Amores
que matan
por
Francisco de Borja Santamaría
Arvo.net, 18-02-2009
El
asesinato de Marta del Castillo a manos
de su exnovio ha conmocionado por sus
especiales circunstancias a la opinión
pública. El nombre de la joven sevillana
se añade así tristemente, a la lista
–que en 2008 alcanzó la cifra de 70- de
mujeres asesinadas por sus parejas o
exparejas.
Mi
insistencia en esta cuestión es, una vez
más, que la razón primordial de la
violencia padecida por las mujeres no
deriva tanto, aunque estén presentes, de
estereotipos machistas en los asesinos,
sino de una brutal perversión de la
dinámica amorosa. En efecto, este grado
de violencia –que en ocasiones va
seguida del suicidio del asesino- se
circunscribe al ámbito de la relación de
pareja (presente o pasada), lo cual
evidencia que el motor de tan siniestro
comportamiento se encuentra íntimamente
relacionado con los avatares de esa
relación. En términos prácticos, y de
cara a su prevención, esto significa que
el acento no hay que ponerlo tanto en
inculcar en los varones el valor de la
igualdad de sexos –lo que hay que hacer,
pero por otros motivos-, cuanto en
educarlos afectivamente.
Esto ya
lo he afirmado anteriormente en esta
misma tribuna. En lo que deseo hacer
hincapié ahora es en que la educación
afectivo-sexual que se está llevando a
cabo resulta patéticamente pobre. Los
mensajes que reciben los
niños/as-adolescentes en la escuela y en
los distintos programas impulsados o
subvencionados por las administraciones
reducen la educación afectivo-sexual al
adiestramiento en el uso de métodos
anticonceptivos; un planteamiento que
transmite y refuerza la concepción
enormemente trivial del sexo que difunde
hasta la saciedad la cultura del
entretenimiento (series televisivas,
películas, revistas dirigidas a jóvenes,
videojuegos, etcétera). Se trata de una
concepción de la sexualidad en la que su
articulación con la dimensión personal y
profunda del otro ha sido literalmente
laminada. La dinámica amorosa queda, de
este modo, seriamente deteriorada,
dificultando enormemente la consecución
de una relación de pareja armónica y
enriquecedora.
Seguramente la violencia que padecen las
mujeres posee múltiples causas y raíces
y tal violencia probablemente no se verá
reducida exclusivamente mediante una
mejora en la educación afectivo-sexual.
Pero no es difícil imaginar que,
mientras nuestra cultura no supere el
alto nivel de erotismo en que se ha
instalado y las élites culturales y
artísticas continúen, como lo están
haciendo en este momento, idolatrando el
placer sexual al margen de su
integración en una concepción rica,
sutil y profunda del amor, las
relaciones de pareja continuarán siendo
terriblemente tormentosas, llegando en
algunas ocasiones a la violencia extrema
que todos deploramos de modo tan
reiterado como ineficaz.
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