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¿CUÁNTOS CREEN EN DIOS? (Angel Cabrero)

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¿Cuántos creen en Dios?

¿CUÁNTOS CREEN EN DIOS?
Ángel Cabrero Ugarte, Capellán del Área de Educación y profesor de Teología y didáctica de la Religión del C.U. Villanueva, en un reciente e interesante libro titulado Vivir sin Dios (Ed. Rialp. 2003), se plantea qué hay de cierto en el supuesto desinterés universal por la religión y su práctica efectiva.

La referencia última de la persona es el más allá. La conciencia nos dice que hemos hecho algo bien o mal. En este caso existe el remordimiento. ¿Es simplemente un convencionalismo social? ¿O será el eco de ese ser superior que me ha creado, y que ha hecho las cosas de un modo determinado, siempre para el bien de los hombres? El bien o el mal no lo determino yo, sino Dios que ha creado todo.

Este tipo de ideas eran normales hace no demasiado tiempo en cualquier sociedad. Era un tiempo en que todas las comunidades humanas tenían una religión. Ahora son puestas en duda, porque, según algunos, ya no se cree en Dios.


Ateos declarados: 0,5 por ciento

Sin embargo, esta afirmación parece gratuita. Todos los estudios estadísticos sobre las creencias de los hombres, arrojan unas cifras que no admiten interpretación posible. Cifras que hablan de unos dos mil millones de cristianos en el mundo; de algo más de mil millones de musulmanes; de unos 800 millones de hindúes, la gran mayoría habitantes de la India, y unos 600 millones de budistas. Además, hay otras muchas religiones, pero ya con un número de fieles inferior. Y hay un número de ateos declarados que no llegan al 0,5 por 100 de la población mundial.

Ante este tipo de estadísticas se objeta, de inmediato, que una cosa es el número de teóricos fieles y otra cosa son los que practican. Y esto es totalmente cierto. Cuando hablamos de práctica religiosa los números son muy inferiores, sobre todo entre los cristianos. No es raro, ya que la religión cristiana, más que las demás, implica unos modos de vivir que suponen más exigencia personal. Vivir hoy en cristiano no es fácil, supone ir contracorriente. Especialmente si nos referimos a la Iglesia Católica, vemos que ha mantenido sus planteamientos morales intactos desde que Jesucristo naciera y viviera entre los hombres. Para los católicos no hay duda de que lo que enseñó Jesucristo es la voluntad de Dios, pues creen en la divinidad de Jesús de Nazaret como el principio más importante de su religión. Así, por ejemplo, únicamente la religión católica mantiene la unidad e indivisibilidad del matrimonio.

Baja práctica religiosa

Es fácilmente verificable que la práctica de la religión es baja entre los cristianos, aunque habría que matizar los datos según los lugares y las circunstancias. También podemos decir, en contra de lo anterior, que las iglesias, los domingos, están llenas.

La mayoría de las personas cree en Dios. En la sociedad española esto es fácil de comprobar. No hace mucho, en la TV, daban los datos de una encuesta sobre los modos de vivir de los adolescentes, estudiantes de la ESO. Entre otros temas, se preguntaba por sus creencias. La gran mayoría afirmaba creer en Dios, aunque, también eran mayoría los que admitían que no practicaban ninguna religión. Un dato que puede contrastarse en cualquier momento 2 es el porcentaje de padres que piden enseñanza de la religión católica en los colegios, públicos o privados. El dato del curso 01-02 es del 88 por 100 para la educación Primaria. Esto quiere decir que la gran mayoría de los padres -que son los que eligen en esas edades- quieren para sus hijos la enseñanza de la religión católica en el colegio. Sin duda, muchos de esos padres no practican, pero saben perfectamente qué es lo mejor que pueden darles a sus hijos. Si a esto unimos los padres que eligen para sus hijos otras religiones, nos encontramos con una mayoría muy abultada de creyentes. Y la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de noviembre de 2002, dice que el número de los españoles que se declaran católicos es 85,9 por 100. Ateos se declaran el 3,2 por 100.

