| Joan García
del Muro i Solans *
En: S. Fernández Burillo – J. García del Muro Historia
de la Filosofía,
Lérida, 1998, cap. 33.I, pp. 397 ss.
SITUACIONISMO. MAYO DEL 68. NOUVEAUX PHILOSOPHES. POSTMODERNIDAD
I. SITUACIONISMO
La Internacional Situacionista
La Internacional Situacionista constituyó entre 1957 y 1972
un grupo de filósofos, arquitectos, pintores, críticos y activistas
políticos que desde diversas perspectivas y con diversas técnicas,
plantearon el interrogante sobre el papel del hombre y la
cultura en la sociedad de consumo de postguerra. Desde una
perspectiva radicalmente crítica e inconformista, cuestionaron
el orden social a través de libros, octavillas, proyectos
arquitectónicos, collages y películas que invitaban a subvertir
el orden establecido. Influenciados por el Movimiento Letrista,
el Movimiento Internacional por la Bauhaus Imaginista y el
grupo Cobra, proponen una conexión entre filosofía, arquitectura
y cultura artística. Su proyecto más ambicioso y más conocido
es la New Babilonia, la ciudad nómada de Constant. Artistas
como Guy Debord Asger Jorn o Giuseppe Pinot-Gallizio cooperaron
en el proyecto de la Gesantkunstwerk, la ciudad-museo, la
obra de arte total.
Desde el punto de vista estrictamente filosófico, el peso
específico de los situacionistas, más que por los desarrollos
teóricos en sí mismos, sobrevino por la excesiva influencia
que ejercieron en la revuelta estudiantil de París en mayo
de 1968. Los teóricos del Situacionismo son Guy Debord, (La
sociedad del espectáculo) y Raoul Vanergen (Tratado
del saber vivir para las jóvenes generaciones). La idea
esencial es la falsedad de la sociedad de consumo. Nuestra
sociedad es un puro espectáculo, es decir, apariencia. Los
situacionistas proponen rebelarse contra esta sociedad de
la apariencia y rechazar sus valores establecidos que nos
impiden vivir una vida auténtica. Es una lucha contra el consumismo
y las seducciones engañosas. Ante la falsa realidad del espectáculo
reivindican el valor de la propia vida y la toma de las propias
decisiones.
La utopía situacionista consiste en pretender la creación
situaciones nuevas que subviertan el orden establecido, ya
sea el social, el artístico, el moral, el familiar, el ciudadano,
el político, el docente, etc.
II. PARÍS, MAYO DE 1968
La experiencia revolucionaria de la primavera parisina fue
una sorpresa para todos (parece que sólo los situacionistas
habían vaticinado una explosión semejante). Los intelectuales
y teóricos sociales no fueron capaces de explicar qué era
lo que estaba sucediendo (todavía hoy las versiones que aparecen
son tan dispares que parecen hablar de acontecimientos diferentes):
Vietnam, Guerra Fría, desencanto del Comunismo Soviético,
carencia de perspectivas laborales. El esquema marxista –el
más adecuado para interpretar un fenómeno de este tipo- no
valía, sus esquemas de lucha de clases e insurrección proletaria,
no se correspondían con lo que estaba pasando, ya que la reivindicación
no era tanto económica como vital, subjetiva e incluso estética
(la metodología marxista se veía incapaz de interpretar slogans
como "bajo los adoquines hay una playa", "la imaginación al
poder", "no queremos un mundo donde la garantía de no morir
de hambre se compense con la garantía de morir de aburrimiento").
Como dice Albiac: "no sólo los padres del Partido Comunista
Francés habían perdido pie, también los hermanos mayores habían
perdido pie. Quedaba sólo un lazarillo sin historia. Hablaba
por los micrófonos de las unidades móviles de radio: "¡A divertirse!".
La política saltaba hecha añicos. Y con ella, muchos de los
"mitos intocables" de la filosofía moderna.
