Url: http://arvo.net/gente-del-cine/un-hombre-que-quiso-mejorar-la/gmx-niv422-con11071.htm
Estás en: Cine > Gente del cine
Fecha de impresión
Lunes - 17.Diciembre.2018

UN HOMBRE QUE QUISO MEJORAR LA (Luis Olivera)


Documento sin título

UN HOMBRE QUE QUISO MEJORAR LA SOCIEDAD

Ya no le veremos más. Era una estampa habitual en la isla desde hace más de cuarenta años. Fiel a su cita estival, todos los veranos descansaba por aguas de Mallorca, pasando unos días en Formentor o en Andratx y navegando en su velero o en una zodiac.

SIR PETER USTINOV,
UN GENTLEMAN ENAMORADO DE MALLORCA

Por Luis Olivera
Periodista

El actor, escritor, guionista, productor y director de cine británico, de origen ruso, Peter Ustinov (Londres, 1921-Suiza, 2004), acaba de morir. Un diario de la isla afirmaba en agosto de 1996: “Peter Ustinov sigue siendo un enamorado de Mallorca".

Y es que a los 75 años este inglés rechoncho y guasón había vuelto de nuevo a su querido hotel Formentor, cuyo paraje –afirmaba-- "me gusta muchísimo". Y le confesaba al periodista algo que ya se sabía, pero no con tanta precisión: que por sus venas corría sangre española: "¿Sabe usted -añade- que soy medio mallorquín? Mi madre era veneciana, pero su familia había llegado hasta allí desde Mallorca. Su apellido era Cabós, aunque puede haberse deformado con el tiempo". Y agregaba que "cuando mis hijos eran pequeños venían aquí conmigo. Pero ahora son mayores y tienen obligaciones personales. Tenemos un barco y nos lo vamos pasando, diez días o dos semanas, más o menos, cada miembro de la familia".

La prensa mallorquina del verano de 1965 ya informaba de él: “El actor británico Peter Ustinov arribó al puerto de Portocristo el domingo 29 de agosto, a bordo del yate ‘Nitchevo’, en compañía de su esposa y sus tres hijos, con intención -según declaró-- de pasar en Mallorca ocho o nueve días, “los necesarios para dar sin prisas la vuelta a la isla”. Nunca se negó a ser entrevistado y fotografiado, siempre sonriente, siempre amable con los periodistas. Todo un ‘gentleman’ enamorado de una isla mediterránea. A veces contaba chistes; otras, cantaba ‘Malagueña’. Lo hacía en inglés, en castellano y en alemán, pero siempre con buen acento.

Realmente era un hombre universal desde su nacimiento. En su autobiografía “Dear me”, confiesa orgulloso que fue concebido en San Petersburgo (Rusia), bautizado en una aldea cerca de Stuttgart (Alemania) y criado por nodrizas de Camerún, Irlanda y Alemania. Además contaba con ascendientes etíopes y franceses. Tenía la nacionalidad británica y fue sir desde que, en 1990, la reina de Inglaterra lo nombró caballero del Imperio Británico; y vivía desde hace casi 50 años en Suiza.

En 1996 ya era canciller de la Universidad de Durham (Sudáfrica), escritor consumado de libros. En esos momentos estaba escribiendo sus memorias. Empezó a actuar cuando apenas tenía tres años, haciendo imitaciones de los políticos de su época delante de un huésped distinguido: el emperador de Etiopía Haile Selassie, conocido de sus padres. A los 17 años, cuando aún soñaba con ser actor, escribió su primera obra teatral, a la que seguirían otras veinte, algunas novelas y multitud de dibujos satíricos. En su larga carrera artística ha encarnado muchos papeles, por los que recibió dos Oscar (‘Espartaco’, en 1960, y ‘Topkapi, en 1964) como mejor actor secundario. ¡Pero qué pedazo de actor secundario! Aunque tal vez la interpretación por la que más se le recuerda es por la del emperador Nerón, en la película "Quo vadis?" (1951): "Sí, es curioso. Me parece que los americanos son muy parecidos a los antiguos romanos: el mismo mal gusto, el mismo espíritu de nuevos ricos, el mismo "roman way of life", que acaba siendo más importante que el hecho de ser romano".

Peter Ustinov vino por vez primera a Mallorca a finales de los años 60 y se quedó enamorado del lugar. Decidió volver al año siguiente y al otro... Y finalmente adquirió una casa en el Port d’Andratx y también un barco, un magnífico velero antiguo. Durante un tiempo vivió en aquella casa, pero sus ocupaciones y los constantes viajes le mantenían demasiado tiempo alejado de Mallorca. Por eso vendió la casa, aunque aún conservaba el barco. Hasta el verano pasado, año en que interpretó sus dos últimos papeles, ha seguido viniendo cada verano, se alojaba en el Hotel Formentor y dedicaba mucho tiempo a navegar”. Solía decir que volvía a Mallorca porque “respirar el aire de estas costas me hace sentirme vivo”.

