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¿DOS MIL AÑOS DESPUÉS DE QUÉ? (Miguel Lluch)

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¿DOS MIL AÑOS DESPUÉS DE QUÉ?

Dieciocho pensadores judíos, católicos, ortodoxos y protestantes se reunieron en la Sorbona para realizar una aproximación crítica a la Modernidad y analizar el significado del Cristianismo: HISTORIA. Hans Maier ( El desarrollo y la historia de la cronología cristiana ), Rémi Brague ( Las condiciones para que haya futuro ) y René Girard ( La idea de una era post-cristiana ). ÉTICA. Alain Finkielkraut ( Memoria y responsabilidad ), Alain Renaut ( Las figuras contemporáneas de la identidad ) y Charles Taylor ( Los contraluces inmanentes ). RAZÓN. Georges Steiner ( A la sombra de la Ilustración ), Jean-Luc Marion ( La razón formal del infinito ) y Gianni Vattimo ( Las razones que la razón no conoce ). BELLEZA. Pierre Brunel ( Tendencias de la música sagrada en el año 2000 ), Julia Kristeva ( Sobre la representación de la belleza femenina ) y Alain Besanÿon ( Sobre el arte y el cristianismo ). VERDAD. Kurt Flasch ( La verdad como multiplicidad. La experiencia de la historia ), Michel Henry ( La verdad según el cristianismo ) y Joseph Ratzinger ( La fe cristiana y la cuestión de la verdad ). 2000. Jean Baechler ( Sobre el futuro del cristianismo ), Éric Fuch ( Para una nueva identidad cristiana ) y Maríe Balmary ( Redescubrir lo esencial del cristianismo. Sois hijos de Dios ).

Por Miguel Lluch


La idea de hacer una profunda reflexión en torno al año 2000 surgió de algunos profesores del Departamento de Filosofía de la Universidad-París IV y de la l'École Pratique des Hautes Études. Lo que se proponían era tratar de enfocar el año 2000 desde su origen, desde Cristo, y realizar un amplio diálogo sobre la situación del mundo. Esa idea se plasmó en un Coloquio Internacional que organizó La Sorbona del 25 al 27 de noviembre. La prensa francesa ha calificado el evento como “acontecimiento histórico”.

PORQUE HACÍA MUCHO tiempo que no se había realizado una aproximación crítica a la Modernidad, ni evocado la figura de Cristo y el significado del cristianismo en La Sorbona, conocida como el “templo del racionalismo” Llamaba la atención incluso el contexto arquitectónico, ya que los edificios de la actual Universidad de París se construyeron en la III República, en plena euforia del pensamiento positivista y laicista. En este sentido de novedad, especialmente sorprendente resultó la presencia entre los conferenciantes del cardenal Joseph Ratzinger , no sólo por el hecho de que fuera invitado, sino también por la extraordinaria acogida que recibió. Para el periodista acreditado por el diario Le Monde, estos hechos parecían una prueba de la reconciliación entre la Iglesia y el estado laicista.

Entre los ponentes hubo historiadores, filósofos, antropólogos, psicólogos, sociólogos, teólogos y expertos en Ética. Dieciocho pensadores judíos, católicos, ortodoxos y protestantes procedentes de universidades francesas, alemanas, italianas, canadienses y estadounidenses. Algunos críticos y otros defensores de la postmodernidad. Creyentes y no creyentes.
Jean Baubérot , presidente de la primera sesión, señaló las grandes líneas en las que se movería el desfile de oradores. Explicó que un siglo atrás primaba la ideología del progreso, “pero ahora somos conscientes de la otra cara de la moneda, pues el progreso es ambiguo y ambivalente”. En su análisis, Baubérot manifestó que, mientras la Cristiandad logró un enraizamiento de las personas en los valores, “ahora nos encontramos en una situación de masificación de valores”. Y apuntó que con la aceptación generalizada de la variedad y relatividad de los valores se alimenta un tipo de fundamentalismo moral que sutilmente hace que, sin reflexionar, la gente sea más fácilmente orientada mediáticamente.