III. LES NOUVEAUX PHILOSOPHES
Provenientes de la izquierda radical –Marxismo y Maoismo-
y participantes activos en la revolución estudiantil del 68,
una vez restaurado el orden establecido, adoptaron el calificativo
–más bien publicitario- de "nuevos filósofos" y destacaron
por su desencanto ante el marxismo. Su filosofía es pesimista,
la utopía liberadora en la cual habían depositado sus esperanzas
les había mostrado su rostro de terror. "No ha sido suficiente
que Solszenitzin hablara para despertarnos del sueño dogmático"
afirma Lévy.
Con marcada radicalidad, su crítica al totalitarismo marxista
tiene como rasgo más original la identificación entre Comunismo
y Totalitarismo. No es que el Stalinismo y el Comunismo Soviético
en general, fuesen una pésima aplicación del Marxismo, no;
es la propia teoría marxista, que lleva implícitos, en sí
misma, los desarrollos totalitarios.
Los más importantes autores de este movimiento son: Bernard
Henry-Lévy (N. 1948) La barbarie con rostro humano,
Jean-Marie Benoist (N. 1942), Marx ha muerto y André
Glucksmann (N. 1937), Los maestros pensadores. No tienen
un cuerpo doctrinal común, sólo una consciencia de ocupar
el lugar que ocuparon, años antes, el Estructuralismo y el
Marxismo (las filosofías de sus maestros). Por eso, los nuevos
filósofos fueron duramente criticados por los "filósofos oficiales"
que dominaban la cultura francesa de la década de los 70.
Derrida, Deleuze y los principales autores marxistas se han
ocupado especialmente en desacreditarlos.
Al margen de su crítica a los totalitarismos, cabe señalar
algo más en común: la desconfianza y aversión hacia todas
las estructuras de poder, que consideran potencialmente totalitarias;
junto con el rechazo del materialismo marxista que les lleva
a defender un cierto espiritualismo en filosofía, que
califican de "nostalgia de la Trascedencia".
IV. POSTMODERNIDAD
Postmodernos..., ¿o el escepticismo «de siempre»?
La postmodernidad es una corriente filosófica muy reciente
que se "describe" (?) como una superación de la modernidad.
El rasgo esencial de las diferentes corrientes postmodernas
es el abandono de los "viejos" ideales modernos. La caracterización
del postmodernismo depende, pues, de la previa caracterización
de la modernidad. Pero –anota Vattimo- si todas las variantes
de la modernidad compartían un rasgo, era el hecho de que
consideraban valor positivo el hecho de ser "moderno", el
valor de la novedad por la novedad, el progreso por
el progreso, incapaz de detenerse, pues entonces dejaría
de ser novedad. Tal como lo ha formulado Baudelaire, la modernidad
es "lo que es transitorio, lo efímero y lo contingente". Ahora
bien, si lo más valorado es la originalidad; si lo nuevo y
lo último es siempre lo mejor, no cabe permanencia
alguna. En ese contexto, términos como "reaccionario" (partidario
de conservar los valores del pasado) son despectivos, casi
ofensivos.
Los postmodernos pertenecen a la generación de la desilusión
respecto a los grandes mitos de la modernidad, por eso protagonizan
lo que se ha calificado como "la revolución contra los padres
del pensamiento moderno" (los ilustrados, Descartes, Locke,
Kant, Hegel, y Marx) y sus dogmas más sagrados: la razón,
la emancipación, y , sobre todo, el progreso, el ideal ilustrado
del progreso, puestos seriamente en duda. La gran aportación
más seria del pensamiento postmoderno reside más en sus críticas
que en sus elaboraciones propias.
