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«EL PENSAMIENTO DÉBIL» DE GIAN (Sergi Doria e Ignacio Sánchez Cámara)

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«El pensamiento débil» de Gianni Vattimo

«EL PENSAMIENTO DÉBIL» DE GIANNI VATTIMO

Bajo el título "Gianni Vattimo: «El pensamiento débil puede salvar al cristianismo»", Sergi Doria publica en El Cultural de ABC, un artículo sobre el autor que ha dotado de cierta «fuerza» para la posmodernidad a la expresión «pensiero debole» («pensamiento débil»), con la pretensión de salvar con su método al Cristianismo, nada menos que eludiendo las cuestiones fundamentales, incluida la del fundamento mismo. Curioso mesianismo. Después, publicamos una recensión del catedrático de Filosofía del Derecho Ignacio Sánchez Cámara, que nos permite ver aún más claro que el «pensamiento débil» de Vattimo -y del posmodernismo que representa- es quizá todavía más débil de lo que él mismo se imagina.

Por Sergi Doria

¿QUÉ espera la sociedad de los filósofos? Un miércoles de febrero en Barcelona. Ocho de la noche; en el exterior, humedad y frío. Auditorio de CaixaForum. El cartel anuncia un seminario con Gianni Vattimo: Adiós a la verdad. El aforo, al completo: trescientas entradas agotadas con una semana de antelación al precio de dos euros. En la puerta, gente que espera adquirir una localidad a última hora. Vattimo sonríe: «Soy muy bueno titulando. Podría trabajar en los periódicos. En Italia, cuando uno concurre a una cátedra se le llama concorso per titoli... Me gusta provocar. Ahí tiene un buen ejemplo, el título de mi último libro: Nihilismo y emancipación».

Buen cartel

El demiurgo del pensiero debole y la posmodernidad goza de buen cartel. A sus 68 años, seduce con sus relecturas de Nietzsche y Heidegger, al tiempo que nos reta a creer que se cree. Él se sitúa en el cristianismo. Pero en un cristianismo sin jerarquías, un «ecumenismo» que si cayéramos en los juegos del lenguaje podría devenir «ecomunismo». Le preguntamos qué es la verdad: «No es otra cosa que interpretación -compartida, razonablepero interpretación al cabo: encontramos la verdad cuando nos ponemos de acuerdo y eso descalifica todo principio autoritario». Juguetea con la paradoja; con sonrisa maquiavélica dice comprender la «sinceridad» de Bush y Blair al mentir sobre las armas de Irak. Se aferra a Heidegger en la crítica de la verdad objetiva: « La verdad se comparte existencialmente, es lo que acontece. Todos los fundamentalismos -neoliberales, religiosos- tienen que ver con el fantasma de la Objetividad -leyes económicas, leyes naturales- que tiene que ver a su vez con el Poder». Reconoce que el mundo se ha vuelto inseguro, que vivimos peligrosamente. «Vamos cada vez a un mayor control, eso es normal y hasta me parecería bien si fuera un control compartido. ¿Por qué Bush puede saber lo que yo hago sin que yo sepa lo que hace él? Deberíamos pasar del Gran Hermano a la Gran Hermandad Universal». Recurre a Gramsci: «Los hechos siempre han sido decididos por el Príncipe que asesina por el bien del Estado... o del Partido».

Escuchar a Vattimo es una exégesis filosófica minada por la provocación. «Para Hegel y Marx la verdad era la totalidad dialéctica... Pero la totalidad es lo contrario de la libertad: en ese caso, el precio de la verdad sería aceptar el totalitarismo». Para el pensador turinés, «la historia de la verdad en el siglo XX es una transición hacia la caridad». ¡Ya surgió la palabra!: «Caridad». Rezuma cristianismo. Nada menos en boca del seguidor de Nietzsche, el que anunció la muerte de Dios. Porque Vattimo, militante de la izquierda de la izquierda, postula la experiencia religiosa: «Fui católico en mi juventud. Después maoísta, nietszcheano... Me percaté de que el pensamiento débil sería el cristianismo como filosofía». Reitera que su idea de la Iglesia es una comunidad de creyentes, no una jerarquía: «El autoritarismo vaticano surgió en 1870 y no antes, cuando Pío IX excolmulgó al liberalismo. El pensamiento débil puede salvar a la Iglesia de su destrucción. Mi apuesta es criticar la tradición, no negándola, sino enriqueciéndola con matices, es decir, haciéndola más débil». La caridad, para Vattimo, no es cuestión de amar sino de escuchar al otro, respetar lo que dice: «La idea de democracia que respeta al prójimo es cristiana», apostilla.

