LA VOZ DE DEPARDIEU Y LA FE DE SAN AGUSTÍN
Por Luis Olivera
Periodista
La voz se eleva, primero mimando las palabras, después sonora y poderosa. Gérard Depardieu, con sus gruesas manos entrelazadas a la espalda o juntadas delante en dirección al micrófono, declama durante 50 minutos. La escena es el corazón de la iglesia de Notre-Dame (París), con las bóvedas góticas como “decorado” de la magna obra; el sonido proviene de un violín y, de la boca del actor, fluye la lenta música, que escapa del texto de Agustín de Hipona . En una catedral atestada, el pasado domingo 9 de febrero, este acontecimiento semi-litúrgico y semi-artístico reunió a más de 3.000 personas. Era un público mezcla de fans del comediante, ignorando todo lo del santo - ¿Quién fue Agustín ? ¿Un papa? —y de lectores de aquel a quien la Iglesia llama “ el Doctor de la gracia” .
Es un reencuentro insólito entre el comediante de Astérix y Cyrano de Bergerac y el filósofo cristiano de al antigüedad (354-430), dirigidos por un universitario, André Mandouze , como maestro de ceremonias, asegurando el encadenamiento entre los trece libros de “Las Confesiones”. Si esta obra ha atravesado el paso de los tiempos, es que manifiesta alguna cosa de la eternidad del hombre y de la de Dios. De ahí su perennidad siempre actual. “La voz de Depardieu y la fe de san Agustín” , titulaba “Le Monde” el día anterior.
El propio actor francés, que inició la semana pasada estas lecturas de la obra de Agustín, ha reconocido que “ Las Confesiones de San Agustín calman mis interrogantes más dolorosos” . De hecho Depardieu significa “ de parte de Dios” y, según el actor “llevar ese nombre me da mucha seguridad ”, por lo que ha decidido “ atarse a las Confesiones ”. Testigos del hecho fueron Bernardette Chirac , la mujer del presidente francés; los antiguos ministros socialistas Jack Lang y Edith Cresson , etc.
Pero volvamos al acto. Depardieu pone toda su fuerza en la evocación de la juventud loca de Agustín y de las “ inmundicias de la concupiscencia” ; recita sus encuentros con Mónica , su madre cristiana, y con el obispo Ambrosio ; habla de su lenta conversión en el jardín de Milán: “ Vacilo en morir en la muerte. Vacilo en vivir para la vida ”. De su descubrimiento del apóstol Pablo: “ Revestíos del Señor y guardaos de las apetencias de la carn e“. De su cumplimiento en la fe y de su acción de gracias: “ Dios mío, tú has quebrantado mi sordera, tú has disipado mi ceguera, tú has exhalado tu perfume… ”.
Como una oleada inmensa. Gérard Depardieu habla de San Agustín y nada parece capaz de detenerle, dice la prensa parisina de estos días. El actor está encantando del efecto sorpresa que ha conseguido. “Mi propósito no trata de leer únicamente las Confesiones en iglesias católicas. También iré a otros templos, mezquitas, sinagogas… Mi sueño sería leer a San Agustín delante del muro de las Lamentaciones”.
Todo empezó en Roma, durante el jubileo de los artistas del año 2000, convocado por el Papa. “Quise ir en peregrinación porque admiro mucho a Juan Pablo II Me colocaron entre los cardenales –cuenta él mismo—y me presentaron al Santo Padre. Él me miró y exclamó en dirección a los cardenales que le rodeaban: “¡Agustín! ¡Tenéis que hablarle de Agustín!”. El cardenal Poupard quería que hiciese una película basada en esa temática. “ Pero le objeté que no conocía nada de la obra de San Agustín. Me aconsejó que comenzara con Las Confesiones” .
Depardieu inició así el camino que ha puesto su primera piedra en público la semana pasada. Una travesía que ha resultado bastante autobiográfica, salvando las distancias de espacio y tiempo, lo que le ha motivado a seguir adelante, a pesar de su inicial desconexión. “ La lectura no se resultó fácil al principio, pero las palabras de Agustín me cautivaron. Su reflexión me pareció sublime y me remitió a mí mismo, a mi itinerario personal ”.
Aleth tomó la mañana de ese día el tren de alta velocidad desde Marsella, para oír al dúo Agustín-Depardieu. Y salió exaltada por un “encuentro místico”, dice ella. “Hemos escuchado la eterna sabiduría que permanece a nuestro lado”. Nadège es una joven actriz y trabaja, como en otro tiempo Depardieu, bajo la dirección de Jean-Laurent Cochet . Ella juzga el espectáculo, transcendida por la belleza de la prosa agustiniana: “ Yo no soy creyente. Pero sé que es imposible para un artista no conocer a Dios si quiere de verdad conocer al hombre. Él siempre le busca. A tientas, titubeando” .
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