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LAS BACANTES Y HÉCUBA (Mar Uriarte)

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LAS BACANTES Y HÉCUBA

Eurípides es uno de los tres grandes poetas trágicos de Ática. Su obra, muy popular en su época, ejerció una influencia notable en el teatro romano y posteriormente en el del renacimiento.

Eurípides
Trágico griego, 480-460 a.C
Por Mar Uriarte


Eurípides

Es uno de los tres grandes poetas trágicos de Ática. Su obra, muy popular en su época, ejerció una influencia notable en el teatro romano y posteriormente en el del renacimiento. Nació en Salamina en el año 408 a.C. Recibió una esmerada educación. Sus obras comenzaron a representarse en los festivales dramáticos de Ática durante el año 454 a.C. En 442 a.C. recibió el primer premio. Se interesó también por la filosofía y la ciencia.

No se identificó personalmente con una determinada escuela filosófica, aunque recibió la influencia de los sofistas y de filósofos como Protágoras, Anaxágoras y Sócrates. Muy austero, se consideraba incomprendido por sus contemporáneos. Las obras de Eurípides eran criticadas por su carácter anticonvencional, por sus diálogos naturales (sus héroes hablaban un lenguaje cotidiano) y por su independencia de los valores morales y religiosos tradicionales. A pesar de todo, se hicieron famosas en toda Grecia. Murió en Macedonia en el año 406 a.C.

Eurípides, representaba los nuevos movimientos morales, sociales y políticos surgidos en Atenas hacia finales del siglo V a.C. Se interesó por el pensamiento y las experiencias del ser humano ordinario, más que por las figuras legendarias del pasado heroico. Trataba a sus personajes de un modo realista: no son símbolos idealizados, ajenos a la vida normal, sino que se comportaban como sus contemporáneos atenienses. Compartió el escepticismo intelectual de su época y arremetió contra los dogmas morales y religiosos del pasado, que aún gozaban de cierto crédito entre la gente. Su actitud y su estado de ánimo se movían entre ambos extremos, a veces incluso dentro de una misma obra. Era capaz de demostrar la corrupción y la debilidad humana con amargura y hondo realismo, y al mismo tiempo reflejar un profundo respeto por el heroísmo humano, la dignidad y la pasión. Tienen mucha importancia sus personajes femeninos, muchas veces protagonistas de sus dramas.

La estructura de sus obras se caracteriza por el uso del coro como un elemento independiente de la acción, (por eso se la consideraba imperfecta). Fue muy criticado porque se basan con frecuencia en brillantes episodios inconexos, que no constituyen una unidad coherente para el desarrollo gradual de la trama. Se basa en mitos y leyendas griegos. Pero buscó nuevos temas de inspiración, inclinándose por aquellos que sugerían emociones violentas y actos románticos.

Las Bacantes

Se presenta como fin y remate de su obra, sin embargo enlaza directamente con los orígenes rituales de la tragedia e imita los procedimientos arcaicos. Es un documento excepcional de la introducción en Grecia de la religión báquica. Obra póstuma, auténticamente euripidea. En ella, se pone de manifiesto el aspecto liberador de la religión dionisíaca, y los peligros que entraña la pérdida del control y la razón: presas de un frenesí báquico, Agave y las mujeres de Tebas descuartizan a Penteo, sin que Agave sea consciente de que la víctima es en realidad su propio hijo.

En el cuarto episodio, Penteo, disfrazado de bacante y sometido al influjo del dios, camina hacia su pérdida: Ha perdido aquel loco valor con el que luchó con el dios convertido en toro, y ahora ve dos soles y, víctima de la tremenda ironía del dios, se cree capaz de llevar fácilmente a cuestas la montaña de las bacantes.

