Por Luis Olivera
Periodista
Estos son tan sólo algunos pequeños extractos de tres críticas aparecidas en los diarios norteamericanos ‘The Whashington Post’, ‘The New York Times’ y ‘The Los Angeles Times’ sobre la última película de Shyamalan. Las valoraciones del film “Señales” (‘Signs’), un thriller de ciencia-ficción, demuestran que es un paso firme más en una carrera fulgurante. En la portada de la revista ‘Newsweek’, la semana del estreno, se titulaba a toda plana: “El próximo Spielberg”. Y eso que sólo se trata de la tercera película que escribe y dirige. Porque, además, la historia es totalmente suya: desde el principio (la idea y el guión) hasta el final (el montaje de la película).
No acaban aquí los elogios a este joven director. En el diario ‘Wall Street Journal’ iban todavía más allá: no hay nadie que al lado del nombre de Shyamalan no coloque también el de Alfred Hitchcock. En España tendremos que esperar hasta hoy, 20 de septiembre, para comprobar la exactitud de estas valoraciones o si hay algo de exageración en ellas. “Signs” tendrá que ganarse la confianza de la audiencia. Porque “la gente cree en la honestidad personal”, dice Shyamaalan. ¡De verdad que es así!” En su país ha sido así y en las tres primeras semanas de exhibición en Estados Unidos, ‘Signs’ recaudó ya 173 millones de dólares. Ésa es la mejor encuesta de opinión. Y la definitiva.
Pero, ¿quién es este fenómeno que ha provocado tantos ríos de tinta elogiosa en tan escaso margen de tiempo? Manoj Nelliate Shyamalan, más conocido como M. Night Shyamalan, es más conocido todavía por ser el director y autor de ‘El sexto sentido’, por la que la Walt Disney le pagó tres millones de dólares e ingresó cerca de 700 millones. Este joven de 32 años, nacido en la localidad de Pondicherry (India), se crió en Penn Valley (Pensilvania, USA), a donde se trasladó toda su familia cuando era un niño. Es licenciado en Cine por la Universidad de Nueva York. Su padre es cardiólogo y su madre es ginecóloga. Nacido como hindú, se educó en colegios católicos y episcopalianos. Está casado desde 1993 con Bhavna S. y tienen dos hijas: Saleka (6 años) y la pequeña, de 3. Y para los americanos se ha convertido en lo que algunos llaman “un nuevo tesoro nacional”.
Este joven alto y de anchas espaldas, luce una sonrisa pícara de niño travieso incapaz de matar una mosca. Su profunda mirada azabache es tan intensa como el color moca de su piel. De ahí que sus compañeros de colegio ‘pijo’ le pusieran de mote ‘Night’ (noche), en vez de llamarle por su verdadero y complicado nombre (Manoj). Pero empezó a realizar películas cuando tenía 10 años. Usaba una cámara de 8 mm. Y su filmografía tiene varios secretos:
Uno de ellos ha sido “hacer películas con temas de serie B y tratarlos con la ética, el equipo profesional y el elenco (de actores) de las de serie A”. Otro de ellos lo refiere él mismo: “Hacerme el tipo de preguntas para las que la gente no tiene respuesta, como si hay vida tras la muerte o si son reales los extraterrestres”. Eso le ha valido algunas críticas de la gran prensa americana, que ha denunciado la supuesta “moralina” que Shyamalan ha puesto en su última historia, la de un viudo pastor protestante, que perdió su fe al morir su mujer en un accidente de coche sin ningún sentido, y al que pondrán a prueba unas marcas jeroglíficas gigantescas en sus campos de maíz.
Pero hay más cosas resaltables: el protagonista (Mel Gibson), en un momento determinado, afirma que “queremos sentir que nuestras vidas son gobernadas por un gran plan”. Que ninguna cosa sucede por un azar ciego o a causa de un destino irreemplazable. Y esa necesidad profunda es mayor en estos tiempos de incertidumbre existencial, en los que el hombre de la calle necesita tener a mano al menos una tabla de salvación para no caer en la neurosis o en la depresión. Es lo que Frankl llamaba “el sentido de la vida”, que sirve como brújula en las encrucijadas vitales con las que cada uno se topa. En una de las escenas del film, Hess explica que la gente ve las circunstancias de la vida también como milagros, como pruebas del cuidado de Dios por ellos. En una cultura cinematográfica tan abundante en cinismo y con la posición de productos multimillonarios, “es un milagro este film de Shyamalan”, dice otro crítico americano.
En esta película, Dios está presente incluso en los momentos más dolorosos y desesperados por los que pasa Mel Gibson. Porque incluso cuando Hess, el protagonista, expresa su odio hacia Dios, al final acaba llorando y pidiéndole su ayuda. “Hess es una de las figuras más profundamente cristianas en el cine contemporáneo”, ha escrito Le Blanc. Esta historia de sufrimiento, pena y redención procede de un joven profesional “que hace unos filmes brillantes, significativos y provocativos, en una época en la que directores más experimentados llenan el mercado de lodo” (‘The CT Review’).
La cuestión clave en esta película es qué tipo de persona es cada individuo: y, para Shyamalan hay gente que tiene fe (y eso se reitera con frecuencia) y personas que no creen. Y si todos estos elementos anteriores los mezclamos con las secuencias de suspense, construídas lenta y elegantemente, en las que los alienígenas son menos una presencia que una intuición, entonces nos sale una pieza que merece ser visionada. Si además hay, por vez primera, unos toques de sentido del humor, perdidos dentro de la solemnidad rigurosa de sus filmes anteriores, pues miel sobre hojuelas.
“Creo que Night sufrió del síndrome de la segunda película,” ha dicho Bruce Willis. Tal vez porque “la gente busca poder decir: ‘Este tipo no es tan genio como se dice por ahí.’ Yo no suelo usar esta palabra por casualidad, pero creo que él hay elementos de genio: como escritor, como contador de historias y como director de cine.” Pero su propia humildad le lleva a calificar los premios, taquillas muchimillonarias y homenajes sólo como “extras, que acepto encantado”.
Shyamalan es ya el guionista mejor pagado de Hollywood. Disney le pagó 5 millones de dólares por escribir “Signs” y 7.5 millones más por dirigirla. Pero él está obsesionado no precisamente con lo desconocido, sino con la familia, la paternidad y la autorenovación, y a través de ellos con la infalible admonición que debe dibujar quienquiera que sea cercano y querido para nosotros. Por eso consigue un filme original, dentro de un mercado donde no abunda el cine de entretenimiento y para toda la familia.
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