Sacamos a colación sus libros

Creer que no se cree y Después de la cristiandad y ponemos interrogantes a la frase de Buñuel. «¿Soy ateo gracias a Dios?». El filósofo asiente: «Por muchas razones. No soy idólatra porque soy cristiano. El cristianismo nos libera de los ídolos del mercado, de la jerarquía eclesiástica... En mi juventud interpreté la moral sexual como una forma de liberarse del cuerpo. Ahora, en la vejez, él Viagra me parece un objeto de idolatría. Para el creyente, el problema es que la Iglesia confunde la ley moral con la natural. Creo que todas las leyes deben justificarse con la reducción de la violencia».

El sarcasmo del provocador

Si decimos adiós a la verdad como voluntad del poder, si la verdad no es revolucionaria, ¿qué es la realidad? Vattimo «debilita» también la noción de realidad. Asoma el sarcasmo del provocador: «Berlusconi es el amo de las televisiones en Italia; si él es el principio de la realidad, yo no puedo ignorarlo. El pasado verano llegué a pensar en el sucidio socialmente útil: llenarme de dinamita y abrazar a Berlusconi...».

He aquí un filósofo metido en política y que dice que el marxismo no ha sido completamente enterrado. «La izquierda italiana pensó que Europa era la panacea. Ahora estamos pendientes de una Constitución... ¿Para qué? ¿Para una Europa del mercado?». Europarlamentario de Demócratas de Izquierda, Vattimo ha roto con esa formación y se presentará por el diminuto Partido de los Comunistas Italianos. ¿Comunista? No le asustan las palabras, aunque estén preñadas de connotaciones sospechosas. «Los ex comunistas se llaman reformistas y Berlusconi asegura que quiere reformar el Estado. Las izquierdas dejaron de llamarse progresistas porque les parecía demasiado historicista. Yo hablo de una democracia socialista que no es la socialdemocracia de Blair. Podría llamarme socialcristiano pero eso marginaría a los no creyentes... ¿Y si me llamara de nuevo comunista?... Resultaría más espantoso todavía. Otros se llaman liberales... Para mí, un liberal-comunismo sería un comunismo que renuncia a la dictadura. El problema es crear un sistema que no sea un ilusionismo y lo que está claro es que debe crecer el control social, pero sin perder la libertad». Cuando se declara neocomunista piensa en una sociedad reglada por la democracia. Entre sus proyectos inmediatos, releer a Henri Bergson: la religión como misticismo no disciplinar; el futuro como ecumenismo de la caridad.

Sergi Doria


Por Ignacio Sánchez Cámara


Filosofía convaleciente

Bojo el título « Filosofía convaleciente», Ignacio Sánchez Cámara, recensiona dos libros de Gianni Vattimo, con lo que nos ofrece las pistas oportunas, para entender que el pensamiento de Vattimo es verdaderamente «débil». Pero aún más de lo que el mismo Vattimo imagina (en El Cultural de ABC, 28.02.2004). Los dos libros son:



Después de la cristiandad.
Por un cristianismo no religioso

Gianni Vattimo
Traducción de Carmen Revilla
Paidós. Barcelona, 2003
172 páginas, 13 euros

Nihilismo y emancipación.
Ética, política, derecho

Gianni Vattimo
Santiago Zabala (compilador)
Traducción de Carmen Revilla
Paidós. Barcelona, 2004
198 páginas, 15 euros