El suicidio de Europa

Hans Maier , profesor de la Universidad de Munich, trató la cuestión del desarrollo y la historia del calendario cristiano. Indicó que, sobre todo a partir del siglo IV, el cristianismo se integró en la vida y en el tiempo y creó su propio tiempo cronológico, que poco a poco se fue extendiendo a todo el mundo. El éxito de Dionisio el Exiguo , que en el 525 empezó a contar los años a partir del nacimiento de Cristo, es hoy absoluto.

Pero Maier también subrayó que esta manera de medir el tiempo ha intentado ser eliminada más de una vez. La contestación de la cronología cristiana comenzó en el siglo XVIII. Intentonas que siempre han fracasado. La más célebre fue la de la Convención francesa, que abolió la llamada “cronología vulgar” y proclamó el 22 de septiembre de 1791 como el Tercer año de la Libertad. Y no sólo eso, también pretendió eliminar el descanso dominical y cambiar los nombres a los meses del año. Esas decisiones, narró Maier , sólo provocaron perplejidad en la gente, tanta que, en 1805, Napoleón reintrodujo el calendario cristiano. Los regímenes totalitarios tampoco triunfaron en sus intentos. Por ejemplo, Lenin puso en marcha semanas de cinco días —sin sábados ni domingos— para aumentar los días de trabajo, pero Stalin tuvo que restablecer la tradición; y Mussolini y Hitler también establecieron nuevos calendarios que tampoco cuajaron.

Rémi Brague , profesor en la Universidad de París-I, ofreció una conferencia que provocó un silencio reflexivo en el anfiteatro. Centró su intervención en la idea de que “la condición fundamental para que haya futuro es que haya hombres”. Brague recordó que ha ce treinta años nació la expresión explosión demografica y cómo el término se convirtió en proverbial. Con cifras y datos recientes, criticó el término y su significado al afirmar, por ejemplo, que “los europeos se están suicidan do desde dentro; y no parece que se vaya a evitar el suicidio porque todos los políticos tienen el mismo discurso sobre esta cuestión' Suavizó sus afirmaciones gracias al tono irónico, pero nadie reía en el anfiteatro, quizá porque los presentes eran conscientes de la hondura del problema.

Para Brague , el modelo social imperante en Occidente —y que se intenta exportar al Tercer Mundo— provoca que “cuando una joven pareja va a formar una familia, sólo parece topar con problemas: cuesta encontrar un trabajo y cuando se consigue, se somete al joven a una presión laboral tremenda, que aumenta las dificultades para formar una familia”. En su explicación, Brague señaló que nuestra sociedad favorece a los que votan y ese voto de los favorecidos no es altruista si no que va contra los jóvenes y contra los niños, porque no votan. Y dentro de este durísimo esquema socio-político, los menos favorecidos son, lógicamente, los no nacidos.

La cuestión del fin del milenio y la idea de una era pos-cristiana la trató de un modo magistral René Girard , antropólogo, historiador y crítico literario francés, nacido en Aviñón en l923 que enseña desde 1947 en universidades de Estados Unidos. Su obra La violencia y lo sagrado es un estudio de amplio alcance en el que se integran las principales tesis de su conferencia. Girard , señaló que hoy existen intentos para cambiar la expresión “después de Cristo”, pero la cuestión es, evidentemente mucho más profunda que una simple reforma del calendario. La era cristiana es un fenómeno universal, natural y cultural al mismo tiempo. Y aunque muchas veces a lo largo de la historia se ha hablado de la muerte del cristianismo, la verdad es que sigue sien do la única institución bimilenaria.

Girard dijo claramente lo que él considera la cuestión esencial de su aportación: distinguir el Judeo-cristianismo de la Mítica. Para el antropólogo, “nuestro mundo vive en la certeza de que son la misma cosa y esta es quizá la causa de la gran crisis actual: creer que judeocristianismo y mítica es lo mismo. Pero hay una diferencia radical, ontológica, entre ellos”. La diferencia, de acuerdo con Girard , es que en el Judeocristianismo la víctima es inocente y el texto sagrado lo declara inocente, mientras que en el Mito (como el de Edipo) el sacrificio de la víctima es también esencial, pero la víctima es culpable: “Hay, por tanto, una diferencia ontológica entre mi tos y judeo-cristianismo”. Finalizó diciendo que Charles Peguy fue el primero en entender esta diferencia esencial y esta confusión que la Modernidad no ha sabido descubrir.

