: está hilvanado con experiencias; no da recetas, pero aporta ingredientes seguros para situaciones críticas. Baraja situaciones diversas, algunas crudas, pero sin apagar una respuesta esperanzada.
Beatriz Comella
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