GIANNI VATTIMO, profesor de Filosofía en Turín y periodista de opinión, es uno de los más populares y destacados teóricos y defensores de la posmodernidad y del «pensamiento débil». Prescindiendo de la polisemia del término «modernidad», sus ideas centrales son el levantamiento del acta de defunción de la metafísica, la muerte de la verdad absoluta, la imposibilidad de encontrar un fundamento, el final de los metarrelatos o grandes discursos (Lyotard) y la apoteosis de cierta manera de entender la hermenéutica. De estos presupuestos extrae Vattimo consecuencias favorables para la democracia, la tolerancia y una teoría procedimental de la verdad que pretende soslayar el escollo del relativismo. Hacia el consenso democrático, a través del pensamiento débil. Y todo ello, siguiendo la estela del pensar de Nietzsche y Heidegger

El ensayo Después de la cristiandad, fragmentario como corresponde a la asumida debilidad del pensamiento, es un sugestivo y si no me equivoco, fallido intento de legitimar un cristianismo posmoderno. La muerte del fundamento entraña también la de las razones en favor del ateísmo, pues éste es también uno de los grandes discursos impertinentes. Si nada es verdad absoluta tampoco lo puede ser la negación de la existencia de Dios. La muerte de la metafísica entraña la posibilidad de la resurrección del cristianismo. Occidente es identificado con un «cristianismo secularizado». El renacimiento de la religión en la época posmetafísica resulta teóricamente legítimo y permite replantear las relaciones entre filosofía y religión. Se trata, naturalmente, de un cristianismo sin dogmas, fruto del consenso entre los creyentes y basado sólo en la ética del amor. No faltan las críticas, por cierto poco débiles, al «autoritarismo» de la Iglesia católica.

Nihilismo y emancipación es una colección de ensayos ya publicados, que aplica estas ideas posmodernas y débiles a la ética, a la política y al derecho. Todo ello, a la mayor gloria de la ética procedimental, del pluralismo democrático y del socialismo, identificado, así, nada menos, con Europa. El pensamiento débil resulta ser de izquierdas. Para este viaje, son preferibles las alforjas de Habermas y Apel. Su interés es, a mi juicio, menor que el del ensayo anterior.

Entre las consideraciones críticas que cabría acaso oponer, apuntaré las que estimo fundamentales (con perdón). La tensión entre universalismo y relativismo se rompe a favor de este último, a pesar de su rechazo al «fundamentalismo relativista». Se diría que no es la verdad sino su muerte la que nos hace libres. El certificado de defunción de la metafísica sorprende en un libro que, hasta donde alcanzo a ver, es metafísico, no empírico. Lo que aparece como cristianismo es más bien un irreconocible sucedáneo ético basado en la caridad, a su vez, casi identificada con el diálogo y el consenso. Tampoco es fácil entender cómo la pérdida de la trascendencia pueda armonizarse con la religiosidad. Naturalmente, la carga de la prueba corresponde a los que se opongan.

Elección de los guías

Por lo demás, mucho de toda esta novedad estaba ya en el sofista Protágoras. Pero quizá lo más aventurado sea la elección de los guías de esta débil posmodernidad: Nietzsche y Heidegger. Justificar en ellos el cristianismo (aunque sea uno posmoderno, irreconocible y débil) es problemático, sobre todo en el caso de Nietzsche. Edificar sobre ellos el igualitarismo, el socialismo y la ética procedimental se antoja tarea hercúlea. Es algo así como buscar la justificación del utilitarismo en Kant. Los dos libros son valiosos quizá como reveladores de cierta forma de pensar dominante en nuestro tiempo, de cierta moda intelectual. No carecen, sin duda, de interés. Sé que es un recurso fácil, pero la debilidad del pensamiento (que no acabo de ver en Nietzsche ni en Heidegger) puede ser entendida como una confesión de parte. La filosofia, convaleciente, necesita ejercicio y buena alimentación.

Ignacio Sánchez Cámara

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

06/07/2005 ir arriba
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