Paralelamente muestran una cierta pérdida de confianza en
la razón y en el discurso conceptualizador, así como desilusión
entorno al exagerado optimismo ilustrado, racionalista, y
al cientifismo decimonónico. Ante las pretensiones conceptualizadoras
y "cosificadoras" de la razón moderna, ellos proponen una
nueva humildad que adquiere la forma de "pensamiento débil"
(Váttimo), "pensamiento cansado" (Bataille), "deconstrucción"
(Derrida), "juegos lingüísticos" o rechazo de cualquier "metanarrativa"
(Lyotard). En vez de globalización proponen la diferencia,
lo que es aleatorio, el Otro, lo que es contingente, irreductible,
indeterminado, impensable, la discontinuidad, la diseminación.
Es razonable, por tanto, que en el contexto de la postmodernidad
se defienda el abandono de la Metafísica. La Metafísica habría
llegado a su fin. Hemos de aceptar su ausencia y acostumbrarnos
a vivir sin ella, a vivir sin la pretensión explicativa y
fundamentadora de la Metafísica. Lo más propio de nuestro
tiempo, afirma Váttimo, es la postmetafísica. Vivimos en la
época del "pensamiento débil". Una vez haya sido constatada
la inutilidad, la absurdidad del esfuerzo filosófico, no resta
otra cosa que abandonar esa vía muerta. Las "grandes descripciones"
de la realidad, no son verdaderamente explicativas ni iluminan
la existencia, sino todo lo contrario. Es necesario darse
cuenta de que la temática filosófica no puede comprenderse
ni explicarse con éxito. Sus laberintos conceptuales no tienen
salida.
La postmodernidad transmite en su conjunto una cierta ansiedad.
La excesiva modestia de una razón –"cansada"- que se siente
incapaz de reflexionar sobre los grandes temas y se conforma
con pequeños segmentos, con minúsculas y fragmentarias certezas,
conlleva la renuncia de la razón a emprender grandes empresas.
Ahora bien, ¿no cabe objetar -en los tiempos que corren- que
no parece muy sensato renunciar a preguntarse por la justicia
y la rectitud, por la legitimidad del poder, por la verdad
y la felicidad, por la dignidad y el valor, por el bien y
los derechos humanos...?
LOS AUTORES
1. Jean BAUDRILLARD. Código y Simulación.
Jean Baudrillard (N. 1929). Polémico pensador nacido en Reims.
Su último escándalo ha sido negar la existencia de la Guerra
del Golfo Pérsico. Su tema es el de la Simulación y la Realidad.
Sus obras más conocidas: La Sociedad de Consumo (1970),
Simulacros y simulaciones (1981) y La Guerra del
Golfo no ha existido (1991). Suele ser clasificado de
post-estructuralista ya que su pensamiento muestra una clara
dependencia del estructuralismo más clásico en cuanto a conceptos
utilizados ("signo", "sistema", "diferencia"), aunque se aleja
de éste en sus conclusiones. Los temas fundamentales de su
pensamientos son: el análisis de la sociedad de consumo con
sus valores simbólicos, y la noción de código aplicada a todos
los ámbitos de la vida social.
La Sociedad de Consumo.
Baudrillard considera la teoría del valor de Marx como excesivamente
simplificadora de la realidad social y por eso la critica.
Marx, como es sabido, hablaba de dos tipos de valor: El valor
de uso y el valor de cambio. Baudrillard los considera insuficientes,
afirma que en una sociedad de consumo el más importante es
el valor simbólico, irreductible tanto al de uso como
al de cambio. En una sociedad de este tipo el objeto se convierte
en signo y su valor depende de la simbología (por ejemplo,
el anillo de compromiso que se regala). De esta forma el consumo
depende del tipo de vida y de los valores en que se basa la
simbología:ya no hay necesidades primarias universales
que satisfacer, el consumo se basa en el código de los signos.
