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JÜRGEN HABERMAS, CRÍTICA Y PRE (Mons. Ureña Pastor y Roberto Capra)

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Jürgen Habermas, preocupante nihilismo

JÜRGEN HABERMAS, CRÍTICA Y PREOCUPANTE NIHILISMO

Premio Príncipe de Asturias
de Ciencias Sociales 2003

I. LA NOTICIA

El filósofo alemán Jürgen Habermas ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003. Habermas llegó a las últimas votaciones del jurado, presidido por el jefe del Ejecutivo gallego, Manuel Fraga, junto al historiador peruano Guillermo Lhomann Villena, entre las 24 candidaturas presentadas al galardón

En el acta del jurado se considera a Habermas "un clásico de las ciencias sociales y la filosofía", y se reconoce su compromiso con la investigación y la reflexión crítica sobre las teorías de la sociedad moderna y los problemas del hombre actual, "en busca de soluciones prácticas para el impulso de la democracia presente y futura".


Según los miembros del jurado, en la tradición filosófica de Weber, Parsons y Mead, Habermas "contribuye a la comprensión de las sociedades postindustriales y de las implicaciones ideológicas de la ciencia, la comunicación y la opinión pública, lo que le lleva a desarrollar una teoría de la acción comunicativa, una ética del discurso y una política basada en la deliberación".

Entre las candidaturas figuraban también las del hispanista francés Bartolome Bennassar, el jurista ecuatoriano Rodrigo Borja Cevallos, el economista alemán Klaus Schwab, la economista brasileña Ana Lucía Kassouf, la antropóloga alemana Ina Rosing, el filólogo y semiólogo búlgaro Tzvetan Todorov y la Escuela de Negocios Internacional China-Europea.

El jurado estuvo integrado por el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes; el presidente de Cajastur y de Hidrocantábrico, Manuel Menéndez; el presidente del Banco Sabadell, José Oliu; el presidente del Círculo de Empresarios, Manuel Azpilicueta; el ex ministro de Educación Aurelio Menéndez, y el presidente de la empresa FCC, S.A., Marcelino Oreja.

También forman parte del jurado los rectores de las universidades Autónoma de Madrid, Ángel Gabilondo, Internacional Menéndez Pelayo, José Luis García Delgado, y Oviedo, Juan Vázquez; los catedráticos Adela Cortina, Álvaro Cuervo, Félix Duque, Manuel Jesús González, Luis González Seara, Carmen Iglesias, Juan Iranzo, Manuel Olivencia y Jaime Requeijo, y los abogados Carlos Espinosa de los Monteros, José Manuel Otero Novas y José López-Muñiz.

El galardón, tercero en fallarse de los ocho Premios Príncipe de Asturias, está dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró. En las últimas ediciones, han recibido este premio Anthony Giddens (2002), el Colegio de México y Juan Iglesias Santos, Carlo María Martini y Raymond Carr.


HUMANISTA Y COSMOPOLITA

Elsemanaldigital.com

El filósofo alemán Jürgen Habermas ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003, al considerarle el jurado un "ejemplo de saber humanista y cosmopolita".

15 de mayo. Jürgen Habermas se sintió muy emocionado al conocer la noticia del galardón y subrayó que le hacía especialmente feliz "por ser un premio que viene de España." El filósofo alemán viajó por primera vez a nuestro país en 1953. "Entonces era, comenta, un país muy pobre económicamente, pero enormemente rico culturalmente."

Al agradecer el premio, Habermas ha censurado los radicalismos nacionalistas en Europa así como condenó con firmeza el desafío terrorista de ETA en España.

En el acta del jurado se considera a Habermas "un clásico de las ciencias sociales y la filosofía", y se reconoce su compromiso con la investigación y la reflexión crítica sobre las teorías de la sociedad moderna y los problemas del hombre actual, "en busca de soluciones prácticas para el impulso de la democracia presente y futura".

Una brillante trayectoria intelectual

Jürgen Habermas nació el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, Alemania. Estudió en Gottinga y en Bonn, doctorándose con una tesis sobre Schelling. Fue ayudante de Adorno desde 1956 a 1959 en el Instituto de Investigación Social de Francfort. Entre 1961 y 1964 ejerció como profesor en Heidelberg, después fue profesor titular de Sociología y de Filosofía en Francfort desde 1964 a 1971, y dirigió a partir de este último año el Instituto Max Planck.

En 1976 desarrolla la "teoría de la acción comunicativa" con la intención de lograr una reconstrucción del materialismo histórico. Critica fuertemente al marxismo por descuidar el aspecto superestructural y hacer fuerte hincapié en lo económico- material. En 1981 su interés se centra en la filosofía práctica: moral, ética, derecho y justicia. La noción clave es la idea de "comunidad ideal de comunicación".

