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La Razón
31/05/05
La Iglesia ortodoxa ha
reaccionado rápidamente ante la
llamada a la armonía efectuada
el domingo por el Papa durante
su visita a Bari. Ni un día ha
tardado el patriarca de la
Iglesia rusa, Alejo II, en
responder al Pontífice. «Estamos
abiertos al diálogo para la
solución de los problemas que
han impedido la mejora de las
relaciones entre la Iglesia
ortodoxa y la católica», declaró
el patriarca ruso.
A estas alturas ya es un hecho
que la Iglesia ortodoxa responde
con más cordialidad ante los
mensajes del nuevo Pontífice que
a los realizados por Juan Pablo
II, pese a los esfuerzos de éste
por armonizar la convivencia
entre ambos credos. No hay que
olvidar que el Papa polaco no
sólo fue uno de los
protagonistas de la caída del
comunismo, sino que también
atacó las ansias imperialistas
de Rusia, que él mismo sufrió en
su país natal. Al no ser
invitado formalmente por Alejo
II, Juan Pablo II nunca
consiguió viajar a Rusia, uno de
sus grandes sueños, aunque sí
visitó varias repúblicas
ex-soviéticas.
Ya en su época como cardenal,
Joseph Ratzinger fue un gran
entusiasta respecto a las
relaciones con la Iglesia
ortodoxa, dejando escrito y
dicho que las diferencias entre
ambos credos no eran tan grandes
y auspiciando una posible
«reunificación» que pusiese fin
al cisma del año 1054. No fueron
pocos quienes auguraron un
pontificado ecumenista tras
escuchar el primer discurso de
Ratzinger como Papa.
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