La noción de "código", sirve a Baudrillard para interpretar
la realidad social. Si bien no define explícitamente qué entiende
por código, está claro que toma como modelo el código
genético, el ADN, o bien el código binario de la programación
informática. El aspecto más fecundo de esta noción es que
legitima la distinción entre original y copia , la
reproducción ya no se distingue del original, es el original
(en genética, el tejido producido según el código no es copia
de un original, sino tejido original). El código marca nuestra
época y nuestra sociedad: vivimos en el mundo de la reproducción
y la simulación reversible, donde lo que es real
no se distingue de lo que es virtual y los lugares
se hacen intercambiables: útil-inútil, verdadero-falso, naturaleza-cultura,
bello-feo (a la moda), izquierda-derecha (política). La era
de la simulación generalizada representa en definitiva la
aniquilación de cualquier esencia, de cualquier concepto fundamental
en la realidad e incluso de cualquier reflexión histórica
(el fin de la historia). Nos hallamos así abocados "a la simulación,
a la incertidumbre radical sobre la verdad, sobre la realidad
misma del devenir".
2. Jean François LYOTARD. Incredulidad respecto a las "metanarrativas".
Jean François Lyotard (1924-1998), autor polifacético que
se dedicó principalmente a la estética y a la política. Fue
marxista hasta los 50 años –la década de los 80-, cuando comenzó
a criticar el totalitarismo marxista. Sus obras más importantes:
La condición postmoderna (1979) y La Diferencia (1983).
La condición postmoderna introduce, para criticarlo, el concepto
de "meta-narrativas" o narrativas exteriores a la propia esfera
de competencia de la disciplina en cuestión. La meta-narrativa
ofrece una explicación global y globalizadora desde fuera
que intenta justificar: a) el vínculo social; b) el papel
de la ciencia; c) el valor del conocimiento. La meta-narrativa
viene a suministrar un objetivo y una legitimación a la acción
, a la ciencia y a la estructura y las relaciones sociales.
La filosofía, la religión, los sistemas éticos y las ideologías
políticas son ejemplos de estos grandes cuentos de la modernidad
que legitiman un proyecto corrupto.
A la presunción de la narrativa externa, Lyotard contrapone
la imposibilidad de la legitimación por meta-narrativas, que
no son otra cosa que "juegos lingüísticos" al estilo de Wittgenstein.
La ciencia, en concreto, no se justifica por narraciones desarraigadas
de ella misma, sino que se legitima como un "juego" cuyas
reglas son inmanentes al juego mismo. No hace falta ir más
allá ("meta"), es preciso renunciar a una explicación trascendente
y conformarse con un juego que de modo arbitrario se propone
a sí mismo sus propias reglas (una "regla" inmanente al propio
juego de la ciencia, por ejemplo, es: "sólo son científicas
las afirmaciones descriptivas").
Por lo que se refiere a la ciencia, otra teoría característica
de Lyotard es el llamado principio de performatividad,
que podría resumirse con la fórmula "conocimiento es poder".
La investigación científica nunca es inocente y pura, anda
siempre estrechamente ligada a la voluntad de dominio y a
los medios materiales. Es ésta una visión totalmente desmitificadora,
pesimista y ansiosa de la ciencia: el éxito, la verdad y la
justicia suelen ser resultado de la investigación que maneja
más presupuestos. El más poderoso siempre tiene la razón.
En La Diferencia, Lyotard insiste en su rechazo a las
explicaciones universales y afirma que en las cuestiones de
historia, de arte, de política, de lenguaje y de sociología,
no hay un universo único, sino una pluralidad de ellos. Por
esto, no se abordan por medio de argumentos universales o
sintetizadores, sino por medio de aproximaciones regionales
y autónomas. En caso de reducir todo el discurso a un solo
género, como tradicionalmente se ha hecho, estamos suprimiendo
el "diferenciado", las formas diferentes e irreductibles de
pensar y actuar: "un permanente intentar hacerse testigo de
aquello que no se puede escribir". En vez de totalizar y universalizar,
Lyotard habla de "régimen de frases" y "géneros de discurso",
donde cada frase representa un universo, un mundo independiente.
No hay un universo único, sino infinidad de universos plurales,
no asimilables al discurso único.