Por lo tanto, el problema fundamental es la falta de práctica religiosa. Eso es incoherencia y hace daño. Aparta de Dios. Hace que muchos, al final, no entiendan al Todopoderoso. Hace que nos encontremos con una sociedad creyente pero que ha olvidado el primer mandamiento: amarás a Dios sobre todas las cosas. Éste es el primer paso para entender el porqué de una moral. Es esencial a cualquier tipo de ética, porque es esencial al hombre. Y en estas páginas quejemos mostrar, paso a paso, por qué tiene sentido vivir conforme a unas normas morales, que, en definitiva, nos van a llevar a la felicidad. No hay otro camino posible para ser felices que amar el Bien Supremo y, por lo tanto, amar su Voluntad.

El miedo a hablar de Dios

Hay un cierto miedo a hablar de Dios. Parece como si no fuera políticamente correcto. Habría que investigar sobre esta tendencia. Se da en algunos ambientes donde, quizá, entre otras cosas, predomina un deseo de éxito profesional. Puede ser que se considere un síntoma de debilidad. Buscar a Dios es, para algunos, humillante, porque el hombre moderno lo puede todo.

Entre la gente joven es más fácil que terminen hablando, cuando tienen ocasión de conversar con tranquilidad, de los asuntos relacionados con el sentido de la vida y, por lo tanto, de Dios. Entonces, el problema suele ser la falta de formación, que lleva, en muchos casos, a que se termine la conversación con algunas banalidades escuchadas en algún medio de comunicación.

Hay una tendencia, en algunos periodistas, a sacar las cosas de quicio, generalizar, dar por supuestos algunos datos sin nadie que los compruebe. Desde el 11-S, con la catástrofe de las Torres Gemelas,

parece que hay motivos para dudar de las religiones. El simple hecho de que Bin Laden hablara, en aquella ocasión, de guerra de religión, de respuesta a la cruzada occidental, ya ha sido suficiente para que algunos sostengan que la religión es un problema.

Es políticamente incorrecto hablar de Dios, y se echa de menos, sobre todo en personas de quienes se podría esperar un testimonio incuestionable. Esto supone desorientación. Orientarse significa mirar a Oriente, que para los primeros cristianos, era sinónimo de mirar hacia Dios. Cuando falta esa actitud de mirar a Dios, porque hay miedo, porque se olvida, porque se piensa más en uno mismo, lo que queda es desorientación.

A este respecto, escribe el Cardenal Ratzinger: «Cuando se vive verdaderamente la fe, cuando es glorificación de Dios, que es y será siempre Señor del mundo, ocurre algo que afecta al universo y lo transforma en lo más hondo. El modo más profundo de ir a sus raíces para transformarlo es tocar el corazón de Dios. Por lo demás, de ese modo se puede llamar al fundamento vivo y al poder que sostiene todas las cosas: el único capaz de hacerlas buenas. Cuando nos dirigimos a Dios y nos abrimos a Él, nos convertimos en hombres nuevos. Y a la inversa: cuando el mundo se cierra a Dios y se separa de él, es como un planeta fuera de su campo gravitatorio vagando sin rumbo por la nada. Es como una tierra en la que ya no brilla el sol y en la que la vida se extingue. Cuando el hombre pierde a Dios, ya no puede ser justo nunca más, pues al olvidar a Dios extravía su norma fundamental. Si nos desligamos de la verdadera medida, todo lo demás no podrá ser sino desmesura y perversión. Sólo podemos ser rectos y justos, si la rectitud triunfa en nosotros, si somos correctos. Sólo nos cabe ser tal cosa, empero, si correspondemos a la verdad de nuestro ser. Ahora bien, esta verdad es que Dios nos ha creado y es nuestro camino. No puede haber justicia, si no comienza habiéndola en el hombre. Pero en el hombre no puede haberla si niega radicalmente su verdad»

Cuando se pierde la noción de Dios, el hombre queda desorientado. Es como una tierra en la que ya no brilla el sol. Esto se nota. Muchos se preguntan: ¿aquí qué pasa? ¿Por qué tanto crimen, tanta inseguridad? ¿Por qué tantos malos tratos? ¿Por qué tanta miseria? En gran medida porque falta Dios. Procuraremos en las siguientes páginas mostrar el camino para encontrar una verdadera moral, basada en el Ser Supremo, que lleve la seguridad al hombre. Intentaremos mostrar que la felicidad sólo se consigue en el camino de la Verdad, que es Dios. Se consigue amando la Verdad. Y procuraremos enseñar que la vida cristiana es posible, también en la sociedad actual, siempre y cuando tengamos en cuenta los medios que Cristo quiso dejarnos y que la Iglesia nos ofrece.

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

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