Educar a respetar al otro

El primero en tomar la palabra fue Alain Finkielkraut . Además de profesor en la Universidad Politécnica de París, es uno de los escritores y ensayistas más influyentes en Francia. Su ponencia sintetizó su última obra, L´humanité perdue. Essai sur le XXe siècle , publicada en París en 1999.

Empezó con una afirmación de impacto: “La memoria de este siglo nos conduce a la penitencia”. Fue recordando con gran fuerza dramática los males del siglo, como ese colonialismo explotador que, además, se presenta lleno de buena conciencia. Lo que Levi Strauss llamó el “eurocentrismo” es la mentalidad de que Europa era el modelo para el mundo y que su presencia sería siempre perfeccionadora... Como 1914, cuando explota la antigua oposición entre Cultura y Barbarie. O como la destrucción sistemática de los judíos de Europa con métodos tan sofisticados y civilizados.

Aunque el cristianismo es esencialmente una fe, contiene enseñanzas éticas y da una orientación fundamental del hombre. En este sentido, Finkielkraut apuntó dos principios fundamentales: “la dignidad de la persona y el universalismo”. Su esquema argumentativo podría resumirse así: de la primacía de la Religión se pasó, en la Modernidad, a la primacía de la Cultura; y la gran conclusión del siglo XX es que ha caído derrumbada la moderna Religión de la Cultura. Citando a Alain Touraine , habló de la necesidad de una nueva educación de la barbarie que en lugar de enseñar a dominar el mundo, eduque al hombre a reconocer al otro.

En la segunda parte de su intervención abogó por la urgencia de renovar nuestra terminología para que rinda justicia a los detalles y a los matices “y así poder escapar de la visión que plantea el o una cosa u otra y hasta el final . Porque educar es enseñar a dejar un lugar al otro”, afirmó.

Seguidamente, tomó la palabra Alain Renaut , autor, entre otros muchos títulos, de L´ere de l'individu. Contribution à une histoire de la subjetivité . El profesor puso de manifiesto que el cristianismo ha aportado el sentido de la igualdad entre los hombres, “pero ahora nos encontramos con las paradojas de las figuras contemporáneas de la identidad: mientras los antiguos concebían la educación como una iniciación, los modernos la entienden como un proceso continuo biológico-natural. Ahora, la educación es sólo un complemento secundario a ese proceso necesario”.

Charles Taylor ha sido durante muchos años profesor de Fiosofía Moral en Oxford. Actualmente enseña Ciencias Políticas en la Universidad McGill de Montreal (Canadá). Entre su amplia bibliografía cabe señalar tres de sus recientes obras: Argumentos filosóficos, La ética de la autenticidad y Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna . En su conferencia, Taylor quiso trazar una nueva visión sobre la cuestión del cristianismo y la moral. Dijo que hay invenciones en el humanismo increyente gracias a las cuales se ha logrado, por ejemplo, la ruptura del orden jerárquico. Tras esa afirmación, muchos asistentes pensaron en la historia más reciente del catolicismo de Quebec, tan bien analizado por Richard John Neuhaus en su reciente libro, Cita en Roma. Las propuestas de la Iglesia para un futuro mejor . También, continuó Taylor, “gracias a Adam Smith y a John Locke sabemos que la persecución de mi propio bien traerá el bien de los otros”. Hay una concepción del orden moral a partir de Locke que ha sabido cortar con las tradiciones y liberarse de ellas. “La increencia —concluía un Taylor que sorprendió a los asistentes por su nuevo pensamiento— nos ha hecho un gran bien al librarnos de la Cristiandad. Hay que ir hacia un pluralismo espiritual cada vez mayor”.