No hay pues, posibilidad de encontrar espacios de comunicación
universales entre los distintos juegos que constituyen un
"pluralismo heteromorfo" que convierte en absurdo –"sospechoso
y anticuado", afirma Lyotard- cualquier intento para establecer
unas reglas universales del juego que permitan un consenso.
A modo de reflexión final se podría cuestionar si el muy loable
afán de Lyotard por respetar la diferencia, tal como lo indica
el término, ¿no debilita radicalmente la posibilidad de comunicación
interpersonal y, en consecuencia, de la propia diferencia?
3. Gilles DELEUZE. El pensamiento horizontal.
Giles Deleuze. (N.1925). Nacido en París, sus obras principales:
Diferencia y Repetición (1968), Qué es filosofía
(1991), Conversaciones (1994).
Deleuze quiere situarse dentro de la tradición crítica
de la filosofía. El objeto de su crítica es lo que llama pensamiento
vertical, que se inicia con Platón y ocupa buena parte
de la filosofía occidental. La verticalidad se caracteriza
por el principio de identidad, por establecer una identidad
entre la idea y la realidad, por reducir la multiplicidad
y hetereogeneidad de las cosas a la unidad cerrada del concepto.
El racionalismo moderno (Hegel) constituye la culminación
de esta tendencia que atribuye a la razón la potestad de posicionarse
en un lugar "elevado" (verticalidad) y decidir qué son las
cosas. El pensamiento vertical resuelve cualquier diferencia
en una identidad racional superior. El pensar vertical ha
consistido en anular cualquier diferencia. Al pensamiento
vertical Deleuze contrapone, basándose en Nietzsche, el pensamiento
horizontal, que abandona el mito identitario de "Él mismo"
por defender el principio de la diferencia: lo que
es múltiple, diferente, marginal, "Otro". Este es un pensamiento
que no pretende imponer su propio orden a lo real, más bien
mostrar su irreductibilidad, su diferencia. No se refugia
en esencia, principios, fundamentos o criterios de objetividad;
lo que intenta es mostrar aquello que escapa al modelo ideal
de la razón moderna. Es en este sentido que el pensamiento
horizontal se denomina también "pensamiento nómada".
Características del pensamiento horizontal:
- La diferencia, que ya no es dada en el interior de
una identidad, sino que está en el singular, en lo irreductible.
Califica a Nietzsche como "filósofo de la diferencia".
- La individualidad no es copia de un modelo ideal,
sino devenir, repetición.
- Ahistoricidad. El filósofo que piensa sale de la
historia del pensamiento y entra en el "desierto".
- Actúa de acuerdo sólo con sus propias normas y conceptos.
- Ajerárquico y relativo: sólo hay valores subjetivos,
la horizontalidad excluye la posibilidad de remontarse a una
objetividad superior.
4. Jacques DERRIDA. Crítica del logocentrismo.
Jacques Derrida (n. 1930). Pensador francés de origen judío
y argelino. Sus obras: De la gramatología (1967), La
escritura y la diferencia (1967), La deconstrucción
a las fronteras de la filosofía (1993).
Derrida considera que la filosofía, a lo largo de su historia,
ha cometido el error de hacerse logocéntrica, de interpretar
la realidad de forma reductiva como si se adaptase completamente
a los estrechos márgenes del "logos" humano. El exponente
más explícito de esta tendencia es la célebre fórmula hegeliana
"lo que es real es racional y lo que es racional es real".
Derrida atribuye –de una manera un poco gratuita- el origen
de esta tendencia a la lógica identitaria de Aristóteles,
a la que considera no apta para reflejar la complejidad y
heterogeneidad constitutiva de lo que es real.
Su método es la "deconstrucción", que consiste en analizar
la lógica de la identidad a lo largo de la historia de la
filosofía y poner al descubierto las paradojas y contradicciones
que en ellas se originan. El objetivo que persigue con la
deconstrucción es tomar consciencia de las deficiencias y
enormes carencias de la conceptualización. Pero –aunque parezca
extraño- Derrida no propone un abandono de la filosofía, sino
sólo un nuevo modo no logocéntrico de hacer filosofía. Le
parece esencial conservar la creatividad de la filosofía.
