Por Gustavo
de Prado
Arvo Net, 25.08.2006
Título:
UNITED 93
Dirección: Paul
Greengrass
Intérpretes:
Christian Clemenson, Trish Gates.
Duración: 91 m.
Género: Drama.
11 de
septiembre de 2001. Dos aviones se estrellan
contra las Torres Gemelas. Un tercero se
estrella contra el Pentágono. Un cuarto
avión se dirige hacia la Casa Blanca. Los
ocupantes de éste último avión deciden tomar
la decisión más difícil.
Paul Greengrass
lleva el ritmo cinematográfico en la sangre.
No hay otro director que sea capaz de
mostrar tal agilidad en sus realizaciones.
La velocidad con que se suceden los planos y
la destreza para ensamblarlos hacen las
películas atractivas por sí mismas, por sus
cualidades visuales, a pesar de que su
estilo es seco y duro. Los temas que trata
suelen ser, además, poco agraciados. Aunque
haya realizado thrillers tipo “El mito
Bourne”, sus dotes se exhiben claramente en
el pseudo-documental histórico.
“Bloody Sunday”
era un ejercicio de estilo que recreaba con
eficacia aquel Domingo Sangriento en Irlanda
donde una policía británica, nerviosa y
exaltada, perdía los estribos y comenzaba a
disparar indiscriminadamente sobre los
manifestantes. “United 93” retoma esa
fórmula narrativa de contar un hecho
histórico donde la protagonista es la gente
de la calle, personas normales y corrientes
atrapadas en una situación de riesgo
extremo.
Los medios son
similares: fotografía granulada, colores
apagados, planos de 3 o 4 segundos de
duración, muchos personajes, cámara al
hombro. El resultado de todo ello es la
creación de una atmósfera de tensión que
crece de continuo hasta que, en los últimos
minutos, llega a hacerse brutal.
El gran riesgo
de esta película era el convertirla en un
panegírico de lágrimas. Greengrass lo ha
evitado. No hay nada de sentimentalismo,
nada de héroes grandiosos, nada de
patriotismos baratos. El director sirve un
drama frío, sin imaginación y con una
sobriedad que casi asusta. Apenas hay
nombres: están el capitán, el coronel o el
tipo de tres asientos más adelante. No hay
referencias a la vida pasada de los
protagonistas, apenas alusiones a hijos o
parientes.
No hay actores
demasiado conocidos, de modo que esa
aspiración al anonimato queda más marcada.
Ese hombre o esa mujer en esa butaca de
avión es usted, soy yo. Y en unos minutos
toma la decisión más importante de su vida:
cuál es la forma adecuada de morir.
Greengrass toma como material de partida las
conversaciones telefónicas que tuvo el
pasaje del avión. Y procura inventar lo
menos posible.
Al comienzo se
centra más en los controladores aéreos
locales, nacionales y militares. Se pasa de
una mañana rutinaria a una situación de
estrés. Lo vivimos en tiempo real, minuto a
minuto. Desde el “parece que quizá puede ser
un secuestro” hasta el momento en que la CNN
ofrece las primeras imágenes. Porque los
controladores pierden los aviones y se
enteran por la televisión de lo que está
ocurriendo. Magnífica la escena en que los
controladores militares pasan del caos de
los gritos a un silencio sepulcral al ver el
Pentágono en llamas.
Y después
asistimos a los últimos minutos del United
Airlines 93. Una muestra de cine bien hecho.
No sabemos nada de esa gente que está allí
ni tenemos tiempo para enterarnos de sus
vidas. Pero desde que un descerebrado
terrorista aparece con una bomba en la
cintura, nos implicamos por completo. El
final es el final y punto. Se acabó. Nada
más. Película dura e impactante. De esas que
te dejan fotogramas grabados en la memoria.