El gran error: despreciar al hombre

Quizá la intervención con más fuerza dramá tica de todo el Coloquio fue la de Georges Steiner . Nacido en París en 1929 e hijo de judíos vieneses, es sin duda uno de los más reconocidos estudiosos de la cultura europea. A su prestigio internacional —basta ver el éxito de sus más recientes publicaciones, como Errata. El examen de una vida — se añadía su digna presencia de anciano maestro y el tono casi de testigo trágico con el que se dirigió al auditorio. (Al terminar su conferencia, alguien apuntó que su familia fue exterminada en Anschwitz).

La primera parte de su intervención fue un lamento sobre el siglo XX, “siglo de media noche, el más atroz de los siglos”: 150 millones de victimas en guerras y persecuciones. “Y las masacres —añadía Steiner— continúan mientras hablo ahora”. Y eso que Voltaire había proclamado que la tortura judicial se había terminado. Y eso que Stuart Mill declaró que se había terminado el trabajo de los niños. Pero lo cierto es que hoy se tortura en 111 países y entre quince y veinte millones de niños trabajan desde los cinco años en condiciones de esclavos...

“ ¿ Por qué este inmenso desprecio del hombre? ¿Por qué este error catastrófico de previsiones? Hombres muy inteligentes y agudos se han equivocado totalmente”, argumentó Steiner . Erraron porque, en realidad, el ideal ilustrado de la tolerancia y la libre expresión ocultaba una enorme máscara de opresión del hombre. Y no sólo del hombre, “por que también la naturaleza ha sido puesta bajo suplicio por la potencia económica y comercial” Pero hubo un testigo de la Ilustración que no se engañó: Joseph De Maistre . “Comprendió —dijo Steiner — algo fundamental: la Ilustración es esencialmente el intento pretendido y consciente de anular la realidad del pecado original, de negar la Caída. Por eso toda crítica de la ilustración tiene que pasar por intentar restituir la noción de la caída original”. Los ilustrados y los posilustrados han pretendido reformar el mundo reformando las instituciones, “y eso es un absurdo porque la vida tiene que ser un aprendizaje de la muerte y del juicio ante Dios. De Maistre era un profeta, no en el sentido bíblico, sino un hombre con una visión clarividente de lo que iba a suceder”. Steine r, después de cincuenta años de enseñanza, se preguntaba “ ¿qué decir hoy?, ¿cómo enseñar?, ¿cómo hacer ver que el éxito material no es el fin del hombre, que California no es el Paraíso?”. Y respondió: “Hay que enseñar la felix culpa .

Llegó el turno de Gianni Vattimo , profesor en Turín y autor de estudios sobre la filosofía alemana de los siglos XIX y XX, pero muy conocido por sus conferencias, ensayos e intervenciones en debates en los que ha mantenido las más radicales tesis posmodernas bajo el lema “pensamiento débil”. Para Vattimo , el 2000 “marca la desaparición del dicho de los clásicos: Amicus Plato sed magis amica veritas . Esta afirmación ha sostenido el mundo hasta ahora. Toda la tradición cristiana ha identificado a Cristo con la Verdad. Lo dijo Cristo, y lo escribió, por ejemplo, Dostoyevski . Si la verdad es el poder que nos libera, hay que hacerse una pregunta: ¿de qué nos libera? La liberación suprema vendrá con la vida eterna, entendida como contemplación de Dios.

En la sesión dedicada a la Verdad, la primera conferencia estuvo a cargo del profesor Kurt Flasch , de la Universidad de Stuttgart. El título de su conferencia resultó muy significativo sobre la orientación que dio a la cuestión: “La verdad como multiplicidad: la experiencia de la historia”. Flasch resaltó que “ha habido momentos en la historia en los que se ha reconocido pacíficamente la realidad de la multiplicidad de la verdad. Los judíos, los musulmanes y los cristianos convivían en el mundo mediterráneo entre los siglos XIV y XV. Montaigne —que se limitaba a hablar de sí mismo y de su experiencia— piensa que la verdad es multiplicidad y escribía sus Ensayos a la vez que Suárez compilaba las certezas de la única verdad”. Flasch terminó su conferencia pidiendo que no se olvide esta idea en el siglo XXI.

