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CROMWELL EN EL CINE Y EN LA HI (Director: Ken Hughes)

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CROMWELL EN EL CINE Y EN LA HISTORIA

Cromwell y el rey Carlos I se enfrentan en 1642, cuando el citado monarca se alía con los católicos de Irlanda para luchar contra Escocia.

Cromwell y el rey Carlos I se enfrentan en 1642, cuando el citado monarca se alía con los católicos de Irlanda para luchar contra Escocia.



CROMWELL EN LA HISTORIA

Fuente: www.artehistoria.com

Cromwell, Oliver
Nacionalidad: Inglaterra
Huntington 25-4-1599 - Whitehall 3-9-1658

Nacido en Huntington (Inglaterra) en 1599, Oliver Cromwell es diputado del Parlamento inglés en el momento en que éste está enfrentado al rey por problemas políticos y religiosos. Defiende con éxito la ideología puritana y ataca el episcopalismo, formando parte en 1640 del llamado Parlamento Largo. Su habilidad política le atrae partidarios independientes, como Nye y Goodwyn, defensores de la tolerancia religiosa, anabaptistas, que postulan una separación radical entre Iglesia y Estado, y congregacionistas, la facción puritana más extremista. En plena lucha militar, Cromwell vence a los realistas en la batalla de Marston Moor, lo que le procurará un gran prestigio como estratega. Ayudado por los Comunes, consigue reunir para sí todo el poder militar, apartando de la dirección a los lores. Varias batallas victoriosas contra realistas y escoceses le suponen acaparar todo el poder, con lo que emprende una depuración en el Parlamento contra sus miembros más críticos hacia su política revolucionaria. La purga alcanzará hasta el mismo rey Carlos I, que será ejecutado el 30 de enero de 1649, dando lugar a la proclamación de una república que el mismo Cromwell presidirá con el título de lord Protector. Su política fue de absoluta intolerancia hacia los territorios católicos fieles al derrocado rey, instaurando un régimen de persecución en el que, sólo en Irlanda, muere un tercio de la población y 34.000 individuos deben salir del país. La más tristemente célebre matanza se produce entre el 3 y el 8 de septiembre de 1649, en Drogheda. Sin embargo, su habilidad se muestra especialmente en cuanto a la política exterior, puesto que sienta las bases para convertir a Inglaterra en la potencia hegemónica mundial, lo que ocurrirá en las décadas siguientes. La república de Cromwell sirve, además, como una plataforma para la vuelta al poder de los Estuardo, lo que sucederá poco después de morir (1658). Así, un golpe de estado del general Mouk restaurará la monarquía con Carlos II, hijo del fallecido Carlos I, a la cabeza.

Carlos I de Inglaterra (antagonista de Cromwell)
Nacionalidad: Inglaterra
1600 - 30-1-1649

Hijo de Jacobo I, nacido en 1600, es rey de Inglaterra desde 1625 hasta su muerte en 1649. Fu derrotado por España en 1626. Disolvió el Parlamento en 1629 para evitar el control financiero a que quería someterle. Apoyados en sus ministros lord Strattford y Laud, arzobispo de Canterbury, gobernó sus territorios con mano férrea y dictatorial. En 1636 los escoceses se sublevaron contra él, tras intentar su ministro Laud imponerles la doctrina episcopalista. A consecuencia de la rebelión, el rey intentó invadir Escocia, siendo inútil su intento y debiendo firmar el Tratado de Berwick (1649). Las acuciantes necesidades financieras le hicieron convocar en 1640 el Parlamento, pero inmediatamente lo disolvió. La reanudación de las hostilidades por parte de los escoceses y la derrota de los ejércitos reales le hicieron convocar de nuevo el Parlamento entre 1640 y 1653, con lo que éste se hizo cargo de la dirección de las tropas e hizo prometer al rey que respetaría las libertades parlamentarias. El giro de la situación hace que Strattford y Laud sean acusados de traición y decapitados en 1641 y 1645, respectivamente. La difícil situación de los reinos provocan una guerra civil en la que las tropas reales pierden las batallas de Marston Moor (1644) y Naseby (1645) y obligan al rey a rendirse a los escoceses. En 1647 le entregan a los parlamentarios ingleses, logrando escapar y emprendiendo una segunda civil, que culmina rápidamente con el triunfo de los parlamentarios encabezados por Oliver Cromwell. Tomado el poder por éste, emprende una depuración en el Parlamento apoyado en sus partidarios e inicia el procesamiento contra Carlos I, acusado de provocar la guerra al haber pactado con Francia, Escocia e Irlanda. Condenado a muerte, es ajusticiado el 30 de enero de 1649.