Y lo hará reivindicando, frente al logocentrismo del lenguaje
oral, la escritura.
La filosofía occidental ha menospreciado la escritura y se
ha basado siempre en el habla, ha sido un "fonocentrismo",
un privilegiar la consciencia y sus contenidos ideales contraponiéndolos
al mundo exterior. Ha olvidado la referencia a lo que es real
para centrarse en el contenido ideal que manifiesta el lenguaje,
el significado interior. Derrida reivindica la escritura,
donde no hay un significado único ni una verdad exclusiva,
sino una pluralidad de significados.
En lugar de la conceptualización, que él cree incapaz de reflejar
la individualidad de lo que es real, Derrida propone la filosofía
de la "Différance". Différance" es un término intraducible
que Derrida inventó en 1968 después de estudiar a fondo las
teorías del lenguaje de Saussure. En concreto, Derrida opina
que la definición del lenguaje como un "sistema de diferencias
sin términos positivos" no ha sido suficientemente desarrollado
por el propio Saussure ni por los estructuralistas. Si a las
diferencias les faltan términos positivos es que no pueden
conceptualizarse, no pueden traducirse a conceptos. Por eso
utiliza el neologismo "differance", para distinguirla de la
diferencia conceptualizable en términos positivos, la "diferencia"
de la lógica de la identidad (la diferencia de la definción
aristotélica: "género más diferencia específica"). La "differance",
por el contrario, posee el doble sentido de "diferenciar-se"
y diferir o "ponerse al día en el tiempo", es lo que está
más allá, lo que es irreductible al pensamiento, lo que rehuye
completamente la conceptualización.
5. Gianni VATTIMO. El pensamiento débil.
Gianni Vattimo (n. 1936), teoriza contra una metafísica objetivadora
que intenta interpretar y buscar el fundamento de la realidad.
Es lo que él denomina un "sujeto fuerte", detrás del cual
se oculta un afán de dominación, de imponer su propia objetividad
al objeto. Es preciso acabar con la "tiranía objetivante"
del pensamiento, de la objetividad y del fundamento. Es preciso
renunciar a la búsqueda del fundamento y la objetividad y
conformarse con lo que poseemos, un "pensamiento débil" incapaz
de acceder a leyes o criterios objetivos.
Las características propias del sujeto débil son: a) "el vagabundeo
incierto”, la inseguridad y la experiencia del error, el desinterés
respecto a lo que es fundamental y objetivo, "el error incierto";
b) el esteticismo fruitivo, una especie "de estetización general
de la vida", un gozar de lo que es fáctico, nuevo e imprevisible.
La vida humana viene a ser una especie de experimento sin
fundamento.
Una posible crítica a Váttimo proviene de su excesiva debilitación
del sujeto: el sujeto débil viene a ser, en definitiva, un
sujeto acrítico, amnésico, sin criterios ni fundamento y,
por esto, fácilmente manipulable por el poder político, mediático
o ideológico.
6. Jean-Paul DOLLÉ. Lo impensado.
Jean-Paul Dollé (n. 1939), filósofo francés, surge del mayo
del 68, radicalmente antimarxista, sus obras principales son:
Vía de acceso al placer. Una metafísica (1977) L"odeur
de la France (1977). Interpreta el pensamiento occidental
como una metafísica y esto –para él- quiere decir una filosofía
conceptual, una filosofía en la cual el único valor es lo
abstracto, lo inteligible, lo universal. La califica como
"filosofía de la noche", es decir, oscura, tenebrosa. Nuestros
sistemas filosóficos en lugar de "iluminar", o "aclarar" la
existencia, lo que consiguen es "oscurecerla", "ennegrecerla".
Utilizar el método conceptual es como salir a admirar los
colores de las flores en plena noche, como recorrer las salas
de una exposición de pinturas en la más completa oscuridad.
Intentar aprehender conceptualmente la realidad es como apagar
la luz antes de entrar a ver los cuadros. Los términos genéricos
no son aptos para aprehender el ser. Por esto Dollé designa
el ser como lo "impensado", es decir, como lo que no puede
ser pensado, que no se puede aferrar mediante conceptos, lo
que nunca podrá ser sustituido por un concepto. Por ello,
para indagar el ser, Dollé propone otras vías alternativas
a la filosofía, como son la poesía o el mito. Tal como lo
hacían los griegos antes del momento, nefasto, en que intentaron
sustituir el mito por el "logos".
7. Conclusión: ¿Volvemos a Kojève?
El "nervio" de las teorías postmodernas es su crítica al racionalismo
y al estructuralismo. Crítica lúcida en muchos aspectos. La
parte más problemática se encuentra en la alternativa postmoderna
a la estructura y al sistema. Una vez se han desmontado las
estructuras, una vez se han deconstruido los edificios conceptuales,
¿qué es lo que nos queda?
El horizonte es de una humildad sorprendente, que parece crear
una atmósfera desencantada y molesta: el sujeto "débil", los
"regímenes de frases", que imposibilitan la articulación de
un discurso global, la "pluralidad de universos éticos" aislados,
el sujeto "acrítico", la "simulación", la "incerteza en torno
a la realidad del acontecimiento", el "esteticismo fruitivo",
el pensamiento "amnésico", el "vagabundeo incierto", el "considerar
sospechoso y anticuado cualquier intento por establecer unas
reglas de juego universales", la "ausencia de criterios objetivos",
el "pluralismo heteromorfo", los "géneros de discurso", la
"imposibilidad de un consenso mínimo".
En definitiva, la imposibilidad de llegar a establecer unos
valores que fueran el fundamento de una actitud recia y comprometida,
un fondo teórico en el que repose el compromiso personal,
ético, social e incluso, político.
Hemos de reconocer, sin embargo, que muchos de los pensadores
postmodernos han estado comprometidos en causas humanitarias
y en defensa de la justicia, pero me parece que su pensamiento
teórico no conduce de suyo a esta praxis, más bien parece
que nos llevaría a George Bataille quien, desde su teoría
del pensamiento cansado se posiciona tan sólo en defensa
de lo que sea lúdico, del juego y de la diversión
absolutamente despreocupada de lo que no sea ella misma.
Dejémonos de preocupaciones y compromisos, ya que "es evidente
que el mundo es una pura parodia".
Lo cual nos retrotraería al último Kojève, quien, desde unos
presupuestos "hegelianos" totalmente diferentes de los postmodernos,
llegó a la conclusión de que el fin de la historia sobreviene
con la sociedad del "snobismo".
Alexandre Kojève (1902-1968) explicaba la Fenomenología
del espíritu en la Sorbona, pero al volver de su célebre
viaje a Extremo Oriente, pronosticó el tipo de sociedad al
que nos hemos dirigido, una sociedad preocupada hasta el extremo
por la buena educación, por las formas sociales y la exquisitez,
pero en la que faltan los contenidos, en la que no hay valores
bajo de los gestos. Lo que importará no serán ya los grandes
valores éticos del pasado (justicia, libertad, dignidad...)
sino la insustancialidad de los convencionalismos, el cuidado
de las formas. La vida fácil de la apariencia.
En un mundo en que los filósofos defiendan un pensamiento
débil y cansado, los dictadores y los manipuladores de toda
índole están de enhorabuena.
* Joan García de Muro i Solans (n.
1961), es profesor agregado de bachillerato (Instituto Mercedes
Rodoreda, Hospitalet de Llobregat), es doctor en filosofía,
y premio extraordinario de doctorado por la Universidad de Barcelona.
Ha publicado: Azar, necesidad y finalidad, (1990), Ser y conocer
(1992), colabora en revistas y congresos internacionales.
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