A continuación, Michel Henry trató la cuestión de la verdad según el cristianismo desde una perspectiva fenomenológica. El contexto intelectual de su exposición y su desarrollo más amplio debe buscarse en su obra más reciente, C'est Moi la Vérité. Pour une pilosophie du christianisme . Su tesis fundamental es que el cristianismo “hace tambalearse nuestra concepción del hombre porque rechaza la manera en que este se comprende desde siempre: a partir del mundo, de su verdad y de sus leyes”. Según el cristianismo el hombre no procede del mundo sino de Dios. Dios es Vida que no se muestra en el mundo. Su conferencia se centró en un texto del Evangelio de San Juan : “Yo soy, el Camino, la Verdad y la Vida”. Henry fue analizando los cuatro términos —Yo, Camino, Verdad y Vida— para elaborar una profunda reflexión del tercero: “Yo soy la Verdad”. En su argumentación, no se preguntaba si el cristianismo es verdadero o falso, lo que le interesó fue mostrar el género de Verdad que el cristianismo tiene y propone a los hombres.

La última conferencia de la sesión sobre la Verdad fue la del cardenal Joseph Ratzinger . El Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe comenzó afirmando que el hombre contemporáneo se encuentra muy bien reflejado en la parábola budista del elefante y los ciegos: un rey del norte de la India reunió a todos los habitantes ciegos de la ciudad; después, hizo pasar ante los asistentes un elefante. Dejó a unos tocar la cabeza, diciéndoles Esto es un elefante . Otros pudieron tocar una oreja, un colmillo, la trompa, la pata, los pelos de la cola... El rey preguntó a cada uno: ¿Cómo es un elefante? Y, según la parte que habían tocado, ellos respondían: Es como una cuerda trenzada, Es como un tarro, Es como la barra de un arado... Entonces, continúa la parábola, se pusieron a discutir sobre cómo es un elefante. Y tanto se acaloraron que terminaron a puñetazos.., para diversión del rey.

La victoria del cristianismo

El cristianismo, señaló el cardenal, no se encuentra en mejor posición porque “al pretender conocer la verdad absoluta, los cristianos somos los más ciegos; además, parecemos fanáticos ante el relativismo general” Ratzinger subrayó que el hombre siempre acaba preguntándose de dónde viene y cuál es su sentido porque “no puede resignarse a ser un ciego para siempre”. El cristianismo ha tenido que pensar una visión de conjunto de cuál es su posición entre las religiones y las culturas. El cardenal expuso que el cristianismo se considera universal, pero “no como imperialista, sino como la verdad que ha superado las apariencias”. No quería ser una religión más entre otras, sino la victoria de la inteligencia sobre las religiones de las apariencias. “Esa fue la potencia de expansión del cristianismo: Pensamiento y fe se reconcilian”. Desde Cristo , el monoteísmo cristiano es accesible a todos, es universal, pues la vera religione es la vera philosophia . La racionalidad puede hacerse religión porque el Dios de la racionalidad ha entrado en la religión. No es un Dios puramente filosófico sino que ha entrado en la vida. “La victoria del cristianismo sobre las religiones paganas fue, por tanto, por su pretensión de racionalidad”, destacó Ratzinger .

Pero hay otra causa que explica la victoria: “el cristianismo satisface las exigencias del corazón del hombre”. El cristianismo convence por la relación entre la fe y la razón, pero también por la referencia de la moral al Amor. Esta es la fuerza del cristianismo: la síntesis entre fe, razón y vida.

“¿Por qué se ve como contradictorio? ¿Qué ha cambiado en la racionalidad y el cristianismo?”, se preguntaba Ratzinger . La respuesta es la parábola del elefante, porque hoy sólo caben opiniones sobre Dios. Es lo que decían los últimos paganos romanos y lo que defiende hoy la racionalidad: no puede haber una sola figura o imagen que excluya las otras. Por tanto, como lo Eterno es inaccesible, la pretensión cristiana ha sido superada por esta racionalidad. Ratzinger explicó que la unidad crítica entre racionalidad y fe ya intentaron resquebrajarla otros modelos de racionalidad — Descartes, Spinoza y Kant —. Y Hegel , que pretendió apoderarse de la racionalidad hasta eliminar la fe. Y Marx . Y Comte , que hará una física del hombre que le llevó a decir que, como todo es física, resulta superflua la hipótesis de Dios.