En 1983 regresa a Francfort. Realiza importantes trabajos empíricos sobre comunicación de masas y socialización política: considera al pragmatismo americano como una interesante propuesta para compensar las debilidades de la teoría marxista de la sociedad.

En su brillante trayectoria intelectual, Habermas ha tocado todos los temas de nuestro tiempo, sus libros son la mejor prueba: "El espacio público", "Conocimiento e interés", "La ciencia y la técnica como ideología", "La lógica de las ciencias sociales", "Cultura y política", "Problemas de legitimación en el capitalismo tardío", "Teoría de la acción comunicativa", "El discurso filosófico de la modernidad", "La herencia de Hegel", "Perfiles filosófico-políticos", "El pensamiento postmetafísico", "El discurso del Derecho: facticidad y validez", "¿Aprendemos de las catástrofes?".

Los lectores de Habermas pueden sorprenderse de la polémica con la idea de la globalización y el neoliberalismo, de su imaginación utópica: el proyecto kantiano de la solidaridad civil universal y la apasionada defensa del Estado social. Jürgen Habermas no está sólo atento a la quiebra del Estado nacional, sino a todos los problemas políticos internacionales y a los nuevos movimientos políticos y sociales. Habermas es, sin duda, uno de los intelectuales más destacados de nuestro tiempo.

En el 2001, Habermas recibió el prestigioso Premio de la Paz de los Libreros alemanes.



II. LA CRÍTICA

Habermas se ha esforzado meritoriamente por establecer una teoría de la acción comunicativa, según la cual las relaciones entre los seres humanos no son únicamente estratégicas, en las que unos utilizan a otros para lograr sus fines sino que, mediante el entendimiento mutuo, los humanos pueden considerarse fines y medios sin manipularse. Ahora bien, analizando a fondo los presupuestos e implicaciones de su teoría, es preciso advertir de los riesgos que presenta para la vida moral de las personas y la democracia de las sociedades.

II.1. CRÍTICA A LA «RAZÓN COMUNICATIVA», DESDE LA PERSPECTIVA CRISTIANA

Por Manuel Ureña Pastor

En una brillante conferencia pronunciada en Murcia el 23 de noviembre de 2001, bajo el título «De la ilustracion a la postmodernidad», Manuel Ureña Pastor, Obispo de Cartagena y Gran Canciller de la UCAM, abordaba el tema de la “razón comunicativa”, con la que Habermas pretende levantar de sus cenizas el “lógos” postmoderno: «tenida en cuenta por el Papa en “Fides et ratio” (nº 56), he aquí lo que de ella dice en “Evangelium vitae” (nº70), ampliando lo que ya dijera al respecto en “Centesimus annus” (nº46) y en “Veritatis splendor” (nº101): “En realidad, la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en una instancia que sustituye a la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un ordenamiento y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter moral no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy se percibe un consenso universal sobre el valor de la democracia, esto se considera un positivo signo de los tiempos, como el Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. Pero el valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve. Fundamentales e imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el bien común como fin y criterio regulador de la vida política.

En la base de estos valores no pueden estar provisionales y volubles mayorías de opinión sino sólo el reconocimiento de una ley moral objetiva que, en cuanto ley natural inscrita en el corazón del hombre, es punto de referencia normativo de la misma ley civil. Si, por una trágica ofuscación de la conciencia colectiva, el escepticismo llegara a poner en duda hasta los principios fundamentales de la ley moral, el mismo ordenamiento democrático se tambalearía en sus fundamentos, reduciéndose a un puro mecanismo de regulación empírica de intereses diversos y contrapuestos” (EV 70).

De este modo, si tremendo y estremecedor es el fundamentalismo islámico, que, por medio de la Guerra Santa, quiere imponer a la humanidad impía, postmoderna, pagana, una fe religiosa que hace abstracción sistemática de toda racionalidad inmanente, no menos pavoroso es el intento de elevar a categoría de absoluto una razón social, cuyos fundamentos teoréticos hacen imposible obtener el desvelamiento de la verdad, y de imponer a todos como vinculantes los resultados obtenidos a partir del ejercicio de aquella razón. Esta variante del fundamentalismo, que podríamos llamar “fundamentalismo secularista”, amenaza hoy con convertirse en nuevo “Leviatán”, en nuevo metarrelato moderno, llamado a determinar los contenidos de la religión y del pensamiento filosófico, los imperativos del obrar moral y el comportamiento político de todos los hombres. Sus armas son claras, están patentes: ninguna guerra, por supuesto, pero sí una política cada vez más globalizada, árbitro y garante de la razón social. Los principios de ésta razón son transmitidos e impuestos a la sociedad por medio de los “mass-media”, también en creciente globalización, y de una economía de cuya globalización ya nadie puede dudar, pues resulta a todas luces evidente.