Como director de cine destacan sus obras ‘Romeo y Julieta’ (1961), ‘Billy Bud’ (1962) y ‘Lady L’ (1965). También dirigió numerosas óperas, cosechando diversos galardones. En su faceta de escritor destacó como dramaturgo, con las comedias ‘El amor de los cuatro coroneles’ (1951), ‘Photo finish” (1962), ‘La vida en mis manos’ (1963), ‘Overhead’ (1981) y ‘La décima de Beethoven’ (1983). Además publicó diversas obras autobiográficas, pero siempre en clave de humor. Fue el arma preferida de este hombre bonachón y grandote, que quiso mejorar la sociedad que le tocó vivir y de la que se reía con su flema británica: “Antes de que explote el mundo, se oirá la voz de un experto, asegurando que eso es técnicamente imposible”.

En febrero –mes desacostumbrado en él-- de 1997, Peter Ustinov volvió a Mallorca por motivos profesionales: participar como narrador de textos de Copland y Britten, en un concierto de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, que se celebraba en el Auditórium de Palma. Con ese motivo, le entrevistaban y le calificaban de “veraneante en Mallorca, de esos que se llaman ‘de toda la vida’”. Era su segundo trabajo en la isla, tras filmar en Mallorca una película en 1982, que tuvo un éxito notable, y que sirvió para promocionar turísticamente la isla.

Y es que la isla ya había sido con anterioridad el plató del artista total que era Ustinov, representando al sagaz inspector Hércules Poirot en una novela de Agatha Christie: "Aquí en Mallorca rodé la película "Muerte bajo el sol". Soy como el criminal, que vuelve al lugar del crimen. Fue muy curioso estar en un paisaje que conozco, pero esta vez trabajando. Y decirles a James Mason o Maggie Smith: ‘Mira, aquí hay un buen restaurante’", declaraba entonces. En esa ocasión también le acompañaron en el reparto Roddie McDowall, Jane Birkin y Silvia Miles, bajo la dirección de Guy Hamilton. Y fue cuando descubrió Formentor y sus pinos. También rodó en España la notable película ‘Un ángel pasó por Brooklyn’ en 1957, en la que el director húngaro Ladislao Vajda le convertía en un perro por haber sido un abogado inflexible con los pobres inquilinos italianos que no podían pagar el alquiler mensual.

En 1997 estaba escribiendo una nueva obra literaria, incansable como siempre: “Estoy acabando una cuarta novela, en la que el personaje principal es un conserje. A partir del mes que viene empezaré el rodaje de una película, bajo la dirección de Gary Sinyor, en la que interpretaré a un plantador de té de principios de siglo”. Además, acababa de preparar la puesta en escena de una obra de Prokofiev para el Ballet Bolshoi de Moscú. Y cada semana entregaba su artículo al periódico ‘The European’, en el que abordaba cuestiones de actualidad. Como se ve, una personalidad desbordante, que no tenía un momento libre ni siquiera a los 76 años de vida.

De su “Autobiografía” decía Ustinov que “he vendido más de un millón de ejemplares. Creo que es un buen motivo para haberla escrito”, mientras se reía. Y cuando hablaba de la necesidad de una moneda única para toda Europa, su argumentación obedecía a la más pura lógica: ‘Con tanto cambio, no hacemos más que perder dinero por el camino...’” Leí una hilarante novela suya, “El Viejo y Mister Smith” (el Viejo es Dios y Mr. Smith es el Diablo), en la que ambos corren una serie de aventuras en su viaje por diversos países de la tierra, con apariencia humana. Ante la Duma, el parlamento ruso, pero durante la época comunista, Dios-el Viejo sube a la tribuna de oradores y dice a los camaradas del PC de la ex URSS: “... Creo apasionadamente en el triunfo final del bien, aunque he de admitir una absurda afición al riesgo. Quizá en el fondo soy un jugador, pero sólo porque creo que la senda del triunfo final debe estar, necesariamente, llena de espigas. En la facilidad no hay virtud. La amenaza del fracaso es el condimento que hace deseables los frutos de la victoria (..) Recordad sólo que las dudas son necesarias para avanzar, y que un remordimiento es un vislumbre de Dios”.

Entre las muchas frases brillantes que dejó para el recuerdo, se rememora especialmente la del epitafio que él mismo se escribió: “No pisen la hierba”. Y es que a Ustinov le gustaba provocar la risa –“su sonido siempre me ha parecido la música más civilizada del mundo”, decía-- allí por donde pasaba, porque la consideraba un medicamento para vivir más tiempo.

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 



17/07/2005



Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós