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El Burka en Occidente
por Francisco de Borja SANTAMARÍA
Arvo.net, 20.06.2010
Según Tácito, la esclavitud degrada tanto a los hombres que llegan incluso hasta amarla. Y es verdad. La esclavitud puede disolver tanto a una persona que llegue al punto de no ser consciente de la dignidad perdida y, en consecuencia, que no desee ser libre. El esclavo puede llegar a preferir permanecer como esclavo, a cambio de algún beneficio.
El problema en una civilización emancipatoria como Occidente es que, en ocasiones, consideramos que a los esclavos hay que liberarlos incluso contra su voluntad. Es lo que da la impresión que ha ocurrido con la decisión del Senado de instar al Gobierno a que prohíba el burka en los espacios públicos, siguiendo la estela de algunos ayuntamientos catalanes.
En efecto, aparte del argumento de la seguridad -muy peregrino en mi opinión, pues en España no se sabe de ningún delito que se haya realizado amparándose en el burka- la otra razón que se esgrime para prohibir o limitar su uso es la sumisión al varón que esa prenda representaría.
Desde luego, en los países en los que las mujeres están obligadas a utilizar algún tipo de velo integral, hay sometimiento de la mujer al varón. El caso es que en España, sin embargo, las mujeres que utilizan velo integral lo hacen porque quieren. Este dato cambia por completo la perspectiva con que ha de abordarse el problema. En una cultura liberal me parece sumamente arriesgado que el poder público se arrogue la capacidad de decirle a nadie cómo debe vestir y, menos aún, en el caso de que su manera de vestir enlace con profundas cuestiones ligadas al sentido de su vida.
Los "emancipacionistas" pueden argüir que es precisamente ese sentido profundo que dan al burka las mujeres que lo portan lo que es contrario a los valores occidentales; concretamente a algo tan importante como es el sentido que Occidente tiene de la mujer, de su libertad y de su sexualidad. Desde una perspectiva occidental, el velo integral simboliza y exhibe la antítesis de lo que debe ser la mujer. En consecuencia, a las mujeres "esclavas" que aman su esclavitud habría que emanciparlas a la fuerza, porque Occidente no puede tolerar esclavos, ni aunque ellos amen su esclavitud. Como ya he dicho, esta vía de razonamiento político la considero sumamente arriesgada.
La cuestión de la regulación del burka no es baladí, porque representa un importante test de cómo una cultura liberal se enfrenta a los derechos de individuos cuyas culturas de pertenencia no son liberales. En mi opinión, las sociedades liberales han de tratar a esas personas desde una óptica liberal, es decir, como individuos libres, aunque pueda parecernos que realmente no lo son y aunque estemos convencidos de que su comportamiento resulta vejatorio para su propia dignidad.
La manera occidental de defender sus valores no es prohibir la libre expresión de sus contrarios (los valores anti-occidentales), sino combatirlos con razones persuasivas.
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