Es curioso y, sin duda, preocupante que, a la hora de juzgar un determinado comportamiento religioso, moral, político o económico de un ciudadano o de una institución, ya no se recurra hoy al criterio de la verdad en sí de tal comportamiento, sino al criterio positivista del ordenamiento político vigente, y se diga, como frecuentemente se oye: “Esto es políticamente correcto, sin embargo esto otro es políticamente incorrecto”. De este modo, “lo bueno” y “lo malo” en sí se convierten en “lo políticamente correcto” y en “lo políticamente incorrecto” respectivamente. Con lo cual, negada la “Veritatis splendor”, ya no existen actos intrínsecamente buenos ni actos intrínsecamente perversos, independientemente del fin perseguido, de la intención o de las consecuencias de tales actos, lo que significa que la verdad obtenida a partir del ejercicio de la razón dialógica de Habermas, cuando precipita en ley, se torna positivista y totalitaria.

Ahora bien, por no someterse a este criterio positivista y fundamentalista, muchos cristianos fueron en la antigüedad pasto de las fieras del César romano. Y, por no someterse a este criterio, el cristianismo del siglo XX ha conocido más mártires que en toda su historia. Por lo que se ve, el milenio y el siglo que empiezan conocerán de nuevo derramarse la sangre de muchos testigos de la verdad y de la fe.



II.2. Preocupante nihilismo de Habermas

Por Roberto Capra

Como es sabido, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003, ha recaído sobre Jürgen Habermas, autor, si se me permite decirlo, de talante socialista en el más extremo sentido de la palabra, es decir, en el sentido de que la sociedad es la que otorga personalidad y derechos al individuo, y, si no, éste no los tiene ni los tendrá. No es fácil para cualquiera descubrir el nihilismo que Habermas sostiene; y me temo que haya pasado oculto a más de uno de los miembros del jurado que le ha otorgado el premio. Habermas es un gran malabarista: ante el naufragio de la razón ilustrada, parece el héroe que va a salvar a la razón, al menos, en alguna medida (mínima) y con ella los valores éticos. Pero en el fondo Habermas es un nihilista, un nihilista del ser “personal”. En su último libro El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal? (Frankfurt, 2001; Barcelona, 2002), viene a decir que, por supuesto, eugenesia no; hay un acuerdo prácticamente universal, aunque se haya producido también en EEUU (y, cabría añadir, por nuestra parte, en Canadà). Bien, pero ¿cómo argumenta nuestro autor su «no a la eugenesia»?. Comienzan aquí las sospechas. Habermas está jugando con nosotros. Por ejemplo, introduce el concepto de «vida pre-personal» (sic), para afirmar que ésta no tiene derechos, lo cual... no impide que le otorguemos un cierto reconocimiento. La definición de «persona» (y la de «ética») es en Habermas completamente convencional: «el que participa en un diálogo ideal, libre de coacciones, para tomar decisiones vinculantes...» La ética es estas mismas decisiones.

Habermas dice: con el diagnostico pre-implantatorio y las eventuales posibilidades de bebé a la carta, ya ha llegado la hora de que la filosofía salga de su mutismo, de su abstención más propia de una época post-religiosa y post-metafísica, y que diga algo. Muy bien. Pero sucede que reafirma el silencio sobre los embriones y los fetos abortados. De hecho lo reafirma explícitamente: la persona comienza a existir por el reconocimiento de los demás y la participación en el diálogo; de otro modo no existe ni comienza a existir. Dicho claramente: si soy reconocido por la sociedad, existo; y si no, no existo (como persona).

En Descartes mi existencia dependía de mi conciencia. Lo cual, si se piensa un poco, puede producir una tremenda angustia, sobre todo a la hora de meterse en la cama y abandonarse al sueño. En Habermas, mi existencia como persona parece depender de la conciencia de la sociedad, lo cual es más preocupante todavía, al menos para mí. En este sentido, Marx puede estar satisfecho de su discípulo.

Habrá que volver sobre el tema, pero valga ésta como nota de urgencia, a quienes deseen saber por dónde cabalgan la antropología, la metafísica y la ética del ilustre galardonado. ¿Volverá a crecer la hierba por ahí?

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

06/07/2005 ir arriba
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