-Dioniso : Tú que estás dispuesto a ver lo que no se debe y que acometes lo que no debieras intentar, Penteo digo, sal delante de tu casa y muéstrateme vestido y adornado como una mujer bacante para espiar a tu madre y a su tropa ( Penteo entra ) Eres propiamente una de las hijas de Cadmo.
-Penteo : Paréceme ver dos soles y dos Tebas, dos ciudades de siete puertas. Y paréceme que me guías en forma de toro y te han salido cuernos en la cabeza. ¿Es que eras ya animal antes? Porque en verdad eres completamente un toro.
-Dioniso : El dios nos acompaña, que antes no estaba propicio, y es nuestro aliado. Ahora ves lo que debes ver.
-Penteo : ¿Qué parezco ahora? ¿No tengo el porte de Ino o el de Agave, mi madre?
-Dioniso : Me parece que las estoy viendo cuando a ti te veo. Pero este rizo se ha movido de su sitio, ni está como yo te lo dispuse bajo tu gorro.
-Penteo : Ahí dentro, agitando atrás y adelante mi cabeza y danzando, lo moví de su sitio.
-Dioniso : Pues yo, que tengo que servirte, lo pondré en orden. Mas levanta la cabeza.
-Penteo : Ya está, adórname tú. A ti estoy entregado.
-Dioniso : Pero el cinturón se te ha aflojado, y de tu vestido los pliegues no caen bien en los tobillos.
-Penteo : A mí me parece así en el pie derecho, mas por esta parte sienta bien el peplo junto al talón.
-Dioniso : Me tendrás tú por el primero de tus amigos cuando veas, contra lo que cuentan, prudentes a las bacantes.
-Penteo : ¿Cómo me asemejaré más a una bacante, cogiendo el tirso con la mano derecha o con ésta?
-Dioniso : Con la mano derecha, y a la vez con el pie derecho hay que levantarlo. Te ensalzo porque has mudado de parecer.
-Penteo : ¿Podría cargar los escondrijos del Citerón con las mismas bacantes en mis hombros?
-Dioniso : Podrías si quisieras. Pero tu parecer de antes no era sano; ahora piensas como debes.
-Penteo : ¿Llevaremos palancas o con mis manos los arrancaré, a las cumbres aplicando mi hombro o mi brazo
-Dioniso : No destruyas las sedes de las ninfas y el retiro de Pan, donde hace su música de flauta.
-Penteo : Dices bien. No hay que vencer con la fuerza a las mujeres, me ocultaré entre los abetos.
-Dioniso : Tendrás el escondrijo en que debes quedar escondido tú, que vas en engaño como espía de las Ménades.
-Penteo : Pienso que deben como pájaros estar en sus camas, en amorosos abrazos.
-Dioniso : Pues precisamente a ver esto vas. Acaso tú las sorprenderás, si no te sorprenden a ti antes.
-Penteo : Llévame por medio de la tierra de Tebas, porque de aquí soy el único hombre que se atreve a esto.
-Dioniso : Solo tú te afanas por esta ciudad, solo tú; a ti en verdad te esperan los combates que eran necesarios. Sígueme: yo te guiaré como guía seguro, pero de allí otro te traerá.
-Penteo : Mi madre, ciertamente.
-Dioniso : Y serás famoso ante todos.
-Penteo : Para eso voy.
-Dioniso : Traído volverás.
-Penteo : Proclamas mi molicie.
-Dioniso : En brazos de tu madre.
-Penteo : Y me obligarás a dejarme mimar.
-Dioniso : Y con qué mimos.
-Penteo : Alcanzo lo que merezco.
-Dioniso : Terrible eres, terrible, y hacia terribles sufrimientos vas, y elevada hacia el cielo hallarás gloria. Tiende, Agave, tus manos y vosotras, hermanas suyas, hijas de Cadmo, a este joven conduzco a un gran combate, y el vencedor seré yo y Bromio será. Lo demás ello lo dirá.

Hécuba

Pertenece al grupo de obras que tomaron su tema del ciclo troyano y dramatiza un episodio posterior a la caída de Ilión: la desventura de la reina troyana que ve morir a su hija Polixena, a manos de los griegos, como víctima propiciatoria sobre la tumba de Aquiles, y que descubre también el cuerpo asesinado de su hijo Polidoro, muerto por Poliméstor, su huésped tracio. El tema central es Hécuba, sus desgracias, su dolor de madre, de reina vencida y al presente esclava, de mujer sin esposo ya, sin patria

En el tercer estásimo las mujeres cautivas recuerdan la caída de Troya en un tono que es a la vez lírico y un tanto prosaico o doméstico, y termina con maldiciones a Paris y Helena.. Está compuesto en un amplio sistema métrico lírico.

-Coro : ¡ Oh tú, patria troyana, nunca serás celebrada como ciudad inexpugnable! Una nube de griegos te envuelve y con la lanza te destruyeron. Arrasada está tu corona de torres, teñida estás con mancha funesta de humareda; infeliz de mí, ya no pondré en ti los pies.
A media noche se consumó mi ruina, cuando después del banquete el sueño se difunde dulce en los ojos y cuando, terminadas las danzas del festín, mi esposo estaba acostado en la alcoba, apoyada la lanza en la alcándara, sin ver todavía que la hueste navegante se había introducido en Troya.
Yo ponía en orden mis trenzas con las cintas, mirándome en los brillos infinitos del áureo espejo, para dejarme caer luego en mi lecho. Pero ya el estrépito se extendía por la ciudad; y éste era el griterío por la fortaleza de Troya: "Hijos de griegos, ¿cuándo destruiréis la atalaya de Ilión para, al fin, regresar a vuestras casas?"
Mi lecho amoroso abandoné con una sola túnica, como una joven doria, y acogida suplicante a la augusta Artemis nada alcancé, mísera de mí; arrastrada soy, después de ver matar a mi esposo, hacia el salado mar, y distingo a lo lejos mi ciudad, pues la nave tomó el camino del regreso y me alejó de la tierra de Ilión; desventurada de mí, desfallecí de dolor.
A Helena, la. hermana de los Dioscuros, y al pastor del Ida, el funesto Paris, los maldigo, ya que me privó de mi suelo patrio y desterróme de mi morada un matrimonio, un matrimonio no, sino una desgracia enviada por vengador numen: que el salado mar no la lleve a ella de regreso, ni la conduzca a su morada en su patria.

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

29/06/2005 ir arriba
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