LA PELÍCULA

Título original: Cromwell
Año: 1970
Duración: 200 min.
Género: Drama
COLOR

Sinópsis:
Cromwell y el rey Carlos I se enfrentan en 1642, cuando el citado monarca se alía con los católicos de Irlanda para luchar contra Escocia.

Reparto:
Richard Harris as Oliver Cromwell
Alec Guiness as King Charles I
Michael Jayston as Henry Ireton
Geoffrey Keen as John Pym
Robert Morley as Earl of Manchester
Timothy Dalton as Prince Rupert
Dorothy Tutin as Queen Henrietta Maria
Patrick Wymark as Earl of Strafford
Nigel Stock as Sir Edward Hyde
Charles Gray as Lord Essex
Patrick Magee as Hugh Peters
Frank Finlay as John Carter

Dirección:
Ken Hughes

Premios:
Oscar relativo al mejor vestuario.
Nominada para el correspondiente a la mejor banda sonora original.

COMENTARIOS

«CROMWELL», El camino hacia la democracia

Por JAVIER GURRUCHAGA, en EL Mundo, 12.05.2002

Con una brillante puesta en escena y un impactante trabajo interpretativo, Cromwell es, en opinión de Gurruchaga, un gran fresco de lo que fue el siglo XVII en Europa.

En estos cuatro siglos han pasado muchas cosas en Inglaterra, pero lo que sí está claro –y ésta es la gran lección que extraigo de Cromwell– es que la decapitación de Carlos I marcó un antes y un después en el camino hacia la democracia.

Es cierto también que el propio Cromwell acabó ejerciendo el poder de una forma peligrosamente cercana al despotismo que pretendía combatir y que, si hacemos caso a Chesterton en su Breve Historia de Inglaterra , durante su protectorado se alcanzó uno de los mayores grados de antidemocracia conocidos en la isla. Cromwell también sembró, en cierto modo, un precedente: el de los dictadores del siglo XX que se hicieron con el poder mediante el populismo y hábiles golpes de mano. Pero tal vez Cromwell no fue sino el resultado de esa Monarquía absoluta y tiránica que fue más allá de donde le estaba permitido y a la que puso freno el Parlamento. Esto significó el aumento del protagonismo del pueblo en detrimento del rey y el nacimiento de la Monarquía parlamentaria, que actualmente se puede encontrar en España o Inglaterra.

A todos estos aspectos de la película hay que sumarle el de las guerras religiosas y fratricidas que asolaron las islas inglesas durante aquellos años y que también se recogen con gran detalle. Por lo tanto, se puede considerar Cromwell como un gran fresco de lo que fue el siglo XVII en Europa.

Al volver a ver Cromwell –más de 20 años después de aquel primer visionado que me dejó tremendamente impresionado por el enfrentamiento entre dos personajes como el de Carlos I y Cromwell– he podido apreciar numerosos detalles que me quedaron ocultos tras ese impacto: la brillante puesta en escena, la corrección del vestuario, la ambientación de las escenas de interior.

Tuve la feliz experiencia de participar en la película El rey pasmado, de Imanol Uribe, que casualmente transcurre en el mismo periodo de tiempo que la cinta de Ken Hughes, interpretando el papel del conde-duque de Olivares –un hombre que hizo lo indecible porque el futuro Carlos I no contrajese matrimonio con la infanta María–. Esta experiencia me ha permitido analizar con más detalle la enorme riqueza artística de la película inglesa en cuanto a la fiel reproducción de tipos o la presentación de las batallas, que son las escenas que más me aburren de la película, tal vez tratadas de un modo más naïf que el resto de las acciones.

Guinness, sorprendente

Si comparamos las imágenes que nos ofrecen los cuadros o las descripciones de los libros de la época, podremos comprobar que son sorprendentemente parecidos a los personajes que aparecen en la película; como también resulta sorprendente la caracterización de Carlos I por Alec Guinness.

Es precisamente la interpretación de Guinness la que más me impacta de todas, más aún al compararla con los papeles cómicos de las películas que hizo con McKendrick, como El hombre del traje blanco o El quinteto de la muerte. En esta ocasión, el actor inglés sabe hacerse con un papel difícil y duro como es el de un Carlos Estuardo aferrado al poder, que camina derecho hacia la muerte. Y plantándole cara a Guinness en un estupendo duelo interpretativo está Richard Harris. El actor irlandés se pone en la piel de uno de los personajes menos apreciados en su tierra natal y representa con maestría los dos extremos entre los que se debatía Cromwell: los arrebatos de ira y la moderación del puritano inglés.

La galería de grandes actores que aparecen en Cromwell es larguísisma y en ella se puede encontrar a un incipiente Timothy Dalton, futuro James Bond en la entrega de 1989. Hay que destacar además la actuación de Robert Morley, que en esta ocasión interpreta un papel secundario y que hizo en su día de Luis XVI en la película María Antonieta. Curiosamente en aquella ocasión moría decapitado y en ésta parece como si hubiese aprendido la lección, pasándose al bando de los decapitadores.