Ya en el debate, Ratzinger explicó que la crisis se encuentra en la razón misma, porque “limitar la realidad a lo tocable puede obedecer a una pretendida sinceridad intelectual, pero abandona las cuestiones esenciales a lo irracional. Eso es lo que dice el cristianismo: no abandonemos a lo irracional las realidades más importantes”. En este sentido, explicó que existe la razón positiva, pero también se necesita, porque es esencial, una razón filosófica verdadera —“y no sólo dentro de la fe, si no fuera”— porque el método positivo no responde a la pregunta del hombre de cómo vivir y cómo morir.

El futuro del cristianismo

Jean Baechler nació en 1937 y es profesor de Sociología en la Universidad de Paris-IV El número y los temas de sus publicaciones muestran la amplitud de sus intereses y de su trabajo: los fenómenos revolucionarios, los orígenes del capitalismo, la ideología. En el Coloquio trató de la difícil cuestión del futuro del cristianismo. En resumen, Baechler expuso que “lo religioso está inscrito en lo humano, por lo que no desaparecerá. El cristianismo no desaparecerá tampoco”. Aquí puso una condición: “no desaparecerá mientras siga siendo cristianismo, es decir mientras siga afirmando lo esencial de su mensaje: Caída, Encarnación y Redención. Esto es perfectamente coherente y aceptable para la razón, aunque no sea demostrable. Si el cristianismo deja de afirmar esto, desaparecerá porque perdería lo que le es propio y ya no tendría nada que decir más que una ética difusa”.

El teólogo Eric Fuchs hizo una honda reflexión sobre la identidad cristiana. Fuchs , evengélico, nació en 1932, estudió teología en Ginebra y en Montpèllier y fue ordenado pastor en 1958. En 1973, junto con algunos teólogos y laicos fundó el Atelier Oecuménique de Théologie. Hoy es profesor de Ética en la Facultad de Teología de Ginebra.

En su conferencia destacó la idea de la confianza. Afirmó que “el Dios de los cristianos es un Dios que se manifiesta ocultándose. Quien se quede en la apariencia no ve nada. Hay un tesoro escondido. Pero no hay testimonio sin testigos y los creyentes son los testigos de la Palabra. El significado de lo que el Señor plantea es: Cambiad vuestra comprensión, arriesgaros a confiar en una Palabra que no es sostenida por otras palabras”.

La clave se llama filiación divina

Cerró el Coloquio Marie Balmary , que se presentó a sí misma como no acostumbrada a la conferencia universitaria, sino al trabajo de investigación en pequeños grupos y según la metodología psicoanalítica de la lectura de textos. Dijo que existe una generación que ya no sabe nada de las tradiciones, una generación que parece cumplir un único mandamiento —“Tú no te acordarás de la religión de tus padres”—, una generación de cristianos generosos que no tienen otra identidad que la generosidad sin objeto. “Viene una generación —siguió Balmary — que conoce más el signo de MacDonal's que el signo de la Cruz, que dice que la Iglesia se apodera de todo y que, igual que se ha hecho con la Navidad, ahora quiere apoderarse del 2000”.

Si ya no sabemos qué es el cristianismo, argumentó, podríamos buscarlo. Y qué mejor que hacerlo en el Evangelio. “Vamos a analizarlos desde cero... Pero es imposible porque no hay punto cero ya que hace dos mil años sucedió algo en Israel”. Balmary acudió a un texto de San Juan —“Yo digo: Dioses sois”—. Para el pueblo se trataba de una blasfemia. Pero la gran novedad es que Jesús sabe que es Hijo de Dios y no sólo se ha atrevido a decirlo, sino también a contar a los demás que su filiación divina y la nuestra es la misma.

El análisis de una psicoanalista freudiana, judía, y con pocos conocimientos teológicos venia a señalar como colofón de las sesiones que la filiación divina es el núcleo del cristianismo.

Miguel Lluch (INSTITUTO DE ANTROPOLOGÍA y ÉTICA).
Publicado en Nuestro Tiempo Enero – febrero 2000
Edición autoriza de arvo.net

 

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04/08/2009 ir arriba
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