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ORIGENES DEL ACTUAL DESPRECIO DE LA ÉTICA
Según Joseph Ratzinger.Benedicto XVI
Para el tema «En busca de una ética universal» o «una nueva visión de la ley natural» puede resultar interesante tener en cuenta las siguientes consideraciones de Benedicto XVI, cuando todavía era el Cardenal Prefecto de la Congregación para la Fe, con ocasión de la presentación de una de la 12ª edición italiana de su libro «Introducción al cristianismo» (Editorial Queriniana, pp. 298).
Decía el actual papa Benedicto XVI que 1968 y 1989 explican el actual «desprecio» de la ética. Tras la caída de las ideologías marxistas, no se ha dado un redescubrimiento de la ética, sino más bien su desprecio y el refugio en el pragmatismo.
Ratzinger consideró que los años 1968 (el año de la revolución estudiantil, mayo francés) y 1989 (caída del régimen soviético) constituyen una clave de interpretación para comprender lo que sucedió en las últimas décadas del todavía reciente siglo pasado: «El año 1968 está ligado al surgimiento de una nueva generación, que no sólo consideró inadecuada, llena de injusticia, de egoísmo y afán de posesión, la obra de reconstrucción tras la segunda guerra mundial, sino que concibió toda la evolución de la historia, comenzando por la época del triunfo del cristianismo, como un error y un fracaso. Queriendo mejorar la historia, crear un mundo de libertad, de igualdad y de justicia, estos jóvenes creyeron que habían encontrado el mejor camino en la gran corriente del pensamiento marxista».
«El año 1989 asistió al sorprendente derrumbe de los regímenes socialistas en Europa, que dejaron tras de sí una triste huella de tierras y almas destruidas. La doctrina de salvación marxista --explica Ratzinger--, en definitiva, había nacido en sus numerosas versiones articuladas de diferentes maneras, como una visión única y científica del mundo, acompañada por una motivación ética y capaz de acompañar a la humanidad en el futuro. Así se explica su difícil adiós, incluso después del trauma de 1989. Basta pensar en lo discreta que ha sido la discusión sobre los horrores de los "gulags" comunistas, y en lo poco que se ha escuchado la voz de Alexander Solzjenitsin: de todo esto no se habla. El silencio ha sido impuesto por una especie de pudor. Incluso se menciona sólo de vez en cuando al sanguinario régimen de Pol Pot, de pasada. Pero ha quedado el desengaño, junto a una profunda confusión. Ya nadie cree hoy en las grandes promesas morales».
«El marxismo se había concebido en estos términos: una corriente que auspiciaba justicia para todos, la llegada de la paz, la abolición de las injustificadas relaciones de predominio del hombre sobre el hombre, etc. Para alcanzar estos nobles objetivos se pensó en que había que renunciar a los principios éticos y que se podía utilizar el terror como instrumento del bien. En el momento en el que todos pudieron ver, aunque sólo fuera en su superficie, las ruinas provocadas en la humanidad por esta idea, la gente prefirió refugiarse en la vida pragmática y profesar públicamente el desprecio por la ética».
«¿Dónde ha quedado, en todos estos años, la voz de la fe cristiana?»
He aquí, en la peregunta de Ratzinger.Benedicto XVI, el desafío cristiano del momento. Es un reto, diríamos, que exige el empeño de muchos corredores de fondo, hombres de letras y de ciencia, "expertos en humanidad", que sin complejos de ningún tipo, con rigor intelectual y paciencia sepan liderar el rearme moral, como bien se dijo hace muchos años, de toda una civilización que se tambalea. En sus cimientos. Como se verá en otros documentos, Benedicto XVI promueve la búsqueda de una ética universal, naturalmente, bien razonada, racionalmente justificada. En realidad se trata de la llamada desde el siglo XIII «ley (moral) natural». A la que debe verse con «una nueva mirada». Lejos del fisicismo paralizante como de una idea «gaseosa» de la humana naturaleza. De modo que sea entendible por todos aquellos que confían en la razón. La tarea es hacedera. Existe una poderosa fuerza favorable, el mismo ser natural humano, siempre asistido por su Autor.♦
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