La película es fiel a la Historia, aunque pasa por encima de ella de forma un tanto superficial, haciendo más hincapié en otros aspectos como la puesta en escena, de una corrección y un academicismo notable, o el trabajo actoral de todos esos monstruos de la interpretación que se dan cita a lo largo de la cinta.

Esa preocupación por la puesta en escena se puede apreciar en el lado pictórico, siempre presente en las escenas. La mirada de Alec Guinness, esa mirada penetrante, recuerda mucho al retrato de Inocencio X, pintado por Velázquez. Y no sólo en la mirada de Alec Guinness; también se puede rastrear esa influencia de Velázquez en la luz, en los ambientes, las figuras.

CUESTIONES MORALES QUE PLANTEA

Es fácil, en esta película, como al contemplar tantos acontecimientos históricos, también recientes, preguntarse qué tiene que ver la religión con tantas guerras y crueldades perpetradas en nombre de Dios.

El Dr. Wil van den Bercken , historiador de las universidades de Utrecht y Nimega (Holanda), escribe en el diario NRC Handelsblad que el actual conflicto desencadenado por los ataques terroristas en Estados Unidos no se explica por motivos religiosos.

Si pensamos en términos religiosos, hay más puntos de unión que discrepancias entre las tres religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islam. Quizá suene raro, pero Dios no viene al caso en el actual conflicto. Quienes, como las sectas cristianas fundamentalistas, ven en el ataque a las Torres gemelas un castigo de Dios a la Torre de Babel del capitalismo, tienen una idea de Dios tan deformada como los pilotos suicidas que indudablemente dijeron antes del ataque "¡Alá es grande!".

En el actual conflicto ha habido un momento en el que sí se ha hablado de Dios correctamente. Me refiero a la crítica de los musulmanes al uso del término Justicia Infinita (primer nombre dado por EE.UU. a su respuesta militar). En este sentido tenían razón, y de nuevo coinciden las tres religiones en la idea de que solo Dios puede administrar la justicia infinita.

Pero no es la primera vez en la historia que se invoca el nombre de Dios en una guerra. En amos bandos, incluso cuando los dos eran cristianos. En la guerra del las Malvinas, Thatcher estaba tan convencida de que Dios estaba al lado de Gran Bretaña que en los servicios religiosos se negaba a rezar por todas las víctimas. Tal incomprensión religiosa demuestra la creencia en un dios como si fuera una especie de Marte cristiano.

Tampoco el conflicto de Irlanda del Norte tiene que ver con la religión, aunque los contendientes se llamen católicos y protestantes. Se trata de un conflicto social y territorial, y si los habitantes no tuvieran ninguna religión, los partidos llevarían otro nombre. Incluso la lucha entre palestinos e israelíes no es, en primer término, una guerra de religión. Comenzó como una contienda territorial y a partir de 1967 ambas partes empezaron a invocar a Dios. Pero, para los israelíes y palestinos secularizados, el motivo de la guerra sigue siendo la tierra.

La lucha contra el terrorismo no es una guerra de religión. Quien invoca Dios en una guerra lo convierte en un dios nacional belicoso y, en términos teológicos, en un ídolo. Las ideas fundamentalistas sobre Dios solo son quimeras religiosas, proyecciones hechas a medida humana. Las guerras religiosas son siempre conflictos bélicos políticos, en los que la religión dominante se convierte en justificación ideológica. Esto lleva a la paradójica situación de que, en caso de guerra entre Estados de la misma religión, ambos pidan al mismo Dios que bendiga sus armas.
La primera gran guerra en Europa, la guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, enfrentó a dos naciones católicas. En la segunda guerra mundial, lucharon católicos, protestantes y ortodoxos; sin embargo, no fue una guerra de religión, sino que se unieron todos contra el neopaganismo nazi. Es verdad que en nombre de la religión se ha causado mucho sufrimiento en el mundo, pero las guerras más sangrientas no han sido religiosas ni de nombre.
Pero si bien las guerras de religión no existen, eso no quiere decir que una guerra no pueda ayudar a despertar sentimientos religiosos. La gente va más a la iglesia, reza más, no porque considere a Dios como caudillo de la guerra, sino porque experimenta la fragilidad de la vida humana. El hombre se enfrenta entonces con los fundamentos mismos de la existencia, y es justo ahí donde la idea religiosa de Dios encuentra su lugar más adecuado.
(Wil van den Bercken, NRC Handelsblad, 29.IX.01)

 

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16/07/2005 ir arriba
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