Por
Sunsi
Estil-les Farré
Arvo
Net, 31.08.2006
“No me gusta la palabra tolerancia,
pero no encuentro otra mejor”.
(Mahatma Gandhi).
Pensándolo bien, a mí tampoco. Está
gastada, manida. Como cuando
repetimos muchas veces un vocablo y
al final nos resulta extraño. “Yo
tolero, tú toleras...”. Te tolero y
me toleras... pero cada uno desde
las posiciones de sus “dogmas”-
reales o inventados- y cada cual sin
ser capaz de dar un paso adelante.
Anclados, atrincherados. nos
“soportamos”; pisamos el mismo
territorio, compartimos el mismo
trayecto. No obstante, trazamos
rutas que nunca llegan a
converger... aunque las
prolonguemos hasta el infinito.
Buscando un sustituto me encuentro
conjugando otro verbo... “yo
comprendo, tú comprendes...”. Te
comprendo y me comprendes. Y caigo
en lo bien que suena y en lo poco
que se usa. Comprender significa
hacer un esfuerzo por acercarse al
porqué de los sentimientos y el
comportamiento de los demás. La
tolerancia mira a la cara -incluso a
los ojos-. Tú y yo, frente a frente.
Importante, pero quizá insuficiente
en un mundo cada vez más complejo.
La comprensión da un salto
cualitativo. Supera el juicio
aséptico, distante... y tiende la
mano. Mira a través de tus ojos y de
los míos, desde la misma
perspectiva, hacia el horizonte
donde tú miras y yo miro: el bosque
espeso de la preocupación o el prado
diáfano de la esperanza. Contigo;
no frente a ti.
La comprensión implica mucho más que
la tolerancia. Pone en juego todas
las potencias del ser humano:
inteligencia y voluntad;
entendimiento y afectos. Y desemboca
en un compromiso radical con la
libertad, la mía y la tuya, porque
parte del supuesto que el respeto
profundo hacia la fe y las creencias
de nuestros compañeros de viaje es
un principio indiscutible : “el
mismo respeto que se tiene por la
propia” , puntualiza uno de los
hombres más pacifistas de nuestra
era.
En una sociedad tolerante los seres
humanos no son agredidos, pero
pueden llegar a sentir el aguijón de
la indiferencia que representa ser
tratados como colectivos o como
masas despersonalizadas. La
comprensión es esa vacuna que
combate la frialdad y contempla al
hombre como un ser único e
irrepetible... importante por el
mero hecho de ser hombre.
La tolerancia deslumbra, como los
fuegos de artificio; la comprensión
alumbra y arropa. La tolerancia ve
sin mirar... observa, se cruza de
brazos y calla; la comprensión mira
con voluntad de descubrir: suma en
la bondad y resta donde hay dolor,
error. Y habla. Termino con un
pensamiento de Gandhi. Es duro, pero
también lo es la realidad que
vivimos: “Lo más atroz (...) es el
silencio de la gente buena”. ¡Ahí!.
Sunsi
Estil-les Farré
Diari de Tarragona